viernes, 22 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 3ª PARTE

La verdad es que saber que sirvo de inspiración para algunas personas, me ayudan no solo a escribir parte de mi historia, si no también a seguir luchando por mi objetivo.

Ayer lo dejé en el principio de la fase 3. Esta es la fase donde sigo actualmente, aunque creo y espero, que el día de mi cumpleaños, de aquí dos semanas, el médico me dé la gran noticia de que paso a la 4a y última fase.

Llevo casi dos meses con esta fase. El médico ya me advirtió. Esta fase es más lenta. Ya como más y mi organismo va más lento. Pero lo importante ahora es ir perdiendo.
Embarazada de Carlota. Con cara de pan de kilo. Muchos diréis, bueno estás embarazada.
Lo sé, lo estaba. Pero aquí yo estaba perdiendo kilos por mi cuenta. Y aún se me veía así.

Fui hace unas semanas a pesarme. Ya había pasado un mes. Me peso y he perdido menos de lo esperado. No pasa nada. Es lógico. ¿Me hundo? Pues no, aunque fastidia que el ritmo empiece a bajar. Igualmente he perdido dos y medio. Eso hace que esté en 67 kilos. Solo me quedan dos kilos y llegaré a la fase 4. Solo dos kilos. Dos kilos que creo, hoy día que he perdido. 

La báscula y yo, hasta hace más o menos un par de meses, no éramos nada amigas. No tengo báscula en casa. No tenía antes de adelgazar, porque sabía que estaba gorda. No. Gorda no. OBESA. De tal manera que cuando veía una báscula ni quería pisarla. Tenía miedo de pesar tanto de que gritara: ¡Gente. Aquí tenemos a una zampabollos!. Y que la gente me mirara y me juzgara. Odio que me juzguen. Aunque después de que naciera la enana, el que me juzguen de cualquier cosa me da igual. Porque nunca gustamos a nadie. Y gracias al tipo de crianza al que hemos optado, siempre nos están juzgando como padres. 

Así que lo dicho, no tengo báscula. No quiero tenerla. Por ahora no. Porque sé que si ahora tuviera una en casa, estaría pesándome, por la mañana, recién levantada (que es como se tiene que hacer) y por la noche cuando llegara a casa (que no se debe hacer). Me obsesionaría y mi estado de ánimo estaría ligado a perder o no perder kilos. 
Me conozco desde hace casi 34 años. Así que sé como soy. Desgraciadamente he sacado la vena psicótica de mi abuela materna. Y cuando hay algo que nos preocupa o que nos obsesiona, nos obsesiona al máximo y no podemos remediarlo. La gente, mucha, no lo entiende. Así que cuando el médico me preguntó si podía pesarme en casa le dije: No. En casa no puedo, porque no tengo, ni quiero, tener báscula. Iré a la farmacia. 
Eso mismo hice el lunes. Me pesé en la farmacia. ¿Cuánto he perdido? Según la báscula, igual que la del médico, algo que me gusta. Un kilo y medio.
Diferencias: En el médico me peso desnuda. Solo llevo una bata. En la farmacia, obviamente, iba vestida, con zapatos, joyas, ... Así que pienso que ese medio de más era todo esto. ¿No creéis?
El día que cumplía 33 años. Era el mismo día que cumplía 35 semanas. Aquí estaba a punto de caramelo. Carlota se hacía 
notar constantemente. No me quedaba nada.

En teoría debería ir al médico. Pero pensé y si me espero una semana más? A ver, no pasa nada y si llego a 64 y medio, pues mejor. Porqué así paso a la siguiente fase y no estoy yendo al médico para que me pese y me diga: No has perdido suficiente, son 50 euros y sigues en la misma. A ver, que la dieta es cara. Efectiva, pero cara.Así que no puedo desperdiciar ningún euro.

Me he propuesto, el domingo, llegar a casa de mis suegros, coger su báscula y pesarme. Tienen la típica báscula de suelo, que tiene casi todo hijo de vecino. No esa nueva digital. Noooo. La de toda la vida. ¿Sabéis cuál, verdad?
Pues me pesaré en esa. Porque esa siempre marca un kilo más de lo que voy perdiendo. Si me gusta lo que veo. El lunes, sin falta, llamo a la consulta y pido que esa semana me visite. Y que me cambien la fecha. 
Si, en cambio, peso 65 justos, me esperaré. Me pesaré el mismo lunes, en la farmacia, y veré si realmente, puedo ir al médico. Si es así, llamaré y rezaré para que me coja. Supongo que cuando diga, no voy por seguro, si no por libre, me buscarán un hueco ;P

¿Por qué quiero llegar a la 4a fase?
Es fácil. La última vez que fui al médico, hace 3 semanas, le dije: Echo de menos una cosa. El médico me echó la bronca, diciendo que no podía pensar en comida, mientras estaba con eso. Le dije que no era lo que él pensaba, que no era chocolate, o galletas o pasta con una salsa deliciosa. Noooo. Lo que echaba de menos es la fruta. 
Sí, como lo leéis. La fruta. Ha llegado el momento del año en que me gusta la fruta. Llega el melón dulce, lleno de agua y sabroso. La sandía, roja y viva. Con ese sabor que tanto me gusta. Las cerezas, las fresas, .... Todo esto es ahora, luego lo encuentras, pero no tiene el mismo sabor. Quiero comer fruta, pero la fase 3 no me lo permite.

