jueves, 28 de mayo de 2015

EMBARAZO. LA LLEGADA DEL BEBÉ Y LOS GASTOS QUE VIENEN CON ÉL

La llegada de un bebé es un momento lleno de alegría y felicidad. Pero eso no quita que nos ataquen los nervios, sobre todo a las primerizas, pensando en todo lo que nuestro bebé necesitará.

Vivimos en un momento en que pensamos que si no tenemos esto o lo otro, nuestro bebé sufrirá. Pero no nos paramos a pensar que a lo mejor, eso que te venden como lo mejor de lo mejor no es tan necesario y algo puedes ahorrar. 
Es como la creencia de querer todo nuevo para tu primer hijo y pensar que las cosas usadas no son para él o ella. 

Esto no es así. Lo primero es que si nuestras abuelas y madres nos han podido criar sin ciertos "aparatos". ¿De verdad creéis que son tan necesarios? Y no me quito culpa en cuanto a mi parte. Porque yo cuando supe que estaba embarazada empecé a mirar de todo lo habido y por haber para mi bebé y no quería cualquier cosa, nooooooo, tenía las hormonas derrochadoras al máximo y solo pensaba en gastarme el dinerito en comprar lo mejor de lo mejor.

Pero pronto me di cuenta de que si no paraba esa vena consumista (que por suerte no pasó a más, solo a mirar y desear), nuestra economía se vería realmente mal. Así que me tranquilicé y empecé a analizar lo que era realmente necesario, lo que podría ser más o menos necesario y lo que no lo era pero quería. 

Este último es el: Si tengo dinerito y quiero, me lo gasto. Si hacen un sorteo y me quiero apuntar, me apunto. Si me toca...¡Bienvenido sea a su nuevo hogar!.

Lo primero que hice fue: Una lista.
En ella puse lo más básico que necesitábamos. Apunté todo lo que se me pasó por la cabeza. Hacía el recorrido por la casa y pensaba: En su habitación qué necesitará: cambiador, armario para la ropa. Cuna. ¿Y en el baño? Bañerita. esponja. Toallas. Algún juguete. Y así con todo.

Lo segundo fue decirle a mi familia todo aquello que íbamos a necesitar.
Mis padres quisieron comprarle la habitación a su nieta. Yo, en un principio, pensé en algo muy sencillo. Cuna, cómoda (quer serviría de cambiador) y como mucho un armario, ya que la habitación donde iba a estar la peque ya tenía un armario.
Al final me convencí a mi misma, y gracias a un pequeño empujoncito, de que era mejor una habitación entera. En que la cuna se convirtiera luego en cama, ya que si no, cuando ella fuera más mayor y tuviéramos que comprar la habitación gastaríamos más y así era una manera de ahorrar.
Es verdad, se ahorra. Pero creo que con la cuna hubiéramos apañado algo. Ya que la peque, todavía duerme en nuestra habitación y la mini cuna se le ha quedado pequeña y nuestra cama cada vez más.
Mis suegros prefirieron darnos el dinero para que lo gastarmos en algo que realmente necesitáramos. Algunas cosas las hemos comprado con su dinero. Como por ejemlo, la minucuna, para los seis primeros meses. El resto, lo hemos guardado en su cuenta corriente. Y ahí está preparado por si surge algún gasto imprevisto.
Mi cuñada, aparte de los regalos que le ha hecho a la peque. Cuando estaba embarazada nos dejó todo aquello que aún conservaba de cuando su hijo era pequeño. Y fue perfecto, porque una de las cosas que nos prestó fue, el carro de paseo. Un bugaboo Camaleon casi nuevo. También nos prestó una silla para el coche y otra nos la regalaron casi nueva. Nos dio cacharros varios para la cocina. Nos sigue dando mucho de los juguetes que están casi nuevos, porque mi sobrino ni los ha tocado. En fin, un sin fin de cosas. Ah!! Se me olvidaba. Cuando dijo en su trabajo que iba a ser tía de una niña. Algunas compis de curro le dieron la ropita de sus bebés. Aixx, que cosas tan monas nos regalaron. Y que nos han ido de perlas.
Mis primas también nos dieron cosas. Por ejemplo: un carro de paseo que utilizan mis padres. Dos tronas. Un sin fin de ropa. Cosas para ese momento y ropa, casi sin estrenar, para cuando sea más mayorcita.
Todo esto te ayuda a ahorrar y sabes que además tu bebé no puede tener algo mejor, ya que confías plenamente y teneis gustos similares.

Otra cosa es: Comprar poco a poco
Si sabes que hay alguna cosa que vas a necesitar y pasas por una tienda de bebés, puedes entrar y comprarla. Es mejor hacer eso, que no dejarlo todo para el final.
Yo, personalmente, me fui a la tienda de bebés y miré todo lo que tenían, que tuviera en la lista, y necesitaría. Otro día, fui con mi madre y compramos todo aquello que era totalmente necesario. Eso sí, le pedimos a mi marido y a mi padre que vinieran con el coche, porque si no, solas no podríamos con algunas de las cosas.

Compra solo lo esencial.
Esto me lo repetía una y mil veces. No hace falta que te cargues con un montón de cosas innecesarias, igual que tampoco de ropa.
Yo compré un pack de 4 bodys de manga corta y un pack de tres bodys de tirantes. Mi peque nació el último día de junio y ya hacía mucho carlor.
La abuela, mi madre, le compró ropa para los primeros días. La primera puesta, la bolsa para el hospital. Eso también hizo que yo parara los pies en comprar. 
Sinceramente, es mejor comprar solo lo esencial. Los primeros días casi ni se sale de casa y no vas a cambiar mil veces al bebé. Con unas pocas piezas de ropa que además puedas combinar, ya tienes suficiente.

También creo que una parte importante es: Pensar con lógica.
Puede que la ropa de marca o las bambas último modelo te gusten mucho. Pero realmente es necesario todo eso???
Yo creo que no. Es verdad que siempre te hace ilusión tener algo. Pero algo puede ser una pieza de ropa. No 10.
Nosotros no le compramos nada de marca. Su abuela sí. La ropa que nos dieron también era de marca. Teníamos un par de prendas, que este invierno han sido lo más de lo más. Y sinceramente, se lo poníamos porque le quedaba genial, pero ¿y lo que no es de marca?
Pues también se lo hemos puesto y mucho más. 
Es mejor pensar en qué es lo más cómodo para el bebé y para ti, que no en la marca en sí. Ya tendrá tiempo de lucir marcas cuando venga a pedirte dinero para comprarse un vestido o unos pantalones.

Yo casi toda la ropa se la sigo comprando, online, en Kiabi. La ropa está muy bien de precio y la calidad está muy bien. La mayoría, por no decir todos, los bodys que le he ido comprando, son de esta marca. 100% algodón. Con un tacto suave y perfecto. Además de ser cómodos, pues compraba con corchetes, que se abrían por delante. Así no había que meter nada por su cabecita.

