domingo, 5 de febrero de 2017

NUESTRA ÚLTIMA CRISIS: EL CHUPETE

Para hablaros de este tema os pondré en antecedentes.

Cuando la peque nació, tenía claro que no quería darle el chupete hasta que la lactancia materna estuviera establecida. Había leído varios artículos y todos y cada uno de ellos así lo recomendaba. Por si acaso, mi marido me dijo que llevara uno de los que nos habían regalado en alguna cesta para embarazadas, así que lo hice, sin intención de utilizarlo.

Nació la peque (por si queréis leer como fue mi aventura os dejo los tres post sobre ello: Primero. Segundo. Tercero) En cuanto nació esta personita diminuta intenté que la lactancia fuera lo mejor y aunque los consejos de las enfermeras, supongo que eran con buena intención, ninguno de ellos me ayudó. Incluso una de ellas me cogió el pezón y me lo pinzó con sus dedos para decirme que tenía muy poco pezón y que al final necesitaría un elemento para sacarlo hacia fuera (ya os hablaré un día sobre esas cosas inútiles que compramos las mamis primerizas). Como veía que no terminaba de engancharse, no quería darle el chupete. Quería que se acostumbrara a mi, a mi olor y a mis pezones lo más posible.
Llegó la tercera noche en el hospital. La peque había bajado de peso y decidieron que durante la noche, vendrían a buscarla cada tres horas, después de lactar, para pesarla, porque seguramente nos tocaría darle suplemento. Algo que yo no quería, pero que si era necesario, se debía hacer.


Esa noche, mi medio limón, cansado por dormir varias noches hecho un ocho en un sofá mediano, le pidió a mi madre si podría quedarse a hacerme compañía. Ella encantada se quedó conmigo y la niña. Como digo, nos fuimos a dormir después de darle el pecho. A los treinta minutos se puso a llorar, pero no me dejaban darle de mamar, hasta pasadas las tres horas de rigor (sí, fui a acabar en un hospital de cromañón donde eso de la lactancia a demanda no lo entendían) yo quería darle el pecho, pero mi madre me decía que siguiera las indicaciones. Cansadas de pasearnos con la peque, sin que se pudiera dormir (obvio, pobreta meva, que tenía hambre) decidimos llamar a la enfermera. Después de otros treinta minutos de espera, decidió aparecer, con muy malas pulgas para decirme que le diera el chupete.
Le dije que no, que eso interfería en la lactancia y que no iba a darle el chupete. La mujer ni corta ni perezosa me dijo si llevaba alguno, mi madre sabía que sí, así que lo sacó y me dijo: no le hará daño y a lo mejor así descansamos todas. Tuve que ceder y lo hice. La enfermera cogió a mi niña, le puso el chupete y esta se resistió, no lo quería. Pero ella se lo apretó para que no lo soltara. Cuando se creía que la peque estaba dormida me la pasó a mis brazos y en cuanto mi bebé oyó como se cerraba la puerta, abrió sus ojitos y escupió dicho chupete. Yo me reí y pensé... sí es hija mía, cabezota como una mula.

Pasamos la noche como pudimos, porque ya os digo que no me dejaban darle la teta  y se la llevaban cada tres horas, para al final decirme que había perdido peso y que tendría que darle suplemento, que fuera a la farmacia en tres días y que si seguía perdiendo que le diera leche de fórmula y le retirara el pecho... En fin...

Llegamos a casa y se cogió a la teta como si no hubiese un mañana. Le dimos un biberón de suplemento el mismo día que llegamos pensando que se había quedado con hambre, desde que volví a ser yo, a estar sola con mi marido y mi bebé, volví a creer en mi instinto y me dejé la teta fuera todo el tiempo que ella quería. Así que nos olvidamos del chupete. Pero llegó el día de ir a trabajar y el chupete volvió a hacer acto de presencia. Mi madre tenía que quedarse con ella durante un rato. Empezamos con la alimentación complementaria a los cinco meses y medio, cuando volví a trabajar, porque la peque era oler un biberón y ponerse a llorar desconsolada. No lo quería y yo pensaba... ¿qué voy a hacer con todo el banco de leche que he preparado? En fin, lo que hice fueron papillas, porque no nos quedó otra que darle comida. Ella estaba feliz, se pasaba la mañana con mamá, el mediodía con la abuela, la tarde con el papa y la noche con la mama. Pero cuando llegaba esa hora de la siesta después de comer, la primera del día sin mami lloraba y mi madre decidió probar a darle el chupete. ¿Qué pasó? que no lo conseguía, ella a la mínima que podía lo escupía. Es verdad que después de mucho esfuerzo, hubo un par de veces que consiguió que se durmiera con él. Pero nada más lejos de la realidad. 
Fue creciendo y con ella llegaron los primeros dientes, cuando le dábamos el chupete, lo que hacía era morderlo, estirarlo, tirar de él y es que lo utilizaba de mordedor, como si fuera uno de tantos que tenía en casa. Así que nada, quedó en el olvido.