No te preocupes. En la fase 4 merendarás fruta. Eso me dijo el médico y a eso me agarré. Tengo que llegar a la fase 4. Quiero llegar, porque por fin podré comer fruta. Según él, hasta podré comer una tostada de pan, con aceite y jamón. Aixxx, paaaaan, aceite, jamóóón!!!! 

Así que a por la fase 4. De cabeza. Es lo que quiero y es lo que mi cuerpo me pide ahora mismo. Así que espero que la semana que viene, pueda deciros. Fase 4. Ya he empezado!!!!
Celebrando mi cumpleaños en Sitges. Aquí están mi marido y mi padre. Por supuesto la enana, dentro, que estaba muy agustito.
Ese día recuerdo desayunar en el Mont Roig y comer en los Vikingos. Gran día. Gran compañía. De esta foto a hoy, solo nos separa un año.

Solo me quedan 5 kilos para cumplir mi objetivo (eso pensando en que esté en 65). Mi primer objetivo. Y recalco primero. Porque para mi, lo más duro, será cuando ya haya llegado a los 60 y tenga que mantenerme en ese peso.

Sé que para ese momento falta un poco, pero no tanto como creía. Ya me estoy mentalizando, tengo que conseguirlo. Debo hacerlo. Sé que tengo profesionales a mi lado que cuidarán de que así sea. Y por supuesto, tengo a mi "pepito grillo" y a la familia apoyándome. 

El otro día mi madre me decía que ya estaba bien. Que se me veía estupenda. Que no lo hiciera tan duro ni estricto. 
Mi tía, por teléfono, me dio la enhorabuena por todo lo que estaba consiguiendo. Cuando le dije que me quedaban 5 más. Me decía que no hacía falta, que estaba bien así. 

A las dos les dije que no era así. Que debía perderlos. Por una sola razón. Porqué sé que me tengo que mantener, pero siempre ganas un par de kilillos cuando dejas la dieta. Porque tu cuerpo, ya vuelve a las andadas. Cuento con esos dos kilos de más, por si acaso, cuento con ellos y sé que no pasará nada por tenerlos. Pero si el médico y la dieta dicen que debo estar a base de proteínas y a base de fibra, así estaré, porque para eso estoy haciendo todo este esfuerzo.
Que te sabe mal que salgamos a comer y me coma 5 chirlas. Pues otro día, recordemos decir que no le pongan el mejunge de ajo, perejil y aceite y en vez de eso le pongan limón. Entonces, podré comerme 20 si quiero. 

Ahora, después de toda la historia, os dejo dos fotos. El antes y el después. 

El antes. Ya la conocéis. La puse el otro día. Hace 2 años. De vacaciones.

Los que me seguís en Instagram la habréis visto. El después. Aquí tengo 67 kilos. Foto hecha hará unas 3 semanas.

Look nuevo. Tomando un agua en una terracita, el fin de semana pasado, 
mientras los demás se bebían unas cañas y unas tapas. No pasa nada.
No me he muerto porque ellos estuvieran comiendo. Porque yo estoy bien.


jueves, 21 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 2ª PARTE

Gracias a todos por vuestros mensajes. Quise seguir ayer con la historia, pero siendo sincera no fue un buen día y hoy no es que haya empezado bien, pero espero que sea tranquilo, como mínimo.

Sigo con mi historia:
Empiezo la fase 2. En teoría pienso que puede que sea más barata, y aunque lo es, no es tanto como me pienso, pues sigo comprando muchas cajas de pastillas.
Ahora, en esta nueva fase, sigo tomando una ristra de pastillas por la mañana y por la noche, como antes, eso no cambia. Sigo con el batido por la mañana, el almuerzo de un natilla a media mañana. Como una ensalada y un postre o galleta. Meriendo una galleta o un batido y ceno, normalmente, un tomate abierto con un poco de aceite y una pechuga de pollo, acompañada por un poco de mostaza Dijon.
En el cumpleaños de un amigo. Hace cuatro o cinco años. 

La primera noche, cuando el pollo toca mi boca, es como tocar el cielo. Aunque solo sea un insípida pechuga a la plancha. Pero sabe a gloria, pues no es la verdura. Un mes de verdura, un mes solo con eso. Es duro. Efectivo. Pero duro.

Así paso los 15 días que tocan de esta primera parte de la segunda fase. La energía es máxima. No tengo los mismos mareos que al principio. A lo mejor, algún día estoy algo más cansada, pero no me preocupa, porque después de desayunar y descansar un poco cambia la cosa.

¿Recordáis que os dije en la primera fase, que mi madre me había pedido los pantalones para arreglar? Empezando la segunda fase mis pantalones me iban estupendamente. A los 15 días, esos pantalones volvían a quedarme como un saco. Aquello iba viento en popa y no paraba. ¿Contenta? Nooooo, lo siguiente. Eufórica.