Tienes que pensar que no lo va a usar mucho tiempo. A lo mejor le pones una ranita, tres o cuatro veces. Una se la pones para estrenarla. Otra para terminar de mancharla. Otra cuando está limpia. Te regalan ropa. Y la dejas en el armario. La encuentras y se la vuelves a poner. Esta vez le queda justa. Se la quieres poner otra vez y ya no le vale.

Siguiendo con este tema anterior. Un consejo que doy y que me fue estupendamente: Compra tallas algo más grandes.
Cuando el bebé va a nacer, te dan el peso aproximado, pero a veces se pueden quedar cortos o se pasan de largo. En la última ecografía que me hicieron, me dijeron que el bebé pesaba unos 4 kilos y que crecía rapidamente. A los dos días de eso me puse de parto. Y cuando nació y la pesaron era un bebé de tres kilos con casi setecientos gramos. 
Yo, por si acaso, la ropa se la compré, casi toda, de un mes. Las ranitas y algunos de sus pijamas le quedaban algo grandes. Pero también pensé que era mejor así. Porque ayuda a que se lo puedas poner más rapidamente y no molestarlo tanto.
A lo mejor, algunas de las prendas de recién nacido no le hubiesen valido. Sin ir más lejos, algunas de las prendas que nos regalaron, cuando fuimos a ponérselas era imposible. Le quedaba tan justa la ropa que le molestaba y no paraba de quejarse. Así que al final la ropa, algo más grande va mejor. Primero porque te aseguras de que le valga y segundo, se lo podrás poner más veces y amortizas esa compra.

Debes gastar el dinero en cosas más lógicas y que sepas que realmente puedes necesitar. 
Por ejemplo: protectores para el colchón. Menos mal que esta lección la aprendí rápido. Porque la peque siempre se meaba en el peor sitio, cuando le estabas cambiando en algún sitio, en plan rápido.
Los baberos también es una compra que es mejor hacer a pares. A mi me han ido genial. Porque cuando empiezan a babear, es lo peor. Imagínate que tu bebé se le cae la baba y con ella reburgita algo de leche. Cambias el babero y la ropa sigue limpia.
Y cuando ya empiezas a darle de comer. Es una inversión estupenda.

Espera a los regalos.
Esto es una cosa que me dijeron. No compres todo. Espera a los regalos. 
Al principio pensaba. Es una tontería. Y si me regalan algo que no quiero, y si me dan algo que no me gusta.
Pero la gente es lista. Y si son amigos y familiares que te conozcan y sientan confianza más. Porque te llamarán y te harán una preguna lógica: ¿Qué quieres? ¿Qué necesitas? ¿Has comprado esto o lo otro?

Eso te salva de comprar muchas cosas. Por ejemplo: Un familiar, cuando supo que estaba embarazada, me regaló un cambiador, de los que metes en la bolsa, con una cartera para llevar los papeles del bebé, a juego. 
Ni se me había pasado por la cabeza comprar algo así. 
La hija de esta me llamó y me dijo: Tienes trona portátil. Le contesté que no. Pues cuando vino a ver al bebé al hospital, vino con la mejor trona portátil que hay. 
Sí, estoy enamorada de esa trona, porque te da mucho servicio. Porque parece un bolso. Porque no pesa y encima puedes llevar, en un compartimento secreto, la comida y postre de tu bebé.
Otra cosa. El bolso para llevar sus cosas. Tengo un montón. Todos regalos y a cual más bonito. Al principio utilizas uno, luego vas cambiando. Puedes hasta combinar. Algo que me encanta. 
Toallas para la peque. Personalizadas. Ropa. Bañera. Sábanas. Juguetes. Hamacas.

Todo lo que quieras. Todo lo que realmente necesites. Si te preguntan: No te cortes!!!! Te ahorraras mucho dinero y será lo mejor para ti. Porque encima te lo traerán los primeros días y podrás tenerlo todo en casa, preparado para el momento de mayor utilidad.

El carro del bebé o un fular o mochila ergonómica.
Tienes que pensar en qué es más cómodo para tu día a día. 
Yo en un principio quería el carro. Además estaba enamorada del Xplory de Stokke. Por suerte para mi, esa marca es tan cara, que por mucho que la mire y la admire, no podré comprarla.
Al final nos prestaron otro carro, de una marca también muy buena. Bugaboo. El camaleon. Uno de los más grandes. ¿Bonito? Por supuesto. ¿Práctico? Para mi no.

Cuando me quedaba poco para tener a la peque. Me di cuenta que para el día a día y con lo que tenemos, era mejor portear a la peque. Amiga que no sabe qué comprar. Quiero una mochila ergonómica. Mochila en casa cuando Carlota ya había nacido.

El carro. El carro nos fue estupendamente. Porque tenía donde ponerla cuando estábamos en el comedor y no quería sacar la minicuna. El capazo del carro me sirvió para que la peque pudiera estar durmiendo y siempre preparada, por si tenía que salir.
Pero llega el momento de meter el carro en el coche. Pues no nos va tan bien. Un carro de este tipo, es un armatoste. Y para que te quepa, necesitas un coche con un buen maletero.

Imaginaos la situación. Carro grande, bugaboo Camaleon. Junto con un mini coche: Citroen C2. Tres puertas. Cuatro asientos, maletero ínfimo. Y al final, gracias a que el padre y la madre les encanta el tetris, consiguen meter dentro a tres personas y un carro en dos partes. Al final, papi y yo nos dimos cuenta que para este coche o tenemos un carro más pequeño, o porteamos.

Portear es genial. Llevas a tu bebé encima. Se queda dormidito enseguida. Hay diferentes tipos de porteadores ergonómicos. Ya os hablé de los que tenemos nosotros en esta entrada: aquí.

Llega un momento en que el bebé pesa. A ver, a mi no me molesta, pero yo no porteo a la peque tanto como el padre y este sí desea que tengamos un carro que nos vaya bien. También pensando en el verano, el calor, el sudor. Así que nos hemos decidido. Y ya hemos pedido el carro. Eso sí, como tampoco es barato. Ya he ido diciendo a todas las personas que vienen a la super fiesta de cumple que le estamos preparando (que ya os contaré en otra entrada), que si prefieren darme el dinero de lo que pensaban gastarse y así aportar a comprar el carro, será bienvenido, si no, siempre tengo plan B y he mirado algunas cosillas, para que puedan comprar lo que les plazca. (Tampoco vas a decirle a la gente que sí o sí tienen que hacer eso. Ya que el regalo es libre).

Cosas denominadas "para bebés". 
Es como cuando te casas. Cuando vas en busca del sitio donde celebrar la fiesta de tu unión, a la persona encargada se le pone el signo del euro en los ojos, pensando en todo lo que te va a sacar. 
Así que para las cosas de bebé es otro tanto de lo mismo. Lo mejor, hay cosas que no son denominadas para bebés, pero que pueden hacer el mismo uso y son igual o más bonitas, a la par que más baratas. 

