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miércoles, 3 de julio de 2019

PORQUE NO QUIERO QUE MI HIJA SEA HIJA ÚNICA

Retomo este post escrito en 2015 para reafirmarme en mi pensamiento. No, no quiero que Carlota sea hija única, pero sinceramente, cada vez veo más lejos el que pueda cumplir el sueño de ser mamá de dos.


En 2015 empezaba el post hablando de una mamá que había escrito un post hablando de lo contenta que estaba de la familia que había creado, pero que mucha gente la criticaba por tener un hijo y no querer más. Ella se defendía de todos los que la criticaban por no querer tener más descendencia y a mi me asaltaba la eterna pregunta....

¿En serio esto también lo critican?


Vuelvo a la carga con lo que siempre digo. RESPETO. El respeto es importante. El respeto hacia nosotros mismos, hacia las personas que nos rodean. Incluso tenemos que respetar a todos aquellos que no piensen como nosotros.


En este caso yo no pienso como esta mujer. Ella es feliz teniendo un hijo, pero yo quiero más. Quiero tener más descendencia y en el post os explicaba el por qué. 




La principal razón es el PURO EGOÍSMO. Por mi propia experiencia siendo hija única. Como ya conté:

Mis padres se cararon muy jóvenes y con 19 años me tuvieron a mi. Estaban lejos de sus casas, a más de 1000 kilómetros y me criaron como pudieron. Pero yo me sentí muy sola.


Mis padres trabajaron mucho para sacar adelante todo lo que querían construir y eso significaba no pasar tiempo conmigo. Me dejaban con la vecina de al lado, cuando salía del cole (iba y venía sola todos los días). Ella me daba la cena, junto a sus hijas, luego me abría la puerta de casa y yo me acostaba. 

No veía a mi padre de lunes a viernes. A mi madre algunas mañana (por suerte, casi todas) pero terminé harta.  


Odiaba su trabajo y todo lo que para mi conllevaba, que era, no tenerlos conmigo. 




Así que pronto empecé a pedir tener un hermano. Me preguntaban qué quería para Navidad. Un hermano. Que quería para mi cumpleaños. Un hermano. Pero nada, no se cumplía y aunque me caían buenos regalos, no era lo que yo quería. Yo quería tener a alguien con quien jugar, alguien con quien no sentirme TAN SOLA.


En verano, en cuanto empezaban las vacaciones, mis padres me enviaban con mis abuelos maternos y lo que podría ser las mejores vacaciones para un niño, ya que estás en el campo rodeada de naturaleza, animales y otros niños. Se convertía en seguir encerrada en la torre de cristal, pues mi abuela (mujer temerosa de Dios y de su hija) me encerraba y solo me dejaba salir con ella o mi abuelo y siempre bajo supervisión. Tenía un miedo tremendo a que yo me rompiera un brazo, una pierna o la cabeza y mis padres no dejaran que volviera. De verdad... un suplicio. Así que seguía ansiando tener a alguien con quien jugar, porque mi perra y mi gata (que estaban con mis abuelos todo el año) no eran todo lo que necesitaban, aunque me ayudaron en épocas realmente duras.


Terminé siendo la niña rara del pueblo que no se juntaba con ningún niño para poder pasar las tarde jugando. No iba con ellos al pozo a nadar, ni de excursión y cuando teníamos más edad, tampoco me dejaban ir a las fiestas de los pueblos, no fuera que alguien me hiciera daño.  




Por todo lo dicho anteriormente, cuando crecí me prometí a mi misma que crearía una familia grande, ruidosa y llena de niños que pudieran estar juntos, sentirse queridos, amados, no olvidados y sobre todo nunca se sintieran SOLOS. Si fuera por mi, tendríamos mínimo 4 hijos. Pero tal y como está la economía y nuestra vida, con 2 sería totalmente feliz.




Carlota es una gran niña. Por supuesto tiene sus momentos, pero quién no. Y al tenerla en mis brazos, supe que quería repetir esa sensación y que mi inmenso amor, creciera todavía más teniendo una familia de 4 personas (papá, mamá y dos peques).


Aquí os dejo el resto del post:

Imaginaros que llega Navidad y que en casa te regalan una muñeca, colores, cartas o lo que sea, pero nada de lo que hay es un juego de mesa para jugar con alguien.
Aún recuerdo el día que le pedí a mis padres el juego que se llamaba HOTEL. Mi madre me preguntó para qué lo quería, si no tenía con quién jugar. Y le dije: sí, con vosotros. Mis padres me miraron extrañados y ella me respondió. Nosotros no podemos jugar contigo, tenemos que trabajar.

Entendedme. Adoro a mis padres. Sé que ellos han hecho muchas, muchas cosas pensando en mi y en mi felicidad. Pero yo me aburría. Siempre jugaba con mis muñecas. O me encerraba en mi habitación y me ponía a bailar con música, simulando que estaba con amigos. Ojalá todo hubiese sido de otra manera.

Llegó un momento en que ya no pedí más hermanos. Sabía que no me lo iban a dar. Yo ya llegaba a la adolescencia y pensar en tener un bebé en casa, tampoco es que me apeteciera. Entonces llegó la noticia. Mi madre estaba embarazada y por fin iba a tener un hermano. 

¿Yo? Loca de contenta!!!! alguien con quien estar. Alguien que sería otro integrante de la familia. Alguien con el que podría contar en el futuro.

Cuando crecí y me hice más mayor, por esta época más o menos. Empecé a sentir miedo. Miedo de que a mis padres les pasara algo. Miedo a que ellos ya no estuvieran. Porque por mucho que mis tíos y abuelos dijeran, somos tu familia. Ellos ya no estarían. Y yo me sentiría sola en el mundo. Sin nadie que me protegiese.
Al saber que iba a tener a un hermano, alguien con quien podría compartir cosas. Enseñarle y sobre todo que no se sintiera solo me puse muy contenta.

Pero esa felicidad solo duró 5 meses. Pues mi madre sufrió un aborto. 


Aquí os dejo el post donde explico cómo viví la muerte perinatal de mi hermano. 

Después de aquel mazazo en nuestras vidas. Nunca más se habló de hermanos. Mi padre adoptó a un perro perdido en la calle y lo trajo a casa. Supongo que quería que nos animaramos un poco. Bobby, como lo llamamos, estuvo con nosotros 17 años. Y fue uno de mis mejores amigos.

Desde siempre he querido ser madre y desde siempre he dicho que no tendría solo un hijo. Después de ver lo que es ser hijo único, sé que no quiero que la peque esté sola. No quiero que sienta miedo por perdernos y pensar que nadie estará para protegerla. No quiero que no pueda jugar, porque le falte un compañero.

