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miércoles, 29 de mayo de 2019

PENSAR ANTES DE HABLAR AYUDA A NO HACER DAÑO A LOS DEMAS. FRASES CUANDO BUSCAS QUEDARTE EMBARAZADA

Hoy vengo en plan desahogo. 

Sí, ya lo sabéis. Estamos en búsqueda de embarazo y no llega. No sé el por qué ni el por qué no. Si después de las vacaciones no suena la flauta, mi marido y yo iremos a especialistas. 

Mientras tanto, ponemos nuestro empeño en que llegue el ansiado positivo y no ayuda nada cuando alguien se entera de que estás buscando un bebé y tienen que decir su verdad. Porque claro, no puedes pensar que eso puede hacer daño a la otra persona.

De un tiempo a esta parte, las personas no miramos por los demás, solo por nosotros mismos y nuestros intereses.

Ya sabemos que este país se caracteriza por la gente que se mete en vidas ajenas. Parece un deporte nacional eso de comentar la vida de los demás y decir lo que piensas. Pero estoy harta. 

Harta de que me hagan daño gratuitamente. Harta de que me digan cosas sin pensar en mi, sin ponerse en mi lugar. Harta de la falta de respeto.



Hoy traigo 7 frases.
Frases simples. Directas. Dichas sin pensar y que hacen daño. Frases que he tenido que escuchar en estos meses de búsqueda.



ESTÁS OBSESIONADA


El pensamiento automático que te viene a la mente es... Llevo meses intentándolo. Sí, estoy obsesionada. Sí, es culpa mía.


A ver, señores y señoras que se meten en vidas ajenas. Sí, cuando se lleva mucho tiempo buscando un bebé y se desea con todas las fuerzas del mundo que llegue, se vive en una decepción constante mes a mes cuando llega nuestra "amiga no silenciosa" y vemos que no se ha conseguido. 




Incluso, cuando ves que no llega, hoy día, era de la sobreinformación. Buscamos en las redes a ver si encontramos la solución (mejores posturas, alimentación, milagros por doquier,...) o a personas que hayan pasado, o estén pasando, por lo mismo que tu. 


Así que sí, puede que me haya obsesionado en algún momento. Pero estoy en todo mi derecho, cuando veo que aquello que quiero no llega. Ponte en mi lugar, con un ejemplo que te pueda servir y verás que tu también vives obsesionad@ con aquello que anhelas.




RELÁJATE Y TE QUEDARÁS EMBARAZADA


 Creo que esta es la frase por excelencia. Dices que estás en búsqueda del bebé y ven tu cara de fastidio, comentas que llevas más de medio año y que no te había costado tanto con la primera y ahí está la frase: Relájate mujer. Ya verás como así te quedarás embarazada.


Pensamiento automático que te viene a la cabeza: Es culpa mía. No puedo relajarme, por la vida, la casa, el trabajo,... y por eso no consigo lo que quiero.


Frustración. Sabéis qué es lo que me pasa con la frustración, que no sé gestionarla, y como no sé, porque nunca he aprendido, me da por comer. Desde que estoy en la búsqueda del bebé, he engordado 17 kilos, ni más ni menos. 




Así que imagináos esta frase, como retumba en mi cabeza antes de decir nada. 


Es verdad que el estrés es perjudicial para nuestra salud. Y hoy día llevamos una vida de locos, que intentamos compaginar como podemos. Pero hay mujeres que sí consiguen quedarse embarazadas con un nivel de estrés alto en su vida. Y lo único que se consigue con esto es que el sentimiento de culpa recaiga solo en mi. La mujer. 



¿Quieres que me relaje? No me juzgues e invitame a algún plan divertido para desestresarme y que esté distraída. Eso sí lo agradeceré. Desde ir a la playa a pasar el día en el agua, a ir a tomar unas cervezas, ver una peli, un monólogo o simplemente plan en casa de juegos de mesa.




FULANITA SE FUE DE VACACIONES (O LUNA DE MIEL) Y AL VOLVER ESTABA EMBARAZADA


Sinceramente, me alegro de que Fulanita lo haya conseguido. ¿Pero qué consigues diciéndome eso?


