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martes, 10 de julio de 2018

LISTA DE IMPRESCINDIBLES PARA UNAS VACACIONES EN EL PUEBLO

El año pasado, más o menos, por estas fechas, os escribí un post sobre los imprescindibles, en mi casa, para el verano, pero me he dado cuenta que es muy genérico y nuestras vacaciones se dividen en dos fases.

Fase uno: viajar todos juntos a las aldeas de mis padres. Tanto mi padre, como mi madre, nacieron en pequeñas aldeas del norte de España, por lo que tenemos la suerte de poder contar con un sitio, siempre que queremos, para escaparnos y relajarnos. 
El problema es que al tenerlos a 1000 kilómetros, no es una escapada que te puedas dar algún fin de semana. Así que, normalmente, solo los podemos disfrutar en verano. 
Ya os he hablado de ellos en alguna ocasión. Aquí, por ejemplo.

Fase dos: ir a la playa. Lo bueno de estar en la costa es que siempre te puedes escapar a la playa y pasar un día en familia, cerca del agua. Los días de playa, son para estar los tres solos. Nos quedamos en casa, pero cada día decidimos ir un rato a la playa y pasarlo bien. No somos de los que se pasan el día entero. Entre que yo tengo una piel muy sensible y a la mínima, por el sol, me salen ronchas y que mi marido no soporta las aglomeraciones que se forman en las playas. Somos de los que llegan a primera hora (08.30 más o menos) y nos vamos sobre las 11.30, cuando todos los locos por el sol están llegando con sus bártulos a la playa.
Y lo bueno de irnos a esa hora es que aprovechamos para dar un paseo, tomarnos algo fresquito, como un granizado o un batido y pasamos a ver a mis suegros por casa, ya que la peque siempre quiere ir con ellos.

Como veis, son unas semanas en las que sobre todo pensamos en el relax, el no tener horario, pero por encima de todo, queremos desconectar de la ciudad. Y por ello la primera fase siempre es desaparecer unos días en la montaña, en lugares mágicos que todavía existen y que da miedo que algún día desaparezcan. Pero siempre hay que ir preparados a estos sitios y por ello os dejo mis imprescindibles para irnos al pueblo:

1. Botiquín

Al ir a una aldea donde no hay médico, pasa una vez por semana. Y el sitio más cercano para ir a la consulta de un médico está a treinta minutos en coche. Necesitamos llevarnos todo lo que podamos necesitar en un botiquín. 

Por ello, nunca falta: 
vistas desde mi ventana en la casa familiar materna
Ibuprofeno 
Paracetamol (tanto para los adultos, como para la peque). 
Crema de camomila para quemaduras o roces. 
Crema solar factor alto, porque aunque os penséis que estando entre montañas no te quemas y el sol no hace el mismo daño a la piel, estáis equivocados.
Repelente de mosquitos (en spray, en roll-on, en pulseras y en todos los formatos que conozcamos). La peque y yo somos verdaderos imanes para los mosquitos y bichos varios y si no nos ponemos repelente, estamos perdidas.
Tiritas (tanto para las heridas, como rozaduras de zapatos).



2. Zapatos cómodos para ir por el pueblo.
Esto se traduce rápido. Bambas. Lo más cómodo que hay. Por supuesto que llevo zapatos con cuña, chanclas,... Pero son para ocasiones especiales, como bajar al pueblo, donde sí, hay carretera, aceras, tiendas, farmacias y hasta un pequeño hospital de provincia.

O cuando estamos en la fiesta, donde debes ponerte tus mejores galas, por la mañana para lucirlo por el pueblo y que todo el mundo te vea en la procesión. (Sí, se hace. Es lo más común. Todos con sus mejores galas, el día de la fiesta más importante del pueblo, donde se celebra una misa y una procesión, donde la gente saca a los santos de paseo para que les toque el sol, mientras se cantan canciones y la gente, en plena montaña va con zapatos de tacón, vestidos largos, cortos,... Y es que ese día, la gente se luce y mucho).

