Pues sí. Las fiestas han pasado. Hemos dejado atrás el año 2016 y damos la bienvenida al 2017.
Yo entre mocos, fiebre y tos le dije Hola con mi mejor sonrisa, o como mínimo con la que pude.
Empiezan los buenos pensamientos, las promesas que no se cumplirán, los propósitos que se quedan por el camino y yo este año, no sé si por el chute de medicamentos, no sé si porque estaba con mi hija, mi marido y mis padres y eso me bastaba, no pensé en los típicos deseos, ni promesas ni propósitos. Simplemente disfruté y cuando me tomé la última uva (que tuvo que ser en el momento en que Canarias entraba en el nuevo año, porque solo me había podido comer 11 una hora antes gracias a que la enana se comió una y no podía robársela a nadie) pensé: ellos son mi familia. Los quiero, me quieren. Podemos con todo siempre unidos y así estaremos siempre.