Sé que cabe la posibilidad de que no se lleven bien. Pero también cabe la posibilidad de que sean los mejores amigos que tengan en el mundo. 

Así que sí. La vida ahora nos ha dado un precioso regalo. Un regalo que tiene 10 meses y que es la reina de todo lo que le rodea. Una reina que en un futuro tendrá otra reinita o reinito para que le ayude a gobernar en casa.


¿Y vosotros? ¿Partidarios de familia numerosa o solo un hijo? contadme algo

martes, 3 de abril de 2018

CRIANDO A UNA PEQUEÑA CONSENTIDA

Desde que la peque nació, tuve claro que le querría dar todo aquello que yo no pude tener, pero siempre, enseñándole el valor de las cosas, del esfuerzo y sobre todo de que el dinero no crece en los árboles.

Desgraciadamente, mi medio limón y yo, laboralmente hablando, no tenemos mucha suerte. Yo tengo trabajo (y parece que mi situación mejora), pero él ahora mismo está en el paro, pero aunque no estuviera, nuestros sueldos, juntos, era como el de uno solo. De ello tenemos que sacar para pagar facturas y primera necesidad (como comida). Pocas veces nos damos un capricho y el mes que lo hacemos, al siguiente, podemos renquear un poco. Además, recibimos algo de ayuda para poder llegar a fin de mes, porque os digo yo, que si no, no llegamos, por muchos malabares que hago con las cuentas.

Hay una cosa que siempre hemos tenido clara a la hora de tener a la peque, y era el colegio donde queríamos que fuera. Yo me enamoré del sistema educativo de ese colegio desde que lo conocí y encima, cerquita de casa. Pero el cole es concertado, así que una pequeña parte del sueldo se nos va en su educación, sinceramente es lo que menos me importa, pero significa que lo poco que podíamos a ahorrar para un caprichito, ahora no lo tenemos.

Así que tampoco tenemos dinero para que alguien nos la cuide por la tarde (hablo de cuando mi marido tenía trabajo). Y como no podemos conciliar con los horarios que tenemos (o mas bien teníamos), muchas veces, por no decir cada día (entre semana) teníamos que tirar de los abuelos (maternos) para que nos la cuidaran hasta que uno de los dos (yo), llegara a casa.

Sé que los abuelos están como locos con su nieta. Es la niña de sus ojos y se les nota, solo hay que poner un barreño debajo de su cara cada vez que hablan de ella, porque un día con la baba, salimos nadando. Yo me siento orgullosa de ello y sé que, ya que a mi no me pudieron dar muchas cosas (porque económicamente estaban como nosotros ahora), quieren compensar con dinero esa carencia. Pero no me parece bien.

Os explico el tema en profundidad lo que nos estuvo pasando mientras mi medio limón tenía un trabajo de tarde.

La abuela iba a buscarla al cole cada día. Y cada día pasaban por una tienda o bazar y la peque se encaprichaba de algún muñeco o juguete. Sin pensárselo, la abuela se lo compraba y la niña tan feliz.
¿Qué pasaba con ese juguete al día siguiente? Que se había olvidado de él, porque volvían a pasar por una tienda o bazar, donde veía uno nuevo y lo quería y, por supuesto, la abuela se lo compraba.
Si eso pasara de vez en cuando, de verdad que no me importaría, pero pasaba cada día. Cada día de la semana que ella iba a buscarla. Así que imaginaros el panorama cuando mi medio limón o yo íbamos a recogerla. Sí o sí quería algo y nosotros no se lo comprábamos. Nos armaba el cirio del siglo, se cabreba, lloraba y gritaba. Daba igual que le intentaramos explicar algo, porque no lo entendía. Y es que el día que no tenía un peluche nuevo, tenía un muñeco de goma pequeño, si no un huevo kinder (mejor no os hablo de los dichosos huevos, porque no se los come, ella ese chocolate lo odia, ella quiere lo que hay dentro).
Día tras día tenía un juguete diferente.


Entonces llegó el momento de que su padre se quedó en paro. Las cosas cambiaron, mi marido empezó a ir a recogerla al colegio cada tarde. Y como no, se la liaba cada día. Él no lleva un duro en la cartera y cuando digo ni un duro, es que por no llevar, no lleva ni 10 céntimos. Así que la niña quiere un juguete nuevo. El padre le dice que no puede porque no tiene dinero y porque no le parece normal que se le compre algo cada día y entonces la peque estalla en una señora rabieta. De esas de grito, lloro y me paso 20 minutos de reloj llorando y moqueando por las esquinas.

Como digo a la peque por mucho que se lo quieras explicar, no lo termina de entender, pero cuando quieres hablar con la abuela eso sí que es darse contra una pared. Su frase favorita es: los padres están para educar y los abuelos para malcriar. Pues sí, ella sigue esa regla a raja tabla. El problema... que tenemos a una pequeña consentida. En cuanto ella ve una sola lágrima en la peque, corre rauda y veloz a comprarle algo, para que no llore más. La niña consigue lo que quiere después de la rabieta y cuando llego yo, lo primero que hace es enseñarme su nuevo juguete y dejarme claro quién se lo ha regalado.

No sé si con estas palabras os puedo transmitir la impotencia y la rabia que siento. Pero es así. Me siento mal, muy mal. Porque ella ha pasado por la misma situación en la que estamos nosotros y, es verdad, no tuvo tanta ayuda como nosotros, pero de ahí a socabar nuestra autoridad, no me gusta.  Me siento mal, porque no puedo darle a mi hija algún capricho, pero ella sí, le da mil, y si le diera uno de vez en cuando, de verdad que no me quejaría, pero es cada día (llueve, haga frío, sol. Se porte bien o se porte regular. Da lo mismo, ella se lo lleva. Y ya no digo nada cuando cae enferma, que sí o sí tiene un regalo).  
¿En qué posición me deja a mi como madre?

¿Qué pasa cuando vamos al supermercado, pide una chuche y le decimos que no? Antes, no pasaba nada. Le dabas una fruta y la niña más feliz del mundo. Ahora... como no le des la chuche, rabieta al canto. Porque esta es otra... la alimentación. Quiero que mi hija coma de todo y que se coma un sugus de vez en cuando me da igual, pero que yo digo que es uno a la semana y ella le dé uno cada día, a mis espaldas me repatea. Y es que ahora la peque empieza a hablar con todas las consecuencias. Y así es como nos enteramos de todo lo que nos esconde.

Lo peor es cuando mi marido le pide que no le compre nada más. La respuesta es rápida y sencilla: Le compro lo que me da la gana y mientras tenga dinero le compraré todo lo que ella quiera.

