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martes, 11 de julio de 2017

HARTA DE TODO

Este post lo escribí hace unos días, 7 días para ser más exactos, mientras la peque y mi medio limón dormían. 

Hoy no tengo un buen día. Hoy he llorado. En general no puedo quejarme de mi vida. Tengo un marido que me quiere y me apoya y aunque a veces parece que hablamos idiomas distintos, siempre está ahí cuando lo necesito. Tengo una hija que adoro y que gracias a ella cada día redescubro cosas olvidadas y descubro cosas que no sabía.
Pero desde hace unos meses ando entre dos aguas. Como ya sabéis, cambié de trabajo a finales de febrero. Era algo que necesitaba y anhelaba desde hacía tiempo. Estaba en un trabajo que no se me valoraba, que me explotaban y que además una persona me hacía la vida imposible. Aguanté lo inaguantable porque necesitábamos el dinero. Muchas chicas pasaron por el puesto y no duraron más de dos semanas, yo aguanté dos años, pero un día me dije: BASTA! Y me puse a buscar. Tuve suerte, o un buen curriculum, porque sí, me explotaron pero el nombre de el sitio donde estaba es archiconocido en el mundo y eso siempre abre puertas.

Ahora estoy en un trabajo que se me quiere, que me apoyan, que me gusta y aunque empecé sin expectativas, ahora hasta tengo el sueño de pertenecer, algún día a la propia empresa, porque aquí sí me gustaría quedarme. 

Y mientras estoy feliz por ello, soy infeliz en otro aspecto. Mi medio limón está en paro y no hay manera. No hay manera de que le llamen, no hay manera de que haga una entrevista, no hay manera de remontar. Me siento mal porque no lo puedo ayudar. Me siento mal, por sentirme feliz al ir a trabajar. Me siento mal porque no llegamos a final de mes y cuando digo no llegamos, es que NO LLEGAMOS. Malabarismos y a veces, días sin comer el uno o el otro para que la peque nunca le falte de nada. Así son nuestros días y hoy, esta noche he explotado, no he aguantado más. Su mierparo se ha acabado, ahora un mes sin cobrar y luego la ayuda. Ayuda que si lo otro no llegaba... esto menos . Y hago números y pienso... recorto de aquí, recorto de allá, metemos aquí, hacemos... y nada que no llega. 

Encima somos de esos que nos encerramos en casa. No gastamos, lo poco que lo hacemos es cuando invitamos o nos invitan para poder ir a casa de alguien, ni a tomar un café, porque después te pasas un mes maldiciendo el porque saliste ese día a comer un bocadillo o unas tapas, cuando podrías haber quedado para ir de paseo. Penoso. Penoso tener un trabajo y que no te dé para nada más que para pagar facturas. Penoso tener la edad que tenemos y pedir dinero a mis padres para que nos ayuden. Penoso el no poder vivir una vida con la que soñabas, sin grandes lujos, pero con un poco de colchón y tranquilidad para los días malos. El colchón nunca lo hemos tenido. Vivimos al día sin ahorros, y sinceramente eso me ahoga, me ahoga en la desesperación.

Y hoy una persona me dice: ¿Para cuando un hermanit@ para tu peque? y ahí me he desmoronado. Siempre he querido tener más de un hijo. Soy hija única  y no quería eso para mi peque. Quería que se criara con otro peque en casa, teniendo esos momentos de complicidad, de peleas, de amor infinito... pero se desmorona, ese sueño se va por la taza del váter cada vez que pienso en nuestra situación. 

Llega un momento en la vida, en que no puedes más y ese momento, para mi ha llegado hoy. Quiero bajarme de la vida. Quiero decir, ya basta!!! 

Todo esto lo escribí con lágrimas en los ojos, pensando en lo mal que me sentía. Normalmente esto lo escribo en un diario, pero aquel día, tenía el móvil cerca y lo escribí aquí. Lo dejé y hoy lo he releído. Sigo estando bastante tocada. Sinceramente no sé por dónde vamos a seguir, no sé qué va a pasar con nosotros, pienso en darle un techo y comida a nuestra hija y quiero por todos los medios que así sea, pero no veo cómo terminará esto. A veces me levanto con un nubarrón en la cabeza, pero al cabo de un par de días ese nubarrón escampa y me deja durante una temporada. Parece que esta vez ha venido para quedarse y tengo miedo, mucho miedo. Necesitaba soltarlo, necesitaba escribirlo, necesitaba que alguien lo leyera. No por los mensajes de ánimo que puedan suscitar, si no simplemente porque necesitaba que mucha gente supiera por lo que estamos pasando.

Así que a todos aquellos posibles amigos que me leen. Si no quedamos con vosotros, no es por falta de ganas, si no por falta de dinero. Hoy por hoy es lo que nos toca vivir. Y lo peor es sentir esa sensación de impotencia. Soy de las pocas personas, por no decir la única (excepto su madre) que conoce a mi medio limón. Él parece fuerte, parece que no le importe nada y que es feliz, pero no. No lo es. Sé cómo lo está pasando, sé cómo se está sintiendo y yo tengo que ser la fuerte, pero no puedo y pienso, muchas veces que le estoy fallando al no serlo, porque necesita alguien que le diga: Venga, que no pasa nada, algo saldrá. Pero es que no puedo y es el pez que se muerde la cola, me siento peor y peor y peor.