miércoles, 10 de octubre de 2018

¿TE GUSTAN QUE TE ETIQUETEN? PUES A LOS NIÑOS TAMPOCO

Muchas veces, los adultos etiquetamos a los más pequeños sin darnos cuenta, sin pensar en las posibles consecuencias que esto acarreará en un posible futuro.

Y yo pienso... ¿os gustaba a vosotros que os etiquetaran de pequeños? Me juego algo a que cuando os decían que érais el problemático o problemática, el vago, el quejica, el movido... no os gustaba un pelo. Y a nuestros hijos tampoco les gusta. Es más, estas etiquetas negativas no ayudan para nada a su autoestima.

Tenemos demasiado arraigado este tipo de comportamiento, tanto que no nos damos cuenta y cuando hablamos de ellos los calificamos de la primera manera que se nos pasa por la cabeza. Pero no, no es bueno.

Igual que las etiquetas negativas son malas. Las etiquetas positivas, sobre todo llevadas al exceso, no son nada buenas. Hacen creer al niño que es superior a los demás. Porque es el más fuerte, la más lista, el más rápido, la más guapa,...hace que en un futuro ese niño se crea mejor que los demás, llegando a ser un tirano.


  • Etiquetas negativas son aquellas donde censuramos o desaprobamos la conducta de nuestro hijo (el vago, la tonta, el gordo,...) Hacen que la autoestima de nuestros hijos, en un futuro sea baja.
  • Etiquetas positivas son las que aprueban, como he dicho antes, llevadas al exceso una cualidad o habilidad del niño. Esto tiene doble posibilidad, puede que el niño termine creyéndose el mejor del mundo, con lo que terminará siendo un tirano, pensando que todo el mundo debe estar a sus pies. O crear una ansiedad en el niño, por no poder llegar a las expectativas de la gente. Su autoestima se sostiene en función de los juicios que recibe del exterior y por ello, siempre está supeditado a lo que piensen los demás. 
  • Etiquetas con doble sentido. Estas etiquetas son con connotaciones negativas, pero que los padres o el entorno del niño lo dice con orgullo o incluso con burla. Algo como, granujilla, trasto,... El problema de estas etiquetas es que los niños reciben un mensaje contradictorio. Les estamos diciendo que son malos, pero nos reímos o lo decimos bien alto, lo que hace que ellos se confundan y terminen haciendo cosas peores para poder llamar la atención.
El problema de usar estas etiquetas es que estamos poniendo en peligro el desarrollo de la personalidad de nuestro hijo. Pueden llegar a adoptar un estilo de vida con sentimiento de inferioridad o superioridad, tal que nunca estarán de acuerdo con lo que tengan o como vivan.  

Y pongo el ejemplo de este tipo de etiquetas, pero a las niñas, supeditadas siempre por su aspecto físico, no es la primera vez que se le etiquetan de manera despectiva o incorrecta, solo por el hecho de ser niña. Mi hija lo ha vivido y directamente he pedido que no se le etiquete de esa manera. La gente, no piensa en el daño que pueden hacer y mi hija se frustra cuando la llamas de cierta manera, porque no se encuentra a gusto. 
 
Si un niño se comporta mal, no significa que el niño sea malo. Seguramente lo que le pasa a ese niño es que necesita atención para saber el por qué de su comportamiento. A lo mejor no ha  tenido un buen día y en el momento en que tiene a sus padres cerca, sus figuras de apoyo, explota y empieza a comportarse mal, simplemente para llamar la atención.
 
LAS ETIQUETAS NO AYUDAN A SOLUCIONAR LOS PROBLEMAS QUE PUEDAN HABER
 
Las etiquetas, en muchas ocasiones pueden estar equivocadas e incluso ser crueles. No tenemos en cuenta su importancia, damos por hecho que un niño que suspende en el cole es porque es un vago, pero a lo mejor, tiene problemas de motivación, se aburre porque es muy inteligente, o no está bien en el colegio por razones externas.
Nosotros con la peque nos ha pasado. Cuando llego a casa, después de estar todos el día separadas, ella empieza a comportarse mal. Empieza a tirar sus juguetes por la casa. Se sube en la cama a saltar. Y mil cosas más. En ese momento, intento que se calme y le pregunto qué tal su día, si ha estado bien en el cole, si ha habido algo que le ha hecho sentir mal, o al contrario, si se ha sentido bien con sus amigos, profe, la clase, las actividades,... En el momento en que se calma y me cuenta qué tal su día, ahí es donde puedo ver que lo que quiere es estar con mami, porque me ha echado de menos y por eso reclama tanto mi atención al llegar a casa. Y con esto, no digo que todo sea un camino de rosas y simplemente me siente a jugar con ella. Cuando puedo lo hago sin pensar, pero hay días que llego muy tarde y toca casi la hora de la cena, hay otros que el cansancio y el estrés del trabajo llegan a casa y no tengo nada de ganas de estar tirada en el suelo jugando y por eso, muchas veces, tendemos a decirles a los niños que son malos porque se están comportando mal.
 
Por ello, debemos no etiquetarlos. Pensad en vosotros mismos cuando érais pequeños. A mi no me gustaban las etiquetas, porque me creaban ansiedad. Si me decían que era buena estudiante y me llamaban cerebrito, siempre tenía mi listón demasiado alto y necesitaba que mis padres aprobaran todas mis notas de manera excepcional, lo que a veces no pasaba y entonces llegaba el momento de decirme que era vaga o simplemente distraída.
 
Creo que no tenemos que usar estos términos tan a la ligera, pues los verdaderos afectados, al final, serán nuestros hijos. Yo he sido la primera en poner alguna etiqueta a la mía y sí, lo hacemos sin darnos cuenta, pero sabiendo lo que puede acarrear para el futuro, tengo claro que no lo  quiero hacer.

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