Así que lo único que pienso es en que estoy criando a una pequeña consentida y esto se me va de las manos. Una niña que no le da valor a las cosas, no le da valor al esfuerzo de sus padres, no le da valor absolutamente a nada y que cuando oye la palabra no, se monta la de San Quintín.

Quiero poner límites, pero no solo a mi hija. También a la abuela. ¿Pero cómo hacerlo? Y lo pregunto en serio, porque ella siempre nos hace el "favor" de cuidar de la niña si nosotros, por trabajo no podemos. Pero no puede ser que la críe con todo esto.

martes, 27 de febrero de 2018

CALLANDO BOCAS. MI HIJA YA DUERME SOLA

Sí. Hoy vengo para callar bocas. Hoy es uno de esos días en los que me apetece decir: CALLADITO ESTÁS MÁS GUAPO.

Desde que me quedé embarazada supe que en el tema de la maternidad no sabía nada y leyendo y viendo vídeos, me di cuenta de que no hay una fórmula secreta, que lo mejor es seguir el instinto

¿Pero qué haces cuando todo lo que haces por instinto hace que seas juzgada siempre? Pues seguir adelante, nunca pienses que la de al lado lo está haciendo mejor o peor. Simplemente, lo hace diferente.

Hay tantas maternidades como niños y madres en el mundo. Y no, no hay ninguna igual. Y no, lo que a mi me va bien, no tiene porque irte bien a ti.

Todo el mundo nos decía qué hacer y que no hacer y desde el primer día encontré detractores en mi manera de criar, pero sobre todo por el colecho.

Nunca he pensado que tenía que esconderme y si explicaba algo o me preguntaban lo decía sin problemas. Entre mis amistades más cercanas nunca me sentí mal ni juzgada. Es verdad que alguna amiga que no era madre me decía  pero seguro que eso es bueno? 

A ver, es bueno para mi y para mi medio limón. Es bueno para la niña y con eso ya teníamos suficiente, pero parece que para los demás no. Ellos, los opinólogos tenían que decir la suya y la verdad es que los mayores detractores y los que siempre me han hecho sentir que me juzgaban era mi propia familia. 

¿Sabéis cuantas veces me han dicho que me equivocaba por meter a mi hija en nuestra cama? ¿Sabéis las veces que he escuchado la frase, a tu hija no la vas a poder sacar nunca de tu cama?

Si os digo que millones de veces me quedo corta. 

Pero creo que lo que peor llevaba era el ser juzgada por mi familia, por mis padres, mis suegros, .... 

Hace un mes escribí un post de la primera noche en que la peque durmió sola. Lo podéis leer aquí.

El colecho, a nosotros, sobre todo a mi, nos ha salvado de muchas cosas. Al tomar lactancia materna, me iba bien porque no tenía que levantarme, ni desvelarme. Con sacarme la teta en el momento justo, ella no lloraba. 
En invierno, dormir todos juntos nos daba ese calorcito que a veces añoras.
Las noches en las que se encontraba mal, no me pasaba la noche en vela, estando a los pies de la cuna, viendo que no pasara nada. Porque la tenía a mi lado.

Pero de un tiempo a esta parte, la cama empezaba a quedarse pequeña y la peque tenia una habitación que todavía no había estrenado.

Lo hicimos sin pretensiones. Después de hablar entre nosotros, decidimos que hablaríamos con ella y le explicaríamos lo de su habitación. Además, como ya conté, ella eligió la pintura, las sábanas, ....

Yo por si acaso, tenía plan B. Ya estaba mirando alguna cama pequeña que se pudiera poner a mi lado para que estuviera más tiempo con nosotros, si lo necesitaba.

Pero no, la transición se hizo de un día para otro. Durmió del tirón la primera noche. Y así casi todas ellas, como mucho quiere pipi o agua.

Eso sí, tenemos nuevo ritual. A las 6, nos llama para pedirnos permiso y venirse una hora a la cama de los papas y como todavía es de noche, puede tomar un poquito de teti.

Así que sí .hoy vengo a callar esas bocas, que durante tres años me han machacado diciendo que no lo estaba haciendo bien porque la metía en mi cama. Vengo a callar esas bocas que me decían que mi hija no saldría hasta los 18. Vengo a callar esas bocas de todos los que se creen superiores, o mejores , que los demás intentando imponer su ma/paternidad. Porque vuelvo a repetir: no hay ninguna fórmula mágica.

¿Y vosotros? ¿También os habéis sentido juzgados por vuestra forma de criar a vuestros hijos?

miércoles, 4 de octubre de 2017

NO RECRIMINES A MI HIJA

Hoy quiero hablaros de una situación que vivió mi medio limón la semana pasada, durante la fiesta de presentación de padres y niños en el cole.

Normalmente a todos estos eventos voy yo. Pero justamente, la semana pasada, el viernes, tenía una quedada con gente del trabajo y no quería perdérmela, así que me dijo: No te preocupes, si ya voy yo y la peque, con sus amigos de la clase ni se dará cuenta de que no estás.

Todos sabemos que cuentan se dan. Pero como estaba el papi pensé: pelillos a la mar, que me apetece desconectar un rato de todo.

Una de las pocas cosas que no me gusta hacer como madre es: ir al parque con ella. Me puede y me entran sudores fríos cada vez que me dice: Vamos al parque??? Pffff, de verdad, prefiero saltar a la pata coja durante una hora que hacer eso. Pero no, la peque quiere parque y para lo poco que va, pues siempre cedo. Pero siempre tengo ese miedo o ese no sé qué, en el que pienso: y ahora a ver que me encuentro. Soy de esas madres que pasan de todo, no pierden de vista a su peque y mientras ella esté bien no pasa nada, pero no entablo conversación con otros adultos de mi alrededor si no es absolutamente necesario. Dejo que ella campe a sus anchas. Que corra, salte, juegue con la arena y mil cosas más, pero siempre sin molestar, sin pegar y sobre todo, respetando (últimamente en casa estamos hablando mucho del respeto... ¿por qué será?)

Pues como os contaba, mi medio limón fue al cole a las 17.00 y allí se encontró con otros padres. Me mandó fotos y mensajes de la peque, diciendo que todo iba bien y que se estaba poniendo como el kiko con todo lo que habían traído para merendar ese día las madres del AMPA. Por cierto, muchas gracias por traer dulces caseros y no todo comprado industrialmente, eso siempre se agradece.

Así que mi medio limón empezó a hacer migas con otros padres que ya conocemos del años pasado y de otros nuevos que se encontraban como un pulpo en un garaje. Pero aunque estaba con los adultos hablando mientras los enanos jugaban en el patio con la arena y el tobogán (que sí, que tienen hasta un pequeño tobogán con escaleras, en uno de los lados de ese maravilloso patio del sol), no le quitaba ojo a la peque.

