martes, 20 de noviembre de 2018

¿PARA CUANDO BRAGUITAS DE SUPERHEROES?


Este post tenía la finalidad de explicar el problema que tengo cuando voy con la peque a las tiendas. Era una llamada, a ciertas marcas, para pedir que por favor, ciertos productos estén en las dos secciones o que haya una sección unisex, ¿Por qué las camisetas con superheroes son para los niños y las que están llenas de purpurina y princesas en la de niñas? ¿Por qué los mensajes en las camisetas de los niños es de superheroe, de campeón... y de las niñas de princesas, guapas y que el aspecto es lo más importante?

Seguimos midiendo a una mujer por su aspecto y no por lo que la persona (sea hombre o mujer) pueda darnos y muchas veces estos prejuicios hacen que nosotras partamos con desventaja.

En fin, iba a hablar de esto e iba a desahogarme, pero pasó algo, algo que me tuvo, durante unos días algo tocada.

Como sabéis, la peque es una niña que tiene su propio carácter y nosotros, como padres, pensamos que lo que debemos hacer es ayudar a la peque. Enseñarle que su carácter, su forma de ser es suyo y que nadie puede cambiar esto. Porque hay gente muy cruel que se siente superior haciendo que los demás se sientan inferiores y deseo enseñar a mi hija a defenderse siempre.

Nos gusta enseñar a nuestra hija a ser independiente, a tener su propio pensamiento a defender todo aquello en lo que cree. Por eso, desde bien pequeña, viendo esta personalidad tan marcada empezamos a dejar ciertas cuestiones a su alcance. 

No somos padres que imponemos algo porque sí o porque la sociedad así lo marca. Vemos lo que realmente puede ser coherente y le enseñamos a tomar sus propias decisiones, pero como digo, no a imponer

Entre estas cosas está su forma de vestir. Cuando era un bebé, la vestíamos a nuestro gusto, pero pronto empezó a sentir que habían prendas que no eran de su agrado, ni colores que le gustaran. Así que pronto empezó a decir que no a los vestidos. 


Sinceramente, yo al principio se los ponía y le decía que debía hacerlo. Pero un día me planté y me dije... ¿por qué ponerle algo que no quiere, con lo que no se siente a gusto, para que todo el mundo la vea y diga lo guapa que está? Como madre yo la veo guapa de todas las maneras, pero me dio rabia pensar en como tenemos tan arraigado el hecho de que nos vean bien, de la aprobación del resto. 

Yo he sido una niña que le ha dado mucha importancia a lo que los demás decían o pensaban de mi. Nunca estuve bien conmigo misma, porque siempre me miraba con los ojos de los demás. Y cuando nació Carlota todo eso cambió.

Empecé a ver que lo que los demás dijeran de mi me importaba muy poco. Desde el momento en que te conviertes en madre, los opinólogos y las personas que desean decir la suya para sentirse superiores crece, con lo que decidí que no podía estar supeditada a todos los comentarios. Hemos tomado ciertas decisiones que no han sido bien vistas, tanto por familiares directos como por gente que no tenían nada que ver. El hecho de portear, dar el pecho más de 6 meses o de hacer colecho fueron temas que se tocaba casi siempre y tenía que oír lo mal que lo estaba haciendo como madre por tomar ese tipo de decisiones, si en ese momento hubiera dejado que los comentarios me afectasen, hubiera cambiado mi forma de criar, para hacer todo por complacencia de gente que casi ni nos conoce.

Así que decidí que quería enseñarle, desde bien pequeña, que tomara la decisión que tomara, siempre tendría a alguien que le diría lo contrario y que intentaría que se sintiera mal, pero lo que ella tiene que tener claro es:


- Cada decisión que se toma, te lleva a una consecuencia y debes asumir esa consecuencia.

- Si tomas decisiones que los demás no vean del todo bien, tendrás que ser fuerte y siempre tener claro que la decisión tomada es la que quieres.

- No dejarte influenciar, nunca, por lo que los demás digan o piensen, para agradar o simplemente para encajar.


