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martes, 29 de mayo de 2018

DESDE QUE SOY MADRE TEMO...

Desde que soy madre temo muchas cosas. Siempre tengo esa cosilla, ese run-run en la cabeza que no me deja estar tranquila.

Temo no estar a la altura como madre

Sí, lo temo con mucha fuerza. Temo no estar a la altura y ser una decepción para mi hija. Temo perder la paciencia con ella y que vea que los gritos o el mal humor son lo típico en la familia.
Temo no ser una mamá leona que lucha contra viento y marea para que no le falte de nada y siempre se sienta segura en mis brazos.
Temo que llegue el día en que ella piense que soy de esas madres a las que no puede explicarle nada y terminar no contándome sus problemas.

Temo perderme cosas que para ella sean importantes, pensando que no lo son tanto.
Por ejemplo, puede parecer una tontería, pero ayer justamente fuimos a un miniconcierto en el cole de la peque. Por primera vez, los más peques, que hacen iniciación y juegos musicales también participaban. Y sí, yo fui. Y sí, me vio y se le iluminó la mirada. Y sonreí y se me cayó la lagrimita (que soy de lágrima fácil, ya lo sabéis). 
Podría haber faltado y ver los vídeos que mi medio limón había grabado, pero quería estar ahí la primera vez que hacía algo en el cole. 
Cuando yo era pequeña mis padres nunca vinieron a nada de lo que hice en el cole. Sí, tenían que trabajar (una de las cosas por las que odiaba su trabajo en la hostelería y el tener su propio negocio fue esto, que NUNCA, vinieron a verme), pero yo sentía que no era importante para ellos. Veía a todos los niños saludar a sus padres y yo no podía porque no habían venido, ni siquiera uno.

Temo al bullying y las consecuencias que pueda acarrearle.

No he vivido un tema tan fuerte como los que hoy vemos, donde niños de solo 11 años se quitan la vida porque no aguantan más el acoso al que están sometidos. Pero sí viví situaciones en las que los compañeros no me dejaban vivir tranquila. Pasé de ser una niña abierta y risueña a ser una niña enfadada con todo el mundo, sin saber con quién hablar, sin saber qué hacer para que aquello parara. Todo eso me causó traumas que hoy día siguen vigentes y de los que día a día tengo que superar. 

Como madre, temo que ella pueda pasar por algo así y piense que no pueda hablar conmigo, piense que está sola o peor, piense que no merece la pena seguir viviendo. 

Temo a que mi hija enferme.

Es uno de mis mayores temores. Que ella enferme y que yo no pueda hacer nada para mitigar su dolor. 

Tengo miedo a que se vaya, a tener que vivir sin ella. Porque ahora que la tengo, no concibo mi vida sin mi hija y creo que es una de las cosas que más preocupada me tiene, porque sentir que no puedes hacer nada, que su vida se escapa de sus manos y tu solo puedes esperar a ver qué pasa no puedo.

Temo que le hagan daño.

Y me refiero a daño físico. Tengo miedo a que se la lleven y sufra un horrible dolor.

Cuando veo las noticias de esos niños desaparecidos, que después aparecen muertos, termino con un malestar enorme. Un día, incluso, terminé llorando y le expliqué a mi medio limón lo que me pasaba. Ese miedo que me paraliza. Me entran sudores fríos. 

El dolor de una madre al ver como le quitan a su hijo. La incertidumbre de no saber dónde está. Cómo está. 

Estoy escribiendo estas líneas y sigo llorando, porque me duele, me aterra lo que le pueda pasar. 

Y otro de mis grandes temores. Temo morirme.

He llegado a tener pesadillas con este tema. Miedo a morir. A dejarla sola. Que no estaría sola, estaría con su padre, sus abuelos, los yayos, sus tíos. Pero yo no estaría con ella.

Temo el día que me necesite y su madre no esté. Temo no poder estar con ella, para acompañarla a hacer cosas de su vida tan bonitos como comprarse un vestido para una ocasión especial.

Es un miedo irracional, un miedo que me paraliza, un miedo que me hace sentir muy insegura.

Alguna vez me habían dicho, no conoces ese verdadero miedo que te paraliza y no te deja respirar hasta que eres madre. Siempre he pensado que es una exageración. Pero aunque disfruto de ella día a día, hay momentos en los que pienso que esta frase esconde una gran verdad. 

