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martes, 5 de junio de 2018

QUE HE APRENDIDO EN ESTOS 37 AÑOS

Sí. Ayer fue mi cumpleaños y hoy vengo con un post de retrospección. 

Siempre he sido de las personas que piensan que la gente no cambia. Es como es y no podrán hacer nada para impedirlo. Pero después de un tiempo, después de la experiencia he visto que sí podemos cambiar en algunos aspectos. Aunque la esencia siempre queda dentro.

En estos 37 años he aprendido a callar cuando debo y a no callar cuando realmente siento que no debo. Es difícil, pero sí. Lección aprendida.

Parece mentira pero el poder aprender algo así, me ha enseñado mucho, sobre todo a no guardarme las cosas y dejar de ser rencorosa con los demás. Algo que algunas personas no aprenden en la vida.

Otra cosa que he aprendido. A pasar de los comentario dañinos. Eso no quiere decir que me quede callada. Por supuesto que no, simplemente he aprendido que debo pasar de los comentarios de gente que no me conoce de nada y que su deporte nacional es meterse en vidas ajenas porque la suya propia apesta.

A esas personas debo dar las gracias. Gracias, porque cuando hacen eso, me doy cuenta de lo feliz que soy y sobre todo, de lo buena madre que soy. Porque sí, juzgar a las madres está a la orden del día.

He aprendido lo que es el respeto. Respeto no es callarte lo que piensas, por miedo o porque crees que la vas a líar. Si no que es, te cuento lo que yo pienso, te cuento lo que yo creo, debatimos y con ello no significa, ni que nos faltemos al respeto ni que una de las personas tenga la razón. Todas las personas podemos tener, en mayor o menor medida la razón, pero no por ello debemos sentirnos mejor o peor que nadie.

He aprendido lo que es ser madre. Es tener un amor infinito por una personita que poco a poco crece dentro de ti. Es saber lo que son las noches de insomnio cuando tiene fiebre, tos o simplemente quiere que mami esté a su lado porque tiene miedo. Es sentir que puedes con todos y con todo, pero que tendrás momentos de flaqueza donde te sentirás la peor madre del mundo pensando en que te has equivocado. 


He aprendido a ser la mujer que siempre he querido ser. Con un carácter fuerte, pero que sabe lo que quiere y no duda en querer conseguirlo. 

He aprendido a vivir con mis defectos sin dejar que me afecten en exceso.




Ayer fue un día estupendo. Estupendo porque celebrar un año más es motivo de estar feliz, significa que aquí seguimos dando guerra. Y es que la edad no es un número si no, un estado de ánimo. ¿No creéis?

Empecé el día de mi cumpleaños con una de las mejores felicitaciones, la de mi medio limón, que esperó hasta la hora indicada para felicitarme. Me levanté con la peque algo alterada, pero que al final me dio un gran beso por mi cumpleaños. Siguiendo por mis padres, mi madre me cantó, como cada año, el cumpleaños feliz, por teléfono. Gracias mami.
Seguimos con la gente de la oficina, que todos pasaron por mi mesa para felicitarme, aunque no solo por mi cumpleaños, si no también por el pastel y las galletas, hechas por mi, que traje para la ocasión.
Siguiendo con los mensajes. Facebook es un chivato y muchos perdisteis 30 segundos de vuestro tiempo para parar un momento y felicitarme. Mil gracias.
Sobre todo tengo que agradecer a todas las amigas que el mundo 2.0 me ha traído, porque siendo sincera, ayer es lo que más me impactó. Los mensajes de mi madres sueltas, que ADORO (como dice Laura Paussini) y que sin ellas, este mundo sería mucho más gris. Que están ahí pase lo que pase, SIEMPRE. 
Mensajes en el whatsapp, de todos aquellos que se acordaron de mi. Algunos con mensajes que hicieron que se me saltaran las lágrimas (una de emoción por preciosas palabras y otras por la gracia de ver quién me felicitaba). 

Estoy contenta porque con 37 años estoy en un momento en mi vida estupendo. Con una familia que adoro. Con unos amigos tanto en la vida real, como en el mundo 2.0 que ya muchos querrían, y no es por daros envidia o sí.

martes, 19 de diciembre de 2017

Y QUÉ PASA SI QUIERO TIEMPO PARA MI

Hace unos días en que pienso cómo escribir este post y ahí va.

Sí, este es un post de desahogo. De esos, que de vez en cuando necesitas escribir para, simplemente, soltar lastre.

Y no, no vengo a justificarme. Porque no, no tengo porqué hacerlo. Mi maternidad es mía y mi vida también,  pero cuando los que me provocan son los más cercanos a mi, me molesta.

Desde que soy madre, no ha habido día que no haya dormido en casa. Que no haya bañado a la niña, que no cene con ella (exceptuando la noche de cena de Navidad de la empresa), que no esté en todos mis momentos libres jugando y viviendo experiencias que me encantan. Y no, no lo veo como si fuese una carga, al contrario, lo hago porque quiero. Siempre he tenido claro que quería ser madre y mi hija, Carlota, es de lo mejor que he hecho en mi vida. Pero ahora ha llegado un momento en el que necesito momentos para mi sola. Necesito poder estar sentada en el sofá y ver mi serie favorita, o escribir en el blog, leer un libro o simplemente estar echada mirando el móvil sin que me interrumpan.

Y sí, también me gusta salir del trabajo y tener un momento para mi, yendo con amigos o compañeros del trabajo a tomar algo.