Como digo, el vestirse como se sienta más cómoda, es una de las primeras cosas que ella es la que toma la última decisión. Así que los vestidos siempre han quedado relegados a la última posición, siempre ganando las camisetas y los pantalones. Ganando los colores, azul, rojo o verde, mucho antes que el amarillo o naranja y por supuesto, mucho antes que el rosa, color que no le gusta nada. (Si se pone vestido, este debe llevar bolsillos y debe poder ponerse las bambas).

Otra decisión que ha tomado ella y que nosotros hemos acompañado es la del corte de pelo. Hasta que no lo pidió, ella ha ido con el pelo largo o media melena, pero un día me miró y me dijo: mami, quiero el pelo como tu.


De todo es bien sabido que las niñas quieren parecerse a sus madres y ella no iba a ser menos, pero antes de que se cortara el pelo quería que tuviera claro que es lo que iba a pasar. Así que le pregunté si realmente quería cortarlo, porque aunque el pelo crece, si se veía rara o no le gustaba íbamos a tener un dramón. Así que después de sentarnos, hablar con ella, hacerle entender que era un cambio y sentir que ella estaba segura de sí misma, fuimos a la pelu y corte al canto. La verdad es que a mi me da igual que lleve el pelo largo, medio o corto. La veré preciosa SIEMPRE.

Entonces aquí llega el problema. No lleva vestidos, no le gusta el color rosa, no le gustan las princesas (esto ya lo he explicado mil veces), a ella le encantan los superheroes. No se pone zapatos, porque prefiere las bambas y lleva el pelo corto. 

Así que no es la primera, ni la última vez, que yendo por la calle se oye el comentario: mira que niño tan guapo, o que gracioso, o algo por el estilo. Si mi hija lo oye no se corta un pelo y les dice que es una niña y tampoco es la primera vez, que ella misma coge sus braguitas y las saca por encima del pantalón para constatarles que es una niña.

Así es ella.

Nunca le ha importado que la gente le dijera eso. Y por ello les contesta y sigue adelante. Pero hace unas semanas sí le molestó y le dolió. Fue precisamente, porque esa persona, la llamó niño, por reírse un rato, sabiendo que se enfadaría. La llamó niño, para seguir con la broma de otro niño que la había llamado bebé. La llamó niño porque quería hacer daño y lo consiguió. 

Cuando la madre de dicho niño se enteró, lo primero que le dijo a su hijo fue que pidiera perdón y después estuvo hablando con él. El niño, mucho más mayor que la peque, se justificó con que lleva el pelo corto y viste con vaqueros. La madre, que también lleva el pelo corto y llevaba vaqueros, le preguntó si él pensaba que ella era un niño, por lo mismo. A lo que el niño le contestó: no mamá, se sabe que tu eres una niña, porque tienes tetas (oye, y tan ancho se quedó el chaval).

Si lo piensas friamente, es una chiquillada. ¿O no?. Todos pensamos que esto es una trastada y que el niño no volverá a hacerlo, o simplemente se dejó llevar. Pero así empiezan los niños a meterse unos con otros. Así empiezan los acosos y al final, los padres nos tiramos las manos a la cabeza por pensar que eso no nos pasará y nos está pasando, cada vez, más pronto.

Somos una sociedad que para algunas cosas estamos muy avanzada, pero para otras, parece que todavía vivamos en la edad media o incluso en la edad de piedra. Cuando se habla de cosas guays como ser progres, somos los primeros que nos levantamos y decimos, Eh!!! que yo soy progre, porque no me importa X cosa. Pero, ¿eso realmente es verdad?

Porque sí, queda genial decir estas cosas, pero en realidad, cuando vemos algo diferente, una persona que se sale de norma preestablecida tenemos (o creamos) un problema. No nos gusta ver esa diferencia, no nos interesa ver esa diferencia y por ello, hacemos comentarios hirientes o jocosos para hacer sentir mal a esa persona que es diferente, que le gusta ser diferente y que no se ha metido con nadie, simplemente le gusta su individualidad


Lo peor de todo es que como padres, debemos educar a nuestros hijos basándonos en el respeto y haciéndoles ver que las diferencias no son malas. Al contrario, le dan ese toque especial que nos hace abrir la mente. Pero aún seguimos con los prejuicios tanto en la ropa, como en el pelo, como en separar a los niños y las niñas de todos los ámbitos.

