Una semana y un día. Eso es lo que nos separa del primer día de guardería de la peque de la casa a hoy.
¿Qué ha pasado en estos días? Pues sencillo. Que nos ha dado una lección a todos los adultos.
Una semana antes de empezar la guardería todos estábamos bastante nerviosos. El curso pasado no lo llevó nada bien (post aquí) y es que eso de separarse de sus abuelos no le gustó mucho. Solo iba tres horas por la tarde y tampoco interactuaba mucho con sus compañeros. Pero este año es diferente. Ahora va por las mañanas y se queda casi todo el día lectivo en la guardería. Unos días antes de empezar las clases tuve reunión con la que es su maestra. Y si os digo la verdad, ya todas las que conocía me gustaban y adoraba, pero conocí a este ángel que me dio paz y tranquilidad. De verdad, mil gracias por la paciencia, por el amor y la comprensión que todas tenéis hacia los más peques.
Ahora, al ir por la mañana papi la lleva cada día. Se levantan, juegan, desayunan, se visten y a la guardería. Dan un pequeño paseo de camino y cuando llega a la clase ni mu. El primer día lloró un poquito, nada, según su padre dos lágrimas cayeron por su carita, pero al rato se le había pasado. El problema es que se contagia de los otros niños que sí lloran más y es que la peque es muy solidaria. Al día siguiente, simplemente se cogió de la pierna de su padre, no quería que se fuera, pero en un despiste, cuando estaba jugando con la profe, él que ya se había despedido se marchó. Muchos padres, los primeros días se quedaban mucho más rato con ellos, pero nosotros decidimos que si ella estaba bien, no teníamos que ir alargando la agonia.
El viernes fuimos a buscarla el papi y yo y es que es el único día que puedo ir. Hablé con la profesora y me dijo que todo estaba estupendamente, que la peque se portaba fenomenal. Normalmente, cuando el papi se va, se queda 5 minutos al lado de la profe, donde va ella, la peque le sigue (ella y otros tres más), pero pronto ve algún juguete o algún amigo (sí, ya ha hecho algún amiguito con el que interactuar) y se va a jugar sin problema.
La comida le va a días. Sé que ayer había lentejas estofadas de primero y tortilla de patata y cebolla de segundo. Sabía que con el primero no habría problema y sí, la peque, según me contaron en 3 minutos se zampó el plato. En cambio con el segundo hubo más problema.
Lo que nos explicó la maestra es que Carlota come bien, pero va lenta. Ella se toma su tiempo y si os digo la verdad no es nada preocupante, mas que nada porque yo era así antes de que naciera ella (ahora como deprisa y corriendo, pero porque si no, no puedo estar con ella y comiendo ya que a mi me gusta la comida que esté caliente, no fría). También tengo una amiga que cuando quedamos el grupo a comer. Podemos estar veinte minutos esperando que acabe y es que ella se toma su tiempo :)
Interactua más con sus compañeros. Según me ha explicado mi medio limón, cada día al llegar a clase, hay un niño que pregunta por ella al entrar. Se sienta junto a ella y se ponen a jugar. Cuando me lo contó me emocioné y es que me gusta saber que se relaciona con los otros nenes de la clase, ya que el curso pasado no tenía mucho tiempo de interactuar con ellos y estaba algo más apartada.
Así que así estamos. Una semana y un día y puedo decir que esta adaptación ha sido un visto y no visto. Es verdad que cuando sabe que papi se tiene que marchar, se coge a su pierna y no quiere soltarse, pero le explican que luego vendrán los abuelos o mami a buscarle y entonces ya se queda tranquila y correteando por la clase.
Así que sí, nos ha dado una lección. Todos preocupados por si le pasaba lo mismo del año anterior, por si no soportaba el tener que ir por las mañanas y no estar con el papi o los abuelos, pero no, reconozco que lo está llevando genial y los informes que nos llegan del cole son realmente buenos. Estoy feliz de saber que es así. Estoy tranquila porque la gente que allí trabaja son unas auténticas maravillas y como he dicho antes, les agradezco su paciencia.
¿Y vosotros qué tal? ¿Cómo lleváis el periodo de adaptación al cole?