Podría comprarme algo de ropa. Pero no quería. Quería ir al médico y que me dijera cuánto había perdido en 15 días más. 
Llegué a la consulta. Recuerdo la cara de la enfermera y de la auxiliar que hace análisis. Las dos me miraron, se miraron, me sonrieron y me dijo la auxiliar lo guapa que estaba. Casi ni me reconoce, me dijo que lo había hecho, porque venía mi marido con la niña y se acordaba de ella, si no, nada de nada, hubiera pasado desapercibida. 
Bueno, te dicen estas cosas y te creces. ¿No creéis? Pero esperando, me entró miedo. ¿Y si no he perdido tanto como creo? Pasé a su despacho. Me estrechó la mano y contento se puso a teclear. Me dijo que estaba consiguiendo cosas en muy poco tiempo y que nunca había visto un cambio tan radical, en tan poco tiempo. Me preguntó cómo me sentía, pues tenía miedo de que todo esto hiciera que estuviera cansada, o fatigada. Le dije que me sentía bien. Que los mareos del principio habían desaparecido y que me sentía con más energía. Después pasé al baño, me desvestí, me quité las joyas y me puse la bata.

Me subí a mi nueva amiga. Esperaba que no me fallara. Y por suerte, no lo hizo. 4 kilos y medio más. En 15 días había conseguido casi la primera fase. Estaba contenta, pero tanto el médico como yo decidimos dejarme otros 15 días en la segunda fase, aunque perdiera algo más de lo que debía, porque no era bueno, tampoco, cambiar tan rápidamente.

Salí de la consulta y mi marido ya me esperaba con una sonrisa de oreja a oreja. Otros 4 kilos. ¿Qué te parece? Increíble, pero cierto. Pagué, pedí hora para la siguiente consulta, 15 días más tarde y listo.

Seguí con el plan. Y pasaron otros 15 días. Me toca ir al médico a hacer la revisión. Esta vez, le digo que tengo cambios laborables. Ahora ya no trabajo de 2 a 8 de la tarde. He cambiado de centro de trabajo y ahora hago otro horario. De 8.30 de la mañana a 6 de la tarde. El médico me felicita por la nueva noticia y me dice que puedo ir a su consulta por la tarde. Él ya sabe que he pasado todo el día trabajando y comiendo y que no es como hasta ahora, que lo único que tenía en el estómago era el batido.

Paso a cambiarme. Salgo del baño, miro la báscula, me subo a ella. Espero que siga perdiendo kilos por doquier. Cierro los ojos, intento no mirar, estoy nerviosa. 69 y medio!!! uaaaau, has perdido 5 kilos más. ¡Que bien! ¡¿5 kilos?! Uooooo, esto sigue estando genial. 15 días, 5 kilos más. Estoy llegando a la meta y solo han pasado dos meses. Es increíble.

El día de nuestro bodorrio. Nos casamos un año antes. Pero ese día fue cuando lo celebramos con toda la
familia. Uno de los días más felices de mi vida. Con un vestido muy especial. Creo que si me lo pusiera ahora
bailaría dentro de él.

Me quedan esos 9 kilos y medio y llegaré a mi peso ideal. Por supuesto el médico me dice: Fase nueva. 3ª fase. Solo queda una más y habré acabado lo que se dice que es más duro.

Ahora en esta nueva fase puedo comer y cenar. Eso sí, proteínas. Está claro. Sigo con el mismo plan de dieta. Desayuno, almuerzo y merienda, con los productos de la marca Ysonut. La comida y la cena, verdura con carne y verdura con pescado.

Voy a ser sincera. La verdura poco a poco desaparece. No es que no coma verdura.Si no que me tiro más por una ensalada, un pimiento rojo, un tomate abierto. No me apetece tanto como un contramuslo de pollo o un lenguado. 

Ahora cuando como me siento llena rápidamente. Entre que no tengo mucha hambre y mi estómago se ha hecho más pequeño, a veces, no puedo seguir comiendo lo que me han puesto. Y aunque no era de las que solían dejar comida, ahora sí que lo hago.

Empiezo la fase 3 y eso significa que debo ir mes a mes, no en 15 días. Mi médico ya me dice que ahora las cosas van a ir más lentas. Que debo tomármelo con calma. Y eso es lo que hago. Sigo la dieta. Debo hacerlo.

Tengo que decir que aquí lo explico de manera resumida. Pero tenéis que pensar, que aunque se notan y se ven los resultados, hay momentos de flaqueza, en los que dices.... bueno, por un día no pasa nada. Por un día no voy a engordar y tirar al traste lo que he hecho. 
Puede que esa única vez, si fuera única, no pasara nada. Pero se empieza con una vez y se sigue con otra y otra y otra. Y al final, si que tiras por tierra todo lo conseguido hasta entonces. 

Yo tengo un "Pepito Grillo" particular, que no me deja que me pase, que me da la charla en momentos de flaqueza y que está a mi lado en todo momento. Esa persona es: Mi marido. 
Él es el que siempre me dice. No debes pasarte. Debes conseguir tu objetivo. Ahora estás mejor. Ahora estás más guapa. Ahora estás más sana. Y por ella, por nuestra hija y por ti debes ser constante.
Después de estas palabras, debo hacerlo. ¿No lo creeis?

Es por mi, primero por mi salud y por sentirme guapa, que a nadie le amarga un dulce. Lo segundo, por mi pequeña, para que tenga una madre que pueda seguir su ritmo. Y de la que se sienta orgullosa. Y tercero, por todos los que han creído en mí, porque sin el apoyo de ellos, ya digo que esto no lo hubiera conseguido.