Así que hay que vigilar y sobre todo investigar. Si puedes ahorrarte algún eurillo, mejor que mejor.

Las cosas realmente necesarias cómpralas de la marca que más confianza te dé.
Yo tengo una amiga que trabaja en una tienda para bebés. Desde siempre, es una tienda que todo lo que tiene me encanta. 
Y por suerte, tengo la confianza suficiente como para decirle a mi amiga. Quiero esto o tal otro y ella siempre me ayuda. Me ayuda en forma de que me dice: Esto mejor aquí o con nosotros. 
La mayoría de cosas, es comprado en su tienda. Pero porque ella es un amor y nos asesora estupendamente con todas las necesidades del bebé y sí, seguro que alguna comisión puede llevarse, pero mejor se la doy a ella y no a otra persona que no conozca y que realmente no me dé la confianza que ella sí. Las cosas de ella, siempre nos han salido bien y sabemos que es una buena inversión. Primero porque estamos tranquilos y segundo porque se pueden guardar, por si algún día la enana se convierte en hermana mayor.

Lo último que aconsejaría a una mami primeriza es: Analiza todas tus prioridades objetivamente. Y no te muevas por el consumismo.
Por mucho que quieras algo, porque te queda bien en su habitación, porque es lo último que ha salido y es lo más novedoso. Siempre, siempre, siempre, pregúntate: ¿Realmente lo necesito? ¿Tiene que ser este mismo y no otra marca más económica? ¿Nadie que conozca lo tiene y me lo puede prestar?

Así que lo dicho. La llegada del bebé es un momento feliz y que te puede crear un agujero enorme en el bolsillo, si tus hormonas, igual que las mías , se vuelven locas en el tema consumismo. No compres por impulso. Piensa bien todo lo que tu bebé necesita.

Si aplicas estos pequeños consejos, seguro que podrás ahorrarte mucho dinero.

martes, 26 de mayo de 2015

FRASES QUE NUNCA DEBES DECIRLE A UNA MAMÁ PRIMERIZA (2ªPARTE)

Hoy voy a seguir con las frases que nunca se le debe decir a una mamá primeriza. La verdad es que me enfada que vengan otras personas a decirnos cómo debemos criar a nuestros hijos. Me cabrea que me intenten hacer sentir la peor madre del mundo. Si no te pido consejo, no me lo des. Esa siempre ha sido mi filosofía. Me entristece que aún se sigan creyendo en cosas que están más que demostradas de que no son beneficiosas ni para el bebé ni para la madre, pero se dicen porque "siempre ha sido así".

6. Una de estas frases que me repatea cuando la niña se pone a llorar, porque alguien sin más la quiere coger: La has malacostumbrado a tí y a tus brazos y por eso no quiere ir con nadie. 
A ver, yo no he "malacostumbrado" a nadie. Mi hija y yo tenemos un vínculo especial que nadie más podrá tener nunca con ella. Ella necesita estar con su madre y yo necesito estar con mi hija. 
Sí, la niña llora si quieres cogerla, pero eso, como un día dijo la pediatra, no es malo. Es un claro signo de defensa y me siento orgullosa. Me siento así porque sé que si alguien que no le gusta se le acerca, por ahora, será una niña que llame la atención hacia sus padres para que no le dejen que le haga nada.
Ha estado dentro de mi, durante 9 meses. Luego hemos estado juntas, 24 horas al día, durante 5 meses más. La he cogido cuando he sentido que me necesitaba, la he arrullado, dado amor y comprensión. Eso no es "malacostumbrar" a nadie. Eso se le llama sentido común. 
Mi hija se hará más sociable con el exterior cuando ella se sienta preparada. Y no me gusta nada que intenten que se sociabilice. Ella es una personita llena de sentimientos que no recuerda ni a la mitad de la gente. Si lleva tiempo sin verte, es normal que te llore si te acercas como un tsunami. 
Por suerte, hay personas que lo entienden y cuando la ven y se acercan, lo hacen de forma civilizada. Sin tocarla, solo hablándole. Cuando ella nota que esa persona es de confianza sonríe y es el momento de cogerla, hacerle carantoñas. No corráis tanto, leñe.

7. Una frase que no solo me dijo la pediatra en su día, sino también gente de mi alrededor: La niña ya tiene casi 5 meses y ya es hora de que empiece a comer papillas.
Según lo que recomienda la OMS, un bebé hasta los seis meses solo tiene que tomar leche materna. A partir de los seis meses se debe ir introduciendo los alimentos. Sin dejar de dar el pecho. 
Parece ser que ahora la gente dice: Dar el pecho "es una moda". ¿Cómo se alimentaron los seres humanos hasta que apareció el biberón y la leche en polvo? 
Con la leche de su madre. Siendo bebés de pecho, hasta que ellos mismos se soltaron. Debemos pensar que antes el pecho era la única fuente de alimentación que los padres podían darle al bebé y por eso se pasaba más tiempo con el pecho. Esos niños crecieron fuerte y sanos. ¿Por qué ahora es malo dar el pecho más de 4 meses? Porque la lactancia materna no reporta dinero, supongo.
Mi hija empezó con la papilla de frutas a los cinco meses. No quería ni ver el biberón y su padre y yo decidimos que cuando me fuera a trabajar necesitaría algo. Solo le dimos fruta durante mis horas de trabajo. Por la mañana estaba en casa y tomaba el pecho. Por la tarde la papilla y después se esperaba pacientemente a que llegara su teti y seguir mamando. Fue nuestra solución, pero no por ello es mejor o peor que otra. 
Mi bebé a día de hoy, con casi 11 meses, sigue con el pecho, por la mañana y por la noche. El fin de semana tiene barra libre. Le encanta cogerlo para dormir. Le encanta cuando está algo nerviosa, eso le calma. El fin de semana es para las chicas, ya que ella y yo no nos separamos nunca. Ya tendremos tiempo de estar separadas cuando sea más mayor. Por ahora su pecho es su alimentación, junto con la verdura, la fruta,...

8. Esta frase me la dijeron una vez. Solo una, pero me dolió en el alma, por venir de quien vino: Seguro que tiene hambre, al fin y al cabo la leche es practicamente agua.
Me dolió porque me lo dijo alguien cercano. Alguien que tiene un hijo pequeño. Alguien que en su día le dio el pecho a su hijo hasta los 6 meses y luego empezó con los biberones y no por ello fue juzgada por mi parte.
Me sentí juzgada y me sentí mala madre durante medio minuto. Medio minuto eterno que me pregunté porqué lloraba tanto mi bebé. En ningún momento pensé que era por hambre. Eso lo tenía claro y lo tenía claro porque no me creo que la leche, fuente de alimentación que da nuestro cuerpo especialmente para nuestros bebés, cuando lleguen a cierta edad se convierta en agua.
Fue el hecho, la frase, el quién lo dijo y las circunstancias. No quise entrar en una guerra. Miré a mi marido y seguí dándole el pecho. Días más tarde vimos que le había roto la encía de uno de los dientes de arriba. ¿Sería por eso? Pues seguramente, pero ya directamente se achacó a que la leche era agua y no alimentaba.
Si yo no hubiera estado informada, si no tuviera una tribu de apoyo y un marido que cree, como yo, que lo estamos haciendo genial. Entonces hubiera dejado de darle el pecho, hubiera empezado a ofrecerle leche de fórmula y alimentación complementaria. Cuando yo misma tengo ahí, ya no solo su fuente de alimentación, si no también su calmante y mil cosas más.

