Hacia mucho tiempo que no traía una película de animación para toda la familia. Sinceramente, el cine de animación, para mi, es uno de los mejores que hay y últimamente creo que se está superando al cine de toda la vida, porque hay cada cosa...
En fin, hasta ahora os he traído 3 post de cine de animación: Mi Vecino Totoro (una película que, a mi modo de ver, es IMPRESCINDIBLE, para todos los peques de la casa y todos aquellos a los que la animación les guste. Y es que es una película que nunca me canso de ver y que me parece todo ternura, pese al momento terrible que estén pasando sus pequeñas protagonistas. Altamente recomendable). Después os traje otra película: Inside Out (que me enamoró y es que el paso de la niñez a la adolescencia no es fácil y visto desde este ángulo me pareció una genial forma de enseñar a los niños ese difícil momento. Otra pequeña joya que, por supuesto, tenemos en casa) y por último volví a repetir con Studio Ghibli y una de las películas que hace unos pocos años gracias a mi marido y es: Nicky, la aprendiz de bruja (otra pequeña joya del paso de la niñez a la madurez, donde la protagonista tiene que irse durante un año de casa e independizarse, para aprender de su magia y saber qué es lo que quiere hacer en la vida).
Hoy os traigo una de las últimas que hemos visto en casa. Creo que nuestra enana todavía es demasiado peque para que se interese por una película todo el rato. No lo hace ni con una serie que dura veinte minutos no creo que lo haga con una película que puede durar una hora y media. Así que por ahora, las disfrutamos mi medio limón y yo (bueno, SÍ lo confieso, YO MÁS QUE ÉL).