No será la primera vez que oigamos que un padre no deja que su hijo juegue con muñecas o a las cocinas. O que una madre no deja que su hija se tire en el suelo con otros niños para jugar con coches o juegue a fútbol.

Tenemos que dejar que ellos empiecen a tomar decisiones. Debemos acompañarlos, apoyarlos y enseñarles que cada decisión tomada te llevará a una consecuencia. Y que si ellos son felices siendo como son, sin hacer daño a nadie, que sean así, que luchen por lo que crean.

Debemos callarnos y pensar antes de hablar. 
Es verdad que muchas veces, por despiste o porque no nos fijamos lo suficiente, podemos equivocarnos y a una niña llamarla niño o a un niño llamarlo niña (porque un niño lleve el pelo más largo de lo normal), pero si ese niño o niña os contestan diciendo que estáis equivocados, POR FAVOR!!!! Detrás de ese comentario, que no venga uno vuestro diciendo:
Es que con el pelo largo estarías más guapa. Es que con vestido sabría que eres una niña. Es que si llevas el pelo largo como una niña pues es lo que pareces, a ver si te lo cortas. Es que ese color es de niña. Es que esa camiseta es para niños,... 

Todas estas frases las he oído. Todas estas frases me han reconcomido. Todas estas frases me han dado ganas de decir: Oye! que calladit@ estás más guap@, porque ahí está el prejuicio de que lo diferente nos da miedo y todos debemos ser iguales y que nadie destaque. 

Si no estás seguro de si es niño o niña, ¿por qué no te presentas y le preguntas su nombre? El niño o la niña, te lo agradecerá.

Enseñemos a nuestros hijos a no tener prejuicios ante lo desconocido o lo diferente. Enseñemos a nuestros hijos a ser fuertes, valientes, independientes. A saber tomar decisiones, a poder defenderse en todo momento con la fuerza de la palabra, sin llegar a pelearse, sin llegar al insulto, simplemente, defendiendo aquello en lo que creen o con lo que se sienten a gusto.

¿LO HACEMOS?

viernes, 9 de noviembre de 2018

EL VAMPIRO EDELMIRO

 Ya sabéis lo que me gusta una buena lectura. De un tiempo a esta parte, sinceramente, lo tenía algo olvidado y apartado, pero NECESITO, como respirar, tener un libro en la mano y leer. 

Esta afición me viene desde la adolescencia, cuando, por primera vez, en el instituto nos hicieron leer un libro que me enganchó (Així és la vida, Carlota). Ahora ya sabéis el por qué del nombre de mi hija. Poco a poco fui viendo que tipo de literatura me gustaba y pasé a devorarlos. Tanto es así, que terminé creando un blog de literatura, cine y series, mis tres pasiones y que duró unos cuantos años. 

Ahora me gustaría que la peque cogiera la misma afición y por ello en casa no faltan los cuentos para ella. Ahora tenemos a Edelmiro con nosotros, un vampiro que nos enseña a probar cosas nuevas.

EL VAMPIRO EDELMIRO

Autor: Scott Emmons

Ilustrador: Mauro Gatti

Traducción: Teresa Tellechea

Editorial: SM

Edad recomendada:  3 a 6 años

Páginas: 32

Encuadernación: Tapa dura



SINOPSIS

Edelmiro el vampiro se volvía loco por la carne y se daba muchos atracones. Pero después de comer tanto, se sentía mal y tardaba mucho en hacer la digestión. Así que un día Edelmiro decidió que tenía que comer otras cosas: eran raras de aspecto y crecían en los huertos. ¡Y estaban deliciosas!

Un divertido cuento en rima para animar a los niños a probar alimentos nevos y educarlos en comer sano y variado. 

MI OPINIÓN

Todos sabemos lo difícil que es, que los peques de la casa prueben cosas nuevas y sobre todo cosas con colores que no son demasiado apetecibles. Este cuento, lleno de rimas, nos hace ver que a veces, probar cosas nuevas nos lleva a conocer nuevos sabores.