Cuando empecé a trabajar en esta empresa pensé... por fin he encontrado mi sitio. Me reconcilié con mi trabajo y vuelve a gustarme lo que hago, aunque aún me faltan muchas cosas por aprender, estoy encantada con ello. Poco a poco fue entrando gente nueva y hemos hecho muy buenas migas. A uno de ellos se le ocurrió hacer un "after work". Me pareció una idea genial y unos cuantos nos apuntamos. Lo hicimos un viernes, aprovechando que salimos a las 3. Estuve hasta las 7 y aunque algunos se quedaron, yo di por finalizada mi salida. Me fui a casa y para la hora de la cena, la peque ya tenía a mami en casa.

Nos gustó tanto que pensamos en hacerlo una vez al mes. Algunos, más jóvenes, sí, sin niños pequeños, sin compromisos, quedan más a menudo. Pero una vez al mes, ahí estamos, quedando unos cuantos para unas cervezas, unas tapas y hablar no solo del curro, si no de momentos. Algo genial.

Pero la última vez,  al llegar a casa quién me recriminó salir? Mi madre. ¿en serio? Pero nada... no solo ella, mi padre también me soltó una perla y me dio rabia. MUCHA RABIA!!! porque... ¿qué problema hay con que quiera tiempo para mi? Mi vida es de casa al trabajo y del trabajo a casa. El fin de semana, debido a nuestra precaria situación no salimos, como mucho a ver a los abuelos para verlos y ahorrarnos una comida. Tan malo és que al salir del trabajo tenga unas horas para mi??? Pero es que justamente ese fin de semana, el sábado noche había quedado con una gran amiga, después de unos meses sin vernos y a la que tenía muchas ganas de ver. Y no pasa nada. Mi marido se quedó con la enana y yo salí. Siempre consulto con él todo lo que hago, para que esté informado para que sepa que hago o donde voy. Creo que es lo lógico, pero nunca se le ocurriría decirme nada en plan... Queeee, otra vez de fiesta... pero no te da vergüenza salir hasta estas horas sin tu marido y tu hija??

Me sentó fatal. Y es que hay momentos en los que necesito ser yo, Patri. Yo misma. La chica que no solo es madre y trabajadora. Si no la amiga, la que se ríe, la que suelta tacos, ... 

Y ahora os lo pregunto directamente: qué pasa si quiero tiempo para mi? Ahora que soy madre ya no soy persona? De verdad es tan malo ir a tomar unas cervezas con compañeros una vez al mes?

lunes, 6 de junio de 2016

35 AÑOS Y LOS QUE ME QUEDAN

Pues sí! Ya llegó y ya se marchó y es que es el problema de los cumpleaños, que solo duran un día. Pero... ¡Que día!

Hace 35 años que llegué a este mundo. Hace 35 años que dejé de estar en un sitio seguro y confortable, como es la barriga de mamá, para salir y comerme el mundo. 

Este año, por suerte, el gran día, ha caído en sábado. Así que fue un día para hacer un montón de cosas, entre ellas, celebrarlo con los que más quiero.

Lo primero fue despertarme con un beso y un abrazo de la peque y es que aunque ella no sabía que era mi cumpleaños, porque decírselo, se lo dije, pero que no tiene ni dos años! pues que me hizo especial ilusión. Después mi medio limón, mis padres y ya empezaron con el aluvión de mensajes y es que desde que existen las RRSS quien no te felicite es porque no quiere, porque te avisan todas ellas (este año me he enterado de que twitter te pone globitos en tu timeline cuando es la fecha señalada).

Después de un despertar tan bonito, me pasé media mañana jugando con la peque y viendo los minions. ¡Ah! que no os lo he contado... Su nueva fase con los minions. Los imita, en cuanto a sonidos. Le brillan los ojos siempre que los ve y por la mañana no te dice hola o buenos días, si no que te habla a lo minion. Creo que mi marido y yo ya nos sabemos hasta los diálogos y es que a ella lo que le gusta son las canciones y el principio de la película. Pero te la pide cada día y sus abuelos, en su afán por darle todo aquello que quiere (y es que es normal que es la primera nieta y encima se pasa con ellos la mitad del día) le han comprado un cojín, un muñeco y hasta un paraguas, todo de los Minions. Imaginaos. 

lunes, 30 de mayo de 2016

20 COSAS SOBRE MI...

Hoy, gracias a Mami Esto Está Chuli, vais a conocer 20 cosas sobre mi. Y es que no podía hacerla en mejor momento, ya que en esta semana cumplo 35 años y siempre me gusta pensar si he cambiado en algo o he madurado en otros temas.

Así que aquí os dejo 20 cosas sobre mi para que me conozcais un poco mejor

1. Soy de Barcelona. Me gusta mucho la ciudad, pero a veces me encantaría vivir fuera para que la peque pudiese salir a la calle, como cuando era pequeña, sin miedo al tráfico tan loco que tenemos por aquí. 

2. No me gusta el color negro y me encanta vestir con colores vivos, aunque sea invierno. Aunque parece que en el trabajo no les gusta tanto mi forma de vestir. 

martes, 29 de septiembre de 2015

LA VUELTA ES DURA, PERO TENEMOS QUE PONER LOS PIES EN LA TIERRA Y SEGUIR CON LA RUTINA

¡Hola gente!

Pues sí, estoy viva. ¡Gracias por preguntar! El problema es que el día tiene 24 horas y la peque absorve todo mi tiempo libre. He estado de vacaciones hasta hace dos días, prácticamente, pero he intentado leer vuestros blogs todo lo que he podido. Seguro que algo se me ha escapado.

Pronto encontrareis entradas nuevas. Estoy preparando la de las vacaciones. Los cambios en un bebé que crece tan rápido que ni cuenta me doy. Cambios en lo personal. En el trabajo. En la vida,...