9. Esto me lo dijeron en la farmacia de toda la vida: No le des de comer cuando te pida, si no cada tres horas. Que si no te sentirás como una vaca lechera y entrarás en una depresión, porque es muy esclava.
A ver, ¿qué contestas a eso? yo hice oídos sordos. Le doy el pecho como yo crea que es mejor. Mi bebé tenía la necesidad de estar en la teta cada hora y media. Yo creo que si llorara porque quiere teta y no se la doy, de tanto oírle ese llanto desconsolado es lo que me haría entrar en una depresión.
Un bebé recién nacido necesita paz, tranquilidad y comer. Si pide el pecho cada hora y media, no le voy a decir que no. Si quiere estar en brazos de mamá todo el día, no le voy a decir que no. Tuvimos una época que era solo así. En brazos de mami y con el pecho en la boca todo el día. Fueron unas semanas. Claro que se me hizo duro, pero no por ello pasé de cogerle y dejarla en la cuna. Si yo no te juzgo, porqué tu sí.
Le di el pecho a mi hija durante casi 6 meses a demanda. Y nuestra lactancia fue y es perfecta. Ahora es a demanda cuando estamos juntas. Ella pide, yo le doy. 

¿Es esclavo? No lo creo. Yo veo peor tener que salir fuera y llevar todo. Que si biberones, que si la leche en polvo. Depende donde vayas, llevar un termo con agua caliente. Prepararlo todo. 
La teta es más comoda. Solo tienes que pensar en qué ponerte, para sacarte mejor el pecho. Recuerdo cuando salíamos a pasar el día fuera con la peque, me pasaba media hora decidiendo qué camiseta enseñaba menos, pero tenía mejor escote para sacarme el pecho. A partir de ahí, ya tenía todo controlado e infinitamente mejor.

10.Esta frase me la dijo una señora cuando empecé a portear: La vas a ahogar al estar ahí. Debería ir en un carro.
Ya lo dije en la anterior entrada, el carro es el invento. El porteo es lo que siempre se ha hecho. ¿Cómo llevaban a nuestros padres? ¿En carro? ¿Y a nuestros abuelos? 
El carro es algo que se inventó para "beneficio" de los padres. Ya que portear, "hace daño a la espalda".
No sé cuantas veces me habrán dicho que seguro que la niña va fenomenal, pero que yo acabaré con la espalda molida.
Con un buen portabebés ergonómico, no tiene porqué. ¿Te cansas? Claro. Si subes una cuesta te cansas, si subes y bajas escaleras, te cansas. La verdad, yo creo que estamos llenos de prejuicios y a las madres nos encanta criticar. Es que esta hace, esa no hace.
Creo que seríamos más felices si cada una criase a su hijo a su manera y las demás no juzgasen.

Yo porteo, colecho y doy el pecho. ¿Soy mejor madre que una que lleva carro, el bebé duerme en su habitación y da el biberón? 
Pues no lo soy. No creo que lo sea, porque cada madre es un mundo y cada bebé un universo. 

Si tu eres feliz, tu bebé es feliz y está sano. ¿Por qué hacer caso a gente externa? Sigue tu instinto, ese es tu mejor aliado. 
Dejemos de juzgar, dejemos de decir cosas hirientes, vivamos nuestra vida. Criemos a nuestros hijos y que ellos que decidan sobre sí mismos. Ellos son el futuro, no los mareemos con tonterías de mayores. 

domingo, 24 de mayo de 2015

MIENTRAS DUERMES

Título original: Mientras duermes
Año: 2011
Director: Jaume Balagueró
Guión: Alberto Marini
Música original: Lucas Vidal
Fotografía: Pablo Rosso
Reparto: Lluis Tosar, Marta Etura, Alberto San Juan, Petra Martínez, Carlos Lasarte, Pep Tosar, Manel Dueso, Amparo Fernández, Iris Almeida, Rubén Ametllé, Xavier Pujolràs, Roger Morilla, Oriol Genís, ...
Género: Horror, Suspense
Sinopsis: Aquí vemos un thriller psicológico, ambientado en una comunidad de vecinos en la que nada es lo que aparece.
César trabaja como portero en un edificio de pisos. Puede que no sea el mejor trabajo del mundo, pero a él le gusta y no lo cambiaría por ningún otro. Ya que su trabajo le permite conocer a todos los inquilinos, sus hábitos, sus movimientos, sus idas y venidas, sus horarios, sus secretos,... Si quisiera podría hacer mucho daño, controlar sus vidas, hurgas en ellas, buscar oscuros secretos, pero todo ello, sin levantar sospechas. 
César tiene un secreto, le divierte hacer daño. Le gusta mover las piezas del rompecabezas para crear dolor a su paso. 
Está obsesionado con una nueva vecina, que está en el 5ºB que, por el simple hecho de ser simpática y sonreír le tiene atormentado. Para él, ella será un reto personal, una obsesión, un juego que se le complicará y se volverá peligroso.

viernes, 22 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 3ª PARTE

La verdad es que saber que sirvo de inspiración para algunas personas, me ayudan no solo a escribir parte de mi historia, si no también a seguir luchando por mi objetivo.

Ayer lo dejé en el principio de la fase 3. Esta es la fase donde sigo actualmente, aunque creo y espero, que el día de mi cumpleaños, de aquí dos semanas, el médico me dé la gran noticia de que paso a la 4a y última fase.

Llevo casi dos meses con esta fase. El médico ya me advirtió. Esta fase es más lenta. Ya como más y mi organismo va más lento. Pero lo importante ahora es ir perdiendo.
Embarazada de Carlota. Con cara de pan de kilo. Muchos diréis, bueno estás embarazada.
Lo sé, lo estaba. Pero aquí yo estaba perdiendo kilos por mi cuenta. Y aún se me veía así.

Fui hace unas semanas a pesarme. Ya había pasado un mes. Me peso y he perdido menos de lo esperado. No pasa nada. Es lógico. ¿Me hundo? Pues no, aunque fastidia que el ritmo empiece a bajar. Igualmente he perdido dos y medio. Eso hace que esté en 67 kilos. Solo me quedan dos kilos y llegaré a la fase 4. Solo dos kilos. Dos kilos que creo, hoy día que he perdido. 

