viernes, 30 de enero de 2015

VISITAS EN EL HOSPITAL

Cuando hice las clases de preparación al parto, nos hablaron de las visitas. De las visitas en el hospital y en casa. Muchas futuras mamis decían que ellas querían que las visitas vinieran escalonadamente a su casa. Incluso una dijo que no avisaría a nadie hasta que estuviera en casa, porque no quería visitas en el hospital.

Yo personalmente soy de las que prefieren hospital, sobre todo para las visitas de rigor. Yo quería que el máximo de gente posible viniera al hospital, pensaba que los primeros días en casa sería mejor pasarlos con nuestra bebé, los dos solos (que al final me tocó a mi sola, porque mi marido trabajó). Quería estar con ella y quería tenerla toda para mí. Primero porque eran los días de después del hospital. Una nueva inquilina llega a casa y tenemos que ver como nos desenvolvemos sin la ayuda de las enfermeras (y los enfermeros). Además quería tener tranquilidad para que la niña y yo encontráramos la postura perfecta para que cogiera bien la teta.

Así que cuando nació nuestra princesa pedí a mi marido y a mis padres que avisaran a todo el mundo. Que quien quisiera venir a verme al hospital todas las veces que quisiera que no habría problema, pero todas aquellas personas que querían venir a casa, que vinieran pasados unos días (mas bien una semana, como mínimo). 

Casi todo el mundo vino al hospital. Creo que el día más tranquilo fue el último, porque los demás días eran un ir y venir de gente y más gente. Y os digo la verdad. ME ENCANTABA QUE VINIERAN A CONOCER A NUESTRO RETOÑO.

Aunque hubo un momento el primer día que pensé que no cabíamos en la habitación. 
Por suerte, al ir por privado, tenía una habitación para mi y mi acompañante. Así que las visitas no molestarían a nadie. El primer día por la tarde, vinieron casi todos. Sobre todo los familiares. Ya os comenté en la entrada anterior, que mi primera visita fue mi prima mayor, Montse. Me encantó que viniera sola. Estuvimos hablando largo rato y la pequeña estaba tranquila. 
A medio día, vinieron mis padres y con ellos el grupo de amigas de mi madre. Ya éramos unos cuantos en la habitación, pero aún faltaba por llegar más todavía. 
A media tarde vino mi otra prima, su marido, los dos niños y sus padres (o sea, mis tíos). Mi prima estuvo explicándome cómo cambiar el pañal del bebé. Tanto mi marido como yo éramos primerizos en todo. Nos explicó como su suegra, le enseñó, que antes de pasar la toallita por el culito del bebé, la tuvieras metida en la mano un ratito. Porque así, la toallita no estaría tan fría y al bebé no le molesta. Parece una tontería, pero cositas así me gusta que me digan. Consejos de lo que puede hacer una para que el bebé esté tranquilo (lo que no me gusta es que se me juzgue como madre, porque hago algo diferente al resto).

Por la tarde, también vino una compañera de trabajo. ¡No me lo esperaba! Simplemente apareció por la puerta y casi rompo a llorar (no sé si era por las hormonas o porque soy una sensiblona, pero como no la esperaba me hizo mucha ilusión).

Después vino Sandra, una de mis mejores amigas. No paraba de mandarme mensajes, pues no sabía si podía venir. Yo le decía que viniera, que era el primer día de la niña y tenía que verla en directo. Así que en cuanto pudo se acercó hasta el hospital. Sandra, sabes que te quiero y que pase lo que pase estoy aquí.

Cuando la tarde ya acababa y la gente salía de su trabajo llegó el momento de más acción. Allí se congregaron, una pareja, amigos de mis padres, mis padres, mis tíos, la mujer de mi primo (sin él porque curraba) y las niñas de las dos (una de ellas con tres meses), mi marido, la princesita y yo. Así que imaginaos!!! cuanta gente!!!! La verdad es que no sabía con quién hablar. 

Y de pronto, aparecen mis suegros y mis cuñados. Aquello ya no era sostenible. Por suerte, mis padres me vieron la cara de agobio y decidieron que era hora de marcharse ellos y todos los que habían venido con ellos. Mis suegros y mis cuñados se quedaron allí y pasamos un rato tranquilo. 