Así que este mensaje es para deciros. Sí, sigo por aquí y vendré con las pilas recargadas, con temas que me gustan, que me escaman, que me hieren, porque este es mi espacio y necesito a mis amigos del 2.0 para sentirme como en casa. Sé que vosotros me entendeis.

Saludos y al toro, que ya es momento de empezar a currar. :) :) :)


viernes, 5 de junio de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. CAMBIO DE FASE

Pues sí. Uno de los mejores regalos que me podrían haber dado ayer fue: Que ya he llegado a los 65 kilos!!!!!!

4a Fase del proceso de cambio. 
Esto ya es un paseo. Pero ojo, no se puede bajar la guardia (el médico no paraba de repetírmelo. No la bajes, mira lo que has conseguido. Sigue cuidándote).

Lo primero es que la semana que viene iré a que me hagan un análisis de sangre. Quiere ver que todo, por ahí dentro funciona correctamente.

El cambio con las otras frases no es que sea muy grande, o sí. Depende como lo mires. Para mí es un cambio para mejor. Porque puedo comer fruta!!!!!

No es que sea una gran amante de la fruta, lo reconozco. Pero ahora con el buen tiempo, siempre te apetece comer una rodaja de melón o sandía y claro, como que no podía. Eso sí, la fruta para merendar. 

Otro cambio y este sí que me parece un gran paso es: El desayuno. 
Se acabó tomar un batido de cacao. Ahora toca pan integral con aceite o mantequilla (nada y menos, no os penséis) y acompañando, un huevo, un trozo de queso bajo en grasa o un trozo de jamón. 
Pensaréis que jamón es jamón york. Claro, que es el que siempre te dicen que para hacer dieta es mejor, igual que el jamón de pavo. Pero debo deciros que NO. Que el médico decía, nada de jamón dulce. Noooo, jamón del bueno, del serrano y si puede ser jabugo, mejor que mejor.

No soy especialmente jamonera. Porque es una cosa que como siempre estaba ahí, pues decía, mira jamón, pues no me apetece. Pero la verdad es que ahora, como que un trocito, no me amargaría. :) :)

Así que ahí estamos. Solo quedan 5 kilos para llegar a la meta. Solo 5. Eso es un paseo. Y entonces llegará el trabajo duro.
Justo ayer lo comentaba con él. Le decía: doctor, para mí lo que he hecho hasta ahora es duro, tienes que ser fuerte. No lo niego. Pero el verdadero reto. Lo que de verdad importa es cuando llegue a la meta. Esa fase de mantenimiento. Esa fase donde tengo que aprender a comer. Esa fase donde no puedo engordar, porque no debo pasarme. ¿Lo conseguiré?

Pues sinceramente, no lo sé. Pero intentar, por supuesto que lo intentaré, con lo mona que estoy ahora, no pienso renunciar a esta bonita figura.

jueves, 4 de junio de 2015

34 TACOS, NI MÁS NI MENOS

Ha llegado el día, 4 de junio, hoy cumplo... 34 años.

Este año ha sido el año de los cambios. Tres semanas después de cumplir años, mi hija llegaba al mundo y con ella, nuevas aventuras, sentimientos y sensaciones.

También me ha llegado el cambio, aunque no total, aún, del trabajo. He cambiado de centro, he cambiado de horario, pero no cambio mucho más. Aunque espero que esto, en los 34 vaya dando el giro que le falta, con un pequeño empujoncito que estoy a punto de dar. A ver si todo cambia y este sueño por fin se cumple. Algo que sería absolutamente maravilloso.

Hace 34 años llegaba al mundo. Mi madre con 19 años y mi padre también, fueron padres. Supongo que no estaban preparados. Estaban solos. Sus padres a 1000 kilómetros. En la otra punta del país. Mi padre, por suerte, contaba con un par de sus 10 hermanos, mi madre no. Pero ellos pudieron sacar adelante a su familia. A mi nunca me faltó de nada, solo (a veces), su compañía. Siempre trabajando, poco en casa. 
Pero sé que lo hicieron lo mejor que supieron y en ese aspecto, a los dos los admiro. Porque sin nada, han llegado muy lejos. 

Espero que algún día mi peque sienta ese mismo orgullo por sus padres. 

Así que sin más. Hoy os dejo con esta foto tan graciosa. A ver si con suerte, tengo un trocito de pastel, aunque muy pequeño, que la dieta no perdona.


viernes, 22 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 3ª PARTE

La verdad es que saber que sirvo de inspiración para algunas personas, me ayudan no solo a escribir parte de mi historia, si no también a seguir luchando por mi objetivo.

Ayer lo dejé en el principio de la fase 3. Esta es la fase donde sigo actualmente, aunque creo y espero, que el día de mi cumpleaños, de aquí dos semanas, el médico me dé la gran noticia de que paso a la 4a y última fase.

Llevo casi dos meses con esta fase. El médico ya me advirtió. Esta fase es más lenta. Ya como más y mi organismo va más lento. Pero lo importante ahora es ir perdiendo.
Embarazada de Carlota. Con cara de pan de kilo. Muchos diréis, bueno estás embarazada.
Lo sé, lo estaba. Pero aquí yo estaba perdiendo kilos por mi cuenta. Y aún se me veía así.

Fui hace unas semanas a pesarme. Ya había pasado un mes. Me peso y he perdido menos de lo esperado. No pasa nada. Es lógico. ¿Me hundo? Pues no, aunque fastidia que el ritmo empiece a bajar. Igualmente he perdido dos y medio. Eso hace que esté en 67 kilos. Solo me quedan dos kilos y llegaré a la fase 4. Solo dos kilos. Dos kilos que creo, hoy día que he perdido. 