La báscula y yo, hasta hace más o menos un par de meses, no éramos nada amigas. No tengo báscula en casa. No tenía antes de adelgazar, porque sabía que estaba gorda. No. Gorda no. OBESA. De tal manera que cuando veía una báscula ni quería pisarla. Tenía miedo de pesar tanto de que gritara: ¡Gente. Aquí tenemos a una zampabollos!. Y que la gente me mirara y me juzgara. Odio que me juzguen. Aunque después de que naciera la enana, el que me juzguen de cualquier cosa me da igual. Porque nunca gustamos a nadie. Y gracias al tipo de crianza al que hemos optado, siempre nos están juzgando como padres. 

Así que lo dicho, no tengo báscula. No quiero tenerla. Por ahora no. Porque sé que si ahora tuviera una en casa, estaría pesándome, por la mañana, recién levantada (que es como se tiene que hacer) y por la noche cuando llegara a casa (que no se debe hacer). Me obsesionaría y mi estado de ánimo estaría ligado a perder o no perder kilos. 
Me conozco desde hace casi 34 años. Así que sé como soy. Desgraciadamente he sacado la vena psicótica de mi abuela materna. Y cuando hay algo que nos preocupa o que nos obsesiona, nos obsesiona al máximo y no podemos remediarlo. La gente, mucha, no lo entiende. Así que cuando el médico me preguntó si podía pesarme en casa le dije: No. En casa no puedo, porque no tengo, ni quiero, tener báscula. Iré a la farmacia. 
Eso mismo hice el lunes. Me pesé en la farmacia. ¿Cuánto he perdido? Según la báscula, igual que la del médico, algo que me gusta. Un kilo y medio.
Diferencias: En el médico me peso desnuda. Solo llevo una bata. En la farmacia, obviamente, iba vestida, con zapatos, joyas, ... Así que pienso que ese medio de más era todo esto. ¿No creéis?
El día que cumplía 33 años. Era el mismo día que cumplía 35 semanas. Aquí estaba a punto de caramelo. Carlota se hacía 
notar constantemente. No me quedaba nada.

En teoría debería ir al médico. Pero pensé y si me espero una semana más? A ver, no pasa nada y si llego a 64 y medio, pues mejor. Porqué así paso a la siguiente fase y no estoy yendo al médico para que me pese y me diga: No has perdido suficiente, son 50 euros y sigues en la misma. A ver, que la dieta es cara. Efectiva, pero cara.Así que no puedo desperdiciar ningún euro.

Me he propuesto, el domingo, llegar a casa de mis suegros, coger su báscula y pesarme. Tienen la típica báscula de suelo, que tiene casi todo hijo de vecino. No esa nueva digital. Noooo. La de toda la vida. ¿Sabéis cuál, verdad?
Pues me pesaré en esa. Porque esa siempre marca un kilo más de lo que voy perdiendo. Si me gusta lo que veo. El lunes, sin falta, llamo a la consulta y pido que esa semana me visite. Y que me cambien la fecha. 
Si, en cambio, peso 65 justos, me esperaré. Me pesaré el mismo lunes, en la farmacia, y veré si realmente, puedo ir al médico. Si es así, llamaré y rezaré para que me coja. Supongo que cuando diga, no voy por seguro, si no por libre, me buscarán un hueco ;P

¿Por qué quiero llegar a la 4a fase?
Es fácil. La última vez que fui al médico, hace 3 semanas, le dije: Echo de menos una cosa. El médico me echó la bronca, diciendo que no podía pensar en comida, mientras estaba con eso. Le dije que no era lo que él pensaba, que no era chocolate, o galletas o pasta con una salsa deliciosa. Noooo. Lo que echaba de menos es la fruta. 
Sí, como lo leéis. La fruta. Ha llegado el momento del año en que me gusta la fruta. Llega el melón dulce, lleno de agua y sabroso. La sandía, roja y viva. Con ese sabor que tanto me gusta. Las cerezas, las fresas, .... Todo esto es ahora, luego lo encuentras, pero no tiene el mismo sabor. Quiero comer fruta, pero la fase 3 no me lo permite.

No te preocupes. En la fase 4 merendarás fruta. Eso me dijo el médico y a eso me agarré. Tengo que llegar a la fase 4. Quiero llegar, porque por fin podré comer fruta. Según él, hasta podré comer una tostada de pan, con aceite y jamón. Aixxx, paaaaan, aceite, jamóóón!!!! 

Así que a por la fase 4. De cabeza. Es lo que quiero y es lo que mi cuerpo me pide ahora mismo. Así que espero que la semana que viene, pueda deciros. Fase 4. Ya he empezado!!!!
Celebrando mi cumpleaños en Sitges. Aquí están mi marido y mi padre. Por supuesto la enana, dentro, que estaba muy agustito.
Ese día recuerdo desayunar en el Mont Roig y comer en los Vikingos. Gran día. Gran compañía. De esta foto a hoy, solo nos separa un año.

Solo me quedan 5 kilos para cumplir mi objetivo (eso pensando en que esté en 65). Mi primer objetivo. Y recalco primero. Porque para mi, lo más duro, será cuando ya haya llegado a los 60 y tenga que mantenerme en ese peso.

Sé que para ese momento falta un poco, pero no tanto como creía. Ya me estoy mentalizando, tengo que conseguirlo. Debo hacerlo. Sé que tengo profesionales a mi lado que cuidarán de que así sea. Y por supuesto, tengo a mi "pepito grillo" y a la familia apoyándome. 

El otro día mi madre me decía que ya estaba bien. Que se me veía estupenda. Que no lo hiciera tan duro ni estricto. 
Mi tía, por teléfono, me dio la enhorabuena por todo lo que estaba consiguiendo. Cuando le dije que me quedaban 5 más. Me decía que no hacía falta, que estaba bien así. 

A las dos les dije que no era así. Que debía perderlos. Por una sola razón. Porqué sé que me tengo que mantener, pero siempre ganas un par de kilillos cuando dejas la dieta. Porque tu cuerpo, ya vuelve a las andadas. Cuento con esos dos kilos de más, por si acaso, cuento con ellos y sé que no pasará nada por tenerlos. Pero si el médico y la dieta dicen que debo estar a base de proteínas y a base de fibra, así estaré, porque para eso estoy haciendo todo este esfuerzo.
Que te sabe mal que salgamos a comer y me coma 5 chirlas. Pues otro día, recordemos decir que no le pongan el mejunge de ajo, perejil y aceite y en vez de eso le pongan limón. Entonces, podré comerme 20 si quiero. 

Ahora, después de toda la historia, os dejo dos fotos. El antes y el después. 

El antes. Ya la conocéis. La puse el otro día. Hace 2 años. De vacaciones.

Los que me seguís en Instagram la habréis visto. El después. Aquí tengo 67 kilos. Foto hecha hará unas 3 semanas.

Look nuevo. Tomando un agua en una terracita, el fin de semana pasado, 
mientras los demás se bebían unas cañas y unas tapas. No pasa nada.
No me he muerto porque ellos estuvieran comiendo. Porque yo estoy bien.


jueves, 21 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 2ª PARTE

Gracias a todos por vuestros mensajes. Quise seguir ayer con la historia, pero siendo sincera no fue un buen día y hoy no es que haya empezado bien, pero espero que sea tranquilo, como mínimo.