Ahora con dos años y medio, está empezando con los juegos de imitación. Le gusta hacer que cocina como la mami y siempre le hace pizza o pasta al papa, y verduritas y fruta a la mama. Como se nota que se queda con la copla de todo. Un día empezó a jugar con el chupete que traía una muñeca que los Reyes Magos le trajeron, quiso llevárselo a casa y se lo ponía para hacer que chupaba. Le dije si le gustaba el chupete y me dijo que era de su bebé. Pensé que estaba jugando y le enseñé su antiguo chupete (el que no rechazaba, de caucho natural. El de toda la vida) pero hice mal. Si señores y señoras, lo reconozco, YO, su madre, hice mal (porque soy humana, me equivoco y lo reconozco). Decidí dejárselo pensando que jugaría con él y no, no hizo tal cosa. Decidió que le gustaba el chupete y aunque lo tenía más en la mano que otra cosa, no había manera de quitárselo. Casi no quiso cenar porque estaba con el chupete. Me decía que era un bebé y lo quería. Pensé... a lo mejor deja la teta y me deja dormir del tirón toda la noche (lo sé, craso error, pero el cansancio es lo que tiene). A ver... para dormir dejó el chupete, pero para irse a la cama, tenía que estar con él. Aunque no quiso la teta de noche se despertó pidiendo el Pete, porque no lo encontraba.
Al día siguiente su padre no quería que se lo llevara a la guardería, pero ella insistió y pataleó y su padre se lo dejó llevar. Habló con la profe de la peque, para que la vigilaran.

Mis padres a la tarde no dudaron en decirme que la profesora les había dicho que el día mal, que no había querido casi comer, aunque comió todo. Que no quiso casi jugar ni participar en las actividades que hacían en la clase, cuando ella es de las primeras que se levanta para hacerlo todo sin problema. La que siempre está con una sonrisa y juega con todos los niños de la clase. Así que por la tarde mi madre encontró la solución, comprarle unos muñecos y un cuento para que se dejara el chupete olvidado y hacerlo desaparecer. Lloró. Lloró con ella, según me dijo, durante horas.

Cuando llegamos a casa me preguntó por el Pete, le dije que se había perdido. Le recordé que la ita (abuel-ita) me había contado que jugando con los nuevos juguetes lo había perdido y que no lo encontraban. Lloró. Intenté consolarla y terminamos jugando a cantar. A ella le encanta cantar y bailar, así que mientras preparé la cena le enseñé la canción: Veo-Veo de Teresa Rabal (cuando pensé en la canción que había escogido me sentí algo vieja, pero funcionó). Cenó de maravilla, jugó un ratito más y después se fue a dormir. Se despertó una vez de noche pidiendo el Pete, le recordé que ya no estaba y simplemente volvió a cogerse a su teti y cerró los ojitos. 

Ya está. Hasta aquí nuestra última "Crisis". Hacer desaparecer el chupete. Algo que nunca quiso y que adoró durante 24 horas.
Todo esto me hizo pensar... ¿por qué ahora? ¿Por qué tanto afán por el chupete? Al final hice averigüaciones, y por lo visto algunos niños de la clase siguen utilizando el chupete para poder dormir la siesta. No sé si al verlos con él quiso tener el suyo o qué, pero pienso que posiblemente pudiera ser esta la explicación. Eso y el que al hacerse mayor y no necesitar tanto a mami, esta también se despega y eso no le gusta. Pues cuando tenía el chupete en la boca siempre se acercaba y me decía: soy un bebé mami, cógeme. Cuando pocas veces hace esto.



¿Qué creéis vosotr@s?

4 comentarios:

  1. Aquí en caso pasó un poco igual. Según crecían más afines al chupete. Luego fue bastante fácil quitárselo pero recuerdo como dl mayor cuando son lo llevaba para dormir corría por los pasillos para cogerlo a escondidas jejeje.

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    1. La verdad es que me sorprendió este repentino amor por el chupete y a día de hoy, que ya han pasado varias semanas, lo pide de vez en cuando y lloriquea cuando ve que no se lo damos. Pero después se acuerda de algún juguete o de su amada teti y ya se le quita todo :)
      MUAS!

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  2. Madre mia, a que hospital fuiste..Cada 3 horas, pobreta. Yo creo que fue lo que tu dices, ver a otros niños que lo llevan, al menos ya pasó!! Besos

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    1. Clínica Sagrada Familia. La verdad es que si no hubiese sido por una comadrona con 0 empatía y que me llamó mentirosa a la primera de cambio mi parto y mi estancia fue estupenda. Puedes pasarte por los primeros posts del blog donde hablo de ella y de lo mal que lo pasé por su culpa. Hasta me llamó mentirosa.
      Las enfermeras?? Sí, sí, me decían que cada tres horas. Yo durante el día la ponía cuando pedía, pero es verdad que el segundo día se pasó casi todo el día durmiendo y casi no quiso la teti. Pero el tercer día lo intentábamos y no se enganchaba bien, vino una enfermera y me dijo que tenía poco pezón y que mejor comprar bla bla bla y así hasta que me fui. No fue hasta llegar a casa que pude dar bien el pecho.
      En cuanto a lo del chupete. Te lo juro, literalmente se lo metió en la boca y se lo dejó puesto con su mano delante para que la niña no lo escupiera y yo con cara de WTF. Ahora si me pilla sabiendo lo que sé ahora le quito a la niña de los brazos y le exijo que me den el alta. jajajaja.
      yo creo que sí, algunos niños siguen con el chupete y a lo mejor por eso le llamó la atención. Además está en época de cambios y ella lo nota.
      MUAS!

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