lunes, 7 de noviembre de 2016

NO QUIERO GRITAR A MI HIJA

Hoy vengo con un post que llevo tiempo queriendo escribir y es sobre el tema de los gritos a nuestros hijos.

Hace ya algún tiempo, mi marido me dijo: ¿te das cuenta de cómo le estás hablando a la niña? ¿Te das cuenta de que la estás chillando? Sí, me estaba dando cuenta de todo, pero en ese momento necesité hacerlo. No, no me siento orgullosa de ello. No, no me siento feliz. Sí, me sentí la PEOR madre del mundo por hacer eso.

En mi familia (por parte materna) somos demasiado temperamentales. Somos de ese tipo de gente que cuando se enfada, en vez de respirar hondo y contar hasta diez para serenarse explota y suelta cualquier cosa a grito pelado. A los cinco minutos se nos ha pasado y es cuando nos damos cuenta de la tontería que acabamos de hacer, por suerte, yo dentro de lo malo, intento cambiar, intento no hacerlo y cuando lo hago me como mi orgullo y me disculpo.

Cuando era pequeña y me gritaban porque había hecho algo mal, porque descargaban su frustración conmigo me repetía y prometía a mi misma: El día que sea madre, yo no haré eso. Ahora me como mis palabras y con el corazón en la mano os digo, termino llorando cada vez que siento que lo he hecho mal, que he vuelto a caer en esas viejas costumbres que prometí no caer en ellas.

Así que ese día, el día que mi marido también vio que perdía los papeles y que no podía ser, me dije: Esto no puede continuar así, debes ponerle freno. Ella no se merece estar en un ambiente cargado de negatividad y gritos por mis tonterías y porque sé que puedo hacerlo mejor. Fue una declaración de intenciones y una promesa que me hice a mi misma y a mi hija: No quiero gritarle. No quiero que crezca pensando que esto es lo normal y lo que pasa cada día.

Así que me puse unas normas básicas.

1. Cuando noto que estoy a punto de estallar, que todo se desborda, antes de chillar, debo salir de esa habitación, encerrarme en otra (baño, cocina, patio,...) respirar hondo y pensar el porqué está pasando esto. El repetirme que no tengo porqué chillarle y es mejor enseñarle, decirle el porqué, o simplemente abrazarla para que sepa que yo estoy ahí a su lado y comprendo qué le está pasando.
2. Si grito, pedirle perdón por lo que ha pasado. Es un acto de sinceridad y de humildad y es que muchas veces, la gente, no sabe el poder que tienen estas dos palabras, viniendo del corazón: LO SIENTO. Es arrepentimiento puro, es lo que sientes, es la verdad. No querías hacerlo, pero al final has caído, te das cuenta y por ello, no coges y te dices: la próxima vez lo haré mejor. No. Lo que hago es pedirle perdón a mi hija y puede que ella no entienda el porqué le pido perdón o sí. Pero ahí está. Yo lo hago, yo se lo digo, es lo que siento y creo que es lo correcto.
Ejemplo: Dar las gracias. Parece una tontería, pero mi medio limón y yo somos muy agradecidos. Supongo que haber trabajado de cara al público hace que empatices más con las personas que día a día tienen que estar ahí aguantando las mil y una. Así que somos de esos que cuando llegamos a la cajera del supermercado le decimos hola. Somos de esos que cuando el camarero nos sirve la comida le damos las gracias. Así que cuando mi hija empezó a hablar, una de las cosas que ya había aprendido es eso. A dar las gracias. Así que pienso que si le enseño a pedir perdón, de corazón, cuando realmente sepa que ha hecho algo mal, cuando sea mayor, será más fácil, sabrá reconocerlo y podrá sentirse mejor consigo misma al decirlo y sentirlo.
3. Darme cuenta de por qué chillo. Mi madre es una persona que habla chillando (Miriam Tiradó en el vídeo que subió hace unas semanas sobre los gritos hablaba de estos padres y de cómo), no se da cuenta. A veces le digo: ¿Por qué gritas? Me contesta que ella no grita, que habla así. Pienso que si le habla así a sus clientes, no va por buen camino e intento que se dé cuenta, para que eso cambie. Aunque es una ardua tarea.
En este mismo vídeo Miriam nos habla de darnos cuenta de el por qué de explotar, el por qué chillamos a nuestros hijos (que se supone que son a las personitas que más queremos y deseamos proteger de todo lo malo). Y sí, me sentí identificada, porque hasta que no empecé a hacer esto, realmente chillaba por casi cualquier cosa. El estrés al que estoy sometida día a día en mi trabajo hace que venga cargada para explotar. Allí me tengo que callar, allí tengo que tragar (y sí, cuando empecé en esta andadura profesional no sabía lo que me esperaba, pero al otro lado había una persona que me chillaba, que me dejaba a la altura del vetún, quise dejarlo, pero aquí sigo, aguantando, y aunque las cosas han mejorado, el estrés continuo no ayuda). Al ir cargada de tanta negatividad, cuando llegaba a casa y la peque tenía una rabieta, no me hacía caso, me pedía brazos o  teta y estaba en medio de hacer la cena, le explicaba que no podía ser y rompía a llorar, hasta gritando, entonces explotaba, le decía que parase, que no podía, que debía terminar y que se aguantase.
Pero no, no podía hacer eso, no podía cargar contra ella toda esa frustración que sentía y siento en el día a día. Así que empecé a darme cuenta de mi estado de ánimo antes de ir a buscarla. Si he tenido un mal día es el momento de respirar, de pensar que tengo que cambiar el chip, de que voy a recoger a la peque y que pase lo que pase no puedo y no debo chillar.