Sigo con mi historia:
Empiezo la fase 2. En teoría pienso que puede que sea más barata, y aunque lo es, no es tanto como me pienso, pues sigo comprando muchas cajas de pastillas.
Ahora, en esta nueva fase, sigo tomando una ristra de pastillas por la mañana y por la noche, como antes, eso no cambia. Sigo con el batido por la mañana, el almuerzo de un natilla a media mañana. Como una ensalada y un postre o galleta. Meriendo una galleta o un batido y ceno, normalmente, un tomate abierto con un poco de aceite y una pechuga de pollo, acompañada por un poco de mostaza Dijon.
En el cumpleaños de un amigo. Hace cuatro o cinco años. 

La primera noche, cuando el pollo toca mi boca, es como tocar el cielo. Aunque solo sea un insípida pechuga a la plancha. Pero sabe a gloria, pues no es la verdura. Un mes de verdura, un mes solo con eso. Es duro. Efectivo. Pero duro.

Así paso los 15 días que tocan de esta primera parte de la segunda fase. La energía es máxima. No tengo los mismos mareos que al principio. A lo mejor, algún día estoy algo más cansada, pero no me preocupa, porque después de desayunar y descansar un poco cambia la cosa.

¿Recordáis que os dije en la primera fase, que mi madre me había pedido los pantalones para arreglar? Empezando la segunda fase mis pantalones me iban estupendamente. A los 15 días, esos pantalones volvían a quedarme como un saco. Aquello iba viento en popa y no paraba. ¿Contenta? Nooooo, lo siguiente. Eufórica.

Podría comprarme algo de ropa. Pero no quería. Quería ir al médico y que me dijera cuánto había perdido en 15 días más. 
Llegué a la consulta. Recuerdo la cara de la enfermera y de la auxiliar que hace análisis. Las dos me miraron, se miraron, me sonrieron y me dijo la auxiliar lo guapa que estaba. Casi ni me reconoce, me dijo que lo había hecho, porque venía mi marido con la niña y se acordaba de ella, si no, nada de nada, hubiera pasado desapercibida. 
Bueno, te dicen estas cosas y te creces. ¿No creéis? Pero esperando, me entró miedo. ¿Y si no he perdido tanto como creo? Pasé a su despacho. Me estrechó la mano y contento se puso a teclear. Me dijo que estaba consiguiendo cosas en muy poco tiempo y que nunca había visto un cambio tan radical, en tan poco tiempo. Me preguntó cómo me sentía, pues tenía miedo de que todo esto hiciera que estuviera cansada, o fatigada. Le dije que me sentía bien. Que los mareos del principio habían desaparecido y que me sentía con más energía. Después pasé al baño, me desvestí, me quité las joyas y me puse la bata.

Me subí a mi nueva amiga. Esperaba que no me fallara. Y por suerte, no lo hizo. 4 kilos y medio más. En 15 días había conseguido casi la primera fase. Estaba contenta, pero tanto el médico como yo decidimos dejarme otros 15 días en la segunda fase, aunque perdiera algo más de lo que debía, porque no era bueno, tampoco, cambiar tan rápidamente.

Salí de la consulta y mi marido ya me esperaba con una sonrisa de oreja a oreja. Otros 4 kilos. ¿Qué te parece? Increíble, pero cierto. Pagué, pedí hora para la siguiente consulta, 15 días más tarde y listo.

Seguí con el plan. Y pasaron otros 15 días. Me toca ir al médico a hacer la revisión. Esta vez, le digo que tengo cambios laborables. Ahora ya no trabajo de 2 a 8 de la tarde. He cambiado de centro de trabajo y ahora hago otro horario. De 8.30 de la mañana a 6 de la tarde. El médico me felicita por la nueva noticia y me dice que puedo ir a su consulta por la tarde. Él ya sabe que he pasado todo el día trabajando y comiendo y que no es como hasta ahora, que lo único que tenía en el estómago era el batido.

Paso a cambiarme. Salgo del baño, miro la báscula, me subo a ella. Espero que siga perdiendo kilos por doquier. Cierro los ojos, intento no mirar, estoy nerviosa. 69 y medio!!! uaaaau, has perdido 5 kilos más. ¡Que bien! ¡¿5 kilos?! Uooooo, esto sigue estando genial. 15 días, 5 kilos más. Estoy llegando a la meta y solo han pasado dos meses. Es increíble.

El día de nuestro bodorrio. Nos casamos un año antes. Pero ese día fue cuando lo celebramos con toda la
familia. Uno de los días más felices de mi vida. Con un vestido muy especial. Creo que si me lo pusiera ahora
bailaría dentro de él.

Me quedan esos 9 kilos y medio y llegaré a mi peso ideal. Por supuesto el médico me dice: Fase nueva. 3ª fase. Solo queda una más y habré acabado lo que se dice que es más duro.

Ahora en esta nueva fase puedo comer y cenar. Eso sí, proteínas. Está claro. Sigo con el mismo plan de dieta. Desayuno, almuerzo y merienda, con los productos de la marca Ysonut. La comida y la cena, verdura con carne y verdura con pescado.

Voy a ser sincera. La verdura poco a poco desaparece. No es que no coma verdura.Si no que me tiro más por una ensalada, un pimiento rojo, un tomate abierto. No me apetece tanto como un contramuslo de pollo o un lenguado. 

Ahora cuando como me siento llena rápidamente. Entre que no tengo mucha hambre y mi estómago se ha hecho más pequeño, a veces, no puedo seguir comiendo lo que me han puesto. Y aunque no era de las que solían dejar comida, ahora sí que lo hago.

Empiezo la fase 3 y eso significa que debo ir mes a mes, no en 15 días. Mi médico ya me dice que ahora las cosas van a ir más lentas. Que debo tomármelo con calma. Y eso es lo que hago. Sigo la dieta. Debo hacerlo.

Tengo que decir que aquí lo explico de manera resumida. Pero tenéis que pensar, que aunque se notan y se ven los resultados, hay momentos de flaqueza, en los que dices.... bueno, por un día no pasa nada. Por un día no voy a engordar y tirar al traste lo que he hecho. 
Puede que esa única vez, si fuera única, no pasara nada. Pero se empieza con una vez y se sigue con otra y otra y otra. Y al final, si que tiras por tierra todo lo conseguido hasta entonces. 

Yo tengo un "Pepito Grillo" particular, que no me deja que me pase, que me da la charla en momentos de flaqueza y que está a mi lado en todo momento. Esa persona es: Mi marido. 
Él es el que siempre me dice. No debes pasarte. Debes conseguir tu objetivo. Ahora estás mejor. Ahora estás más guapa. Ahora estás más sana. Y por ella, por nuestra hija y por ti debes ser constante.
Después de estas palabras, debo hacerlo. ¿No lo creeis?