Somos de los que no quitamos ojo, pero que tampoco vamos corriendo a la primera de cambio. Pensamos que hay momentos en los que ella tiene que saber desenvolverse y no necesita de nuestra ayuda constante. Pero eso sí, si llora o nos llama, somos raudos y veloces como una liebre para que sepa que estamos ahí con ella.

De pronto, mi medio limón vio una de esas situaciones. La peque estaba jugando con la arena, junto a otros niños y una de las niñas le tiró arena a Carlota. Como esta experiencia ya la habíamos pasado, con lloros y rabieta de por medio, ya sabía como tenía que actuar, y actuó como una niña de tres años. ¿Me tiras arena? Pues yo también! Y así fue, mi hija, ni corta ni perezosa, cogió un puñado de arena y se la tiró a dicha niña. En 10 segundos la madre de esa niña se puso a INCREPAR A MI HIJA. Empezó a recriminarle el porqué le había tirado arena a su hija, que eso no se hacía y que pidiera perdón. ¿¡Perdón!? Tú quién eres para hacer eso????

Mi medio limón lo vio todo y tampoco tardó mucho en decírselo. Primero le dijo que no se dirijiera a nuestra hija, ni de esa, ni de ninguna manera. Que lo que tenía que haber hecho era ir a su padre y decirle que no le había gustado la actitud de nuestra hija, a lo que él habría respondido que su hija era la que había tirado arena a la nuestra y ella solo se defendió haciendo lo mismo. Después de eso, mi medio limón que no se amedrenta con nada, le dijo que no volviera hacer eso, ni a su hija ni a ningún niño y que en lo que quedaba de tarde que no se acercara a nuestra hija.

Según me contó después de eso, la madre agachó la cabeza y se fue, pero él tenía un cabreo máximo por lo que había pasado. A nosotros, nunca, NUNCA, se nos ha ocurrido ir a un niño a decirle nada si se portaba mal con nuestra hija. Al contrario, hemos ido a los padres y se lo hemos dicho, que ellos hagan o no algo, es otra cosa, pero no a los niños. Ellos son inocentes, y en este caso, mi hija lo que hizo fue defenderse. Podreis imaginar lo que le pasó a nuestra peque al ver que esa mujer le decía esas cosas, verdad??? Se puso a llorar, luego no quería ir a jugar. Mi marido tuvo que irse un momento con ella a un rincón a calmarla. Pero no llegó a más y terminó jugando con sus amigos. La mujer se pasó lo que quedaba de tarde mirando a mi marido con cara de vergüenza y es que es lo mínimo.

Cuando pasó todo esto, ninguna de las profesoras estaba cerca, pero la profe de nuestra peque al ver a mi marido, le preguntó que le pasaba, por supuesto, le explicó los hechos y la respuesta de ella fue: que sentía no haberlo visto, que no hubiera permitido que hiciera eso esa madre, por eso muchas veces, cuando los niños se pelean o hay alguna cosa entre ellos, suelen hablar con los padres, pero nunca acusan a ningún niño delante de otro padre, porque si no, se lía las de Dios. Y es que me lo creo.

Dicho todo esto, me sentí mal por no estar cuando ella me necesitó. Por la noche, ella misma me explicó lo ocurrido y me dijo que se sintió muy mal porque aquella señora le dijera esas cosas, pero que papá estuvo cerca y pudo seguir jugando con sus amigos. ¿De verdad te sientes tan poderosa recriminando a una niña de tres años?

¿Y a vosotros? ¿Os ha pasado algo parecido?

martes, 13 de junio de 2017

#STOPNIÑOFOBIA: NUESTRA EXPERIENCIA

Hace unos días en Twitter se hizo eco el tweet de un padre que al llegar a un restaurante, el camarero les dijo que no les saldría a cuenta porque los niños no comen igual.
Simplemente me quedé a cuadros. Pero que coj**** Es esto??? A ver, en serio me dices que en un restaurante te vetan la entrada porque tus hijos van a comer menos??

En fin, vengo a explicaros nuestra experiencia. Yo no sé si es que hemos tenido suerte o es que antes de ir a un sitio con la peque nos lo pensamos mucho (el tema económico en casa no está muy bien). Pero no nos hemos encontrado con la guisa de que nos veten la entrada al ir con ella.

Como padres sabemos donde somos bienvenidos y, donde mi hija no lo es, a mi no me ven el pelo. Lo tengo clarísimo. Hace algún tiempo, escribí una carta a mi hija en este blog para explicarle que era la #niñofobia y que a nosotros en sitios donde a ella no la quieren nosotros tampoco vamos. No es justo que se discrimine a un niño por ser niño.

Entendedme. Yo como madre también quiero paz y tranquilidad en algunos momentos, pero no por ello le digo a mi hija: no eres bienvenida en casa porque quiero paz. Ellos son el futuro de nuestro planeta y nuestra existencia. Vetándoles el paso no ayudamos. Al contrario, si queremos que sean adultos responsables y empáticos con el resto y poder convivir en sociedad, debemos enseñarles modales, a ser correctos, a comportarse y eso, sólo se puede hacer saliendo de casa y viviendo aventuras donde podamos ver y enseñar todo esto.

Como digo, a nosotros no nos han vetado la entrada. Mirarnos mal, sí. Pero no por parte del personal del sitio donde hayamos ido, si no, muchas veces de los propios comensales. Gente que resopla, nos mira de reojo. Pero a mi plin. Nosotros también tenemos derecho de disfrutar de un buen día en familia. Y supongo que como estoy acostumbrada a que me miren raro cuando me saco la teta cuando la peque quiere un poquito, pues nada, lo que digo, sus miradas me resbalan.

Como habréis visto por las RRSS (sobre todo por ig de Mami Reciente Cuenta), hace un par de findes nos fuimos a pasar unos días a un hotel que nos encanta a todos. También podéis leer el post de dicho hotel que os escribí la semana pasada. Es un hotel familiar, donde la gente es amable y donde tiene cabida todo el mundo. Nos gusta por eso, porque nadie es discriminado, ni por ser un niño, ni por ser anciano, ni por requerir un trato especial.

Cada día más se van haciendo eco de esta #niñofobia que está saliendo. Primero algunos restaurantes. Después los transportes, como los trenes y también, ahora, los aviones. Los hoteles. Al final, tendremos que dejar a nuestros hijos para poder ir a tomar una simple cerveza al bar de la plaza y yo me niego a pensar que estamos llegando a ser una sociedad tan puramente egoísta y egocentrista que nos olvidamos de que nosotros, en un momento de nuestras vidas, también fuimos niños.