La báscula y yo, hasta hace más o menos un par de meses, no éramos nada amigas. No tengo báscula en casa. No tenía antes de adelgazar, porque sabía que estaba gorda. No. Gorda no. OBESA. De tal manera que cuando veía una báscula ni quería pisarla. Tenía miedo de pesar tanto de que gritara: ¡Gente. Aquí tenemos a una zampabollos!. Y que la gente me mirara y me juzgara. Odio que me juzguen. Aunque después de que naciera la enana, el que me juzguen de cualquier cosa me da igual. Porque nunca gustamos a nadie. Y gracias al tipo de crianza al que hemos optado, siempre nos están juzgando como padres. 

Así que lo dicho, no tengo báscula. No quiero tenerla. Por ahora no. Porque sé que si ahora tuviera una en casa, estaría pesándome, por la mañana, recién levantada (que es como se tiene que hacer) y por la noche cuando llegara a casa (que no se debe hacer). Me obsesionaría y mi estado de ánimo estaría ligado a perder o no perder kilos. 
Me conozco desde hace casi 34 años. Así que sé como soy. Desgraciadamente he sacado la vena psicótica de mi abuela materna. Y cuando hay algo que nos preocupa o que nos obsesiona, nos obsesiona al máximo y no podemos remediarlo. La gente, mucha, no lo entiende. Así que cuando el médico me preguntó si podía pesarme en casa le dije: No. En casa no puedo, porque no tengo, ni quiero, tener báscula. Iré a la farmacia. 
Eso mismo hice el lunes. Me pesé en la farmacia. ¿Cuánto he perdido? Según la báscula, igual que la del médico, algo que me gusta. Un kilo y medio.
Diferencias: En el médico me peso desnuda. Solo llevo una bata. En la farmacia, obviamente, iba vestida, con zapatos, joyas, ... Así que pienso que ese medio de más era todo esto. ¿No creéis?
El día que cumplía 33 años. Era el mismo día que cumplía 35 semanas. Aquí estaba a punto de caramelo. Carlota se hacía 
notar constantemente. No me quedaba nada.

En teoría debería ir al médico. Pero pensé y si me espero una semana más? A ver, no pasa nada y si llego a 64 y medio, pues mejor. Porqué así paso a la siguiente fase y no estoy yendo al médico para que me pese y me diga: No has perdido suficiente, son 50 euros y sigues en la misma. A ver, que la dieta es cara. Efectiva, pero cara.Así que no puedo desperdiciar ningún euro.

Me he propuesto, el domingo, llegar a casa de mis suegros, coger su báscula y pesarme. Tienen la típica báscula de suelo, que tiene casi todo hijo de vecino. No esa nueva digital. Noooo. La de toda la vida. ¿Sabéis cuál, verdad?
Pues me pesaré en esa. Porque esa siempre marca un kilo más de lo que voy perdiendo. Si me gusta lo que veo. El lunes, sin falta, llamo a la consulta y pido que esa semana me visite. Y que me cambien la fecha. 
Si, en cambio, peso 65 justos, me esperaré. Me pesaré el mismo lunes, en la farmacia, y veré si realmente, puedo ir al médico. Si es así, llamaré y rezaré para que me coja. Supongo que cuando diga, no voy por seguro, si no por libre, me buscarán un hueco ;P

¿Por qué quiero llegar a la 4a fase?
Es fácil. La última vez que fui al médico, hace 3 semanas, le dije: Echo de menos una cosa. El médico me echó la bronca, diciendo que no podía pensar en comida, mientras estaba con eso. Le dije que no era lo que él pensaba, que no era chocolate, o galletas o pasta con una salsa deliciosa. Noooo. Lo que echaba de menos es la fruta. 
Sí, como lo leéis. La fruta. Ha llegado el momento del año en que me gusta la fruta. Llega el melón dulce, lleno de agua y sabroso. La sandía, roja y viva. Con ese sabor que tanto me gusta. Las cerezas, las fresas, .... Todo esto es ahora, luego lo encuentras, pero no tiene el mismo sabor. Quiero comer fruta, pero la fase 3 no me lo permite.

No te preocupes. En la fase 4 merendarás fruta. Eso me dijo el médico y a eso me agarré. Tengo que llegar a la fase 4. Quiero llegar, porque por fin podré comer fruta. Según él, hasta podré comer una tostada de pan, con aceite y jamón. Aixxx, paaaaan, aceite, jamóóón!!!! 

Así que a por la fase 4. De cabeza. Es lo que quiero y es lo que mi cuerpo me pide ahora mismo. Así que espero que la semana que viene, pueda deciros. Fase 4. Ya he empezado!!!!
Celebrando mi cumpleaños en Sitges. Aquí están mi marido y mi padre. Por supuesto la enana, dentro, que estaba muy agustito.
Ese día recuerdo desayunar en el Mont Roig y comer en los Vikingos. Gran día. Gran compañía. De esta foto a hoy, solo nos separa un año.

Solo me quedan 5 kilos para cumplir mi objetivo (eso pensando en que esté en 65). Mi primer objetivo. Y recalco primero. Porque para mi, lo más duro, será cuando ya haya llegado a los 60 y tenga que mantenerme en ese peso.

Sé que para ese momento falta un poco, pero no tanto como creía. Ya me estoy mentalizando, tengo que conseguirlo. Debo hacerlo. Sé que tengo profesionales a mi lado que cuidarán de que así sea. Y por supuesto, tengo a mi "pepito grillo" y a la familia apoyándome. 