Ah! que ella sí puede y yo tengo una tara y no lo conseguiré. Que me tengo que ir de vacaciones, porque así el aire de otro sitio, el día a día o lo que sea, hará que me embarace?




Todos conocemos casos de gente, que aunque no sea frecuente, han llegado y besado el santos. En un par de meses listo. Yo soy un ejemplo de ello con mi primer embarazo. Todas las personas que me rodean lo dijeron en su día, que no era lo normal, que en tres meses conseguirlo había tenido mucha suerte.


Lo que ahora siento, cuando alguien me suelta alguna frase como esta es: Genial! Ella lo ha conseguido, pero yo no. ¿Tendré algo de malo? 

Mi autoestima llega a estar por los suelos y vosotros con esto, NO AYUDAIS EN NADA.




SI TODAVÍA ERES JOVEN, AÚN TIENES TIEMPO


Gracias. Gracias por pensar que soy joven. Pero no lo soy tanto. Pero yo quiero tener a mi segundo hijo antes de los 40 y para ello no me queda mucho tiempo. No quiero que el bebé y la peque se lleven mucho tiempo. 



No, no tengo tanto tiempo como te crees. Cada año que pasa, la reserva ovárica de la mujer disminuye. Los factores climatológicos y la vida que llevamos también afecta, por lo que no, no soy tan joven. Y no, no tengo tanto tiempo como crees.


Tampoco sabes cómo es mi periodo, si he tenido problemas anteriores, ni nada por el estilo. No tengo por qué justificarme. Pero en mi cabeza, yo no soy tan joven. De pequeña tuvieron que medicarme para que la regla no me viniese a los 5 o 6 años. Al final tuve el periodo demasiado pronto. ¿Sabéis lo que significa? Pues entonces... ahorraros estos comentarios.



NO PASA NADA. YA TIENES UNA. HAS CONTRIBUIDO AL MUNDO


Sinceramente, con esta frase, me quedo en shock. 


Primero: Sí, tengo una hija. Pero no sé qué tiene que ver eso con tener otro hijo. Aaaaaah!! que como he sido madre una vez, pues ala, ya está, lo has conseguido. Ahora si no pasa, no me tengo que preocupar.


Lo dicho, no sé qué contestar a eso. Pero sé que me enfada. Me enfada pensar que haya gente tan insensible con este tipo de temas.




En cuanto a lo segundo. Eso de que he contribuido al mundo. Madre mía, el día que lo oí, recuerdo haber dicho... Perdona, me has dicho que he contribuido al mundo porque ya tengo una hija? Sí, era eso. Las mujeres contribuimos en el mundo porque traemos niños al mundo. Que ya he traído uno. Pues ya está. No voy a traer a 10 vástagos no sea que España se repueble. 



TRANQUILA, HAY COSAS PEORES EN EL MUNDO


Hacer que mis problemas parezcan insignificantes tampoco me ayuda


Sí. Lo sé. Hay hambre en el mundo. Sí. Lo sé. Hay guerras. Niños que mueren día a día por cosas ajenas a mi voluntad. ¿De verdad crees que me ayudas diciendo que hay cosas peores en el mundo? ¿Piensas que en estos momentos lo que pasa en el mundo es tan importante para mi como lo que me está pasando?


Esto lo que hace es que me sienta mal conmigo misma, pensando que soy una persona egoísta que solo pienso en mi misma. Y es cuando me doy cuenta de que la persona egoísta, de verdad, es la que tengo delante soltando esa berborrea que no tiene sentido.



TODO SUCEDE POR UNA RAZÓN. SI TIENE QUE SER SERÁ. SI NO, PUES NO.


Anda y me quedo tan ancho.


De verdad que no sabéis lo que es estar escuchando todo este tipo de frases. Vamos a ver. Si te cuento lo que me está pasando no es para que me sueltes una frase filosófica que has leído en una galleta de la fortuna. 




Necesito apoyo, necesito que me escuches. Por favor, abstente a hacer comentarios hirintes. Este tipo de frases no van con buena intención. Pensad antes de hablar y si no tenéis nada qué decir (que puede pasar), algo que siempre funciona es: aquí me tienes para escucharte y apoyarte en lo que necesites.

martes, 5 de febrero de 2019

SUEÑO. ESPERANZA. DESÁNIMO. MIEDO

Cada mes cuando llega, la odio. Cada mes cuando la veo, lloro. Cada mes cuando siento que no ha podido ser, me entra un vacío enorme.