3. Ropa para cualquier ocasión.

La mayoría de la ropa que llevamos son, pantalones, vaqueros, camisetas y alguna chaquetilla de entretiempo. Esto es lo más cómodo y sobre todo, lo mejor para estar por allí. Pero eso no quita que te lleves algún vestido o alguna camisa.
alrededor de este santuario sacan a los santos y hacen la procesión

Realmente, esto de ropa para cualquier ocasión, tendría que ser, ropa para cualquier imprevisto. 

Tanto en León, como en Ourense, hace un sol de justicia y un calor bastante fuerte (lo bueno es que es un calor seco y puede ser más soportable, como mínimo para mi). Entonces, durante el día, los tirantes, pantalones cortos y bambas, son lo mejor que hay, pero cuando oscurece...

Eso ya es otra historia. Estamos en plena naturaleza, en el pico de una montaña. ¿Creéis que hace calor por la noche? Pues muchas veces no e incluso dormimos con una manta fina para poder taparnos. Así que para ir prevenidos y sabiendo que lo utilizaremos, siempre llevamos en nuestra maleta, alguna camiseta de manga larga, chaqueta más gruesa, incluso abrigos finos, pantalones largos, medias y pijama de manga larga.

4. Ropa de baño
Sí, también es un imprescindible en nuestra maleta. Porque estar en la montaña no significa que no puedas disfrutar de un día en remojo. 

Por supuesto que hay alguna que otra piscina. Pero no es lo único. Tenemos la suerte que cerca del pueblo de mi familia paterna tengamos un embalse. En este embalse, hay ciertas zonas que están preparadas y pensadas para disfrutar como si estuviéramos en una pequeña playa.

Así que siempre vienen con nosotros los bañadores. Al tener casa, las toallas ya las dejamos allí, año tras año.

5. juegos para pasar el rato 

Estamos en sitios donde la cobertura es casi nula. Algo que ayuda a esa desconexión que tanto hablamos, pero en la era digital, donde siempre estamos conectados y que siempre tenemos a mano el móvil o la tablet para pasar el rato. Cuando llegas allí, es un trasto inútil que casi no puedes utilozar, por lo que la imaginación y los juegos de toda la vida cobran vida para pasarlo bien.

Así que siempre tenemos alguna pelota para jugar. Un juego de cartas (en nuestra casa tenemos, una baraja española, una baraja francesa y un juego de cartas del UNO). Juegos de mesa. 

Recuerdo que el año pasado quedamos en el bar del pueblo con mis primas. Tenían un juego superdivertido para adivinar quién soy. Ahora mismo no me acuerdo del nombre, pero me lo pasé genial y me recordó a esos momentos de mi niñez cuando pasábamos allí el verano y nos las ingeniábamos para sacar juegos de cualquier cosa.


Como véis son cosas básicas, pero imprescindibles para tener unas vacaciones tranquilas.
Ah! por cierto, os he nombrado el bar del pueblo. En la aldea de mi familia materna, la antigua escuela se ha convertido en un bar. Bar que abre desde las 06.30 de la tarde hasta las 09.30-10.00 de la noche. 
Así que lo dicho, para pasar el rato... IMAGINACIÓN MÁXIMA.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

LO BUENO DE TENER UN PUEBLO. NUESTRAS VACACIONES 2017

Este año las necesitaba, era algo que llevaba soñando desde hace tiempo y es que con todo lo que nos ha estado ocurriendo estos meses, sinceramente, necesitaba desconectar un poco de todo y relajarme, con mi medio limón y con mi peque, que los echo de menos cuando no estoy con ellos.

Por suerte, en la nueva empresa, empezamos horario intensivo a finales de junio y como era la primera vez que tenía un horario así, os podréis imaginar que estaba (y estoy) loca de contenta, porque eso de salir cada día a las 15.00 es todo un lujo. Tener toda la tarde para mi y la peque. Otra cosa buena de este sitio es que por primera vez, no tienen que sustituirme, no he tenido que dejar a nadie en mi sitio durante mi ausencia, no he tenido que enseñar a nadie y he podido irme tranquila porque todos los temas pendientes los había cerrado, aunque el último día fue de locura.