El otro día mi madre me decía que ya estaba bien. Que se me veía estupenda. Que no lo hiciera tan duro ni estricto. 
Mi tía, por teléfono, me dio la enhorabuena por todo lo que estaba consiguiendo. Cuando le dije que me quedaban 5 más. Me decía que no hacía falta, que estaba bien así. 

A las dos les dije que no era así. Que debía perderlos. Por una sola razón. Porqué sé que me tengo que mantener, pero siempre ganas un par de kilillos cuando dejas la dieta. Porque tu cuerpo, ya vuelve a las andadas. Cuento con esos dos kilos de más, por si acaso, cuento con ellos y sé que no pasará nada por tenerlos. Pero si el médico y la dieta dicen que debo estar a base de proteínas y a base de fibra, así estaré, porque para eso estoy haciendo todo este esfuerzo.
Que te sabe mal que salgamos a comer y me coma 5 chirlas. Pues otro día, recordemos decir que no le pongan el mejunge de ajo, perejil y aceite y en vez de eso le pongan limón. Entonces, podré comerme 20 si quiero. 

Ahora, después de toda la historia, os dejo dos fotos. El antes y el después. 

El antes. Ya la conocéis. La puse el otro día. Hace 2 años. De vacaciones.

Los que me seguís en Instagram la habréis visto. El después. Aquí tengo 67 kilos. Foto hecha hará unas 3 semanas.

Look nuevo. Tomando un agua en una terracita, el fin de semana pasado, 
mientras los demás se bebían unas cañas y unas tapas. No pasa nada.
No me he muerto porque ellos estuvieran comiendo. Porque yo estoy bien.


jueves, 21 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 2ª PARTE

Gracias a todos por vuestros mensajes. Quise seguir ayer con la historia, pero siendo sincera no fue un buen día y hoy no es que haya empezado bien, pero espero que sea tranquilo, como mínimo.

Sigo con mi historia:
Empiezo la fase 2. En teoría pienso que puede que sea más barata, y aunque lo es, no es tanto como me pienso, pues sigo comprando muchas cajas de pastillas.
Ahora, en esta nueva fase, sigo tomando una ristra de pastillas por la mañana y por la noche, como antes, eso no cambia. Sigo con el batido por la mañana, el almuerzo de un natilla a media mañana. Como una ensalada y un postre o galleta. Meriendo una galleta o un batido y ceno, normalmente, un tomate abierto con un poco de aceite y una pechuga de pollo, acompañada por un poco de mostaza Dijon.
En el cumpleaños de un amigo. Hace cuatro o cinco años. 

La primera noche, cuando el pollo toca mi boca, es como tocar el cielo. Aunque solo sea un insípida pechuga a la plancha. Pero sabe a gloria, pues no es la verdura. Un mes de verdura, un mes solo con eso. Es duro. Efectivo. Pero duro.

Así paso los 15 días que tocan de esta primera parte de la segunda fase. La energía es máxima. No tengo los mismos mareos que al principio. A lo mejor, algún día estoy algo más cansada, pero no me preocupa, porque después de desayunar y descansar un poco cambia la cosa.

¿Recordáis que os dije en la primera fase, que mi madre me había pedido los pantalones para arreglar? Empezando la segunda fase mis pantalones me iban estupendamente. A los 15 días, esos pantalones volvían a quedarme como un saco. Aquello iba viento en popa y no paraba. ¿Contenta? Nooooo, lo siguiente. Eufórica.

Podría comprarme algo de ropa. Pero no quería. Quería ir al médico y que me dijera cuánto había perdido en 15 días más. 
Llegué a la consulta. Recuerdo la cara de la enfermera y de la auxiliar que hace análisis. Las dos me miraron, se miraron, me sonrieron y me dijo la auxiliar lo guapa que estaba. Casi ni me reconoce, me dijo que lo había hecho, porque venía mi marido con la niña y se acordaba de ella, si no, nada de nada, hubiera pasado desapercibida. 
Bueno, te dicen estas cosas y te creces. ¿No creéis? Pero esperando, me entró miedo. ¿Y si no he perdido tanto como creo? Pasé a su despacho. Me estrechó la mano y contento se puso a teclear. Me dijo que estaba consiguiendo cosas en muy poco tiempo y que nunca había visto un cambio tan radical, en tan poco tiempo. Me preguntó cómo me sentía, pues tenía miedo de que todo esto hiciera que estuviera cansada, o fatigada. Le dije que me sentía bien. Que los mareos del principio habían desaparecido y que me sentía con más energía. Después pasé al baño, me desvestí, me quité las joyas y me puse la bata.

Me subí a mi nueva amiga. Esperaba que no me fallara. Y por suerte, no lo hizo. 4 kilos y medio más. En 15 días había conseguido casi la primera fase. Estaba contenta, pero tanto el médico como yo decidimos dejarme otros 15 días en la segunda fase, aunque perdiera algo más de lo que debía, porque no era bueno, tampoco, cambiar tan rápidamente.

Salí de la consulta y mi marido ya me esperaba con una sonrisa de oreja a oreja. Otros 4 kilos. ¿Qué te parece? Increíble, pero cierto. Pagué, pedí hora para la siguiente consulta, 15 días más tarde y listo.

Seguí con el plan. Y pasaron otros 15 días. Me toca ir al médico a hacer la revisión. Esta vez, le digo que tengo cambios laborables. Ahora ya no trabajo de 2 a 8 de la tarde. He cambiado de centro de trabajo y ahora hago otro horario. De 8.30 de la mañana a 6 de la tarde. El médico me felicita por la nueva noticia y me dice que puedo ir a su consulta por la tarde. Él ya sabe que he pasado todo el día trabajando y comiendo y que no es como hasta ahora, que lo único que tenía en el estómago era el batido.