Es por mi, primero por mi salud y por sentirme guapa, que a nadie le amarga un dulce. Lo segundo, por mi pequeña, para que tenga una madre que pueda seguir su ritmo. Y de la que se sienta orgullosa. Y tercero, por todos los que han creído en mí, porque sin el apoyo de ellos, ya digo que esto no lo hubiera conseguido.

Los momentos más duros es cuando sales a comer por ahí con alguien. Mientras los demás miran la carta y no saben qué pedir, porque todo tiene una pinta maravillosa, yo me pido un bistec, sin patatas, con ensalada, por favor. O un pollo o pescado a la plancha. Ni más ni menos. Es lo que hay y aunque miro de reojo esos platos y pienso lo bueno de deben estar, sigo comiendo lo mío y pensando en el fondo de armario que voy a tener que preparar.

Tengo la suerte, de que mi madre, y creo que yo lo he heredado de ella, nunca tira nada. Y tiene en su casa, maletas con ropa que no nos ponemos, ni ella ni yo. Porque no nos vale, porque ha pasado de moda, o porque no nos apetece. 
Gracias a eso, no he tenido que comprarme nada de ropa durante el proceso. No quiero comprarme nada hasta que no acabe. No quiero, porque pienso que es tirar el dinero. después pierdo 5 o 6 kilos más y ya me queda grande y se me hacen bolsas muy feas. 

Me llevé una maleta entera de ropa. Pantalones blancos, vestidos, camisetas, pantalones pirata, pitillos, vaqueros, minifaldas,.... Entre la ropa que mi madre me prestó (es lo bueno de que mi madre y yo no nos llevemos muchos años. Ella es joven y yo mayor, así que podemos ponernos la misma ropa) y la ropa que tenía guardada de cuando estaba delgada, podría ir tirando.

Y así he hecho. Mañana os explico la fase 3. 
El día de año nuevo. 1 de enero de 2015. Con Carlota en los brazos, las dos preparadas para irnos a comer con la familia.
Ahora me veo y noto el gran cambio que he sufrido. Veo esta foto y también veo el cambio de Carlota. desde los 6 meses que tenía aquí 
a los 11 que va a hacer la semana que viene.

martes, 19 de mayo de 2015

MI TRANSFORMACIÓN. PERDER 30 KILOS Y SIGUIENDO. 1ª PARTE

¡BUENOS DÍAS!

Hoy vengo con una entrada especial. Llevo días queriendo contaros el porqué de mi cambio de look. 

Ya sabéis, todos los que me véis por las redes sociales, que he sufrido un adelgazamiento rápido y efectivo. Y algunas personas incluso me preguntan cómo lo he conseguido. 
Hoy quiero explicar parte del proceso. Ya que esta entrada sería muy larga y he decidido partirla para que sea más amena.
Embarazada de Carlota. De 7 meses y medio y subiendo. Aquí ya había perdido
 7 kilos, pero aún faltaba mucho más.

Hace unos meses, en febrero, para ser exactos. Fui al médico para hacerme una revisión. El médico me dijo que era buen momento para hacerme un análisis y ver cómo iba todo. Pues ya habían pasado 8 meses desde que había nacido la enana.

Me hice el análisis y a la semana volví a ir. Tenía los niveles del hígado alterados, y como eran todos los niveles, prefirió pedirme una ecografía hepato-abdominal. 
No os penséis que a mi me dolía algo, ni que me sentía mal ni nada. Porque no era así. Me hicieron la ecografía y volví, por tercera vez, al médico. Y esa vez ya tenía un diagnóstico.

Nada grave, por ahora, me dijo al verme. Pero tenía grasa alrededor del hígado. Grasa que no debía estar ahí, grasa que podía llegar a extenderse a otros órganos, como el coraón, el estómago, los pulmones,... 
¿Qué podía hacer? El médico me dijo que no había problema, que los niveles salían alterados y se veía el hígado algo inflamado, y la grasa. Grasa que era normal que estuviera, sabiendo lo que pesaba. Algo más de 90 kilos.

Hay que ponerse a dieta, me dijo. Y pensé que si en el embarazo había conseguido perder 10 kilos, podía ahora ponerme a regimen. Aunque no soy de régimen, porque siempre los abandono.
Necesito notar resultados. Si no los noto, abandono, porque me desanimo. Él me prometió que lo notaría, que me pusiera en sus manos, ya que también es nutricionista. 
Vale. ¿Por qué no probar? Hablamos de la dieta que iba a comenzar. Sería dura, al principio, pero efectiva y era a lo que me agarraba. También iba a ser cara, muy cara.

Ahora mismo estamos pasando por un momento algo malo, monetariamente hablando. Eso hace que me planteara si hacerlo. Pedir dinero prestado a mis padres. 
Mi madre se apresuró a decir que no podría hacerlo. Que me había visto abandonar tantas dietas que no podría con esta y que ella no quería pagarlo.

Esta foto es del 2009. Cuando mi marido y yo nos conocimos y nos fuimos a vivir junto.
Aquí pesaba la friolera de 87 kilos. 

Mi marido habló con ella. Le dijo que esta vez no era para sentirme bonita y que me valiera la ropa. Si no que era por el tema de salud. Que era para poder estar bien, no tener esa grasa corriendo por mis venas. Era para estar bien y poder vivir mejor.
Parece que esa charla y verme motivada, hizo que me dijera que me ayudaría. Mi marido me dijo que sacara dinero del fondo y me pusiera a ello.

La dieta va por fases. Primero te pesas, sabes cuanto debes perder y te dividen el peso que vas perdiendo por fases. Fases que tienes que ir cumpliendo.

La primera fase es la más dura. Cambias completamente de hábitos. 
Yo debía perder 13 kilos. Una fase que sería laaaarga y costosa.

Fui a comprar los productos que serían parte de mi alimentación. Además de vitaminas, omega 3, .... 

En esta primera fase debía comer verdura. Verdura permitida, como pone en el papel. Ya que hay verdura que puedes comer toda la que quieras y verdura que solo puedes comer 200 gramos al día.

Miré la lista y pensé. Me gusta más la verdura que solo puedes 200 gramos. Entonces me asaltó la duda. 200 gramos de cada???? Noooo, me contestó el médico. 200 gramos todas juntas. Una pena, pero tenía que hacer lo que decía. Debía conseguir mi objetivo, perder 33 kilos.

Me puse a ello. Compré la verdura permitida. Sobre todo comía ensalada. Fácil y rápida de hacer. Pensé que era mejor no estar mucho en la cocina. Mis padres no querían venir a casa, para que yo cocinara, pero siempre les decía que era lo mejor. Debía enfrentarme a cocinar, sin probar, sin picotear. 
¿Duro? No. Lo siguiente. Pero lo conseguí. Debía hacerlo por mi salud. Por la enana y por todos los que me rodeaban.

Esta foto me la hice el verano de 2013. En el pazo donde nos dimos el sí quiero.
Hacía 2 años que nos habíamos casado aquí. Pesaba 97 kilos.