Los momentos más duros es cuando sales a comer por ahí con alguien. Mientras los demás miran la carta y no saben qué pedir, porque todo tiene una pinta maravillosa, yo me pido un bistec, sin patatas, con ensalada, por favor. O un pollo o pescado a la plancha. Ni más ni menos. Es lo que hay y aunque miro de reojo esos platos y pienso lo bueno de deben estar, sigo comiendo lo mío y pensando en el fondo de armario que voy a tener que preparar.

Tengo la suerte, de que mi madre, y creo que yo lo he heredado de ella, nunca tira nada. Y tiene en su casa, maletas con ropa que no nos ponemos, ni ella ni yo. Porque no nos vale, porque ha pasado de moda, o porque no nos apetece. 
Gracias a eso, no he tenido que comprarme nada de ropa durante el proceso. No quiero comprarme nada hasta que no acabe. No quiero, porque pienso que es tirar el dinero. después pierdo 5 o 6 kilos más y ya me queda grande y se me hacen bolsas muy feas. 

Me llevé una maleta entera de ropa. Pantalones blancos, vestidos, camisetas, pantalones pirata, pitillos, vaqueros, minifaldas,.... Entre la ropa que mi madre me prestó (es lo bueno de que mi madre y yo no nos llevemos muchos años. Ella es joven y yo mayor, así que podemos ponernos la misma ropa) y la ropa que tenía guardada de cuando estaba delgada, podría ir tirando.

Y así he hecho. Mañana os explico la fase 3. 
El día de año nuevo. 1 de enero de 2015. Con Carlota en los brazos, las dos preparadas para irnos a comer con la familia.
Ahora me veo y noto el gran cambio que he sufrido. Veo esta foto y también veo el cambio de Carlota. desde los 6 meses que tenía aquí 
a los 11 que va a hacer la semana que viene.

martes, 19 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 1ª PARTE

¡BUENOS DÍAS!

Hoy vengo con una entrada especial. Llevo días queriendo contaros el porqué de mi cambio de look. 

Ya sabéis, todos los que me véis por las redes sociales, que he sufrido un adelgazamiento rápido y efectivo. Y algunas personas incluso me preguntan cómo lo he conseguido. 
Hoy quiero explicar parte del proceso. Ya que esta entrada sería muy larga y he decidido partirla para que sea más amena.
Embarazada de Carlota. De 7 meses y medio y subiendo. Aquí ya había perdido
 7 kilos, pero aún faltaba mucho más.

Hace unos meses, en febrero, para ser exactos. Fui al médico para hacerme una revisión. El médico me dijo que era buen momento para hacerme un análisis y ver cómo iba todo. Pues ya habían pasado 8 meses desde que había nacido la enana.

Me hice el análisis y a la semana volví a ir. Tenía los niveles del hígado alterados, y como eran todos los niveles, prefirió pedirme una ecografía hepato-abdominal. 
No os penséis que a mi me dolía algo, ni que me sentía mal ni nada. Porque no era así. Me hicieron la ecografía y volví, por tercera vez, al médico. Y esa vez ya tenía un diagnóstico.

Nada grave, por ahora, me dijo al verme. Pero tenía grasa alrededor del hígado. Grasa que no debía estar ahí, grasa que podía llegar a extenderse a otros órganos, como el coraón, el estómago, los pulmones,... 
¿Qué podía hacer? El médico me dijo que no había problema, que los niveles salían alterados y se veía el hígado algo inflamado, y la grasa. Grasa que era normal que estuviera, sabiendo lo que pesaba. Algo más de 90 kilos.

Hay que ponerse a dieta, me dijo. Y pensé que si en el embarazo había conseguido perder 10 kilos, podía ahora ponerme a regimen. Aunque no soy de régimen, porque siempre los abandono.
Necesito notar resultados. Si no los noto, abandono, porque me desanimo. Él me prometió que lo notaría, que me pusiera en sus manos, ya que también es nutricionista. 
Vale. ¿Por qué no probar? Hablamos de la dieta que iba a comenzar. Sería dura, al principio, pero efectiva y era a lo que me agarraba. También iba a ser cara, muy cara.

Ahora mismo estamos pasando por un momento algo malo, monetariamente hablando. Eso hace que me planteara si hacerlo. Pedir dinero prestado a mis padres. 
Mi madre se apresuró a decir que no podría hacerlo. Que me había visto abandonar tantas dietas que no podría con esta y que ella no quería pagarlo.

Esta foto es del 2009. Cuando mi marido y yo nos conocimos y nos fuimos a vivir junto.
Aquí pesaba la friolera de 87 kilos. 

Mi marido habló con ella. Le dijo que esta vez no era para sentirme bonita y que me valiera la ropa. Si no que era por el tema de salud. Que era para poder estar bien, no tener esa grasa corriendo por mis venas. Era para estar bien y poder vivir mejor.
Parece que esa charla y verme motivada, hizo que me dijera que me ayudaría. Mi marido me dijo que sacara dinero del fondo y me pusiera a ello.

La dieta va por fases. Primero te pesas, sabes cuanto debes perder y te dividen el peso que vas perdiendo por fases. Fases que tienes que ir cumpliendo.

La primera fase es la más dura. Cambias completamente de hábitos. 
Yo debía perder 13 kilos. Una fase que sería laaaarga y costosa.

Fui a comprar los productos que serían parte de mi alimentación. Además de vitaminas, omega 3, .... 