Paso a cambiarme. Salgo del baño, miro la báscula, me subo a ella. Espero que siga perdiendo kilos por doquier. Cierro los ojos, intento no mirar, estoy nerviosa. 69 y medio!!! uaaaau, has perdido 5 kilos más. ¡Que bien! ¡¿5 kilos?! Uooooo, esto sigue estando genial. 15 días, 5 kilos más. Estoy llegando a la meta y solo han pasado dos meses. Es increíble.

El día de nuestro bodorrio. Nos casamos un año antes. Pero ese día fue cuando lo celebramos con toda la
familia. Uno de los días más felices de mi vida. Con un vestido muy especial. Creo que si me lo pusiera ahora
bailaría dentro de él.

Me quedan esos 9 kilos y medio y llegaré a mi peso ideal. Por supuesto el médico me dice: Fase nueva. 3ª fase. Solo queda una más y habré acabado lo que se dice que es más duro.

Ahora en esta nueva fase puedo comer y cenar. Eso sí, proteínas. Está claro. Sigo con el mismo plan de dieta. Desayuno, almuerzo y merienda, con los productos de la marca Ysonut. La comida y la cena, verdura con carne y verdura con pescado.

Voy a ser sincera. La verdura poco a poco desaparece. No es que no coma verdura.Si no que me tiro más por una ensalada, un pimiento rojo, un tomate abierto. No me apetece tanto como un contramuslo de pollo o un lenguado. 

Ahora cuando como me siento llena rápidamente. Entre que no tengo mucha hambre y mi estómago se ha hecho más pequeño, a veces, no puedo seguir comiendo lo que me han puesto. Y aunque no era de las que solían dejar comida, ahora sí que lo hago.

Empiezo la fase 3 y eso significa que debo ir mes a mes, no en 15 días. Mi médico ya me dice que ahora las cosas van a ir más lentas. Que debo tomármelo con calma. Y eso es lo que hago. Sigo la dieta. Debo hacerlo.

Tengo que decir que aquí lo explico de manera resumida. Pero tenéis que pensar, que aunque se notan y se ven los resultados, hay momentos de flaqueza, en los que dices.... bueno, por un día no pasa nada. Por un día no voy a engordar y tirar al traste lo que he hecho. 
Puede que esa única vez, si fuera única, no pasara nada. Pero se empieza con una vez y se sigue con otra y otra y otra. Y al final, si que tiras por tierra todo lo conseguido hasta entonces. 

Yo tengo un "Pepito Grillo" particular, que no me deja que me pase, que me da la charla en momentos de flaqueza y que está a mi lado en todo momento. Esa persona es: Mi marido. 
Él es el que siempre me dice. No debes pasarte. Debes conseguir tu objetivo. Ahora estás mejor. Ahora estás más guapa. Ahora estás más sana. Y por ella, por nuestra hija y por ti debes ser constante.
Después de estas palabras, debo hacerlo. ¿No lo creeis?

Es por mi, primero por mi salud y por sentirme guapa, que a nadie le amarga un dulce. Lo segundo, por mi pequeña, para que tenga una madre que pueda seguir su ritmo. Y de la que se sienta orgullosa. Y tercero, por todos los que han creído en mí, porque sin el apoyo de ellos, ya digo que esto no lo hubiera conseguido.

Los momentos más duros es cuando sales a comer por ahí con alguien. Mientras los demás miran la carta y no saben qué pedir, porque todo tiene una pinta maravillosa, yo me pido un bistec, sin patatas, con ensalada, por favor. O un pollo o pescado a la plancha. Ni más ni menos. Es lo que hay y aunque miro de reojo esos platos y pienso lo bueno de deben estar, sigo comiendo lo mío y pensando en el fondo de armario que voy a tener que preparar.

Tengo la suerte, de que mi madre, y creo que yo lo he heredado de ella, nunca tira nada. Y tiene en su casa, maletas con ropa que no nos ponemos, ni ella ni yo. Porque no nos vale, porque ha pasado de moda, o porque no nos apetece. 
Gracias a eso, no he tenido que comprarme nada de ropa durante el proceso. No quiero comprarme nada hasta que no acabe. No quiero, porque pienso que es tirar el dinero. después pierdo 5 o 6 kilos más y ya me queda grande y se me hacen bolsas muy feas. 

Me llevé una maleta entera de ropa. Pantalones blancos, vestidos, camisetas, pantalones pirata, pitillos, vaqueros, minifaldas,.... Entre la ropa que mi madre me prestó (es lo bueno de que mi madre y yo no nos llevemos muchos años. Ella es joven y yo mayor, así que podemos ponernos la misma ropa) y la ropa que tenía guardada de cuando estaba delgada, podría ir tirando.

Y así he hecho. Mañana os explico la fase 3. 
El día de año nuevo. 1 de enero de 2015. Con Carlota en los brazos, las dos preparadas para irnos a comer con la familia.
Ahora me veo y noto el gran cambio que he sufrido. Veo esta foto y también veo el cambio de Carlota. desde los 6 meses que tenía aquí 
a los 11 que va a hacer la semana que viene.

martes, 19 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 1ª PARTE

¡BUENOS DÍAS!

Hoy vengo con una entrada especial. Llevo días queriendo contaros el porqué de mi cambio de look. 

Ya sabéis, todos los que me véis por las redes sociales, que he sufrido un adelgazamiento rápido y efectivo. Y algunas personas incluso me preguntan cómo lo he conseguido. 
Hoy quiero explicar parte del proceso. Ya que esta entrada sería muy larga y he decidido partirla para que sea más amena.
Embarazada de Carlota. De 7 meses y medio y subiendo. Aquí ya había perdido
 7 kilos, pero aún faltaba mucho más.