 
Edelmiro es un vampiro que le encanta la carne roja. Por ello, todas las noches se levanta, con un hambre voraz y come hasta quedarse harto, pero se llena tanto el estómago, que luego por la noche, en la cama, no puede conciliar el sueño. Llega un momento en que se siente tan cansado y apático que no quiere hacer nada. Le cuesta, pero al final decide que debe probar cosas nuevas, para saber si ese cambio le puede ayudar a sentirse mejor.


Cada noche, se levanta de su cama y sobrevuela, huertos, árboles,... buscando y encontrando cosas maravillosas. La manzana es deliciosa, la patata, la zanahoria y mil sabores más.

Gracias a comer estas cosas, no solo prueba cosas que le encantan, si no que también empieza a sentirse mucho mejor: más ágil, de mejor humor,...

Puedo decir que el cuento me ha encantado, pero la que verdaderamente tiene que decir algo es la peque, así que le pregunté anoche y me dice: Mami me encanta!!!!!!!!

Nos gusta la historia y como Edelmiro aprende a comer de todo. Con la peque no tenemos mucho problema en que coma verdura y fruta. A ella le encanta y las prefiere antes que la carne. Pero sí es verdad que cuando ve algo nuevo le cuesta un poco probarlo y con Edelmiro se ha dado cuenta de que tiene que hacerlo, a lo mejor descrube un nuevo sabor que le chifla.

La lectura es muy amena gracias a sus rimas. Todo el libro está lleno de ellas y hace que la peque, cuando terminamos una frase, se ría mucho, muchísimo.

Lo que también le encanta a la peque son las ilustraciones. Edelmiro es un vampiro con solo un colmillo, su mejor amigo es un gato negro. Las ilustraciones son simples, de colores oscuros. Páginas donde predomina el negro, páginas donde predomina el rojo y páginas multicolor.



Así que os recomiendo esta lectura para vuestros peques. Edelmiro es un vampiro que se hará querer y nos enseñará que no nos tiene que dar miedo a probar cosas nuevas.

martes, 6 de noviembre de 2018

EN LA MATERNIDAD TAMBIÉN: DONDE DIJE DIGO, DIGO DIEGO

Después de un mes de parón en el blog... Disculpadme, necesitaba un descanso. Octubre ha sido un mes negro en mi casa y la verdad, necesitaba desconexión total. He desconectado casi de las RRSS y del blog, porque aunque lo echaba de menos, necesitaba recargar mis pilas, empezar el mes de noviembre con más energía y sobre todo volviendo a ser yo.

Hace unas semanas EmocionArte colgó en su blog un post con una colaboración que había hecho con ella, lo podéis leer aquí. Ha sido todo un placer poder colaborar con ella y espero que esto se vuelva a repetir en el futuro.

Así que os dejo con el tema escogido: Donde dije digo, digo Diego. ¿Verdad que os suena? Yo soy la primera que en su día dije, tengo que comerme mis palabras, porque juré y perjuré no hacer ciertas cosas en mi maternidad y he caído en TODAS. 

Propuse en mi TL colaboraciones mutuas, y Patri, de Mami Reciente Cuenta, no se lo pensó dos veces. En seguida nos pusimos en contacto por privado, y los temas surgieron desde la espontaneidad y los intereses propios de cada una. Hoy os vengo a hablar de mis teorías previas a la maternidad, a día de hoy echadas por tierra. Gracias Patri, por darme la oportunidad de expresarme en tu espacio y poder dar a conocer a toda tu comunidad mis ideales, borrados por la realidad del día a día en torno a la maternidad y a la educación de nuestros hijos.


¡Qué mundo tan apasionante el del cuidado y la educación de nuestros peques! Los que me conocéis, sabéis que trabajo en el aula, disfrutando de los críos, su sabiduría, naturalidad, y de la música a la vez, desde hace ya doce años. Seguro que conocéis el dicho “en casa del herrero, cuchillo de palo”. Pues bien, es totalmente aplicable al momento que estoy viviendo con mi hija, en varios aspectos. Ahora me explico con ejemplos, y seguro me entendéis ipso facto. Antes os explicaré con pocos adjetivos cómo es mi hija, para que os hagáis una idea del “bicho” que tenemos en casa. es: curiosa, inquieta, cariñosa, torbellino, graciosa y con sentido del humor, pilla, desafiante, pícara, noble, nerviosa, … Esta antesala no es en vano. Igual pensáis que lo hago para justificar mis actos o la explicación que viene a continuación. Puede ser. No digo que no.

