Ayer fue un gran día. Un día de reencuentros con buenos amigos. Un día de conocer gente interesante. Un día de diversión en la pequeña familia que tú decides montar con aquellos a los que conoces por el camino de la vida y decides que quieres que estén en ella por mucho tiempo.
Ayer fue un día en el que me di cuenta de lo curioso que es el paso del tiempo.
No nos damos cuenta de lo rápido que pasa. No sé si es que no queremos o no podemos, con nuestras vidas tan ajetreadas, pero el tiempo, nuestro tiempo, pasa volando. Como alguna vez he dicho, desde que he sido madre (hace ya dos años) sí me doy cuenta de lo efímero que es el tiempo. De lo rápido que pasa y de lo que te puedes perder si no estás atento. Así que ayer, sentada a la mesa con 13 personas más (más cuatro peques pululando por allí), me puse a pensar en ello: el paso del tiempo.