Hace unos meses, en febrero, para ser exactos. Fui al médico para hacerme una revisión. El médico me dijo que era buen momento para hacerme un análisis y ver cómo iba todo. Pues ya habían pasado 8 meses desde que había nacido la enana.

Me hice el análisis y a la semana volví a ir. Tenía los niveles del hígado alterados, y como eran todos los niveles, prefirió pedirme una ecografía hepato-abdominal. 
No os penséis que a mi me dolía algo, ni que me sentía mal ni nada. Porque no era así. Me hicieron la ecografía y volví, por tercera vez, al médico. Y esa vez ya tenía un diagnóstico.

Nada grave, por ahora, me dijo al verme. Pero tenía grasa alrededor del hígado. Grasa que no debía estar ahí, grasa que podía llegar a extenderse a otros órganos, como el coraón, el estómago, los pulmones,... 
¿Qué podía hacer? El médico me dijo que no había problema, que los niveles salían alterados y se veía el hígado algo inflamado, y la grasa. Grasa que era normal que estuviera, sabiendo lo que pesaba. Algo más de 90 kilos.

Hay que ponerse a dieta, me dijo. Y pensé que si en el embarazo había conseguido perder 10 kilos, podía ahora ponerme a regimen. Aunque no soy de régimen, porque siempre los abandono.
Necesito notar resultados. Si no los noto, abandono, porque me desanimo. Él me prometió que lo notaría, que me pusiera en sus manos, ya que también es nutricionista. 
Vale. ¿Por qué no probar? Hablamos de la dieta que iba a comenzar. Sería dura, al principio, pero efectiva y era a lo que me agarraba. También iba a ser cara, muy cara.

Ahora mismo estamos pasando por un momento algo malo, monetariamente hablando. Eso hace que me planteara si hacerlo. Pedir dinero prestado a mis padres. 
Mi madre se apresuró a decir que no podría hacerlo. Que me había visto abandonar tantas dietas que no podría con esta y que ella no quería pagarlo.

Esta foto es del 2009. Cuando mi marido y yo nos conocimos y nos fuimos a vivir junto.
Aquí pesaba la friolera de 87 kilos. 

Mi marido habló con ella. Le dijo que esta vez no era para sentirme bonita y que me valiera la ropa. Si no que era por el tema de salud. Que era para poder estar bien, no tener esa grasa corriendo por mis venas. Era para estar bien y poder vivir mejor.
Parece que esa charla y verme motivada, hizo que me dijera que me ayudaría. Mi marido me dijo que sacara dinero del fondo y me pusiera a ello.

La dieta va por fases. Primero te pesas, sabes cuanto debes perder y te dividen el peso que vas perdiendo por fases. Fases que tienes que ir cumpliendo.

La primera fase es la más dura. Cambias completamente de hábitos. 
Yo debía perder 13 kilos. Una fase que sería laaaarga y costosa.

Fui a comprar los productos que serían parte de mi alimentación. Además de vitaminas, omega 3, .... 

En esta primera fase debía comer verdura. Verdura permitida, como pone en el papel. Ya que hay verdura que puedes comer toda la que quieras y verdura que solo puedes comer 200 gramos al día.

Miré la lista y pensé. Me gusta más la verdura que solo puedes 200 gramos. Entonces me asaltó la duda. 200 gramos de cada???? Noooo, me contestó el médico. 200 gramos todas juntas. Una pena, pero tenía que hacer lo que decía. Debía conseguir mi objetivo, perder 33 kilos.

Me puse a ello. Compré la verdura permitida. Sobre todo comía ensalada. Fácil y rápida de hacer. Pensé que era mejor no estar mucho en la cocina. Mis padres no querían venir a casa, para que yo cocinara, pero siempre les decía que era lo mejor. Debía enfrentarme a cocinar, sin probar, sin picotear. 
¿Duro? No. Lo siguiente. Pero lo conseguí. Debía hacerlo por mi salud. Por la enana y por todos los que me rodeaban.

Esta foto me la hice el verano de 2013. En el pazo donde nos dimos el sí quiero.
Hacía 2 años que nos habíamos casado aquí. Pesaba 97 kilos.

Cada mañana, una ristra de pastillas, un batido. A media mañana, una natilla. A mediodía, una ensalada y una sopa (no me gustó mucho este producto, me di cuenta que era más de dulce, que de salado), a media tarde una galleta. Por la noche otra ensalada y una tortilla (tampoco me gustaron mucho).

La verdad es que los primeros días fueron horribles. Pero no es que fuera por pasar hambre. Porque durante el día estaba más o menos bien. El problema era la mañana. Me despertaba medio mareada. No me sentía con fuerzas. Un día me temblaban las piernas de tal manera, que tuve que sentarme. La cabeza me daba vueltas.

Por suerte, mi marido estaba en casa. Y él era el que me hacía el desayuno. Parecía que tomarme las pastillas, el batido y el drenaje, hacían que cogiera fuerzas. Y cuando ya almorzaba, era como una fiesta en mi estómago.

Poco a poco fui notando los cambios, sobre todo a la hora de comer. Que ya no tenía tanta hambre. Tanta ansia. Comer cada tres horas hace que no te sientas desfallecida, ni con ganas de atracar la nevera.

A los 15 días de empezar, me tocaba ir al médico. Mi marido y yo hacíamos porras para ver quién de los dos se acercaba más a lo que había perdido. Yo pensaba que unos tres o cuatro kilos había bajado. Mi marido decía que 5 kilos. 