Cada mañana, una ristra de pastillas, un batido. A media mañana, una natilla. A mediodía, una ensalada y una sopa (no me gustó mucho este producto, me di cuenta que era más de dulce, que de salado), a media tarde una galleta. Por la noche otra ensalada y una tortilla (tampoco me gustaron mucho).

La verdad es que los primeros días fueron horribles. Pero no es que fuera por pasar hambre. Porque durante el día estaba más o menos bien. El problema era la mañana. Me despertaba medio mareada. No me sentía con fuerzas. Un día me temblaban las piernas de tal manera, que tuve que sentarme. La cabeza me daba vueltas.

Por suerte, mi marido estaba en casa. Y él era el que me hacía el desayuno. Parecía que tomarme las pastillas, el batido y el drenaje, hacían que cogiera fuerzas. Y cuando ya almorzaba, era como una fiesta en mi estómago.

Poco a poco fui notando los cambios, sobre todo a la hora de comer. Que ya no tenía tanta hambre. Tanta ansia. Comer cada tres horas hace que no te sientas desfallecida, ni con ganas de atracar la nevera.

A los 15 días de empezar, me tocaba ir al médico. Mi marido y yo hacíamos porras para ver quién de los dos se acercaba más a lo que había perdido. Yo pensaba que unos tres o cuatro kilos había bajado. Mi marido decía que 5 kilos. 

Llego por la mañana, en cuanto entro a la consulta, la enfermera me dice que se me está empezando a notar. Yo creo que es porque así ella piensa que me infunde ánimos y voy a seguir con la dieta y pagándoles.
Cuando entro a ver al médico se queda boquiabierto. Me pregunta por estos primeros 15 días. Le digo que ha sido duro, sobre todo por la mañana. Le digo que por la noche estoy desfallecida y decide recetarme, vitaminas, calcio, sodio,... Me dice que es para infundirme esa energía que tengo el día a día. 
Después paso al baño, me desvisto y me pongo la bata. La báscula y yo no somos grandes amigas, así que la miro con recelo. Pero me subo a ella.

Has perdido.... ¡7 kilos y medio!, me dice el médico. No me lo creo. Que en estas dos semanas he perdido la friolera de 7 kilos. Pero que me estás contando!!!!! :O :O

La sonrisa que se me dibuja en la cara es... Infinita. Tengo hasta ganas de llorar. Entro en el baño y cuando cierro la puerta me pongo a bailar. 7 kilos!!!! 7 kilos!!!! Quién puede decir que ha perdido 7 kilos en dos semanas y todo con productos naturales y proteícos. Poca gente.

Cuando salgo del baño y me siento en la silla, el médico está tecleando en el ordenador. Me dice que otras dos semanas y nos volvemos a ver. Luego me comenta lo sorprendido que está, porque nadie ha perdido tanto en tan poco tiempo. Esto es lo que se pierde en un mes, no en 15 días, me dice. Se nota que lo has hecho a raja tabla y debes seguir así.

Cuando salgo a la sala de espera mi marido me mira. Llego con cara triste. Se acerca rápidamente, ¿qué pasa? me pregunta.
Y le contesto con una sonrisa que he perdido 7 kilos y medio!!! (ese medio para mi es media vida, así que no lo olvido). FELICIDADES, me grita allí en medio. La verdad es que la euforia es máxima. Y decido que tengo que seguir luchando.
En el cumpleaños de una amiga, con su hoy ya marido, haciendo monerías.
Creo que ahí ya pesaba la friolera de más de 100 kilos. Vaya brazotes gigantes.

Pasan otros 15 días, con la nueva medicación me siento más fuerte. Empiezo a notar como el estómago se queda más pequeño. Pues con una ensalada y una natilla estoy que no puedo más.

Cuando voy a casa de mis suegros, mi suegra solo tiene elogios para mi. Me dice que se me nota muchísmo. Yo lo noto sobre todo en la ropa, pues empiezo a perder tanto que la ropa se me cae y me queda como un saco.

Mi madre me pide que le lleve mis pantalones. Debemos arreglarlos, me dice. Si no, no tendrás con qué ir a trabajar. 

A los 15 días justos, vuelvo al médico. Pienso que esta vez no he perdido tanto. Que esas dos primeras semanas son la excepción, porque al principio siempre pierdes muy rápido y luego, vas poco a poco.

Llego a la consulta y la enfermera me dice lo guapa que estoy. Gracias, le contesto mientras le sonrío. Esta vez me lo creo. A lo mejor es verdad que se me nota bastante.

Entro al despacho del médico. Se levanta me da la mano, me mira de arriba a abajo. Le digo que el vestido que llevo no me lo había puesto en muchísimos años. Me dice que estoy guapa y que seguramente habré perdido bastantes kilos. 
No sé doctor, creo que he perdido menos, le comento. Pero él me dice que eso solo nos lo puede decir la báscula.

Voy al baño, me quito la ropa, y las joyas. Me peso solo con las gafas. Miro a la báscula. No me gusta y yo a ella tampoco, pero tiene que ayudarme en esto. Miro al frente, no queiro ver cómo mueve los pesos.

¡7 más! me dice entusiasmado. ¿Perdón? De verdad? Eso supera a los 13 de la primera fase. ¡Uaaaau! El médico está tan contento que no atina a tomarme la  tensión. Algo que siempre tenía por las nubes. 

No me lo creo. Entro en el baño y salto de alegría. Me visto rapidamente. El médico me comenta que ya podemos pasar a la segunda fase. Nadie ha llegado a esa fase en tan poco tiempo. La verdad es que es un día para creer en todo lo que me dicen. Así que dejo que me alaven por el trabajo bien hecho. 

En esta segunda fase, ya puedo quitar un producto de los que no me gustan (sopa, o tortilla), empiezo a comer o a cenar, comida como los demás. Eso sí, solo a la plancha, hervida o al horno. 150 gramos de carne o dos huevos, a mediodía. O 200 gramos de pesacado blanco o marisco por la noche.

Estoy que no quepo en mi. Cuando salgo a la sala. Mi marido se levanta rapidamente y le enseño el papel que pone: FASE 2. ¿¡Que dices!?, me mira sorprendido. Le cuento lo que me ha dicho el médico, que he perdido 7 kilos más. Que debe pasarme a la segunda fase sí o sí y que nadie ha conseguido lo mismo que yo. Que siempre se tarda más.

Salgo de allí y voy a ver a mi madre, le digo todo lo que me ha dicho el médico. Por primera vez me felicita. Supongo que ve que ahora no es lo mismo que otras veces. Que esta vez lo conseguiré y no abandonaré.
Foto en el hotel donde se celebraba la boda de la amiga, de la foto anteior con su chico. Octubre 2014.
Dama de honor, con barrigota enorme. Y con mi preciosa enana que ya tenía tres meses y medio. 
¿Véis lo que digo de los brazotes? Dios mio!!!