En esta primera fase debía comer verdura. Verdura permitida, como pone en el papel. Ya que hay verdura que puedes comer toda la que quieras y verdura que solo puedes comer 200 gramos al día.

Miré la lista y pensé. Me gusta más la verdura que solo puedes 200 gramos. Entonces me asaltó la duda. 200 gramos de cada???? Noooo, me contestó el médico. 200 gramos todas juntas. Una pena, pero tenía que hacer lo que decía. Debía conseguir mi objetivo, perder 33 kilos.

Me puse a ello. Compré la verdura permitida. Sobre todo comía ensalada. Fácil y rápida de hacer. Pensé que era mejor no estar mucho en la cocina. Mis padres no querían venir a casa, para que yo cocinara, pero siempre les decía que era lo mejor. Debía enfrentarme a cocinar, sin probar, sin picotear. 
¿Duro? No. Lo siguiente. Pero lo conseguí. Debía hacerlo por mi salud. Por la enana y por todos los que me rodeaban.

Esta foto me la hice el verano de 2013. En el pazo donde nos dimos el sí quiero.
Hacía 2 años que nos habíamos casado aquí. Pesaba 97 kilos.

Cada mañana, una ristra de pastillas, un batido. A media mañana, una natilla. A mediodía, una ensalada y una sopa (no me gustó mucho este producto, me di cuenta que era más de dulce, que de salado), a media tarde una galleta. Por la noche otra ensalada y una tortilla (tampoco me gustaron mucho).

La verdad es que los primeros días fueron horribles. Pero no es que fuera por pasar hambre. Porque durante el día estaba más o menos bien. El problema era la mañana. Me despertaba medio mareada. No me sentía con fuerzas. Un día me temblaban las piernas de tal manera, que tuve que sentarme. La cabeza me daba vueltas.

Por suerte, mi marido estaba en casa. Y él era el que me hacía el desayuno. Parecía que tomarme las pastillas, el batido y el drenaje, hacían que cogiera fuerzas. Y cuando ya almorzaba, era como una fiesta en mi estómago.

Poco a poco fui notando los cambios, sobre todo a la hora de comer. Que ya no tenía tanta hambre. Tanta ansia. Comer cada tres horas hace que no te sientas desfallecida, ni con ganas de atracar la nevera.

A los 15 días de empezar, me tocaba ir al médico. Mi marido y yo hacíamos porras para ver quién de los dos se acercaba más a lo que había perdido. Yo pensaba que unos tres o cuatro kilos había bajado. Mi marido decía que 5 kilos. 

Llego por la mañana, en cuanto entro a la consulta, la enfermera me dice que se me está empezando a notar. Yo creo que es porque así ella piensa que me infunde ánimos y voy a seguir con la dieta y pagándoles.
Cuando entro a ver al médico se queda boquiabierto. Me pregunta por estos primeros 15 días. Le digo que ha sido duro, sobre todo por la mañana. Le digo que por la noche estoy desfallecida y decide recetarme, vitaminas, calcio, sodio,... Me dice que es para infundirme esa energía que tengo el día a día. 
Después paso al baño, me desvisto y me pongo la bata. La báscula y yo no somos grandes amigas, así que la miro con recelo. Pero me subo a ella.

Has perdido.... ¡7 kilos y medio!, me dice el médico. No me lo creo. Que en estas dos semanas he perdido la friolera de 7 kilos. Pero que me estás contando!!!!! :O :O

La sonrisa que se me dibuja en la cara es... Infinita. Tengo hasta ganas de llorar. Entro en el baño y cuando cierro la puerta me pongo a bailar. 7 kilos!!!! 7 kilos!!!! Quién puede decir que ha perdido 7 kilos en dos semanas y todo con productos naturales y proteícos. Poca gente.

Cuando salgo del baño y me siento en la silla, el médico está tecleando en el ordenador. Me dice que otras dos semanas y nos volvemos a ver. Luego me comenta lo sorprendido que está, porque nadie ha perdido tanto en tan poco tiempo. Esto es lo que se pierde en un mes, no en 15 días, me dice. Se nota que lo has hecho a raja tabla y debes seguir así.

Cuando salgo a la sala de espera mi marido me mira. Llego con cara triste. Se acerca rápidamente, ¿qué pasa? me pregunta.
Y le contesto con una sonrisa que he perdido 7 kilos y medio!!! (ese medio para mi es media vida, así que no lo olvido). FELICIDADES, me grita allí en medio. La verdad es que la euforia es máxima. Y decido que tengo que seguir luchando.
En el cumpleaños de una amiga, con su hoy ya marido, haciendo monerías.
Creo que ahí ya pesaba la friolera de más de 100 kilos. Vaya brazotes gigantes.

Pasan otros 15 días, con la nueva medicación me siento más fuerte. Empiezo a notar como el estómago se queda más pequeño. Pues con una ensalada y una natilla estoy que no puedo más.

Cuando voy a casa de mis suegros, mi suegra solo tiene elogios para mi. Me dice que se me nota muchísmo. Yo lo noto sobre todo en la ropa, pues empiezo a perder tanto que la ropa se me cae y me queda como un saco.

Mi madre me pide que le lleve mis pantalones. Debemos arreglarlos, me dice. Si no, no tendrás con qué ir a trabajar. 