El mismo día que acabé en la oficina, tuve que salir corriendo, a lo correcaminos para llegar a casa, terminar de empaquetar, comer algo y marcharnos al tren, porque sí, ese mismo día nos marchamos de la ciudad para poner rumbo a nuestro destino. Dejábamos el bochorno, el calor que te deja chafado, el asfalto y los edifcios altos, para irnos a donde todo lo que te rodea es verde. La temperatura perfecta de verano, pero durante la noche hay que taparse a veces y es que estas pequeñas cosas se agradecen.

Os diré que siempre vamos en tren. Nos gusta ir en tren, porque lo cogemos a las 20.20 y llegamos allí a las 07.30 del día siguiente. Cogemos camarote para los tres. La peque y yo compartimos litera. Tenemos nuestro baño propio y digo baño, no aseo, pues tienes hasta ducha. Toda una gozada. Una pequeña tele donde suelen tener siempre película de dibujos (para ir teníamos Trolls) y luego pelis para los papis. Nos llevamos la cena desde casa, porque aunque hay restaurante, nosotros viajamos muy low cost. Vamos en camarote por la peque, si no, hacíamos el viaje en butaca gran confort, durmiendo con otras 20 personas más. Pero ahí sí que no meto a la peque, que por cierto durmió como un tronco y sin problema. Parece que el dormir en cualquier lado, siempre que sea con mami o papi ha salido a mi, porque yo también eché alguna cabezadita, lo que no se puede decir de medio limón.

Pero daba igual!! Estábamos de vacaciones. Los tres juntos. Lo echaba de menos. Y es que necesitábamos salir de la ciudad. Sabíamos que al volver tendríamos los problemas esperando, pero nos prometimos dejarlos a un lado y disfrutar las dos semanas que nos íbamos al norte a ver a la familia. Y es que no hay nada como tener un pueblo.

Sinceramente, si no fuera porque tengo la suerte de tener dos pueblos (el de mi madre y el de mi padre) para poder veranear, este año nos tendríamos que haber quedado en casa, literalmente, porque ya sabéis cual es nuestra situación y no podíamos gastar ni un euro. 

Llegar allí y sentirte como en casa no tiene precio. Mis padres nos esperaban ansiosos en la estación, pues llevaban una semana sin ver a su nieta. Sí, no nos esperaban a nosotros, eso lo tenemos claro desde que la peque llegó al mundo. Nos fuimos a desayunar y la peque ya cogió a su abuelo por banda y le dijo: vamos a jugar, vamos a correr, vamos a saltar, vamos a ver los patos, vamos, vamos, vamos. Y es que a la hora de juego y diversión no hay nadie mejor que el abuelo.

Después de un rato de juego y diversión tocaba coger el coche. Esta es la parte negativa. No estamos acostumbrados a tener que coger mucho el coche y allí lo necesitas para moverte casi a cualquier lado. 
Como he dicho antes, este año aprovechamos dos semanas. La peque, el año pasado, se lo pasó tan bien, que pensamos que una semana era muy poco. Así que dos semanas con todas sus consecuencias. Y digo esto, porque sí, son dos semanas de desconexión, de naturaleza, de paseos, de ir al bar a ver a la gente y tomarte una cerveza, el ver divertirse a la peque, el ver su cara cuando ve animales que no ve en todo el año, si no es por la tele, y mil cosas más. Pero también es estar 24 horas al día con la familia. Y sí, son mis padres y los quiero mucho. Son los abuelos de la peque y la adoran como si no hubiese nada más en el mundo. Pero todos tenemos nuestra rutina, nuestro día a día, nuestras costumbres y porque no decirlo, NUESTRAS MANÍAS. Y yo la que más, claro que sí. 

Así que pasar, 7 días, codo con codo con mis padres, nos llevó a momentos de tensión, a momentos de risa, a momentos de dramas y es que mi madre y yo somos muy dramáticas cuando nos enfadamos y quien diga lo contrario miente. 

Para mi, este es el único contra de las vacaciones. Este y que parece que nos miró un tuerto. Porque yo no llevo el coche, así que me toca ir detrás a cual sardina enlatada con la silla de la peque y mi madre, en un viaje de una hora y media aproximadamente, para ir de pueblo a pueblo, pero este año no. Este año mi padre decidió que no quería conducir y que ya era hora de que me quitara ese "miedo" a conducir por carreteras comarcales, con curvas, camiones, subidas, bajadas, locos al volante,... Así que se cortó la mano. Madre mía, que susto al verlo. Y es que eso le pasa por trabajar en vacaciones, como le dijo el traumatólogo al verlo. Y lo peor es cortarse de esa manera limpiando una huerta que ni siquiera es suya, porque la gente no viene a limpiarlas, y tocan las casas ajenas (en otro post os diré porqué es importante que estas cosas se hagan. Este verano hemos tenido una dosis de realidad muy dura). 

