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lunes, 16 de noviembre de 2015

QUINTA FASE. MI TRANSFORMACIÓN

Hoy vengo a seguir hablando de mi cambio de transformación. Un cambio que sigue su curso, aunque esta vez mi cuerpo va más tranquilo con la pérdida de peso.

En verano, justo antes de las vacaciones mi médico decidió recompensarme. Me dijo que como había perdido bastante peso y que solo me faltaban tres kilos para llegar al objetivo, me pasaba a la quinta fase. Eso me encantó. Quinta fase. Algo nuevo que introducir en la dieta.

En esta fase puedo comer pasta o legumbres a mediodía. Solo 3 cucharas. Como si fuese el acompañamiento de la carne o el pescado. Y aunque a veces lo hago al revés (porque si comes paella no vas a ponerte solo 3 cucharas) tampoco es que me haya pasado. Incluso estoy contenta porque durante el verano, en las vacaciones en el pueblo, donde el comer es como un deporte olímpico, donde no se para y parece que no haya fondo, me porté tan bien que cuando llegué y me pesé había perdido otro kilo.

La verdad es que ha sido una prueba de fuego que he ido sorteando. Y al acabar el verano y empezar con la rutina todo parecía más difícil.

viernes, 5 de junio de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. CAMBIO DE FASE

Pues sí. Uno de los mejores regalos que me podrían haber dado ayer fue: Que ya he llegado a los 65 kilos!!!!!!

4a Fase del proceso de cambio. 
Esto ya es un paseo. Pero ojo, no se puede bajar la guardia (el médico no paraba de repetírmelo. No la bajes, mira lo que has conseguido. Sigue cuidándote).

Lo primero es que la semana que viene iré a que me hagan un análisis de sangre. Quiere ver que todo, por ahí dentro funciona correctamente.

El cambio con las otras frases no es que sea muy grande, o sí. Depende como lo mires. Para mí es un cambio para mejor. Porque puedo comer fruta!!!!!

No es que sea una gran amante de la fruta, lo reconozco. Pero ahora con el buen tiempo, siempre te apetece comer una rodaja de melón o sandía y claro, como que no podía. Eso sí, la fruta para merendar. 

Otro cambio y este sí que me parece un gran paso es: El desayuno. 
Se acabó tomar un batido de cacao. Ahora toca pan integral con aceite o mantequilla (nada y menos, no os penséis) y acompañando, un huevo, un trozo de queso bajo en grasa o un trozo de jamón. 
Pensaréis que jamón es jamón york. Claro, que es el que siempre te dicen que para hacer dieta es mejor, igual que el jamón de pavo. Pero debo deciros que NO. Que el médico decía, nada de jamón dulce. Noooo, jamón del bueno, del serrano y si puede ser jabugo, mejor que mejor.

No soy especialmente jamonera. Porque es una cosa que como siempre estaba ahí, pues decía, mira jamón, pues no me apetece. Pero la verdad es que ahora, como que un trocito, no me amargaría. :) :)

Así que ahí estamos. Solo quedan 5 kilos para llegar a la meta. Solo 5. Eso es un paseo. Y entonces llegará el trabajo duro.
Justo ayer lo comentaba con él. Le decía: doctor, para mí lo que he hecho hasta ahora es duro, tienes que ser fuerte. No lo niego. Pero el verdadero reto. Lo que de verdad importa es cuando llegue a la meta. Esa fase de mantenimiento. Esa fase donde tengo que aprender a comer. Esa fase donde no puedo engordar, porque no debo pasarme. ¿Lo conseguiré?

Pues sinceramente, no lo sé. Pero intentar, por supuesto que lo intentaré, con lo mona que estoy ahora, no pienso renunciar a esta bonita figura.

viernes, 22 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 3ª PARTE

La verdad es que saber que sirvo de inspiración para algunas personas, me ayudan no solo a escribir parte de mi historia, si no también a seguir luchando por mi objetivo.

Ayer lo dejé en el principio de la fase 3. Esta es la fase donde sigo actualmente, aunque creo y espero, que el día de mi cumpleaños, de aquí dos semanas, el médico me dé la gran noticia de que paso a la 4a y última fase.