Antes de que naciera la peque tenía pensado llevar una disciplina en casa similar a la que llevo en el aula, bueno, más que pensado, creí que yo sería la misma en un ámbito y en otro. Voy a cambiar la palabra disciplina no sea que alguien se me moleste, me refiero a poner límites. Pues bien, la Silvia profe no tiene nada que ver con la Silvia madre, ¡qué cosas! O tal vez soy igual, lo que pasa que al centrarme en un solo individuo, mi hija, la cosa cambia. Os voy a poner ejemplos de mi día a día con E, que los pensaba de una manera y han resultado ser todo lo contrario, a ver si también os sentís reflejad@s. Os escribo en negrita lo que pensé a priori.

Ella dormirá en su cama y yo en la mía
Más o menos. Aunque hemos mejorado, todavía hay noches que pueden pasar dos cosas: le leo cuentos y nos quedamos las dos fritas, o bien me llama a media noche, voy y me quedo frita otra vez. 
 Fue una niña que no soportaba la cuna, se sentía algo así como enjaulada y, al año, casi la pusimos ya en su cama. Lo que tenía muy claro y eso se ha mantenido es que, cada uno tenemos nuestras camas y no había motivo para que ella viniera a nuestra cama (ahora se me tirará mucha gente encima, lo sé, es mi manera de verlo, respetadla como yo respeto la vuestra, gracias). 



No habrá chupete, porque deforma el paladar, y si al final lo hay, se le quitará pronto


Menos mal que papá tomó la iniciativa, y un perrito de juguete de esos que van a cuerda se lo llevó cuando la peque estaba a punto de cumplir los 2 años, porque si fuera por mí, aún lo llevaría, incapaz de sacarle oye, cogía unas rabietas alucinantes.




Mientras coma, no habrá TV ni juguetes que valgan en la mesa
Me río cuando lo escribo. Hasta los videos del Youtube en mi móvil le he llegado a poner para que coma. Un desastre, oye. Pero es que la niña los tiene muy bien puestos y cuando dice que no quiere comer, sin ni siquiera probar lo del plato, tendría que dejarla sin comer como dice su pediatra, pero mira, que una no puede hacer siempre todo lo que le dicen. Que conste que, a día de hoy hemos mejorado un poquito este punto.


En cuanto aprenda a caminar, no querrá cochecito y podré irme con ella a muchos sitios
¡Las narices! Que no querría el coche sí, pero la palabra “aúpa” la ha gastado tanto, que voy a tener que ir al fisio directa un día de estos (casi 15Kg ya). 
Me montaba cada pollo en la calle si no la cogía, que acababa cogiéndola, sí, como una mala madre que lo consiente todo, pero de cosas de mala madre ya os hablo al final. 
Y también, os voy a decir la verdad, (porque analizo todo lo que hago y dejo de hacer), pienso que en el hecho de cogerla hay un componente mío de, ¿cómo explicarlo?, un sentimiento de proteccionismo, de no querer que crezca, de que siga siendo mi bebé, de tenerla muy cerca, casi abrazada a mí, porque si anda, apenas tengo un contacto con su manita. Madre mía, estoy chocha perdida, lo reconozco. Pero, ¿quién no está enamorad@ de sus hij@s?


No acabaría con los mil y un ejemplos diarios de “mala educación” que dirían algunos, así que para rematar, os listo unas cosillas que aún me hacen ser más mala madre:

  • Cuando ya no puedo más, le doy mi móvil para ver videos. 
  • Todavía le dejo comer con las manos.
  • Va al parque, pero no todo lo que ella y yo quisiéramos, me aburre un montón estar en el parque vigilándola, confieso, y no me entusiasma hablar con otras madres o padres. 
  •  Antes de nacer E, me guardé del Pinterest mil y una actividades para hacerle, pero no he llevado a cabo ni siquiera una cuarta parte de ellas.