Todo esto es un arduo trabajo en el que estoy desaprendiendo lo aprendido en mi infancia y aprendiendo nuevos métodos, para mi mejores y más acordes a nuestra relación con ella y con el entorno (porque no, no se me ocurre chillar a un amigo o a un familiar, aunque a mi madre a veces se me escapa, pero porque ella también chilla y termino poniéndome como ella). Es difícil, no voy a mentir y caigo en los viejos hábitos alguna vez (más de las que me gustaría), pero entonces, pienso en los pasos a seguir, en lo que debo pensar y hacer y sigo adelante. Intento no flagerlarme y pensar que lo estoy intentando y que poco a poco lo voy haciendo mejor, aunque a veces, esto tampoco funciona y tengo un mal día. Pero todos somos humanos, creo que ahí radica nuestra imperfección y por eso pongo todo mi empeño en cambiar y ser mejor madre y mejor persona día a día.

El día que consigo no chillar, el día que consigo no ponerme nerviosa con las pruebas que se me ponen delante, me doy cuenta de que ese día mi hija no ha tenido rabietas, ese día la peque y yo hemos jugado, reído y hemos sido FELICES. Si no pierdo la calma, mi hija es más receptiva y es que cuando veo que puede pasar, me agacho, la cojo de las manos y se lo explico de manera que me entienda. A veces va bien, otras no. Si veo que no va bien, la abrazo, le pido que tenga paciencia, que mamá está a punto de acabar y que podré estar por y para ella, que es lo que realmente pide.

No quiero que ella crezca pensando que esto es lo normal. Porque pienso que entonces caerá en un bucle, como caí yo y siento la necesidad de que esto no pase. De que vea que lo normal no es chillar, lo normal es hablar, lo normal es razonar. Lo normal es que cuando nos sintamos mal, antes de que pase, podamos hablarlo. Quiero que ella vea en nosotros a las personas en las  que confiar, a las personas a las que decir: hoy no me siento bien. Hoy necesito un poco de comprensión. Porque no he tenido un buen día, porque me he sentido (mal, frustrada,...)

¿Y vosotros? ¿cómo lleváis ese tema? ¿Sois madres explosivas como yo o sois más calmadas? ¿Cuáles son vuestros trucos para el día a día?

13 comentarios:

  1. Ay, cómo te entiendo... Yo soy también muy temperamental y cuando explotó, tengo tendencia a chillar.

    Muchas veces, cuando me doy cuenta, antes de que llegue la hecatombe, cojo la puerta de la habitación en la que estoy y me salgo, respiro e intento volver a entrar o me voy a otra y pego un chillido.

    Cuando chillo a los peques, porque confieso que a veces lo hago, me siento fatal y analizo los porqués pero aunque intento hacer lo que te he dicho anteriormente, hay veces que me gana el chillar...

    Y es curioso porque es verdad lo que dices... Si no chillo, ellos están más relajados...

    Así que a respirar hondo o salirse un momentito de la habitación a serenarnos...

    Besotes

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    1. Creo que todos chillamos en algún momento, porque las tiranteces y problemas del día a día se acumulan y a veces explotamos con quien no debemos. Eso es lo que yo siento. Y es que coger la puerta e ir a otra habitación, antes de explotar, es lo más efectivo que he encontrado por ahora, aparte de pensar el porqué quiero chillarle. Sinceramente, hay veces que me doy cuenta de que ella no tiene la culpa y soy yo la que está tan estresada que la pongo nerviosa.