Los niños son niños. Precisamente por eso, nunca llevaré a mi hija a un sitio de alto postín en el que el protocolo te dicte estar en la mesa hasta finalizar. Eso está claro y por ello, en un sitio que creo que puede ir acorde a nosotros, como familia, sí que iremos. 
También os digo, que me digan en un restaurante o bar que no me dan mesa porque mi hija no les sale a cuenta, mi respuesta sería rápida: SE NOTA QUE NO LA HA VISTO COMER 😂😂😂. Primero, no todos los niños son iguales, esto lo hemos dicho mil millones de veces, igual que no se comportan igual, no comen tampoco igual. Mi hija con casi tres años come como una lima. La gente se queda anonadada con ella. Sin ir más lejos, el fin de semana,en casa de mis suegros se metió entre pecho y espalda 3 platos de sopa, un yogurt, un trozo de pizza con queso y medio helado. Casi nada. 

Lo mismo pasa con los hoteles. Vetan la entrada a mi hija porque tiene tres años, seguramente tendrá alguna rabieta, la liará o lo que sea... Ni que decir tiene que mi hija, el finde de hotel, de hace un par de semanas, solo nos la lió una vez  y fue en la calle, por no comprarle el peluche de la Lady Bug. En el hotel estaba encantada. Jugaba, saltaba, reía, bailaba, comía y mil cosas más. Se portó genial. No como muchos adultos con los que tuvimos "la desgracia" de coincidir en esos días. 
Si vetan a los niños por ser niños, quiero hoteles donde se veten a los grupos de amigos que van a liarla. O a los estudiantes, o los jubilados, que cuando ven un buffet, se tiran a por todo empujándote, aunque lleves a una niña en brazos (sí, también nos ha pasado y no solo en el hotel). ¿Vetan su entrada? ¿Por qué ellos son válidos y mi hija no lo es?

Vuelvo a repetir. Sé donde debo y no debo llevar a mi hija. Pero no por eso, me gusta que le veten la entrada a ciertos sitios, que para mi son de lo más normal acudir. Al final se montarán guetos. Los bares y restaurantes para padres y los que no son padres. Sinceramente, entiendo que una pareja no quieran ser padres, cada uno hace con su vida lo que quiere y lo que le apetece, nadie es mejor ni peor que nadie por querer o no querer tener hijos. Pero pienso en un mundo sin niños, solo de gente adulta. Sinceramente, me pone triste, lo veo todo en blanco y negro, o mejor dicho, en gris, un gris apagado, feo. Yo soy de las que les gusta vivir la vida llena de colores, ojalá las cosas nos fueran mejor para que mi marido me dijera: Veeeeeenga, vamos a por otro, porque por falta de ganas no son, ya os lo digo. Y si pudiera... madre mía, mi marido se le caen los pocos pelos que le quedan en la cabeza si le digo que ahora que tenemos a Carlota querría tres o cuatro más como ella. Porque sí, me saca de quicio, a veces necesito mi espacio porque en cuanto llego es mami, mami, maaaaaaamiiiiii. El: tú no, papá. Lo tiene más que aprendido. Pero la miro y se me llena el corazón de calor y de amor. La miro y sonrío, mis penas, con ella, con el corazón en la mano: son menos penas. 

Por eso, como digo y no me cansaré de repetir: No entiendo a la gente que vetan a los niños, que vetan a los padres por ser padres. Nos ponen todos en el mismo saco y no somos todos iguales. Igual que a mi no me gustan que me molesten, os aseguro que mi hija no molesta a nadie, ni en un restaurante ni en un tren, ni en cualquier sitio que esté conmigo. 

miércoles, 7 de junio de 2017

HOTEL MARINADA EN SALOU. HOTEL FAMILIAR Y AGRADABLE

Hola gente. Hoy vengo para hablaros de un hotel que la familia utiliza varias veces al año. HOTEL MARINADA.

Hace unos años, casi 8, una pareja de amigos nos invitaron  a pasar un finde de compis en un hotel que habían conocido y les había encantado, además de irnos un día al Spa, que eso nunca le va mal a nadie.

Mi medio limón y yo, por aquel entonces novios empalagosos, nos fuimos a Salou. No es de mis pueblos favoritos, por la afluencia de extranjeros. Te sientes guiri en tu propia casa. Pero siempre me gusta dar oportunidad a sitios y comprobar si realmente se ajustan a nosotros. La experiencia fue estupenda. Tanto es así, que unos meses más tarde pudimos volver a repetir la experiencia en las bodas de plata de los padres de dicha amiga. Un finde con todo pagado donde lo pasamos genial. 

Después de casi 8 años seguimos yendo allí siempre que tenemos ocasión y dinerito. Y este año hacemos el triplete. Pues hemos ido en Semana Santa con mis padres, este fin de semana los tres solos, en mi #findecumpleañero, y dentro de 18 días para irnos de boda, en un sitio cercano y poder dormir en este hotel. 

Sinceramente, lo primero que nos gustó y nos sorprendió fue el precio tan competitivo pues por los dos pagamos muy poco y no terminábamos de creerlo. Recuerdo que la primera vez que fuimos con mi madre, la recepcionista le dijo el precio de la estancia por los 5, dos días y mi madre le dijo, ¿estás segura que es sólo eso, tenemos pensión completa? Y sí, era así.

El hotel es de 3* y como tal no se pueden pedir peras al olmo. Pero es un sitio agradable donde repetimos por el buen trato, sentirnos bien y sobre todo, después de esta #niñofobia que existe en algunos sitio, saber que adoran a los niños nos empuja, si cabe todavía más.

Con los años, nos las hemos visto de todas las maneras. Y aunque es un sitio donde siempre pensamos en ir, reconozco que esta última vez, hemos tenido un par de detalles que nos ha dejado sabor agridulce. Pero no por eso dejaremos de ir. 

Primero os cuento lo bueno del hotel. Lo bueno son los trabajadores. Muchos de ellos, te tratan como a uno más y te sientes querido. Las animadoras, la gente del comedor (en especial aquella que siempre se acuerda de tener unas bonitas palabras con los peques, pese al trabajo que tienen), los camareros,...
Como he dicho es un hotel familiar, así que tienen a unas animadoras, para los peques y mientras ellos lo pasan bien jugando y haciendo amigos, los padres pueden tomar algo y tener conversaciones sin interrupciones, que tampoco viene mal. 
Nosotros todavía no hemos dejado a la peque. Con casi 3años no lo aconsejan. Son demasiado pequeños. Pero para poder estar con ella y que se divierta también hay otras posibilidades, como un pequeño parque, que hicieron hace unos pocos años, un minigolf. Unas máquinas recreativas pensadas para ellos, la piscina (Tanto fuera como dentro) y juegos de mesa que siempre se pueden pedir para jugar toda la familia.
Que pena que estos días elegidos haya llovido

Para los adultos también hay cositas. Las mismas animadoras, hacen juegos para los más grandes. Además de poder jugar al minigolf, ping-pong, futbolín, billar,... por la noche, después de cenar te puedes bajar al bar del hotel, pedir una copa y disfrutar, primero de la minidisco para los peques  (con lo bailarina que es, Carlota todavía no se ha arrancado a salir, pero la vergüenza puede más) y luego el espectáculo de los mayores: magia, música, bailarines, ....