Como veis, no por ser maestra está todo controlado. Y las cosas que teníamos clarísimas como pareja antes de que naciera, algunas de ellas ya se han ido al traste, cuando uno le tacha a una servidora de permisiva por ejemplo, o yo misma a él de intransigente. Problemillas de la vida diaria con hijos que muchos de vosotros supongo también tendréis, y si no es así, felicidades, pero deberíais probar un poquito de adrenalina, que de vez en cuando no va nada mal.

miércoles, 10 de octubre de 2018

¿TE GUSTAN QUE TE ETIQUETEN? PUES A LOS NIÑOS TAMPOCO

Muchas veces, los adultos etiquetamos a los más pequeños sin darnos cuenta, sin pensar en las posibles consecuencias que esto acarreará en un posible futuro.

Y yo pienso... ¿os gustaba a vosotros que os etiquetaran de pequeños? Me juego algo a que cuando os decían que érais el problemático o problemática, el vago, el quejica, el movido... no os gustaba un pelo. Y a nuestros hijos tampoco les gusta. Es más, estas etiquetas negativas no ayudan para nada a su autoestima.

Tenemos demasiado arraigado este tipo de comportamiento, tanto que no nos damos cuenta y cuando hablamos de ellos los calificamos de la primera manera que se nos pasa por la cabeza. Pero no, no es bueno.

Igual que las etiquetas negativas son malas. Las etiquetas positivas, sobre todo llevadas al exceso, no son nada buenas. Hacen creer al niño que es superior a los demás. Porque es el más fuerte, la más lista, el más rápido, la más guapa,...hace que en un futuro ese niño se crea mejor que los demás, llegando a ser un tirano.


  • Etiquetas negativas son aquellas donde censuramos o desaprobamos la conducta de nuestro hijo (el vago, la tonta, el gordo,...) Hacen que la autoestima de nuestros hijos, en un futuro sea baja.
  • Etiquetas positivas son las que aprueban, como he dicho antes, llevadas al exceso una cualidad o habilidad del niño. Esto tiene doble posibilidad, puede que el niño termine creyéndose el mejor del mundo, con lo que terminará siendo un tirano, pensando que todo el mundo debe estar a sus pies. O crear una ansiedad en el niño, por no poder llegar a las expectativas de la gente. Su autoestima se sostiene en función de los juicios que recibe del exterior y por ello, siempre está supeditado a lo que piensen los demás. 
  • Etiquetas con doble sentido. Estas etiquetas son con connotaciones negativas, pero que los padres o el entorno del niño lo dice con orgullo o incluso con burla. Algo como, granujilla, trasto,... El problema de estas etiquetas es que los niños reciben un mensaje contradictorio. Les estamos diciendo que son malos, pero nos reímos o lo decimos bien alto, lo que hace que ellos se confundan y terminen haciendo cosas peores para poder llamar la atención.
El problema de usar estas etiquetas es que estamos poniendo en peligro el desarrollo de la personalidad de nuestro hijo. Pueden llegar a adoptar un estilo de vida con sentimiento de inferioridad o superioridad, tal que nunca estarán de acuerdo con lo que tengan o como vivan.  

Y pongo el ejemplo de este tipo de etiquetas, pero a las niñas, supeditadas siempre por su aspecto físico, no es la primera vez que se le etiquetan de manera despectiva o incorrecta, solo por el hecho de ser niña. Mi hija lo ha vivido y directamente he pedido que no se le etiquete de esa manera. La gente, no piensa en el daño que pueden hacer y mi hija se frustra cuando la llamas de cierta manera, porque no se encuentra a gusto. 
 
Si un niño se comporta mal, no significa que el niño sea malo. Seguramente lo que le pasa a ese niño es que necesita atención para saber el por qué de su comportamiento. A lo mejor no ha  tenido un buen día y en el momento en que tiene a sus padres cerca, sus figuras de apoyo, explota y empieza a comportarse mal, simplemente para llamar la atención.
 