      Sí, si no chillo ella es más feliz. Sin ir más lejos ayer. Montó un cirio descomunal porque llegaron unos zapatos nuevos, se los probé y a la hora de quitárselos no quería. Pensé... bueno se los dejo un rato, pero después había que ponerse el pijama, cenar y dormir y ella quería estar con sus zapatos nuevos (uno de cada), intenté explicarle que eso no se podía y que tenía que quitarlos. Ella no quiso y al final cuando ibamos a la cama se los quité. En fin... puedes imaginar, no?? se puso echa una furia y yo podría haber explotado, pero respiré hondo, se lo volví a explicar y ella se calmó en un momentillo.
      MUAS!

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    2. Me alegra que no explotaras.
      Besitos mil

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  2. Pues yo creo que vas por muy buen camino.
    Lo primero es darse cuenta de dónde fallamos y buscarle remedio, y es lo que estás haciendo. Además tienes el ejemplo en ti misma de cómo te hacían sentir tus padres cuando chillaban y es la mejor manera de reflexionar sobre el tema y ver qué te habría gustado que hiciesen tus padres para enmendar esa actitud.
    Sólo puedo decirte que puedes con ello.

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    1. Gracias Belén, por los ánimos y por todo.
      La verdad es que sí, es difícil, pero el darse cuenta y admitirlo es lo primordial.
      Cuando lo hago, cuando chillo, me acuerdo de mi madre y de cómo me hacía sentir (y a veces, me hace sentir, porque sí, ella no se da cuenta, pero sigue haciéndolo)
      MUAS!

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  3. Vivimos en un mundo neurótico. Todo son prisas, gritos, carreras, sentimientos negativos... es muy difícil mantener la serenidad y la templanza en este ambiente lleno de exigencias.

    Psra mi la solución no es convencerse de que no hay que gritar y "controlar la situación". Eso solo es un parche que lo único que va a hacer es que en ocasiones se te escape la situación de las manos y te comportes de la misma manera, con la consiguiente decepción y frustración que vas a sentir.

    A mi me va muy bien analizar la raíz del problema. Descubrir qué es lo que me pone nerviosa o me agobia y atacar ahí. En mi caso era una persona muy controladora y exigente y hasta que me di cuenta de que el control es una ilusión y que muy pocas cosas dependen de nosotros, no me liberé de las frustraciones. Empecé a relativizar las cosas, y a darme cuenta de que no era tan importante que se cenara a las 21h o a las 21.30h o que se me cayera un vaso al suelo. Aprendí a fluir con el entorno y a restarle importancia a las cosas que en realidad no la tienen.

    En el trabajo lo mismo. Vivía estressada por un jefe inmaduro y una situación muy desmotivadora, hasta que decidí que eso no iba conmigo, que yo iba a trabajar y no a aguantar y empecé a expresar de manera asertiva mis problemas y mis inquietudes. Desde entonces todo ha cambiado. Nunca creí que mi jefe pudiera entenderme, pensaba que era imposible, pero aprendí maneras de comunicarme muy efectivas para establecer lazos con las personas.

    Un beso!

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    1. Por supuesto, estoy contigo. Lo principal y más importante es buscar y saber cuál es el problema. Para mi, a día de hoy, es el trabajo donde estoy, entre la locura que vivo el día a día, corriendo como un pollo sin cabeza, viendo que no se me valora, que se me exige demasiado para el tipo de trabajo (y sueldo)...
      Llego estresada y a veces lo pago con quien no debo. Por eso, cuando veo que la niña también está nerviosa analizo la situación y me doy cuenta de que soy yo, yo misma la pongo de esa manera. Intento, en ese caso calmarme y calmarla. Es extraño, pero desde que está con nosotros, analizo más las situaciones y me doy cuenta de que algunas son realmente tóxicas. Igual que ciertas personas y eso es lo que no quiero, llegar a ser así.
      Creo que dando el paso de darse cuenta de que esto no está bien y proponerme cambiar y hacerlo, aunque poco a poco, para mi es un gran logro.
      Gracias por pasarte a comentar Maribel.

      MUAS

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  4. Sí es que es un tema complicado. Todos somos humanos y en ocasiones nos vemos desbordados. La verdad es que a mi parecer las normas que te has autoimpuesto están muy bien. Ya desde el momento en que te planteas porqué estoy haciendo esto ya es un paso grande hacia adelante. Con tu fuerza de voluntad seguro que lo consigues!! A mi también me pasa a veces y reconozco que cuesta desaprender lo aprendido.Supongo que la base está en cambiar el chip!!