A los 15 días justos, vuelvo al médico. Pienso que esta vez no he perdido tanto. Que esas dos primeras semanas son la excepción, porque al principio siempre pierdes muy rápido y luego, vas poco a poco.

Llego a la consulta y la enfermera me dice lo guapa que estoy. Gracias, le contesto mientras le sonrío. Esta vez me lo creo. A lo mejor es verdad que se me nota bastante.

Entro al despacho del médico. Se levanta me da la mano, me mira de arriba a abajo. Le digo que el vestido que llevo no me lo había puesto en muchísimos años. Me dice que estoy guapa y que seguramente habré perdido bastantes kilos. 
No sé doctor, creo que he perdido menos, le comento. Pero él me dice que eso solo nos lo puede decir la báscula.

Voy al baño, me quito la ropa, y las joyas. Me peso solo con las gafas. Miro a la báscula. No me gusta y yo a ella tampoco, pero tiene que ayudarme en esto. Miro al frente, no queiro ver cómo mueve los pesos.

¡7 más! me dice entusiasmado. ¿Perdón? De verdad? Eso supera a los 13 de la primera fase. ¡Uaaaau! El médico está tan contento que no atina a tomarme la  tensión. Algo que siempre tenía por las nubes. 

No me lo creo. Entro en el baño y salto de alegría. Me visto rapidamente. El médico me comenta que ya podemos pasar a la segunda fase. Nadie ha llegado a esa fase en tan poco tiempo. La verdad es que es un día para creer en todo lo que me dicen. Así que dejo que me alaven por el trabajo bien hecho. 

En esta segunda fase, ya puedo quitar un producto de los que no me gustan (sopa, o tortilla), empiezo a comer o a cenar, comida como los demás. Eso sí, solo a la plancha, hervida o al horno. 150 gramos de carne o dos huevos, a mediodía. O 200 gramos de pesacado blanco o marisco por la noche.

Estoy que no quepo en mi. Cuando salgo a la sala. Mi marido se levanta rapidamente y le enseño el papel que pone: FASE 2. ¿¡Que dices!?, me mira sorprendido. Le cuento lo que me ha dicho el médico, que he perdido 7 kilos más. Que debe pasarme a la segunda fase sí o sí y que nadie ha conseguido lo mismo que yo. Que siempre se tarda más.

Salgo de allí y voy a ver a mi madre, le digo todo lo que me ha dicho el médico. Por primera vez me felicita. Supongo que ve que ahora no es lo mismo que otras veces. Que esta vez lo conseguiré y no abandonaré.
Foto en el hotel donde se celebraba la boda de la amiga, de la foto anteior con su chico. Octubre 2014.
Dama de honor, con barrigota enorme. Y con mi preciosa enana que ya tenía tres meses y medio. 
¿Véis lo que digo de los brazotes? Dios mio!!! 

jueves, 14 de mayo de 2015

FRASES QUE NUNCA DEBES DECIRLE A UNA MAMÁ PRIMERIZA (Iª PARTE)

Cuando estás embarazada la gente no para de darte consejos y sobre todo te explican sus historias. Cuando el bebé nace, ya los consejos pasan a ser sus "verdades" y sus historias deben ser igual que la tuya.

Muchas personas, sobre todo las que son mamis, cogen a una mamá inexperta y empiezan, esto hazlo así porque a mi me fue bien, esto no es así, porque mi bebé se molestaba y así todo el día. La verdad es que llegó un momento en que dije: BASTA!!!

Cada madre es un mundo y cada bebé un universo. Así que lo que no puede ser es que una madre le diga a otra cómo criar a su hijo. Señoras, nos tenemos que apoyar, no abasallar ni pelear.

Una cosa es que una amiga, vecina o hermana te pregunte: ¿Qué hiciste....? Porque se sienten perdidas y necesitan nuestro consejo. Yo siempre digo, a mi me fue bien tal cosa, peeeero no sé tú, deberás ir probando hasta encontrar la manera perfecta para ti y tu bebé. (No soy de pedir consejos, pero cuando los pido es porque estoy desesperada y los escucho. Si no lo pido, no me lo des. Y las frases que van a hacer daño también se pueden ahorrar).

Es una manera de ayudar, pero no de meterte como si tu fueras la madre y a ella la dejaras a la altura del betún.

1ª frase que no ayuda: Pobre, seguro que tiene hambre, porque se está chupando la mano.
Los bebés se muerden la lengua, se chupan los dedos de la mano, se cogen los pies y se lo meten en la boca,... Pero eso no significa que tengan hambre. Los bebés son, por naturaleza, unas personitas curiosas que están descubriendo el mundo y también su cuerpo. ¿Por qué chupan? Porque así sienten, así notan, palpan y saborean. Es una manera de conocer lo que les rodea. Mi peque ahora está con su quinto diente, pues lo muerde todo. Todo lo mete en la boca y todo lo chupa. Ayer, sin ir más lejos, le soplé en el pelo, haciendo un juego entre nosotras, que a ella le encanta. Empezó a reírse y cuando volví a soplar, ella abrió la boca, por si el aire se podía tocar y saborear. No penséis que le soplé directamente en la boca, porque no fue así, si no que yo le soplo en la frente, donde tiene el pelo, para que no le entre en los ojos, pero ella levanta su carita, para que el aire le llegue a la boca, me hizo mucha gracia que hiciera eso, pero es su manera de intentar conocer lo que es eso que le toca la cara.