La parte positiva. El resto. Sobre todo, como he dicho antes, poder ver a la peque disfrutar las 24 horas del día. Ver a esos familiares que nos ves en todo el año. Como por ejemplo mi abuela materna, la única que me queda. Disfrutar viendo como le cantaba la cucaracha y mi abuela se reía y rejuvenecía por momentos. Os digo que siempre que iba la peque a verla, se le pasaban todos los males de golpe!! jajaja.

Tengo un video medio preparado con fotos para que veais lo bonito que es, pero mientras tanto os pondré alguna. Y es que es un lugar mágico. De verdad. También estoy preparando otro donde os hablo de las ventajas y desventajas de viajar con la familia y es que este tiene mucha miga!!! jajajaja.

Ah!! y se me olvidaba hablar de una parte importante. Otra cosa buena que tiene el pueblo: LA COMIDA!!! Madre mía, allí no hay mesura. Todo es a lo grande. Los grandes chefs con mini platos no tienen cabida en este mundo. Os lo digo yo. Me puse las botas (lo negativo son los dos kilos que me engordé y menos mal que solo fueron dos. Uno por semana). Y es que todo está tremendamente bueno. Lo bueno de tener lechugas, tomates, cebollas, ... recogido del huerto en el momento antes de preparar la comida. Con sabor, textura, olor a verdura. Aixxx, luego pasa lo que pasa. Que llego a Barcelona y no hay tu tía que coma verdura y menos ensalada.
Otra cosa buena, el pan. El dichoso pan. Pan recién hecho que vas a buscar a la casa del panadero. Pan con miga, miga densa, miga buena, miga que tienes que pasar por el plato de la ensalada para rebañar lo que queda. Y es que... que rico todo.
Y la empanada? La carne? El caldo? Esto último por lo que me dicen, que yo no lo como. No es que me guste especialmente el caldo, pero oye. El resto me lo zampo sin pensar. El jamón de casa, los chorizos, el pollo de corral hecho con salsita. Madre mía. Las costillas. Y es que podría seguir así horas. Así que mejor os dejo una foto del pulpo. Porque sí, ir a Galicia y no comer pulpo a feira es un delito y más cuando nosotros fuimos expreso a la feria del pueblo para eso. Comer pulpo, mi padre y yo y mi medio limón darle al pan con aceite.

 

Después de una semana en Trabazos, el pueblo de mi madre. Donde tenemos una casa para nosotros 5 y donde medio pueblo es familia de otro medio, pusimos rumbo a Prada. El pueblo de mi padre y es que es como vivir en dos mundos diferentes.

Trabazos es el lugar idóneo si necesitas desconectar, descansar, tanto del mundo 2.0 como de tu realidad. Vives en una burbuja. Te traen casi todo. El panadero viene cada día con su furgoneta. El pescadero, incluso recuerdo que de pequeña, una vez al mes venía el del menaje de cocina y varios. Ese día las mujeres del pueblo se ponían todas a hacer cola incluso antes de que llegara. Sí, sí, a lo modo rebajas del Corte Inglés, el primer día en la puerta.

En cambio Prada, tiene lo mismo, pero son dos pueblos diferentes. Y los llamo pueblos, pero en realidad son aldeas, porque no solo están las casas. En Trabazos tenemos un bar que abre de 7 de la tarde a 9 o 9.30 y lo tenemos en la antigua escuela. En Prada, la cantina, está cerrada desde hace años. Si quieres tomarte una cerveza, coge el coche o camina unos cuantos kilómetros. Así que sí, para desconectar es el paraíso. La vida ahí es de otra manera. Tiene un ritmo completamente diferente. Es mucho más slow. Con deciros que una tarde pedimos la cena en un bar de un pueblo cercano, nos trajeron la bebida y entre pinto y valdemoro pasaron 45 minutos cuando nos trajeron la cena y eran bocadillos, hamburguesas, patatas y poco más. Sí éramos 12 con los críos, pero eso no quita que si hubiese ocurrido en Barcelona hubiésemos puesto el grito en el cielo. En cambio mis primas me dijeron, pues han tardado poco. Y mi cara de WTF???!!! no me la quitaron en toda la noche.