¡De pronto! aparece un mensajero con un ramo preciosísimo y un muñequito para la princesa. Y mi marido me dice:

- Ya sé de quién es.
-¡Ah sí! ¿De quién?
- ¿En serio no te lo imaginas?
- Pues la verdad es que no (no pensaba en nadie en particular. Al fin y al cabo todos los que conocía o habían venido o estaban muy lejos, o vendrían al día siguiente, pues ya me habían avisado).

Mi marido me dio la tarjeta y cuando leí de quién era.... Otra vez una lagrimilla. Mi jefe!!! mi jefe y su secretaria me habían enviado un ramo precioso. ¿A qué sí? 

Mi jefe (indirecto, pues soy de una empresa externa dentro de la empresa donde estoy) siempre había estado pendiente de mi embarazo. Cada día cuando pasaba por delante de mi mesa, o cuando me pedía algo me preguntaba cómo iba todo. Pues él sabía los problemas que había tenido al principio. Así que cuando lo vi pensé: No podía ser otra persona, tanto mi jefe como su secretaria habían mandado este precioso ramo.

La noche, obvimente, la pasamos tranquila. Por la mañana no había manera de despertar a la enana. Por lo visto, después del parto, los niños tienen un momento álgido, que es cuando hay que ponerles en el pecho, para empezar con una buena lactancia. Y pasadas unas horas los bebés se aplatanan. Y mi hija estaba en esa fase. Las enfermeras me decían que tenía que despertarla, porque tenía que comer cada tres horas. Nosotros, aunque no me gustaba mucho, la despertábamos, pero cuando la cogía en brazos e intentaba meterle la teta, ella ya estaba durmiendo.

Por la mañana vino a verme una gran amiga. Montse. Que tenía muchas ganas de ver a la pequeña. Estaba muy emocionada. Aixxxx, Montse, que mona eres!!! 

También apareció mi jefa. Me dijo que pasaría a ver a la pequeñaja y además de darle los papeles para agilizar todo para la baja.

A medio día volvió a venir mi madre. Esta vez, con solo una amiga. Estuvieron haciéndome compañía, mientras mi marido comía tranquilamente. Mis padres son abuelos primerizos y a lo mejor Carlota es su única nieta, pues no tienen más hijos que yo y no sé si podremos tener otro (espero que las cosas cambien y sí podamos plantearnos tener otro hijo). Así que como imagináis, estaban eufóricos y no había manera de quitarles a la niña de los brazos. 

Después de comer, vino mi primo, que no había podido venir el día anterior, con su mujer y sus niñas. Recuerdo que cuando vio a la enana me dijo: - Pero cuanto pelo!!! 
Pues sí, la niña había nacido, como su madre, con una buena mata de pelo. Dicen que por eso tenía tantos ardores.

Por la tarde vinieron los amigos. Mi grupo de amigos del cine y la universidad se vinieron hasta el hospital. Anna y Víctor, que iban a ser padres un poco después que yo (y aunque su retoño se hizo esperar, un mes y medio después teníamos a otro integrante más en el grupo). Joana, Gil, Raúl, incluso la madre de Anna y su hermana, que hacía tantísimo que no veía. Anna y yo hemos pasado muchas cosas juntas y he pasado muchos fines de semana en su casa. Así que es como si fuera la hija postiza de su madre :D 

Todas las visitas traían regalos y yo no sabía donde meter todo aquello. Todo era y es precioso y por suerte, todo el mundo pensó en traer cosas útiles para los nuevos papás y su princesa. 

