¿Por qué el tiempo pasa tan deprisa? De verdad que sin darnos cuenta, van pasando las horas, los días, las semanas, los meses y de pronto tu bebé tiene tres años y medio.
Cuando tuvimos la noticia de que debíamos irnos del piso antiguo y encontramos el piso nuevo, mi medio limón y yo hablamos largo y tendido de la habitación de la peque. Ella, como sabéis, duerme con nosotros y pensamos que sería un buen momento de montarle su habitación de mayor, para que empezara a ver que tenía su propia cama. A ver si así, se oían las campanas y quería cambiar.
Como el cambio de piso pasó durante la época navideña, no pudimos hacer todos los cambios que queríamos y terminamos montando lo imprescindible: Cocina, baño, habitación de matrimonio y parte del salón. La habitación de la peque, aunque montada, no estaba terminada. Pero este fin de semana nos pusimos las pilas. Queríamos que viera que su habitación, tanto de dormir, como de juegos, estaba preparada para que ella pudiese entrar y salir cuando quisiera. Además, como los interruptores de ese piso son "antiniños", porque están a una altura considerable, se lo cambiamos, para que así ella misma pudiese encender la luz.
Ella
eligió la pintura de su habitación. La lámpara del techo. Las sábanas
de la cama. El pijama con el que dormir. Quisimos que fuera partícipe en
muchas cosas para que su habitación le hiciera ilusión. Cuando
terminamos de montarla, tenía ya todos sus juguetes preferidos (tuve que
hacer una criba porque tiene taaaantos).
Justamente ayer, le pregunté a mi medio limón, ¿probamos? Sinceramente, no las teníamos todas con nosotros, pero como siempre, hizo que me tragara mis palabras y nos ha enseñado una gran lección.
Durante la cena, le expliqué a la peque que como ya es una niña grande, podía dormir en su habitación, si le apetecía, en su cama de los grandes. Al principio dijo que no, pero pasados unos minutos me preguntó si al dormir en su cama podría dormir con uno de sus muñecos. Le contesté que podía dormir con el que quisiera, que además podría hacer una fiesta de pijamas. Que mamá y papá le pondrían su punto de luz, por si se despertaba, que viera donde estaba. Además, su botella de agua, para beber en cualquier momento y le recordé, que mami y papi estaban en la habitación de al lado, que si necesitaba ir al baño o simplemente quería ver a mami, con llamarme, iría corriendo a verla.
Se durmió en mis brazos y con su teti, como cada noche. Pasado un rato, papi se la llevó a su cama, con todo preparado para que si se despertaba lo viera. Cuando la dejó en la cama se despertó y me pidió que le contara un cuento. El cuento de las liebres (Adivina cuanto te quiero) y es que nosotras nos decimos 100 veces al día que nos queremos.
Después de eso, la arropé, le di un beso y me dispuse a salir de la habitación.
- Mamiiiii! tengo pipi.
Bueno me doy media vuelta y la llevo al baño. Hace pipi entre bostezos y pienso, a ver lo que dura esta noche. Yo ya me había preparado mentalmente para pasar una noche entre dos camas. Cuando volvemos a la cama, la tapo, le doy un beso. Y justo cuando me voy a sentar en el sofá...
- Mamiiiii! tengo caca.
Yo sabía perfectamente que eso no era verdad. Fui a su habitación y le pregunté hasta tres veces. Lo dices en serio?? Sí, mami, me respondió. La volví a llevar al baño. 15 minutos y de ahí no salía nada. No quise preguntarle. Pensé que sería ella la que me dijera algo. Al final me preguntó: mami, seguro que tu vendrás si te llamo?
- Claro que sí! le dije. No he venido ahora cuando me has llamado?
Creo que se quedó más tranquila. Se tumbó le di un beso y al salir.... Mamiiiiii!!! tengo pipi.
Ahí pensé... la noche va a ser muuuuuuuy larga. Me senté en la cama, me "enfadé" con ella. Le dije que no me mintiera, que me dijera porque me pedía pipi, pero ella insistía. Sé que no quieres hacer pipi. No me mientas. Pero ella seguía, sí mami, tengo pipi.
Así que volvimos al baño, por tercera vez. ¿Creeis que hizo algo? Sinceramente, ahí estaba algo mosca, porque no quería pasarme la noche en vela. Le dejé claro que tenía que ir a la cama, tumbarse, coger a sus muñecos y dormir. Cualquier cosa, con un grito de MAMAAAAAAAA, yo iría ipso facto.
Parece que mi tono o mis palabras entraron en ella. Aunque antes de irme de la habitación me dijo: Mami, todavía somos amigas? Y yo le contesté: sí, si no vuelves a mentirme.
Se tumbó y se quedó dormida. Estuve en la cama dos horas dando vueltas. Mi marido igual, el cual me dijo, falta algo en esta cama. Y pensé, sí los pies de tu hija en tu espalda, dando patadas.
¿Y cómo pasó el resto de la noche? Durmiendo. Durmiendo plácidamente. Se despertó una vez porque la escuché coger su botellita de agua. Pero pronto se volvió a quedar dormida. No llamó a mami en ningún momento. Así que cuando esta mañana ha sonado el despertador, he ido hasta su cama. Y ya ella ha abierto los ojitos:
- Mami, ya es de día?
- Sí, cariño.
- He dormido solita!! - Saltando en la cama.
- Sí!!!!!
- Ya soy mayor, ahora dormiré en mi cama. Pero esta noche dormiré con Lola (su tortuga de peluche).
- Genial! Lola estará muy contenta de dormir contigo.
Así que mi niña ha vuelto enseñarme varias cosas de la maternidad.
La primera es que no puedes dar nada por sentado. Es decir, yo pensaba que en mitad de la noche se despertaría, llamaría a mami y querría, sí o sí, irse a nuestra cama. Algo que habíamos asumido y habíamos pactado en dejarla.
La segunda cosa es: Si dejas que el niño madure a su ritmo no habrá problemas. No habrá dramas y todo será más fácil y fluido.
La tercera cosa es: Que mi pequeña ya no es un bebé. Que es totalmente autónoma, que dice que la visto yo, porque así me abraza, pero realmente ya puede hacer un montón de cosas. Y ahora el dormir sin mami ni papi.
Supongo que ahora nos queda a todos acostumbrarnos a este pequeño cambio. Pero por ahora promete.