Lo único malo de este año ha sido no poder dormir en casa de los abuelos. Somos muchos, no sé si alguna vez os lo he dicho, pero mi padre son 11 hermanos y en verano, aunque sería precioso poder reunirnos TODOS, es casi imposible, pero los que vivimos fuera, siempre tienen su casa abierta y su habitación preparada. Los jóvenes, en cambio no tenemos esa suerte, y no es la primera vez que me toca ser una peonza y pasar de habitación en habitación. Porque aunque mi padre se canse de decir, que el primero que llega escoge la habitación que quiere, es mentira. Ahí las habitaciones tienen nombre, os lo digo yo. Y este año teníamos menos habitaciones por no poder entrar en una de las casas, por miedo que la pared de la casa colindante se viniera abajo. Así que, este año, sí o sí, nos tocó dormir fuera. Por suerte siempre existe la opción de los hostales en O Barco y fue nuestra opción. Bueno, bonito, barato. Lo que podíamos pagar y nos sentó de maravilla poder desconectar, también, de la familia, aunque fuera para la hora de dormir y el desayuno. Poder estar los tres solos de vez en cuando también era algo que necesitábamos. 

Este año ha sido un verano extraño, porque además, sufrimos la pérdida, pocos meses antes, de la matriarca de la familia. Mi abuela paterna nos decía adiós el primer fin de semana de mayo. Y allí estuvieron sus 11 hijos, reunidos. 

En fin... el verano, otra cosa buena que tiene son las fiestas de los pueblos y las orquestas. Bailar, beber un copita, pasarlo bien con la gente que te rodea. Pero este año no pudimos hacerlo. El luto se lleva muy adentro y por eso decidimos que lo mejor era seguir los pasos de los mayores y este año, nada de fiestas. Y cuando digo nada, es nada de nada. Mis padres les encanta bailar, han ido a clases de bailes de salón y ellos son los que me metieron el gusanito del baile dentro. Pero este año no fuimos a la plaza a darle al pasodoble, no salimos en la verbena para preparar la queimada. Es extraño, pero era lo que se tenía que hacer, porque sinceramente. ¿Cómo le explicas a una niña de 3 años que oye la música y quiere bailar con sus abuelos, que los abuelos no pueden bailar porque están de luto? Ella sabe que la bisabuela se fue a las estrellas, donde nos protege y nos cuida. Pero de ahí a que los abuelos no puedan divertirse con ella hay un abismo. Así que este verano, los jóvenes, para que esto no nos pasara decidimos hacer mutis por el fondo y los que estábamos allí marcharnos a cenar a algún otro pueblo cercano, donde los niños pudieran estar juntos y jugaran.

Lo bueno de tener un pueblo es eso. Poder ver a tus amigos y/o familiares, que no has visto en todo el verano. Poder disfrutar del campo, de los animales, de todo lo que te rodea. De poder tomar un respiro de la ciudad. De poder gritar al viento. Salir a pasear a cualquier hora. Dejar a la peque campar a sus anchas y mil millones de cosas más.

martes, 13 de octubre de 2015

UN COCHE, UN BEBÉ Y LAS CARRETERAS SECUNDARIAS.

El otro día os conté parte de nuestras vacaciones, mientras acabo de escribir todo lo que no hemos hecho, os hablo sobre un verdadero problema que hemos tenido y que tanto el papi como yo, temiamos que pasaría.

El viaje desde Barcelona hasta O Barco (Ourense) fue en tren. La peque fue durmiendo y la verdad es que no nos dio mucho problema. Solo que cuando se quedó dormida no nos habian puesto la litera y al moverme para que lo dispusieran todo, se despertó y durante un rato estuvo llorando. Pobreta, no sabía donde estaba y creo que eso no le gustó.