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    1. Es difícil cuando tienes algo aprendido desde la niñez y los has visto "normal" hasta hace poco. Es difícil dar el paso, pero una vez se da, todo es mirar hacia adelante.
      Y sí, tenemos que cambiar el chip y pensar que podemos hacerlo.

      MUAS!

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  5. Yo creo que nos pasa a (casi) todos. En casa, por norma, no gritamos pero en los días que hemos vivido hace poco de rabietas infernales... la hemos cagado repetidamente. Llega un momento en el que no puedes más y explotas. Yo aguanto, aguanto pero... También la inexperiencia en estas lides creo que hizo que nos desbordáramos más, nos pillo de sopetón. Y otra cosa fundamental es cuando no tienes tiempo para aguantar el tirón porque te tienes que ir a trabajar. Ahí ves que no hay salida, que no vais a llegar, que el niño sigue igual... Y te pones más nervioso y ya se lía. Para mí una clave es poder turnarme con mi marido cuando uno de los dos está ya a tope. Seguro que vamos mejorando poco a poco. Esto es ensayo y error y muchas ganas de hacerlo bien.

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    1. Aixxx, sí el tema rabietas... ufffff, solo de pensarlo me entran sudores!! jajajajajaja.
      Y es que parece que lo hagan aposta. En el peor momento, porque ellos son así, no se rigen por horarios, plam! te encuentras la señora rabieta y como dices, no tienes tiempo, miras reloj y ufff, nervios, nervios, y al final grito pelao. Es cuando me siento peor.

      El problema que tenemos nosotros es que entre semana no podemos turnarnos. A él le toca por las mañanas y a mi por las tardes. Entre medio a mi madre o a la guardería. El finde es diferente, como estamos los dos, si mi marido me ve desbordada me ayuda, pero la peque cuando tiene una rabieta es fijación conmigo y me persigue, mami, mami, mami.

      Pienso que sí, el ser inexperta en estos temas tampoco ayuda, pero errar es de humanos y si sabemos que no estamos haciendo bien, lo que tenemos que hacer es parar y pensar, ayudarnos con la lógica que podemos tener en nuestro coco para darnos cuenta de que eso no es lo que queremos y así poder hacer lo que mejor sabemos, cuidar de ellos y darles mucho amor.
      MUAS!

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  6. Uff el tema gritos, por desgracia me crié en un ambiente parecido al tuyo, mi madre es igual, siempre esta gritando por todo y yo aunque intento no hacerlo también grito mucho.

    El tiempo fuera positivo es algo que llevo usando ya algún tiempo y "No es la panacea" pero me suele funcionar. Lo malo es cuando estoy sola con #Gusanito y se niega a darme tregua. Es difícil intentar calmarte con el bichito aporreando la puerta y llorando como un histérico.

    Pero poco a poco estamos llegando a pequeños acuerdos y mejorando, aunque el tema de la comida me sigue crispando los nervios, y la poca ayuda que recibo por parte de #MiMedioMandarino en este tema no ayuda.

    En casa también decimos siempre gracias, por favor y lo siento y es cierto que el peque lo dice con total normalidad cuando la lía. Cuando te da un golpe jugando sin querer, te mira y te dice "lo siento, mami" y besito y abrazo jeje.

    Yo creo que vamos por buen camino ;) y que lo importante es darnos cuenta e intentar solucionarlo. Un abrazo.

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    1. Creo que nuestro problema es haber vivido siempre con los gritos, pensando que es algo normal. Así que nos salen de manera automática. Debemos desaprender lo aprendido.
      A mi me pasa igual. Cuando estoy sola. Aunque también te digo que es cuando mejor se porta. Si estamos mi medio limón y yo, o uno de mis padres, o todos a la vez, la niña es cuando peor se porta. En cambio, si estamos solas, es totalmente diferente. Está más por mi y yo por ella, si le explico algo lo entiende y aunque a veces puede pedirme más brazos o atención, simplemente le pido un poquito de tiempo y ella me lo da. Y es que es ahí cuando me doy cuenta de que los peques son un trozo de pan, que son geniales, llenos de amor y comprensión.
      En el tema comida nosotros tenemos suerte. Yo también hago pequeños acuerdos con ella y eso hace que en casa se oigan menos gritos y menos pataletas.
      Claro!! ellos nos imitan. Ven lo que hacemos y actuan en consecuencia, así que ellos realmente aprenden y enseñarles desde pequeño lo fácil que es pedir por favor, el ser agradecido o saber pedir perdón, para mi es muy importante.

      Exacto! si nos damos cuenta e intentamos poner de nuestra parte, yo creo que lo conseguiremos.
      Gracias por tu comentario.

      MUAS!

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