2ª frase que aún hoy me dicen y que no le hago ni caso: No la cojas tanto en brazos, se va a acostumbrar.
¿Acostumbrar a que su mamá esté cerca y la abrace y le dé mimos? ¿Acostumbrarse a sentirse querida? No, por Dios!!!!, pero que horror tan grande. ¿No creeis?
Si tu crees que tu bebé está nervioso, o está llorando y tú piensas que es porque necesita estar en tus brazos, lo que te digan los demás sobra. Cógelo. 
Es como portear al bebé. ¿Qué pasa? Siempre se ha hecho de esta manera. Los carros son el invento y aunque para mucha gente los carros sea el mejor invento, para otras no lo es y prefieren, llevar a sus hijos en un fular o mochila ergonómica.

3ª frase que he oído pero que no me han soltado: Dale un biberón antes de acostaros, así seguro que dormirá toda la noche.
Dar el pecho es el mejor alimento que hay. La naturaleza nos da el don de producir el alimento y las defensas para nuestros hijos. Pero la gente se empeña en que le retires el pecho y le dés un biberón.
Sé que hay mamis que no quieren dar el pecho. Bravo por ellas. Porque saben lo que quieren. Yo no juzgo a nadie, pero si es así, porque a mi, que soy madre que da el pecho se me juzga tan a la ligera?????
Mi peque duerme, es verdad que se despierta un par de veces por la noche, pero la teta la calma y se queda dormida en cuestión de un minuto. Tampoco es que me vaya a morir por ello, ya que me despierto igual si tengo que ir al baño o quiero beber un poco de agua.
Además si dejas de dar el pecho, sobre todo al principio, durante la noche, que es cuando sube la producción de leche pues todo se va al traste y si realmente quieres dar de mamar a tu bebé la producción bajará en picado. Los primeros meses, solo la teti, luego ya se verá, ¿no creeis? 

4ª frase que me han dicho desde que nació: No la acostumbres a dormir en el pecho, porque si no luego no podrás dormirla de otra manera.
Mi hija desde el primer día se duerme con la teti. Y se duerme sin ella. No solo la duermo yo. Mi madre y mi marido la duermen enseguida. Le encanta dormir en su paseo y cuando está terriblemente cansada se duerme sin más. Aunque puede que esté algo revoltosa al principio. 
El otro día se quedó dormida en el sofá, mientras yo le hacía la papilla y su papi jugaba con ella. Fui un momento y ahí estaba ella, tumbada, con el brazo del papi cogido y durmiendo.
claro que se duermen sin el pecho. Es verdad que el pecho, a veces, ayuda a que mi hija se duerma antes y sin agobios. Pero no por ello siempre necesita el pecho.

5ª frase: No la pongas en la cama contigo, se acostumbrará y no lo sacarás nunca.
Pues no sé si la peque saldrá algún día de mi cama. Pero duerme con nosotros toda la noche. Me da igual que se acostumbre, y ya la "sacaremos" cuando lo veamos conveniente, aunque creo que ella misma decidirá el momento.
Desde que duerme en nuestra cama, duerme más horas. Y la verdad es que estoy encantada, porque así descanso más y no voy como alma en pena, por la falta de sueño.


Y por hoy ya está. Otro día traeré más frasecitas.

¿Y a vosotras os han dicho alguna de esas frases que sabes que no te ayudan en nada y solo te critican?

martes, 12 de mayo de 2015

LA PRUEBA QUE EVITA LA AMNIOCENTESIS EN LA SANIDAD PÚBLICA

Cuando me quedé embarazada todo fueron buenas caras, celebraciones, abrazos, lloros de felicidad,... Nada podía preveer todo lo que pasaría durante los siguientes meses.

Mi médico estuvo en todo momento atento a mi embarazo. Al estar bastante por encima de mi peso, quiso que me cuidara y que comiera sano, y aunque nadie lo creía lo hice. Por eso adelgacé durante el embarazo, pero eso, ya lo explicaré otro día.

Durante las primeras semanas tuve algún susto de pérdidas y que me hacían llorar desconsolada, pensando que al feto le había pasado algo y que no podríamos tenerlo.
Pero por suerte, un poco de reposo y tranquilidad hizo que todo siguiera viento en popa.

Durante las Navidades, me hicieron las pruebas del triple screening.
Esta prueba no representa un diagnóstico, esto se ha de tener claro. El médico me dijo que esto era para valorar si se me tenía que hacer otro tipo de prueba para contrastar, ya que esto no es concluyente, solo nos da una serie de pautas y pistas que luego pueden ser erróneas.

Para ello una de las pruebas es un análisis de sangre, donde miran diferentes niveles, que sinceramente, no me acuerdo, sé que algo que produce el feto y la placenta. Después de esto, se hace una ecografía a la madre, para medir el pliegue nucal del bebé.

El día 31 de diciembre llamé la médico, pero estaba con una paciente y pensé: bueno, no pasa nada por llamar otro día. Así que llamé después de año nuevo. Ese mismo día el médico me pidió que fuera por la tarde, porque los resultados no eran del todo concluyentes.

Justamente, había cogido una tos tremenda y fiebre. Así que fue bien ir a verlo, porque así me recetó antibióticos. 
En la visita estuvimos, mi madre, mi marido y yo. Allí el médico nos dijo que la prueba del pliegue había salido perfecta. Pero que al del análisis de sangre daba unos valores bastante más altos de lo que esperábamos. 