Pero cuando llegamos llegó el verdadero reto, poder ir todos en el coche. Yo si hubiese podido quería alquilar un coche, pero al final el destino nos hizo ir los 5 en el coche de mis padres. Un viaje lleno de curvas, subidas y bajadas de la montaña, hechos unas sardinillas. Mi marido se marea si no se concentra en la carretera y la niña... bueno la niña es un mundo aparte. 

Supongo que cuando estaba embarazada no me paré a pensar en los problemas que podríamos tener con este tema. En mi familia nunca hemos tenido un drama así, que yo sepa. Pero ahí está, la enana no se lleva bien con el coche. Aunque también he comprobado que depende del día y de quién conduzca.

viernes, 9 de octubre de 2015

NUESTRAS PRIMERAS VACACIONES EN FAMILIA (PARTE II)

Y hoy sigo con nuestras vacaciones. Esta vez en el pueblo de mi padre. Una aldea en la provincia de Ourense, cerca del pueblo O Barco de Valdeorras. Un sitio que mi padre y algunos de sus hermanos (o todos) lo llaman: EL PARAÍSO.

Foto extraída de la web de Prada: www.pradaveiga.es

El paraíso es una aldea, como Trabazos, solo que es más plana. No hay tantas cuestas y la casa de allí es verde. Sí. Verde. La pintó mi padre junto a mi tío Eduardo (siempre en nuestros pensamientos). La casa llama bastante la atención. Pero no hay problema si vienes a vernos. Solo con decir a la entrada del pueblo a cualquier vecino, vengo a ver a los Pérez, rápidamente te dirán cuál es la casa. Primero porque lo bueno, o malo, de los pueblos tan pequeños, es que  todo el mundo se conoce. Todos saben quienes son todos. Además somos una familia enorme. Medio pueblo lo llenamos solo nosotros. Jajajajaja. Es broma (es en serio, pero que no se entere nadie).

El problema allí es el espacio vital y el espacio para dormir. En Trabazos tenemos la suerte de no tener que compartir con nadie la casa. Solo estamos mis padres y nosotros. En cambio, lo malo de ser una familia grande y algunos estar fuera todo el año, es que cuando vas en verano hay "overbooking", y no sabes dónde dormir, te toca cada noche en una habitación, duermes separada de tu marido. Todos juntos en una habitación minúscula o simplemente, te buscas la vida y te vas de hotel (algo que este año nos hemos planteado seriamente que haremos el año que viene si podemos, pero bueno este tema, ahondaré otro día, porque es un tema que me tiene quemada de otros años y necesito desahogarme como Dios manda).

Llegamos el día antes de la fiesta y ya para cenar fuimos más de 20 personas. Eso es lo normal allí. Al día siguiente, arreglarse, ponerse mona e ir a la Ascensión para la misa. Yo me quedé fuera, como para meter a la peque ahí dentro con lo nerviosa que estaba, además no quería que alguien se escandalizara, si en medio de la misa me sacaba la teti. Pensé que era mejor hacerlo fuera, sentada en el campo, es como.... más natural. 


Por cierto, para ir del pueblo a la Ascensión, fuimos andando. No queríamos meter a la peque en el coche, no fuera que ese pequeño trayecto la pusiera nerviosa. Así que imaginaos a mi madre y a mi de punta en blanco, por el medio del monte. A ver yo iba plana, pero con chanclas, terminé con los pies pinchados y mojados. Para el año que viene haré caso a mi familia y me pondré las bambas y en la iglesia me cambio. Íbamos super monos!!! :) :)

El sitio no es bonito, es lo siguiente. Hay que reconocer que todo aquello está en un paraje inigualable que te transporta, como en los libros de Outlander, a momentos pasados. Después de ver a más familia, saludar yo, porque algunos no me conocían (lo malo de perder 40 kilos), nos volvimos por otro camino (la carretera con asfalto y sin piedras mejor) a casa. Allí, ese día éramos unas 50 o 60 personas, y pocos porque faltó mucha gente. Y aunque sea difícil de creer, no me pasé un gramo la dieta. La seguí a rajatabla. Allí se come muy bien y la verdad es que te dan ganas de picar aquí o allá, pero cuando llevas 3 días comiendo lo mismo, como que la dieta no suena del todo mal, que en Galicia son de buen comer! :) :) :)
Foto del Santuario del Cristo de la Ascensión. Gracias San Google :) No me digáis que no es bonita?