Todos los que me conocéis y seguís desde hace tiempo, sabéis que ser madre para mi fue un sueño hecho realidad. Cuando era joven soñaba con ser madre. Traer un ser al mundo, cuidarlo, criarlo, ...

Cuando conocí a mi medio limón, las cosas entre nosotros fueron rodadas. Sin darnos cuenta, vivíamos juntos, estábamos prometidos y al año de conocernos, nos estábamos dando el sí quiero.

Siempre hablamos de formar una familia y teníamos muchas ganas, pero como estábamos en un momento económico muy malo y no sabíamos qué iba a ser de nosotros, pensamos que lo mejor era esperar a un mejor momento.

La fortuna nos sonrió. Los dos estábamos trabajando y se veía que era para mucho tiempo, así que pensamos. Es el momento, ahora o nunca. 

A los tres meses de búsqueda, estaba embarazada. Mucha gente nos dijo lo afortunados que éramos porque la búsqueda no había sido tan larga como para otras parejas. La verdad es que sí nos sentimos afortunados.


Disfruté, todo lo que pude de mi embarazo.  Tuve un par de sustos que me hicieron temer que algo malo le pudiera pasar a la peque y aunque yo vivo en un constante ánimo de nerviosismo, pudimos vivir cosas muy, muy bonitas.

Hasta que, cuando estaba de 6 meses nos dieron la noticia. A mi marido lo echaban del trabajo, igual que algunos compañeros. La empresa había decidido cambiar de empresa externa de servicios y la nueva empresa no contemplaba la posibilidad de quedarse con los trabajadores que tenían.

Fue un duro golpe, pues como digo... esperamos al "momento ideal".

Como sabéis, los que habéis leído mis primeros posts, la peque se adelantó un par de semanas. Creo que oyó la palabra cesárea y pensó, a mi no me saca nadie. Sacó su genio, incluso antes de nacer. 

Desde el momento del nacimiento de Carlota supe que no quería que fuera hija única. Yo lo he sido y aunque nunca me ha faltado de nada, en general, siempre he sentido cierta envidia por todos aquellos que hablan de sus hermanos, de su infancia y de lo bien que se lo pasaban. Muchos de ellos, a día de hoy, tienen en su hermano o hermana, un pilar importante de su vida.


Quiero que ella tenga un hermano o una hermana. Quiero que nuestra familia crezca y nuestro amor también. 

A mi medio limón le costó horrores encontrar trabajo. Esa época fue muy dura, porque aunque intentaba animarlo. Aunque intentaba estar con él. No podía, no sabía qué hacer para que viera que no todo estaba perdido. 

Llegó un momento en que nos planteamos que fuera al psicólogo para que le ayudara en esos momentos. Se sentía una carga inútil y por mucho que buscara, no encontraba nada.

Y sí, hay luz al final del túnel y encontró un trabajo. No era el mejor del mundo. Pero él era feliz. Y lo fue durante casi dos años. 


Durante esos dos años nos volcamos en la peque y en que no le faltara de nada. Poco a poco veíamos estabilidad y nos planteamos el poder agrandar la familia. Ella con dos años y medio, pensamos que era un momento fabuloso. Pero el nuevo año no nos trajo muy buenas noticias. Fue cuando escribí el post, una de cal y otra de arena

Yo por fin encontré la oportunidad de crecer en mi trabajo, no en la empresa en la que estaba, si no, en lo que conlleva mi puesto de trabajo, gracias a un cambio. Pero mientras yo encontraba algo mejor, a él no lo renovaban. Todo se ponía en nuestra contra y decidimos que viendo lo que nos había pasado anteriormente, era mejor esperar.

Este año pasado llegó el momento. Me planté y decidí sacar el tema que estaba en el aire y decidimos que era ahora o nunca. Es verdad que no estamos, económicamente hablando, muy boyantes, pero no perdemos la esperanza y sabemos que llegará algo mejor, para uno o incluso, para los dos.