Llego por la mañana, en cuanto entro a la consulta, la enfermera me dice que se me está empezando a notar. Yo creo que es porque así ella piensa que me infunde ánimos y voy a seguir con la dieta y pagándoles.
Cuando entro a ver al médico se queda boquiabierto. Me pregunta por estos primeros 15 días. Le digo que ha sido duro, sobre todo por la mañana. Le digo que por la noche estoy desfallecida y decide recetarme, vitaminas, calcio, sodio,... Me dice que es para infundirme esa energía que tengo el día a día. 
Después paso al baño, me desvisto y me pongo la bata. La báscula y yo no somos grandes amigas, así que la miro con recelo. Pero me subo a ella.

Has perdido.... ¡7 kilos y medio!, me dice el médico. No me lo creo. Que en estas dos semanas he perdido la friolera de 7 kilos. Pero que me estás contando!!!!! :O :O

La sonrisa que se me dibuja en la cara es... Infinita. Tengo hasta ganas de llorar. Entro en el baño y cuando cierro la puerta me pongo a bailar. 7 kilos!!!! 7 kilos!!!! Quién puede decir que ha perdido 7 kilos en dos semanas y todo con productos naturales y proteícos. Poca gente.

Cuando salgo del baño y me siento en la silla, el médico está tecleando en el ordenador. Me dice que otras dos semanas y nos volvemos a ver. Luego me comenta lo sorprendido que está, porque nadie ha perdido tanto en tan poco tiempo. Esto es lo que se pierde en un mes, no en 15 días, me dice. Se nota que lo has hecho a raja tabla y debes seguir así.

Cuando salgo a la sala de espera mi marido me mira. Llego con cara triste. Se acerca rápidamente, ¿qué pasa? me pregunta.
Y le contesto con una sonrisa que he perdido 7 kilos y medio!!! (ese medio para mi es media vida, así que no lo olvido). FELICIDADES, me grita allí en medio. La verdad es que la euforia es máxima. Y decido que tengo que seguir luchando.
En el cumpleaños de una amiga, con su hoy ya marido, haciendo monerías.
Creo que ahí ya pesaba la friolera de más de 100 kilos. Vaya brazotes gigantes.

Pasan otros 15 días, con la nueva medicación me siento más fuerte. Empiezo a notar como el estómago se queda más pequeño. Pues con una ensalada y una natilla estoy que no puedo más.

Cuando voy a casa de mis suegros, mi suegra solo tiene elogios para mi. Me dice que se me nota muchísmo. Yo lo noto sobre todo en la ropa, pues empiezo a perder tanto que la ropa se me cae y me queda como un saco.

Mi madre me pide que le lleve mis pantalones. Debemos arreglarlos, me dice. Si no, no tendrás con qué ir a trabajar. 

A los 15 días justos, vuelvo al médico. Pienso que esta vez no he perdido tanto. Que esas dos primeras semanas son la excepción, porque al principio siempre pierdes muy rápido y luego, vas poco a poco.

Llego a la consulta y la enfermera me dice lo guapa que estoy. Gracias, le contesto mientras le sonrío. Esta vez me lo creo. A lo mejor es verdad que se me nota bastante.

Entro al despacho del médico. Se levanta me da la mano, me mira de arriba a abajo. Le digo que el vestido que llevo no me lo había puesto en muchísimos años. Me dice que estoy guapa y que seguramente habré perdido bastantes kilos. 
No sé doctor, creo que he perdido menos, le comento. Pero él me dice que eso solo nos lo puede decir la báscula.

Voy al baño, me quito la ropa, y las joyas. Me peso solo con las gafas. Miro a la báscula. No me gusta y yo a ella tampoco, pero tiene que ayudarme en esto. Miro al frente, no queiro ver cómo mueve los pesos.

¡7 más! me dice entusiasmado. ¿Perdón? De verdad? Eso supera a los 13 de la primera fase. ¡Uaaaau! El médico está tan contento que no atina a tomarme la  tensión. Algo que siempre tenía por las nubes. 

No me lo creo. Entro en el baño y salto de alegría. Me visto rapidamente. El médico me comenta que ya podemos pasar a la segunda fase. Nadie ha llegado a esa fase en tan poco tiempo. La verdad es que es un día para creer en todo lo que me dicen. Así que dejo que me alaven por el trabajo bien hecho. 

En esta segunda fase, ya puedo quitar un producto de los que no me gustan (sopa, o tortilla), empiezo a comer o a cenar, comida como los demás. Eso sí, solo a la plancha, hervida o al horno. 150 gramos de carne o dos huevos, a mediodía. O 200 gramos de pesacado blanco o marisco por la noche.

Estoy que no quepo en mi. Cuando salgo a la sala. Mi marido se levanta rapidamente y le enseño el papel que pone: FASE 2. ¿¡Que dices!?, me mira sorprendido. Le cuento lo que me ha dicho el médico, que he perdido 7 kilos más. Que debe pasarme a la segunda fase sí o sí y que nadie ha conseguido lo mismo que yo. Que siempre se tarda más.

Salgo de allí y voy a ver a mi madre, le digo todo lo que me ha dicho el médico. Por primera vez me felicita. Supongo que ve que ahora no es lo mismo que otras veces. Que esta vez lo conseguiré y no abandonaré.
Foto en el hotel donde se celebraba la boda de la amiga, de la foto anteior con su chico. Octubre 2014.
Dama de honor, con barrigota enorme. Y con mi preciosa enana que ya tenía tres meses y medio. 
¿Véis lo que digo de los brazotes? Dios mio!!!