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martes, 13 de junio de 2017

#STOPNIÑOFOBIA: NUESTRA EXPERIENCIA

Hace unos días en Twitter se hizo eco el tweet de un padre que al llegar a un restaurante, el camarero les dijo que no les saldría a cuenta porque los niños no comen igual.
Simplemente me quedé a cuadros. Pero que coj**** Es esto??? A ver, en serio me dices que en un restaurante te vetan la entrada porque tus hijos van a comer menos??

En fin, vengo a explicaros nuestra experiencia. Yo no sé si es que hemos tenido suerte o es que antes de ir a un sitio con la peque nos lo pensamos mucho (el tema económico en casa no está muy bien). Pero no nos hemos encontrado con la guisa de que nos veten la entrada al ir con ella.

Como padres sabemos donde somos bienvenidos y, donde mi hija no lo es, a mi no me ven el pelo. Lo tengo clarísimo. Hace algún tiempo, escribí una carta a mi hija en este blog para explicarle que era la #niñofobia y que a nosotros en sitios donde a ella no la quieren nosotros tampoco vamos. No es justo que se discrimine a un niño por ser niño.

Entendedme. Yo como madre también quiero paz y tranquilidad en algunos momentos, pero no por ello le digo a mi hija: no eres bienvenida en casa porque quiero paz. Ellos son el futuro de nuestro planeta y nuestra existencia. Vetándoles el paso no ayudamos. Al contrario, si queremos que sean adultos responsables y empáticos con el resto y poder convivir en sociedad, debemos enseñarles modales, a ser correctos, a comportarse y eso, sólo se puede hacer saliendo de casa y viviendo aventuras donde podamos ver y enseñar todo esto.

Como digo, a nosotros no nos han vetado la entrada. Mirarnos mal, sí. Pero no por parte del personal del sitio donde hayamos ido, si no, muchas veces de los propios comensales. Gente que resopla, nos mira de reojo. Pero a mi plin. Nosotros también tenemos derecho de disfrutar de un buen día en familia. Y supongo que como estoy acostumbrada a que me miren raro cuando me saco la teta cuando la peque quiere un poquito, pues nada, lo que digo, sus miradas me resbalan.

Como habréis visto por las RRSS (sobre todo por ig de Mami Reciente Cuenta), hace un par de findes nos fuimos a pasar unos días a un hotel que nos encanta a todos. También podéis leer el post de dicho hotel que os escribí la semana pasada. Es un hotel familiar, donde la gente es amable y donde tiene cabida todo el mundo. Nos gusta por eso, porque nadie es discriminado, ni por ser un niño, ni por ser anciano, ni por requerir un trato especial.

Cada día más se van haciendo eco de esta #niñofobia que está saliendo. Primero algunos restaurantes. Después los transportes, como los trenes y también, ahora, los aviones. Los hoteles. Al final, tendremos que dejar a nuestros hijos para poder ir a tomar una simple cerveza al bar de la plaza y yo me niego a pensar que estamos llegando a ser una sociedad tan puramente egoísta y egocentrista que nos olvidamos de que nosotros, en un momento de nuestras vidas, también fuimos niños.

Los niños son niños. Precisamente por eso, nunca llevaré a mi hija a un sitio de alto postín en el que el protocolo te dicte estar en la mesa hasta finalizar. Eso está claro y por ello, en un sitio que creo que puede ir acorde a nosotros, como familia, sí que iremos. 
También os digo, que me digan en un restaurante o bar que no me dan mesa porque mi hija no les sale a cuenta, mi respuesta sería rápida: SE NOTA QUE NO LA HA VISTO COMER 😂😂😂. Primero, no todos los niños son iguales, esto lo hemos dicho mil millones de veces, igual que no se comportan igual, no comen tampoco igual. Mi hija con casi tres años come como una lima. La gente se queda anonadada con ella. Sin ir más lejos, el fin de semana,en casa de mis suegros se metió entre pecho y espalda 3 platos de sopa, un yogurt, un trozo de pizza con queso y medio helado. Casi nada. 

Lo mismo pasa con los hoteles. Vetan la entrada a mi hija porque tiene tres años, seguramente tendrá alguna rabieta, la liará o lo que sea... Ni que decir tiene que mi hija, el finde de hotel, de hace un par de semanas, solo nos la lió una vez  y fue en la calle, por no comprarle el peluche de la Lady Bug. En el hotel estaba encantada. Jugaba, saltaba, reía, bailaba, comía y mil cosas más. Se portó genial. No como muchos adultos con los que tuvimos "la desgracia" de coincidir en esos días. 
Si vetan a los niños por ser niños, quiero hoteles donde se veten a los grupos de amigos que van a liarla. O a los estudiantes, o los jubilados, que cuando ven un buffet, se tiran a por todo empujándote, aunque lleves a una niña en brazos (sí, también nos ha pasado y no solo en el hotel). ¿Vetan su entrada? ¿Por qué ellos son válidos y mi hija no lo es?

Vuelvo a repetir. Sé donde debo y no debo llevar a mi hija. Pero no por eso, me gusta que le veten la entrada a ciertos sitios, que para mi son de lo más normal acudir. Al final se montarán guetos. Los bares y restaurantes para padres y los que no son padres. Sinceramente, entiendo que una pareja no quieran ser padres, cada uno hace con su vida lo que quiere y lo que le apetece, nadie es mejor ni peor que nadie por querer o no querer tener hijos. Pero pienso en un mundo sin niños, solo de gente adulta. Sinceramente, me pone triste, lo veo todo en blanco y negro, o mejor dicho, en gris, un gris apagado, feo. Yo soy de las que les gusta vivir la vida llena de colores, ojalá las cosas nos fueran mejor para que mi marido me dijera: Veeeeeenga, vamos a por otro, porque por falta de ganas no son, ya os lo digo. Y si pudiera... madre mía, mi marido se le caen los pocos pelos que le quedan en la cabeza si le digo que ahora que tenemos a Carlota querría tres o cuatro más como ella. Porque sí, me saca de quicio, a veces necesito mi espacio porque en cuanto llego es mami, mami, maaaaaaamiiiiii. El: tú no, papá. Lo tiene más que aprendido. Pero la miro y se me llena el corazón de calor y de amor. La miro y sonrío, mis penas, con ella, con el corazón en la mano: son menos penas. 

Por eso, como digo y no me cansaré de repetir: No entiendo a la gente que vetan a los niños, que vetan a los padres por ser padres. Nos ponen todos en el mismo saco y no somos todos iguales. Igual que a mi no me gustan que me molesten, os aseguro que mi hija no molesta a nadie, ni en un restaurante ni en un tren, ni en cualquier sitio que esté conmigo.