Temo no volver a tener momentos como estos los tres juntos.

martes, 13 de marzo de 2018

PASANDO DE TONTERIAS: HARTA DEL MIEDO AL QUE DIRÁN

Yo empecé en el mundo bogueril hace años. Es verdad que este rinconcito solo tiene tres años y unos pocos meses, pero antes de este blog maternal y personal tuve otros. Uno de ellos no duró mucho y es que la falta de constancia y de inspiración hicieron que lo dejara aparcado. Después de un tiempo, abrí un nuevo blog. Este blog estaba pensado en mis hobbies más fuertes (cine, series y literatura). Mi marido y una amiga se les ocurrió que con lo bien que escribía podía hacerlo en un blog y además hablar de lo que más me gustaba. Así que me lancé a la aventura. Poco a poco ese blog fue creciendo. Tuve pocas colaboraciones y todo lo que se publicaba era de cosecha propia. Al final decidí crear una sección donde escribiría algunos relatos. Mis pequeños pasos a un futuro que me gustaría, algún día poder llegar, ser escritora. Terminar un libro y si ninguna editorial está interesada, autopublicarme yo misma.
Este blog duró muchos años, hasta que nació la peque. Desgraciadamente, el nacimiento de mi niña hizo que tuviera que dejar aparcado durante un tiempo mi pequeño rincón de hobbies y es que ella abarcaba mis 24 horas, sin dejarme un momento para mi, para poder hacer algo más que estar con ella, sobre todo en el tema de lectura, porque series y películas en casa nunca dejamos de ver.
Pasado un tiempo quise volver a él, pero no me llegaba el tiempo para compaginar los dos blogs (este ya estaba creado), la vida laboral y la vida familiar. Así que con todo el dolor de mi corazón, tuve que dejarlo atrás. Aunque a veces vuelvo para releer alguna de mis entradas.
Hoy os hablo de este pasado porque vengo con un tema que ya me ha superado. El miedo al que dirán y os preguntaréis: ¿Ha pasado algo? No. No ha pasado nada en concreto, pero sí he visto claras diferencias entre un mundo blogueril y el otro.

Mientras que en el mundo de los blogs de literatura, cine y televisión reina el buen rollo (obviamente, hay ovejas negras en todos sitios, pero no es la norma imperante), yo te ayudo, tu me ayudas. No estoy de acuerdo contigo pero te sigo igualmente,... En el mundo de los blogs maternales es una carnaza y sí, digo CARNAZA. Por supuesto que hay gente que merece la pena y tengo la suerte de contar con muchas personas conocidas en este mundo que me las llevo como amigas hasta el fin del mundo. Pero luego ves en las RRSS como se despellejan de una manera que no entiendo.


No lo entiendo, porque no lo comparto y no lo comparto porque esto no es lo que quiero enseñar a mi hija. Claro que la enseño a que debe defenderse, pero de eso a llegar a insultos, malas formas y amenazas, como que no.

Normalmente soy de las que se mantienen al margen, sobre todo en RRSS, aunque el otro día tuve que decir la mía porque estos patios de colegio no los soporto. Intento no meterme donde no me llaman, pero todo esto me ha hecho pensar. 

Si hablas de un tema que no es políticamente correcto, te comen viva. Si cuentas tu postura sobre un tema concreto y no es como el de la mayoría de mamis chulas que hay por las redes y que tienen sus blogs con millones de seguidores (y con menos también) te lapidan. Y ahí estaba yo, desde hacía un tiempo con el miedo al qué dirán. Miedo que si digo que hago esto, me van a comer en las RRSS y no tengo ganas de enfrentamientos. Es que si digo esto otro también me va a pasar

Y fue cuando me di cuenta, de que no puedo tener un blog si no soy sincera conmigo misma ni con vosotros y sobre todo si hablo de temas vanales para no meterme en berenjenales. No quiero hacerlo. Y por eso digo esto aquí y ahora. Voy a ser la que he sido siempre. No busco broncas, no busco mierdas, pero voy a escribir de lo que me apetezca y si un día cuelgo una receta que lleva un kilo (sí, exageración máxima) de azúcar, no quiero malos rollos. Y pongo este ejemplo como podría hablar de otros temas.

Ya lo sabéis. Vive y deja vivir. ¿Por qué no podemos tener un debate en condiciones, sea por las RRSS, sea por el blog, sea como sea, pero un debate civilizado? Un debate donde cada una ponga sus puntos de vista, donde se vea la diferencia entre ambas, pero que después de todo sigamos siendo las mismas de siempre, con nuestras cosas buenas, nuestras cosas malas, pero sobre todo dando una lección y enseñando que sí se puede tener pensamiento diferente y seguir a esa persona. 

Yo soy un ejemplo de ello. Sigo a gente que en su momento hablaron de algún tema que no me gustó, porque no comparto. Lo dije y seguí con mi vida.

Así que sí, paso de tonterías y estoy harta del miedo al que dirán. Espero que sigáis leyéndome, espero que si no estáis de acuerdo, de manera respetuosa me expliquéis vuestro porqué y sigamos en las RRSS como siempre. Bienvenidos a una nueva Mami Reciente Cuenta, donde habla sin pelos en la lengua.