Así que hablamos sobre la amniocentesis. Esa prueba que te practican cuando los resultados anteriores no arrojan más que interrogantes, como es mi caso o superas una edad, 35 años, que se suele hacer casi siempre (siempre que la madre no se oponga).

Estuvo explicándome lo que se hacía en la amnio. No tengo miedo a las agujas, pero pensar que una traspasaría mi barriga, hasta llegar a la bolsa y sacaría un poco de líquido amniótico no me gustaba un pelo. Si a eso, le añades el bajo riesgo (pero lo hay), de un posible aborto. Además de estar en reposo varios días, por si acaso. No quería hacerme esa prueba. No quería volver a tener miedo. No quería volver a llorar, por pensar que la bolsa estaba rota, que el bebé estaba mal,... Pero quería hacerme alguna prueba que me ayudara a saber que todo allí dentro iba bien.

Entonces apareció. El médico nos habló de una prueba, no invasiba:
- Un pinchacito y listo. Seguro que a esto no dices que no.

La verdad es que no dije que no. Pincharte en el brazo, sacarte sangre, ... Era un análisis más. Eso sí me gustó. 

El problema es que no lo cubría la seguridad social y mi seguro médico tampoco. Era una prueba algo nueva en España. Aunque se lleva tiempo practicando en otros países europeos, aquí todavía estaba por conocerse. Si quería hacerme esta prueba debía pagar. Y claro no es que valiera dos duros, ni cinco. Ojalá!!!

En el momento de salir de la clínica, mi madre nos dijo que ella y mi padre nos la pagarían, que sería su regalo de reyes. Ella tampoco quería que me hicieran la amniocentesis. Así que habló con mi padre, el que estuvo mas que dispuesto a ayudarnos.
También habló con una amiga, que justamente trabaja en unos laboratorios que hacen esa prueba. Así que sin pensarlo, pidió cita para ir y que me sacaran sangre.

Me hice la prueba casi rozando el momento que casi no podía hacerse esa prueba. Pero llegué a tiempo. Está pensada para hacerla en el primer trimestre, entre la semana 10 y 13 de gestación. También la puedes hacer a principios del segundo trimestre, pero no puedes hacerla después de la semana 20, porque los resultados no son del todo fiables. 

Después del pinchazo, nos tocó pagar. 700 euros, ni más ni menos. 700 euros por un pinchazo. Da hasta reparo tener que pagar todo eso. Pero era por algo que necesitábamos saber y poder respirar tranquilos.

Solo tuvimos que esperar 2 semanas. Esas dos semanas fueron para seguir con nuestras vida, e intentar no pensar en nada de la prueba. Pero conforme se iba acercando el día, mi madre, que es un nervio puro, no paraba de decir que quería saberlo ya. Incluso llamó a su amiga. Pero no se sabía nada de las pruebas.

Un día estaba en el trabajo y me llamó mi madre. Estaba llorando a moco tendido:
- Mamá ¿qué te pasa?
- Nada. Que me han dado los resultados.
- ¿Y?
- ¡Es una niña!
- O sea que está bien. ¿No?

Yo ya sabía que lo estaba, es fácil saberlo si tu madre está llorando de felicidad, porque además le han dicho que va a tener una nieta, aunque ella quería un niño. Me hizo gracia ver que lloraba por la felicidad que sentía al saber que todo estaba bien. Reconozco que a mi también se me saltaron las lágrimas al saber que ella era ella y no él y que además estaba todo bien.

Esta prueba me ayudó a saber lo que necesitaba. A saber que la peque seguía creciendo bien y sana. Pero me daba rabia pensar en el dinero que tuvimos que desembolsar. 

Al cabo de un par de meses de esto, en pleno segundo trimestre. El seguro médico que tengo, manda un mail para decir que la nueva prueba de sangre que sustituye a la amniocentesis entra por el seguro, siempre y cuando sea algo estrictamente necesario. Casi me da algo. Solo unos meses nos separaron para podérmela hacer por el seguro, sin tener que desembolsar ese dinero. 

Pero bueno, ya era un paso. ¿No? En ese momento pensaba: Ahora solo falta que la pongan dentro de la sanidad pública, porque es una prueba nada invasiba y que casi todas las madres, por no decir todas, se la pueden hacer. 

Y justo ahora en estos días he leído la noticia. Podéis imaginaros la felicidad que siento cuando pienso que ahora muchas mujeres ya no tendrán que dejarse el sueldo de un mes, o pedirlo prestado para hacerse una prueba que puede ser decisiva en la vida de unos futuros padres.

Esta prueba se la recomiendo a todo el mundo. Además, te dicen si es niña o niño, como premio!!!! jejejejeje.

Yo ya sabía que era niña cuando fui a la consulta para hacerme la eco de las 20 semanas. Pero igualmente le dije al médico. Es niña, ¿verdad? Que ahora no le haya crecido una colita entre las piernas. El médico lo cercioró. No te preocupes, es niña y muy movida.

Así que todas aquellas mujeres que estén embarazadas o quieran estarlo pensar en esta prueba. Eficaz al 99,9%, no invasivo,...


¿Qué pensáis de la noticia? creo que es de lo mejor que he oído estos días.