La peque desde que llegamos cambió el chip. En el pueblo de mi madre aún dejaba que mi marido y mi madre la cogieran y pudiéramos jugar. Pero fue llegar a Prada y todo cambió. Supongo que no está acostumbrada a tanta gente y entre que solo quería la teti y no quería ver a su padre, se pasó todos los días en brazos de mami y el abuelo (que se hinchaba como un pavo real siempre que la niña quería estar con él).



Mi medio limón estaba frustrado. Recuerdo una noche que me dijo... Cari, y si la niña no me quiere? Aixx, me dio penita. Tiene que ser duro que quieras coger a tu hija, jugar con ella o simplemente llevarla en brazos o la mochila para pasear (llevamos el carro, pero fue un inútil trasto que podíamos haber ahorrado si se me hubiese hecho caso).
Yo, seguro, hubiera reaccionado de la misma manera. Incluso en un momento dado que tuvimos internet, tanto él como yo buscamos información y parece que se quedó algo más tranquilo cuando vimos que podría ser del todo normal que pasaran esas cosas y que cuando volviera a su sitio habitual, a casa, y todo volviera más a la "normalidad", ella volvería a hacer lo mismo de siempre. Así que no le quedó otra que tener paciencia.

La fiesta... La fiesta fue genial!! Inmensa, divertida! y eso que no tocó una gran orquesta, pero no hay que tenerla para pasarlo bien. Eso sí, si te vas a pueblos vecinos con más habitantes, ten claro que no hay buenas orquestas, hay orquestas fabulosas. Desde las que te arrancas a bailar y no puedes parar, porque te sabes las canciones, porque los musicos y los cantantes son la pera y siempre te pican para que bailes más con esos bailes y canciones de simpre (sí, desde paquito el chocolatero a vivir así es morir de amor de Camilo Sesto, pasando por canciones de Paulina Rubio o Pimpinela), hasta las que son un juego de luz y colores con espectáculo en vivo con grandes coreografías y que no puedes parar de mirarlas. Yo personalmente prefiero de las primeras, porque me hacen pasar un rato divertido y encima quemo calorías, que como he dicho antes, por ahí lo del comer está muy bien y no veas como tienes que quemar luego! :) :)


Por la noche, mi padre fue el "maestro" de la Queimada, ya que mi tío no pudo estar y es entra muy bien. Te calienta el cuerpiki, que allí en las montañas de noche hace fresquito (dormía en pijama de verano y manta, ¡UNA GOZADA!) y para acompañar un poco de bizcocho o castañas asadas. Todo un lujo. En la foto de arriba mi padre, en la de abajo mi marido que tenía ganas de ponerse y calentarse un ratito al fuego.

Unos días más tarde, hicimos un día en familia. Solos los tres. Aprovechamos que la peque se había "reconciliado" con el coche (ya os lo explicaré otro día) y nos fuimos a pasar el día a O Barco de Valdeorras. Aproveché y le compré a mi marido su regalo de cumple. Aixx, que contento que está con su regalo y después nos fuimos a comer a O Pazo do Castro. Aixx, que bien se come allí. Y que bien nos tratan!!! La verdad es que desde que nos casamos allí e hicimos este bonito descubrimiento, siempre que vamos al pueblo, no podemos dejar de ir a pasar un día allí y si podemos (que este año no pudo ser) nos quedamos también a dormir y lo pasamos realmente genial. El año que viene que la enana será más grande, podríamos probar de quedarnos a dormir y pasar el día. Entre la piscina  y el parque de juegos, creo que se lo pasaría genial. 
(En la foto podéis ver que bien se lo pasaba chillando y siendo el centro de atención :D )

Los días pasaron rapidísimo y cuando quisimos darnos cuenta ya tocaba marcharse. Lo bueno fue el poder descansar, que mis abuelas, las bisabuelas, pudieran tener la ocasión de conocer a su bisnieta (para una la segunda que tiene. Para la otra, la peque es la decimosexta (casi ná!!!!)).