Las habitaciones son completas. Nosotros esta vez nos tocó una con tres camas pequeñas, qeu juntamos e hicimos una gigante. Terraza con una mesa y un par de sillas. Televisión, armario, mesa y silla para poder leer o escribir y un baño totalmente completo. 
Así era nuestra habitación esta última vez
En el edificio de enfrente, solo cruzando la calle, nos podemos encontrar los apartamentos del mismo hotel. Estos han sido remodelados hace poco. Nosotros estuvimos alojados en ellos la primera vez que fuimos al hotel y me encantaron. Grandes, espaciosos, con una mini-cocina, mesa para 4, cama grande, cama aparte, baño completo. Para mi todo un lujo.
Y encima ahora estamos de suerte, porque nos dijeron que para alojarnos para la Verbena que también vamos, estaremos allí. Todo un lujo y con muchas ganas de probar!!

Esta es la vista de toda la habitación del apartamento

En cuanto a la comida es tipo Buffet. Siempre puedes escoger una sopa, hacerte una ensalada o escoger  una de las ya preparadas. Pasta, carne, pescado, patatas y verduras. El domingo es el día especial: marisco y paella. 
Nosotros nos ponemos como el quico. Yo por la mañana, eso de poder escoger entre dulce y salado, no lo llevo bien, así que dulce y salado... jajaja.
A mediodía, mi marido repite hasta tres veces. Y la peque esta última vez nos ha sorprendido de los lindo. Repitiendo sopa, pavo al horno, pan, ....
 
Aquí la teneis comiendo

Después de unos cuantos años puedo decir que el día que menos me gusta es el domingo y no es por culpa del hotel si no de la gente en general. Parece que eso de que pongan marisco es la jungla. Nosotros no comemos nunca marisco ni tampoco paella. Preferimos otras cosas del Buffet, pero la gente está como nerviosa. A lo mejor se piensan que se acabará. 

Te puedes levantar tantas veces como quieras. Lo único que no entra es la bebida que al finalizar la comida pasas por caja y pagas lo que hayas bebido. Si pides una botella de vino y no la acabas no hay problema. Le ponen el número de habitación y te la vuelven a poner en la cena, si es lo que quieres.
Foto extraída de la página web del hotel.

Como he dicho es un hotel familiar y como tal muchas familias enteras acuden. Pero también grupos de amigos con niños pequeños y grupos de gente más mayor en un viaje programado. 

Hay ciertas normas, como en todos los hoteles que debes cumplir, como por ejemplo:
- En el comedor, para entrar y que te den mesa, deben estar todos los que vayan a comer juntos. Sean 3 o sean 10. Todos si no, te harán esperar en la puerta. 
- En la piscina también hay ciertas normas, lógicas, como no correr alrededor de esta. Tampoco se permite recipientes de cristal o porcelana durante las horas de la piscina y si tomas algo en la terraza siempre lo servirán con un vaso de plástico. 

Como os digo llevamos 8 años yendo intermitentemente. Nos gusta. Nos sentimos a gusto y la gente de allí siempre es amable con nosotros. 

Peeeeero, Sí hay alguno, como en todos lados. 
Creo que hay cosas mejorables. Un ejemplo está en el comedor con los grupos.
Como os he dicho más arriba, si no están todos los comensales no se puede entrar al comedor. Problema, si el grupo es muy grande  (como los que nos hemos visto esta última vez) hacen un tapón en la entrada. Porque unos llegan, otros faltan. Deben montar las mesas y la gente que no va en el grupo se pone detrás de este pensando que es la cola. Y esta vez, el domingo precisamente vimos que la cola llegaba casi hasta la zona de recepción. Pero no era porque hubiera mucha gente suelta esperando. Si no que había un grupo grande (llegué a contar 15personas) En la puerta esperando. Haciendo un tremendo tapón. 
Creo que cuando un grupo supera X número de comensales se les debe advertir que suban a la zona de comedor cuando estén todos juntos para que así, las familias que van por libre hagan la cola y entren cuando haya mesa libre puedan entrar sin problema.

Otro problema de los grupos es que son ruidosos. Durante el día me aguanto. Sinceramente, si yo fuera en grupo sé que haríamos el mismo ruido. Además he estado en un par de bodas, así que sí, son algo molestos cuando te cruzas con ellos, pero no mucho más. La boda de mis grandes amigos se saldó con un tirón de orejas por parte del hotel al novio y a unos amigos, por dedicarse, al finalizar la fiesta a bajarse los pantalones y hacer calvetes en el ascensor, que es de cristal y se puede ver desde la calle. Nosotros ni nos enteramos, porque con una niña de dos meses, estábamos en el quinto sueño cuando eso pasó. 
Esta vez tuvimos un grupo algo grande, ruidoso, parecía que tenían ganas de juerga todo el día. Sobre todo los hombres. En la piscina, en el bar, en el comedor. Pero bueno, no quita de que estén de fiesta y se lo quieran pasar bien. A mi, personalmente, en ninguno de esos momentos me molestaron y cuando mi medio limón se quejó le recordé el ruido y la fiesta que montamos cuando estuvimos para la boda y también le dije: estabas durmiendo conmigo y la niña, pero si te llaman para hacer un calvo en el ascensor lo hubieras hecho, así que no te tiene que molestar que ellos también estén de fiesta y contentos.
Peeero, otro más, una cosa es divertirse, pasarlo bien, chillar alguna vez (que todos nos ponemos eufóricos en plena celebración) y otra cosa es que a la 1.00 de la madrugada, en un hotel abarrotado de niños se pongan a gritar y vitorear en la terraza del bar, y no nos dejen dormir. En fin.. un toque de atención no les iría mal. 