Llevo casi dos meses con esta fase. El médico ya me advirtió. Esta fase es más lenta. Ya como más y mi organismo va más lento. Pero lo importante ahora es ir perdiendo.
Embarazada de Carlota. Con cara de pan de kilo. Muchos diréis, bueno estás embarazada.
Lo sé, lo estaba. Pero aquí yo estaba perdiendo kilos por mi cuenta. Y aún se me veía así.

Fui hace unas semanas a pesarme. Ya había pasado un mes. Me peso y he perdido menos de lo esperado. No pasa nada. Es lógico. ¿Me hundo? Pues no, aunque fastidia que el ritmo empiece a bajar. Igualmente he perdido dos y medio. Eso hace que esté en 67 kilos. Solo me quedan dos kilos y llegaré a la fase 4. Solo dos kilos. Dos kilos que creo, hoy día que he perdido. 

La báscula y yo, hasta hace más o menos un par de meses, no éramos nada amigas. No tengo báscula en casa. No tenía antes de adelgazar, porque sabía que estaba gorda. No. Gorda no. OBESA. De tal manera que cuando veía una báscula ni quería pisarla. Tenía miedo de pesar tanto de que gritara: ¡Gente. Aquí tenemos a una zampabollos!. Y que la gente me mirara y me juzgara. Odio que me juzguen. Aunque después de que naciera la enana, el que me juzguen de cualquier cosa me da igual. Porque nunca gustamos a nadie. Y gracias al tipo de crianza al que hemos optado, siempre nos están juzgando como padres. 

Así que lo dicho, no tengo báscula. No quiero tenerla. Por ahora no. Porque sé que si ahora tuviera una en casa, estaría pesándome, por la mañana, recién levantada (que es como se tiene que hacer) y por la noche cuando llegara a casa (que no se debe hacer). Me obsesionaría y mi estado de ánimo estaría ligado a perder o no perder kilos. 
Me conozco desde hace casi 34 años. Así que sé como soy. Desgraciadamente he sacado la vena psicótica de mi abuela materna. Y cuando hay algo que nos preocupa o que nos obsesiona, nos obsesiona al máximo y no podemos remediarlo. La gente, mucha, no lo entiende. Así que cuando el médico me preguntó si podía pesarme en casa le dije: No. En casa no puedo, porque no tengo, ni quiero, tener báscula. Iré a la farmacia. 
Eso mismo hice el lunes. Me pesé en la farmacia. ¿Cuánto he perdido? Según la báscula, igual que la del médico, algo que me gusta. Un kilo y medio.
Diferencias: En el médico me peso desnuda. Solo llevo una bata. En la farmacia, obviamente, iba vestida, con zapatos, joyas, ... Así que pienso que ese medio de más era todo esto. ¿No creéis?
El día que cumplía 33 años. Era el mismo día que cumplía 35 semanas. Aquí estaba a punto de caramelo. Carlota se hacía 
notar constantemente. No me quedaba nada.

En teoría debería ir al médico. Pero pensé y si me espero una semana más? A ver, no pasa nada y si llego a 64 y medio, pues mejor. Porqué así paso a la siguiente fase y no estoy yendo al médico para que me pese y me diga: No has perdido suficiente, son 50 euros y sigues en la misma. A ver, que la dieta es cara. Efectiva, pero cara.Así que no puedo desperdiciar ningún euro.

Me he propuesto, el domingo, llegar a casa de mis suegros, coger su báscula y pesarme. Tienen la típica báscula de suelo, que tiene casi todo hijo de vecino. No esa nueva digital. Noooo. La de toda la vida. ¿Sabéis cuál, verdad?
Pues me pesaré en esa. Porque esa siempre marca un kilo más de lo que voy perdiendo. Si me gusta lo que veo. El lunes, sin falta, llamo a la consulta y pido que esa semana me visite. Y que me cambien la fecha. 
Si, en cambio, peso 65 justos, me esperaré. Me pesaré el mismo lunes, en la farmacia, y veré si realmente, puedo ir al médico. Si es así, llamaré y rezaré para que me coja. Supongo que cuando diga, no voy por seguro, si no por libre, me buscarán un hueco ;P