LAS ETIQUETAS NO AYUDAN A SOLUCIONAR LOS PROBLEMAS QUE PUEDAN HABER
 
Las etiquetas, en muchas ocasiones pueden estar equivocadas e incluso ser crueles. No tenemos en cuenta su importancia, damos por hecho que un niño que suspende en el cole es porque es un vago, pero a lo mejor, tiene problemas de motivación, se aburre porque es muy inteligente, o no está bien en el colegio por razones externas.
Nosotros con la peque nos ha pasado. Cuando llego a casa, después de estar todos el día separadas, ella empieza a comportarse mal. Empieza a tirar sus juguetes por la casa. Se sube en la cama a saltar. Y mil cosas más. En ese momento, intento que se calme y le pregunto qué tal su día, si ha estado bien en el cole, si ha habido algo que le ha hecho sentir mal, o al contrario, si se ha sentido bien con sus amigos, profe, la clase, las actividades,... En el momento en que se calma y me cuenta qué tal su día, ahí es donde puedo ver que lo que quiere es estar con mami, porque me ha echado de menos y por eso reclama tanto mi atención al llegar a casa. Y con esto, no digo que todo sea un camino de rosas y simplemente me siente a jugar con ella. Cuando puedo lo hago sin pensar, pero hay días que llego muy tarde y toca casi la hora de la cena, hay otros que el cansancio y el estrés del trabajo llegan a casa y no tengo nada de ganas de estar tirada en el suelo jugando y por eso, muchas veces, tendemos a decirles a los niños que son malos porque se están comportando mal.
 
Por ello, debemos no etiquetarlos. Pensad en vosotros mismos cuando érais pequeños. A mi no me gustaban las etiquetas, porque me creaban ansiedad. Si me decían que era buena estudiante y me llamaban cerebrito, siempre tenía mi listón demasiado alto y necesitaba que mis padres aprobaran todas mis notas de manera excepcional, lo que a veces no pasaba y entonces llegaba el momento de decirme que era vaga o simplemente distraída.
 
Creo que no tenemos que usar estos términos tan a la ligera, pues los verdaderos afectados, al final, serán nuestros hijos. Yo he sido la primera en poner alguna etiqueta a la mía y sí, lo hacemos sin darnos cuenta, pero sabiendo lo que puede acarrear para el futuro, tengo claro que no lo  quiero hacer.

martes, 2 de octubre de 2018

LAS PERSONAS QUE SIEMPRE SE QUEJAN ME CANSAN

Hoy vengo con un tema que, a lo mejor me decís, oye pero que mala persona eres. Pero es que llega un momento en la vida en que necesito ser egoista y pensar más en mi y en mi mente sana, que en aguantar a personas que siempre les ocurre todo lo malo del mundo.

Claro que todo el mundo tiene derecho a tener un mal día, una mala semana o una mala racha. Todos hemos pasado por eso y nos gusta sentirnos queridos y apoyados. Pero antes de que vengáis con las antorchas a quemarme, por no ser políticamente correcta. Estoy hablando de las personas que SIEMPRE se quejan por todo. Nunca ven nada bueno en su vida. Que necesitan ser el centro de atención de cualquier manera y por eso, siempre estarán peor que tu y por supuesto, siempre tendrás que estar dispuesto a escucharlos o apoyarlos, pero en el momento que tu los necesites no lo harán, porque estarán demasiado ensimismados en su propia miseria.

No soy una persona positiva, pero tampoco soy negativa. Me gusta pensar que soy realista. No pienso que el mundo es de color de rosa, pero tampoco me gusta pensar que todo es negro. Soy de las que ve la vida con escala de colores y por ello quiero y me gusta saber las opciones que tengo, las posibles consecuencias y a lo que atenerme en algunos momentos. Me siento más segura. Eso no quita que un día tenga un día malo en lo que todo sea negativo. Pero intento que todo ello no me afecte sobremanera y sobre todo, intento ver algo bueno, para volver a ser yo misma.