Luego hay algunas cosas que he visto y no han terminado de gustarme. Especialmente los tratos de favor a esos clientes que son conocidos por el personal. Pienso que las reglas están por algo y no por ser más guapa, alta o simplemente llevar mucho tiempo tienes que saltártelas. Y os contaré el porque os digo esto. Cuando fuimos en semana santa, mis padres quisieron ir con la peque un rato a la piscina. Como a nosotros no nos apetecía, decidimos irnos a tomar algo a la terraza y así vigilaba a la peque con el abuelo, que siempre están ideando trastadas. Como he dicho antes, cuando la piscina está abierta no se permite cristal ni nada que se pueda romper. Así que las bebidas: frías o calientes, te las sirven en vasos de plásticos. En esto que estamos tomando algo, la piscina llena de gente, porque hacía un sol de justicia y vemos como un camarero trae una copa de vino, de cristal, hasta una mujer que estaba tomando el sol en una de las hamacas, supongo que le dijo que tuviese cuidado o que no la pillaran, porque ella cogió la copa, sonrió al chico y la guardó debajo de su hamaca. Me quedé a cuadros. Al cabo del rato, la chica, que ya se había bebido su copa de vino, se marchó de la piscina, dejando allí la copa. Aquello es lo que realmente me cabreó. Porque mi hija estaba cerca jugando y si le da por acercarse, la copa se cae y se corta con algún cristal???? 

Como podéis comprobar no me gustó nada y además eso me hizo recordar unas de las primeras veces que fuimos al hotel. Ajenos a saber las normas, porque tampoco nos paramos a leerlas, nos pedimos una copa en el bar y luego salimos fuera. No se nos ocurrió que no podíamos tenerlo,pero rápidamente vino un camarero para cambiar nuestros recipientes. 

Este trato de favor.... no es bonito para los demás que también estamos en el hotel. ¿No creeis?

Otra de las cosas que no me gustaron: el vigilante de la piscina. Está ahí para vigilar que todo esté correctamente. Una de las normas que se pueden leer es: No tirarse a la piscina con ropa de calle y no ir con zapatos de la calle cerca de la piscina. Uno de los niños de ese numeroso grupo terminó en la piscina, con ropa, saliendo de ella, gritando y riendo y mofándose de haberlo hecho.¿Creeis que este vigilante que está ahí, para vigilar a la gente de la piscina y que se sigan las normas hizo algo? Pues no, y no puede decir que no lo vio, que el niño hizo un pase de Victoria por media terraza.

Por todo lo demás, aunque hay algunas cosas mejorables (ya que están poniendo bonitas las habitaciones podrían también cambiar ciertas cosas del baño como la grifería, que se ve vieja, y en muchos casos descuidada) recomiendo este hotel. Por el trato al cliente, en general, por las instalaciones, para los niños es una gozada y los padres podemos descansar o hacer actividades con ellos.

Por supuesto nosotros seguiremos yendo. Y además dentro de poco que aprovechando una boda, pasaremos el fin de semana de la verbena de San Juan, otra vez con ellos.

miércoles, 31 de mayo de 2017

LENGUA DE TRAPO EN ACCIÓN: PRIMERAS CONVERSACIONES

Hace ya unas semanas que pienso en este post. La peque hace tiempo que habla, pero cada vez más tiene un lenguaje más entendible y divertido.

Digo divertido porque siempre me saca una sonrisa. Me hace pensar en cómo cambiamos con el tiempo y como la sociedad, al final nos marca lo que está bien decir en voz alta y lo que es mejor callarse, porque ahora, con casi tres años, ya os digo yo que no se calla nada.

Normalmente la peque tiene temas de conversación de lo más variopinto. Como por ejemplo:

  • Los grifos: Sí. Pienso que puede ser por la profesión de mis padres, con una tienda llena de grifos. Por supuesto, a la enana, como a muchos otros peques, le encanta el agua, mojarse las manos, perseguirte, reírse, meterse en todos los charcos como Peppa Pig y ensuciarse. Pero parece que el tema de la higiene también lo llevamos bien. Y digo esto, por una simple razón, porque ella siempre nos dice que de los grifos sale el agua y con esa agua ella se lava las manos, porque los grifos son mágicos. (Imaginación 1000)
  • El pelo en general: Desde hace algún tiempo se fija en el pelo de la gente. Quien tiene. Quien no tiene y donde lo tienen. Y sí, ya me ha echo reír a carcajadas con alguna ocurrencia, como decirme que el papa no tiene pelo en la cabeza y sí en las orejas o nariz. Y también se me ha caído la cara de vergüenza cuando delante de una mujer mayor desconocida me soltó: mama la señora tiene pelo. Yo me dije sí, en la cabeza, como tu y yo. Y ella me respondió: no mamá. Tiene barba como el papa. Madre mía que apuro!!! 
  • También le obsesionan los olores.  Como a mami. Si yo digo, madre mía como huele. Viene corriendo a oler y hacer el típico: puaaaaj que mala huele. Le da igual donde y cuando ella lo suelta.
  • Las canciones que aprende las canta sin parar: El cargol de la muntanya. El bon día  (con la que nos despierta cada día) y un sin fin de canciones que cuando le preguntas te dice que se las ha inventado. Doy fe, no las conozco y no sé ni que canta.
 Como digo es un mundo aparte. Sin ir más lejos, ayer noche estábamos tumbadas en el sofá. Me pide su teti, porque sí, ella tiene su teti y que nadie le diga que no es suya (esto de las posesiones tenemos que hablarlo seriamente) y de pronto me dice:

- Mama estoy suando
-¿suando? 
- Sí mama. Mira - se toca la cabeza y me enseña la mano - hace caló, abre ventana, estoy suando.

Después de decirme esto, se pasó media hora enseñándonos a su padre y a mi, como sudaba. Porque claro, hacía calor. Cuando terminó con esto, empezó a explicarme su día en el cole, que había cantado: - genial! cántame la canción?. Ella se puso a cantar y como no, no entendí nada de nada. Le pregunto y me dice: -no sé la canción esta es mía.

Será artista de mayor... o como dice su padre: gimnasta, porque se pega unas carreras que parece que las pilas no se le acaben nunca.

Encima nos ha salido cotorra. Obviamente tiene a quien parecerse y eso me gusta, todavía más. No calla ni bajo el agua. Te lo explica todo. Te mira con cara pícara y te suelta alguna que te deja con la boca abierta. Y es que volver a descubrir el mundo con ellos es lo mejor del mundo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

ESTOY HARTA DE JUSTIFICARME

Llevo días pensando en ello.

La pregunta del millón que me hacen cada día. ¿Y aún le das el pecho? Pues sí lo hago. Y hasta hace dos días me justuficaba por ello. Pero no sé si mi paciencia se ha agotado si es que como estoy cerca de los 36 (sólo una semana para cumplirlos) o es que simplemente ya todo me da igual. Pero justo ayer; cuando me lo preguntaron al ver que la peque me pedía tera, mi respuesta fue sí. Y lo qué? No estás cansada? No te ata? Mi respuesta fue sencilla: lo hago porque quiero. Es mi cuerpo. Es mi teta. Es mi tiempo. Punto no hay más que hablar. 