El último día fue mucho más tranquilo y pudimos descansar. Mi madre se quedó a dormir conmigo, para que mi marido pudiera ir a casa, dar de comer a los gatos, poner arena limpia, cenar (sé que se fue con mi padre a comer una super hamburguesa, pero era porque le daba envidia mis menús. ¡Que comida tan rica había en el hospital!).
Aquella noche las enfermeras me dijeron que tenía que darle la teta a la niña cada tres horas, porque había perdido mucho peso. Por lo visto es normal perder el 10%, pero ella había perdido eso el primer día y el segundo un poco más. Así que cada vez que tenía que darle la teta se la llevaban y la pesaban. Después la volvían a traer, le daba la teta, se la volvían a llevar y la volvían a pesar, y me traían un biberón con refuerzo.
No me gustaba tener que darle le biberón. Pero si era porque había bajado de peso, no podía hacer otra cosa. Me daba pánico que aquellos refuerzos se cargaran mi lactancia. En mitad de la noche, la niña se puso a llorar. Pero no habían pasado tres horas y no me dejaban darle teta (otra cosa para cargarse la lactancia). La enfermera vino, con cara de pocos amigos, porque supongo que la había despertado y me dijo que no le podía dar teta, que no habían pasado tres horas. Que le diera un chupete. No llevaba chupete. Y no lo llevaba porque me habían insistido en las clases de preparación al parto que no les diéramos el chupete hasta tener la lactancia establecida. Pero la enfermera trajo uno y ni corta ni perezosa se lo enchufó a mi niña. Pero es que mi princesa es muy lista y ella no quería el chupete, ella quería a mami y a su teti. Así que cuando le metió el chupete. Ella lo escupió. Se lo volvió a meter y para que no lo escupiera lo mantuvo cogido con la mano. La niña paró de llorar. La enfermera se fue, y no sé si fue porque notó que ya no estaba, pero tal y como cerró la puerta escupió el chupete y volvió a llorar. Así que la enfermera dijo... bueno, pues dale el pecho. 
Es que hay que ser neandertal para no ver que era eso lo que quería. El calor de los brazos de mamá y su teta en la boca. Fue ponerla y se quedó súper tranquila.

La última mañana en el hospital fue tranquila. Mi marido y mi padre aparecieron a primera hora. Mi madre se fue a trabajar y yo empecé a recoger todo y a vestir a la niña. Por fin nos íbamos a casa!!!! 

Así que como veis, las visitas en el hospital, excepto la primera tarde, que nos juntamos once personas, fueron escalonadas y perfectas. 

Por suerte, las de casa, también. Pero eso lo contaré en otro momento.

¡Ah! Y hoy nuestra princesita cumple 7 meses. 7 meses desde que por fin la pudimos ver. Pasa el tiempo demasiado rápido. Así que no debemos perdernos nada. Ya nos perdemos mucho cuando estamos trabajando. 

5 comentarios:

  1. Mira, de verdad, lo de la enfermera es para denunciarla! Vaya tía más anticuada!
    Yo de las visitas no hablo. Prefiero no acordarme ;)
    Un besazo

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    1. Verdad??? me dio mucho coraje, pero encima mi madre me decía, déjala, ella sabe más, que para eso es enfermera.... Y me callé, me callé y no supe que decir al no sentirme respaldada. Esto me pasa mucho. Es como cuando mi padre me ve con la mochila ergonómica porteando a Carlota y me dice que todo el mundo utiliza carro y ya se pone a darme lecciones, porque no llevo carro. En fin... Que mejor no hablar. Por suerte, la enfermera se llevó su merecido al ver que la niña odiaba el chupete y hoy día solo lo quiere para meterlo en la boca, morderlo y tirarlo.
      BESOTES!!

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  2. ¡Holaa bonitaa!
    Como ves me he unido a este blog también y me ha encantado leer todo el proceso hasta ahora, aiish si hasta me he emocionado y todo! Que niña más bonita tienes madreee!!
    Un besitoo enorme! =)

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    1. Eeeeeeiiiiiii!!! guapa!!!! mil millones de gracias por seguirme aquí también. Necesitaba crear un blog así para dar mi opinión y poder ayudar a todas las futuras mamis que quieran venir a visitarme.
      Muchas gracias por lo de la niña. Yo siempre digo que es preciosa, pero que voy a decir yo!!! que soy su madre, jejejeje. El amor de madre no tiene límites, pero me alegro que otros me digan lo bonita que es.
      Bienvenida!!!
      MUAS!

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  3. ¡¡Hola Pati!!

    Si que quería conocer a Carlota si. Tan bonita dormida en la cuna... ^^

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