¿Por qué quiero llegar a la 4a fase?
Es fácil. La última vez que fui al médico, hace 3 semanas, le dije: Echo de menos una cosa. El médico me echó la bronca, diciendo que no podía pensar en comida, mientras estaba con eso. Le dije que no era lo que él pensaba, que no era chocolate, o galletas o pasta con una salsa deliciosa. Noooo. Lo que echaba de menos es la fruta. 
Sí, como lo leéis. La fruta. Ha llegado el momento del año en que me gusta la fruta. Llega el melón dulce, lleno de agua y sabroso. La sandía, roja y viva. Con ese sabor que tanto me gusta. Las cerezas, las fresas, .... Todo esto es ahora, luego lo encuentras, pero no tiene el mismo sabor. Quiero comer fruta, pero la fase 3 no me lo permite.

No te preocupes. En la fase 4 merendarás fruta. Eso me dijo el médico y a eso me agarré. Tengo que llegar a la fase 4. Quiero llegar, porque por fin podré comer fruta. Según él, hasta podré comer una tostada de pan, con aceite y jamón. Aixxx, paaaaan, aceite, jamóóón!!!! 

Así que a por la fase 4. De cabeza. Es lo que quiero y es lo que mi cuerpo me pide ahora mismo. Así que espero que la semana que viene, pueda deciros. Fase 4. Ya he empezado!!!!
Celebrando mi cumpleaños en Sitges. Aquí están mi marido y mi padre. Por supuesto la enana, dentro, que estaba muy agustito.
Ese día recuerdo desayunar en el Mont Roig y comer en los Vikingos. Gran día. Gran compañía. De esta foto a hoy, solo nos separa un año.

Solo me quedan 5 kilos para cumplir mi objetivo (eso pensando en que esté en 65). Mi primer objetivo. Y recalco primero. Porque para mi, lo más duro, será cuando ya haya llegado a los 60 y tenga que mantenerme en ese peso.

Sé que para ese momento falta un poco, pero no tanto como creía. Ya me estoy mentalizando, tengo que conseguirlo. Debo hacerlo. Sé que tengo profesionales a mi lado que cuidarán de que así sea. Y por supuesto, tengo a mi "pepito grillo" y a la familia apoyándome. 

El otro día mi madre me decía que ya estaba bien. Que se me veía estupenda. Que no lo hiciera tan duro ni estricto. 
Mi tía, por teléfono, me dio la enhorabuena por todo lo que estaba consiguiendo. Cuando le dije que me quedaban 5 más. Me decía que no hacía falta, que estaba bien así. 

A las dos les dije que no era así. Que debía perderlos. Por una sola razón. Porqué sé que me tengo que mantener, pero siempre ganas un par de kilillos cuando dejas la dieta. Porque tu cuerpo, ya vuelve a las andadas. Cuento con esos dos kilos de más, por si acaso, cuento con ellos y sé que no pasará nada por tenerlos. Pero si el médico y la dieta dicen que debo estar a base de proteínas y a base de fibra, así estaré, porque para eso estoy haciendo todo este esfuerzo.
Que te sabe mal que salgamos a comer y me coma 5 chirlas. Pues otro día, recordemos decir que no le pongan el mejunge de ajo, perejil y aceite y en vez de eso le pongan limón. Entonces, podré comerme 20 si quiero. 

Ahora, después de toda la historia, os dejo dos fotos. El antes y el después. 

El antes. Ya la conocéis. La puse el otro día. Hace 2 años. De vacaciones.

Los que me seguís en Instagram la habréis visto. El después. Aquí tengo 67 kilos. Foto hecha hará unas 3 semanas.

Look nuevo. Tomando un agua en una terracita, el fin de semana pasado, 
mientras los demás se bebían unas cañas y unas tapas. No pasa nada.
No me he muerto porque ellos estuvieran comiendo. Porque yo estoy bien.