Así que nos tiramos a la piscina de la búsqueda con nuestras ilusiones puestas en este futuro y en ampliar este amor, esta unidad familia y es que deseamos con todas nuestras fuerzas que esto ocurra.

Parece ser que se nos resiste. Y mes a mes, cuando sabemos que no ha podido ser nos fastidia. Mi medio limón me apoya, me alenta y siempre me dice que para el próximo mes. Pero veo que esta ilusión, que este sueño, se nos escapa de las manos.

Hace poco, hablando mientras cenábamos me dijo: Cariño, sé la ilusión que tienes y yo también. Queremos ampliar la familia, darle un hermanito a la enana y ser inmensamente felices. Pero ya tenemos una edad, así que nos tenemos que plantear una fecha límite. Así que si en un año no nos hemos quedado tendremos que seguir adelante con nuestra vida siendo tres. Nosotros hemos puesto nuestro granito de arena en el mundo con Carlota. Y lo estamos haciendo estupendamente con ella. Eres una gran madre y eso no cambiará porque solo tengamos una hija.


Me rompió el alma. Se hizo mil pedazos. Fecha límite. Podéis pensar que mal será que en un año, habiendo sido padres antes, no me quede embarazada. Pero oír eso, esas palabras resonando en mi cabeza hicieron que me sumiera en un estado de angustia.

Tengo miedo de no poder hacerlo. Tengo miedo de que el no poder quedarme me pase factura, emocionalmente hablando. Que nos pase factura, como pareja. Que nos pase factura, como familia. 


Quiero centrarme. Quiero disfrutar de lo que tengo. Quiero dejar de agobiarme por un futuro del que no sé qué pasará.

Para ello necesito fuerza interior y por ello veréis que no estoy tan activa en RRSS como antes. Quiero tener a los míos cerca y dejar lo tóxico bien lejos. No me ayuda las guerras sin sentido, los malos rollos, ni nada. Por ello, quiero estar con ellos, con mi marido, con mi hija, con mis amigas de toda la vida, con mis auténticas y por supuesto, con mis piñas.

miércoles, 25 de octubre de 2017

COMO VIVÍ LA MUERTE FETAL DE MI HERMANO

Hoy traigo un tema duro. Un tema del que nunca he hablado con nadie abiertamente. Y es que hablar sobre la muerte de mi hermano no nacido es algo duro que, a día de hoy, todavía no he superado.

Cuando era pequeña ansiaba tener un@ herman@. Mis padres siempre explican que cuando llegaba el momento de la Navidad o de mi cumpleaños, siempre les decía: quiero un hermanito.
Y es que mis padres trabajaban mucho. Por no decir demasiado. Tenían un bar y a mi padre casi no lo veía entre semana. Cuando tenía cinco años, al tener el bar cerca del cole, me enseñaron la importancia de cruzar la calle, mirando siempre a ambos lados y estando segura de que no corría peligro. Eran otros tiempos y aún estando en una ciudad, teníamos esa libertad. 

Cuando tenía 9 años ya tenía las llaves de casa y cada día, iba y venía sola del colegio. Me quedaba por las tardes en casa de una vecina, que tenía hijas de mi edad y poco a poco fui siendo totalmente independiente, quedándome en casa sola, por las tardes, hasta que mis padres llegaban de trabajar. 

Así que imaginaros lo que echaba de menos tener a alguien conmigo, alguien con quien jugar, alguien con quien tener mis secretos, alguien con el que pasar las horas muertas, aunque fuera mirando al techo.

Además tuve una época muy fuerte de miedos. Miedo a lo que le pudiera pasar a mis padres. Me creaba mucha angustia pensar que si les pasaba algo a ellos yo me quedaría sola. Y sí, a veces me decían, pero están tus tíos, tus abuelos,.. Pero no es lo mismo, yo pensaba, si mis padres no están, yo estoy sola, seré la única que quede de mi familia. Ellos eran todo mi mundo.

Así que sí, pedía tener un hermano siempre que podía, pero nunca llegaba. Era tan inocente, que pensaba que era como los juguetes, lo pedías y te lo traían sin más. 

Y un día el milagro ocurrió. Tenía 12 años cuando mis padres me dijeron que iba a tener un hermano. ¡Madre mía! era super feliz, por fin iba a tener un hermano. Sí, yo ya era algo mayor, pero realmente no me importaba. Yo cuidaría de él, yo podría estar con él, jugar y divertirnos.