¿Conocéis a las personas ombligo? Son esas personas que necesitan que todo el mundo les pregunten cómo está. 
Por ejemplo, quedas con un grupo de amigos a tomar unas cervezas, después de no veros durante un par de meses. Estáis todos, os divertís, contáis anécdotas que os han pasado, alguna cosa buena, alguna cosa mala, pero hay una persona que está callada, no sonríe y a la mínima que le preguntas... Pam! se pone a llorar o a contar sus miserias. Todos sabemos quienes son así por naturaleza y quienes realmente lo están pasando mal. Y sí, lo sé porque lo he vivido. He tenido personas así, que absorvían mi energía solo contando sus penas. Eh!!! pero no tengas un mal día y les digas que necesitas hablar, porque serán los primeros en decirte que te pasas el día quejando o que no les hace bien escuchar miserias del resto del mundo.
También están las amigas del mundo 2.0. Por ejemplo, tienes un grupo de whatsapp de amigas a las que les cuentas todo y con las que mantienes todo tipo de conversaciones. Un día no te sientes bien. Todo se desborda a tu alrededor. Tu marido se queda sin trabajo, tu tienes un trabajo mal pagado. No llegáis a final de mes. Tienes que tirar de pedir dinero a padres o hermanos, porque de verdad que no llegas a pagar las facturas. Así que un día decides contárselo a tus amigas, porque sabes que no te juzgarán y diciéndolo te sentirás algo mejor. Incluso alguna de ellas, te quiere mandar dinero o incluso darte ropa para tu hij@ que ellas no necesitan. Entonces, está esa persona que necesita ser el centro de universo y decide escribir para quejarse de que en las vacaciones de Navidad no va a poder ir a Laponia a conocer a Papá Noel, porque tiene una enfermedad diagnósticada y el frío no le sienta nada bien y por eso se tendrá que ir, otra vez, porque ya ha ido, Argentina, porque en Navidad allí hace calor.


Todos sabemos que la pena vende y si no, date una vuelta por las RRSS. Claro que hay personas con problemas (problemas de verdad, no problemas del primer mundo). Problemas que realmente necesitan de tu ayuda o de tu apoyo. Pero luego están las que ven el filón en la pena, las que ven que contando mil y una veces los problemas (algunas veces, creo que llegan a ser inventados, de ahí lo de problemas del primer mundo) sus seguidores crecen día a día. Y no estoy dispuesta a aguantar gente así también en internet. Así que sí, soy de las que se borra inmediatamente de seguir a esa persona. 

Conozco a gente maravillosa en este mundo 2.0 que lo han pasado realmente mal. Que han necesitado un hombro en el que llorar. Que han necesitado unas palabras de ánimo en un momento puntual. Y sí, ahí he estado, porque creo que tenemos que estar en lo bueno y en lo malo, como en los matrimonios. Porque nos podemos alegrar por algo muy bueno, pero tenemos que empatizar cuando alguien está mal. Pero son personas que han tenido una mala racha, un mal momento y por ello, he empatizado y he intentado estar ahí para lo que necesitaran. 

Ya sabéis lo que pienso del postureo. Que no, que no existe la vida perfecta. Me gustan las vidas reales. Las vidas que ven la vida, como yo, en escala de colores, que tienen un mal día, como tienen un día perfecto. Que te lo cuentan con toda la naturalidad del mundo y no se regodean en sus miserias. Que un día te cuelgan una foto de toda la familia haciendo una actividad y sonriendo, viendo lo bonito que es todo y donde te explican que para llegar a esa foto se han tenido que hacer otras 20 más. A una foto, donde un día solo se vea una palabra, un mal momento, una casa sin recoger, una madre con ojeras,...

Como digo, de un tiempo a esta parte, las personas que se pasan todo el día quejándose y viendo el mundo de un color negro, muy negro me agotan. Me agotan el alma, me agotan la vida y no estoy dispuesta perder mi poco tiempo libre con ellos. Ahora sí, podéis tirarme a los leones, pero creo que he llegado a un punto en mi vida en la que quiero ser egoísta. Dejar de pensar en los demás, en lo que dirán, en lo que pensarán, en cómo se sentirán y empezar a pensar en mí, en mi bienestar, en el bienestar de mi familia. En ser feliz, en vivir la vida sin hacer mal a nadie. En aprovechar todo el tiempo que tenemos para ser felices y dejar de quejarnos por cosas que realmente, si lo piensas tienen solución.