Parece que desde el momento en que nos quedamos embarazadas o nacen nuestros retoños debemos justificar al dedillo todo lo que hacemos. Nos miran con lupa y es que lo que más me cansa y me pone de los nervios es que suele ser la gente que no nos conoce los primeros en decir algo (obviamente la gente que más me conoce no me toca las narices porque sabe que le suelto una borderia y me quedo tan ancha).

Hoy en el trabajo unas compis hablaban sobre ello. Tres madres y tres maternidades diferentes. La mía ya la conocéis, con la teti rozando los 3años de la peque, que sólo le queda un mes. Una de mis compis con una niña que no llega al año ya no le da el pecho. Decidió, al volver a trabajar, que era mejor no hacerlo y poco a poco fue retirándole el pecho y la peque tan feliz. Por último otra compañera con un nene algo más grande. Nunca le ha dado pecho. Decidió que no quería y así lo hizo. Por una vez no me he sentido mal al decir, pues yo le doy el pecho y digo sentirme mal, por lo que digo en el post, porque pronto tienes que justificar el porqué de tus acciones. Ellas, como yo, saben bien que madres hay tantas como niños y todas diferentes y eso no significa ni mejor, ni peor, simplemente diferente.

Así que así estoy. Ha llegado el momento de dejar de JUSTIFICARME y aunque aquí hablo sobre todo de nuestra lactancia, he dejado de justificarme por todo. Porque sí, también preguntan que porque tiene el pelo largo y no se lo corto; que estaría más cómoda o porque siempre va con pantalones y no con vestido. Ahora mi respuesta es clara. Ella elige lo que quiere ponerse y quiere pantalones. ¿qué más le dará a la gente?. Pero ahí están. Intentando que te sientas mal en tu propia maternidad.

Dejemos de justificarnos. Lo hacemos lo mejor que podemos y sí, seguramente habrá cosas en las que nos equivoquemos, pero no lo hacemos para mal de nuestros peques. Si no, porque también somos humanas y nos equivocamos.

¿Por qué los hombres con su paternidad no deben justificarse por todo? Porque vivimos donde vivimos y los hombres son unos padrazos y nosotras somos lo peor. 

Sí, es un post de desahogo, pero es que necesitaba soltarlo. Ya sabéis mi lema. Vive y deja vivir . Si yo no me meto en tu vida. No te metas en la mía. 

martes, 16 de mayo de 2017

NUESTRA NO OPERACIÓN PAÑAL

Bueno, después de unos días de desconexión por falta de ganas después de una pérdida en la familia, vuelvo con vosotros, mi familia del mundo 2.0. 
Abuela, estés donde estés sé que siempre cuidarás de todos nosotros. Te has ido para reunirte con el abuelo. Dale un abrazo muy grande. Os echamos de menos, pero la familia está unida y es lo que tenemos que hacer ahora.

viernes, 7 de abril de 2017

LA HIGIENE ES UN HÁBITO IMPORTANTE PARA AYUDAR A LA SALUD DE LOS NIÑOS

Lavarse las manos, cepillarse los dientes, sonarse la nariz con un pañuelo... Son algunas de las medidas de higiene básicas que enseñamos a nuestros hijos. Y a veces cuesta conseguir que lo hagan de forma habitual. 

Si quieres que tus hijos adopten un hábito, el que sea, enséñales cuanto antes. Insistir sin agobiar y predicar con el ejemplo les ayuda a adquirir el hábito de forma natural: una acción que se repita en casa y que todos practiquen es más fácil de aprender y adoptar.
Te resultará más fácil inculcar los hábitos de higiene en los niños si sigues estas seis recomendaciones básicas:

martes, 21 de marzo de 2017

EL SUEÑO EN LOS NIÑOS. COMO LO LLEVAMOS EN CASA

Recuerdo que una de las primeras cosas que me decían cuando ya se me notaba el embarazo era: Duerme todo lo que puedas ahora, porque cuando nazca...

Sinceramente, pensé que eran unos exagerados. Mis padres siempre me habían dicho, que de bebé yo había sido una santa. Desde el primer día dormía plácidamente y cuando me tocaba comer, simplemente me despertaba y me quedaba mirando a mis padres, a través de los barrotes de la cuna, fijamente hasta que se despertaban (mi padre tenía que levantarse temprano a causa de su trabajo y cuando lo hacía siempre comprobaba que yo ya estaba despierta y tranquila, despertaba a mi madre y ésta me daba de comer).

lunes, 6 de marzo de 2017

Y DE PRONTO LA LENGUA DE TRAPO DEJÓ DE SERLO

Desde hace unas semanas a la peque se le ha soltado totalmente la lengua. Estamos en esa fase que mejor tener cuidado con lo que se dice delante de ella y es que cada vez se hace entender mucho mejor. 

Ahora ya hace frases completas. Se le entiende casi a la perfección, aunque a veces, cuando no sabe la palabra se la inventa y nos quedamos todos con cara de pasta boniato pensando en qué ha querido decir.

viernes, 24 de febrero de 2017

CONSEJOS PARA AFRONTAR EL FRÍO INVIERNO

¿No os pasa a vosotros que cuando llega el frío invierno os ponéis mucha ropa y cuando llegáis a un lugar con calefacción empezáis a sudar?

Frío, lluvia y viento son tres condiciones climáticas propias del invierno a las que conviene prestar especial atención, y especialmente en los más pequeños, ya que son condiciones que pueden poner a prueba sus defensas.

Algunas acciones de fácil ejecución pueden ayudar a afrontar le invierno:

1.Evita el exceso de abrigo en ambientes cerrados o con calefacción, y la falta de abrigo al aire libre. No es conveniente que los niños suden, por lo que ante el frío es mejor vestirle con varias capas, de modo que las puedas quitar o añadir según sea necesario. Gorro con orejeras, guantes, bufanda y un corta-vientos pueden ser muy útiles. 

2. Evita los cambios bruscos de temperatura. El cuerpo se autorregula, adaptándose al frío o al calor. Así que lo mejor es mantener tu hogar templado de forma constante.
 

3. Mantén un nivel de humedad adecuado en casa y en los espacios cerrados... Ventilar las habitaciones para renovar el aire también es una acción aconsejable para mantener un entorno saludable.
 

4. Consigue que el niño se lave las manos cuando llegue a casa, antes de comer y de dormir, y si ha estado jugando con otros niños. Evita que comparta ciertos utensilios con otros niños, como cubiertos, vasos, baberos o toallas.
 

5. Incluye en la alimentación de tu hijo frutas y verduras, especialmente ricas en vitaminas A y C. Si es en forma de zumos naturales, es recomendable que sean a temperatura ambiente. También es ideal tomar caldos y bebidas calientes. Los lácteos también son esenciales para una alimentación equilibrada.