Al cabo de poco tiempo mi madre tuvo un pequeño susto (justo como me pasó a mi en mi embarazo), sangró un poco. Vi el miedo en sus ojos y cuando fuimos al ginecólogo me asusté. No me dejaron pasar hasta ver que todo estaba bien. Cuando el médico comprobó que había latido y que él estaba allí, entré a verlo. ¡Que emocionante! por fin era real, ahí estaba.

Los meses pasaron y mis padres iban trabajando día a día. Mi madre no paraba y eso hacía que estuviera más cansada de lo normal, pero ella, siempre todoterreno siguió trabajando.
Ese año, la semana santa cayó para marzo. Esos días de fiesta, yo me levantaba con mi madre e íbamos juntas al bar que tenían, y allí me pasaba el día, sentada en una mesa, leyendo, dibujando o simplemente salía y daba vueltas a la manzana. Y además, el cumpleaños de mi madre caía para esa fecha. Llegó el día de su cumpleaños y yo estaba durmiendo, de pronto, mi madre me chilló desde el baño. No se sentía bien. Me levanté corriendo. La encontré llorando y me decía que llamara a mi padre, que teníamos que irnos al hospital. No entendía nada. Lo llamé desde casa. Le expliqué la situación. Mi madre estaba sangrando. Algo malo estaba pasando.
Después de eso, salimos a coger un taxi y directas al hospital, donde mi padre nos estaría esperando. 

Al llegar recuerdo a mi padre, estaba nervioso, muy nervioso. Mi madre no paraba de llorar y le dolía muchísimo el bajo vientre. Me asusté. No llegaba a entender lo que estaba pasando y me asusté porque pensé que le podría pasar algo a mi madre. Cuando llegamos al ala de maternidad, mi padre y yo nos quedamos fuera. Mi tía vino, pues mi padre los había llamado. En cuanto ella llegó él entró dentro. A mi, por mi edad, no me dejaban pasar. Yo solo quería ver a mi madre, saber que estaba bien y que ella no corría peligro. Hoy día lo recuerdo y se me saltan las lágrimas. Horas y horas fuera. Os estoy hablando que habíamos llegado a media mañana y hasta la tarde-noche no dejaron que entrara a verla.

A la hora de comer, mi padre se quedó con ella, y una amiga de mis padres vino a buscarme para llevarme a su casa a comer y salir de allí. Yo no quería. Llorando le pedí a mi padre ver a mi madre, pero el médico, el marido de esta amiga, nos dijo que yo no podía pasar. Mi padre me dijo que no pasaba nada. Que ella estaba bien y que a la tarde me dejarían pasar, pero que tenía que irme. Llorando, me marché con la amiga de mis padres, sin saber bien qué es lo que estaba pasando.

Esta mujer, amable, buena y sobre todo paciente, me explicó lo que había pasado. Mi hermano ya no estaba, se había ido. Su corazón había dejado de latir. Aún recuerdo aquellas palabras, como ella intentaba que me sobrepusiera. Incluso me regaló un peluche, que aún hoy, tengo en casa de mis padres y que durante mucho tiempo, me acompañó en la cama mientras dormía.

Después de volver de comer, vi a mi padre. Estaba más tranquilo, aunque él, hombre de pocas palabras, no me explicó mucho. Solo que mi madre no corría peligro y que estaban esperando a que le dieran habitación, pues esa noche la tendría que pasar en el hospital.

Por fin pude verla. Estaba rota de dolor. Rota por dentro. Rota por fuera. Mi padre y el médico (que me coló, porque no podía dejarme pasar, pero lo hicieron como favor) me pidieron que no llorara. Que le dijera que todo pasaría. Yo les dije que sí, pero todos sabemos que eso era imposible. En cuanto la vi me eché a sus brazos y ella empezó a llorar.

Nunca olvidaré sus primeras palabras: - Lo siento, ha sido culpa mía. Lo siento mucho.

Yo pensé... pero por qué dice que es culpa suya? No es culpa de nadie. Del destino, de la naturaleza, pero no de ella. 

Con los años ella me explicó que se sentía culpable, porque en aquella época trabajaba muchas horas en el restaurante, lo que hizo que no descansara lo suficiente. Eso le añades los nervios porque todo vaya bien y el que ella de por sí es así, y finalmente te dan el cóctel perfecto.
Yo siempre le he dicho que no se sienta culpable, que no fue así, pero sinceramente, lo que ella ha pasado solo las personas que han tenido una pérdida así lo sienten.

El día que mi madre perdió al bebé, como os he dicho anteriormente, era el día de su cumpleaños. Desde aquel año, nunca, NUNCA, lo celebramos ese día. Siempre más tarde, pero ese día mi madre está de luto. Después de todos los años que han pasado, ella sigue pensando en el hijo que nunca pudo sostener en sus brazos. Sigue culpándose.

Otra cosa que recuerdo como si fuera ayer, fue la crueldad con la que vivió ese día mi madre. Al estar en el ala de maternidad, ella estaba en un box, frío y solitario. Nadie quería entrar si no era absolutamente necesario, pues nadie quería tener que consolar a aquella mujer que lloraba por su pérdida. Supongo que muchos pensaban... ¿y qué le dices? 
Pero ella tuvo que pasar aquel día en esa sala. Sola. Escuchando como otras mujeres traían al mundo a sus bebés. Y oía cuanto pesaban, lo bonitos que eran. Los oía llorar y oía a las madres llenas de felicidad. Eso todavía le hacía más daño. Hora tras hora. Hasta que se la llevaron a una habitación, pasadas las 9 de la noche.

Después de aquello, ella ya no quiso tener más hijos. Sinceramente, creo que venía de rebote y no esperaban tener más y esto hizo acrecentar esa idea. Conmigo tenían más que suficiente y no iban a tener más. 

Después de verla, después de sentir que ella estaba bien, yo respiré tranquila. No era tan consciente de todo lo que estaba pasando. Ahora soy madre y pienso.... ¿qué hubiera sido de mi si me hubiera pasado algo como esto?

Pero ella no es la única persona de mi familia que ha pasado por ello. Mi abuela materna, justamente, con su segundo embarazo pasó lo mismo. Perdió al bebé. Y mi abuelo siempre hacía "la broma" de que como el médico le comentó que no había quedado del todo bien después del aborto (físicamente hablando) y le dijo que lo mejor era que se quedara embarazada, él la había preñado al salir del hospital y por eso mi madre había nacido. Pero pienso en aquellas palabras, en esas "bromas" y me digo a mi misma, lo que han tenido que pasar nuestras antecesoras, nuestras abuelas, bisabuelas, ... con una pérdida así. Hoy día es un tema tabú, no me quiero imaginar como era en aquellos tiempos.

Como hija de una madre que perdió a su bebé antes de nacer. Intenté que estuviera feliz, que se centrara en mi, en mi padre y no tanto en la pérdida. Por supuesto, poco funcionó, porque ella siguió y sigue recordando a ese hijo que nunca tuvo y sé que nunca podrá olvidarlo, igual que yo no olvido, que por unos meses, tuve un hermano. Ella siguió llorando durante días, semanas y meses, porque aunque no la viéramos, sí la oíamos. Y eso, siempre se te queda en la mente como ese post-it que colocas para no olvidar una cita.

Como ya os hablé en un post, hace tiempo: este. No quiero que mi hija sea hija única, como leí hace poco en el blog de Lidita Swan, creo que se pierden ciertas cosas y no quiero que ella pase por algunas cosas por las que pasé yo. Pero por otro lado tengo miedo. Tengo miedo de pasar por lo que pasó ella. Justo mi abuela el segundo lo pierde, mi madre el segundo lo pierde. Será cosa de familia?? Puede que no, lo más probable, pero eso siempre lo tengo en la cabeza. Y espero que las cosas mejoren, monetariamente hablando, para poder darle el/la herman@ que ella tanto pide. Porque sí, ella lo ha pedido alguna vez y como no le gustan las niñas, ya dice que sí o sí quiere un hermano.

Si está en mi mano, se lo daré. Espero que el destino no sea tan puñetero y dejemos esta "mala suerte" del segundo y podamos cumplir ese sueño.