martes, 27 de enero de 2015

LA LLEGADA DE LA PRINCESITA (IIIª PARTE)

Me pasaron al paritorio. Aquella mujer, la comadrona, me dijo que me tumbara en la camilla. Le dije que hasta que llegara el anestesista quería quedarme de pie. Obviamente no me dejó. ¡Claro! no tengo derechos. Ella manda y yo obedezco. (Cada vez que lo pienso se me remueven las entrañas).

Me tumbé y el anestesista llegó. Justo una contracción. Y me puse con las piernas abiertas. La comadrona me decía que me estuviera quieta y el anestesista le decía que podía moverme, que todavía estaba preparando el mejunje. Pero nada. Esta mujer mandaba y yo callaba.

- Ahora, cuando el anestesista diga. Yo te cogeré el cuerpo y te pondré en la posición correcta para que te pinche. Tú déjate hacer y no te muevas.
- Eso va a ser difícil. Me duele la espalda con cada contracción.
- Pues te aguantas. Así que ahora te cogeré.
- Pero ¿cómo? ¿No me hará daño?
- Claro que no. Tú estate quieta.

No tuve mucha opción. Así que me quedé quieta. Esta mujer, luchadora de sumo, me hizo una llave rara, me cogió por detrás del cuello y los brazos y también las piernas, me puso la cabeza bajo su cuerpo y yo no podía respirar. Se lo dije:

- ¡No puedo respirar! (entre las tetas y la barriga me era imposible coger aire)
- Si hablas es que puedes respirar. ¡No te muevas!

En fin, yo casi ahogándome. Esa mujer encima mío. No podía hacer nada. O casi... Me cogí a su brazo con la siguiente contracción y apreté. Apreté bien fuerte. Aquella fue una de las peores que tuve. No tardó mucho en decirme que aquel brazo que estrujaba era el suyo. Yo le pedí perdón y le dije que no me había dado cuenta (Mentira!!! Sí me había dado cuenta, pero no tenía donde cogerme, no podía ponerme en la posición que quería y no me dejaba respirar. Así que se aguante un poco. LEÑE!).

Después de aquello, nos volvimos a quedar solas. Le pregunté por mi marido. El que no había vuelto a ver desde que habíamos llegado al hospital. Poco después, por suerte, llegó. Aquella espera hasta poder verle se me hizo eterna. Aquello iba tan rápido que tenía miedo que se perdiera algún momento importante.

Cuando me quedé embarazada le pregunté si quería estar conmigo en el parto. Si él no estaba hubiera querido que una amiga estuviera conmigo. No tengo nada en contra de mi madre, pero dentro de un momento sabréis porqué no quería que ella estuviera conmigo.
Él me dijo que sí. Que estaría conmigo en ese momento. Pero que no quería mirar. Que no quería cortar el cordón, ni ver por donde había salido nuestra hija. Le daba demasiada aprensión y en cierto modo le entiendo. 
Así que cada vez que hablábamos del parto, él dejaba claro que él no quería mirar. Así que dicho y hecho, durante la expulsión se quedó a mi lado....

Cuando llegó a la sala le cogí de la mano y le dije que ya me habían puesto la epidural. Ya no sentía ningún dolor. Quería contarle lo mal que se había portado aquella mujer conmigo cuando llegó a la sala donde estaba yo. Pero ella seguía estando allí. Por supuesto no me dejaba en ningún momento. Aunque pegó un par de cabezaditas mientras esperábamos al ginecólogo.
Fue entonces cuando mi marido me dijo:

- Ya está. He dejado todos los papeles. Y ya nos han dado habitación y he llevado todas las cosas.
- Vale.
- Tus padres ya están en la sala de espera.
- ¿Y cómo están?
- Bien. A tu madre, las enfermeras, le han puesto un apodo.
- Ah. ¿Sí? ¿Cuál?
- LA HISTÉRICA.
- Jajajajajaja. Es que lo está. ¿Que ha pasado? ¿Las ha puesto nerviosas?
- ¿Y a quién no?
-Lo sé. Es mi madre. La conozco bien. Acuérdate que de los nervios me ha dejado la mano hecha polvo. Creo que es la que está más nerviosa. Más que todos nosotros (Ahora entenderéis porqué no quería que ella estuviera conmigo. Yo necesitaba calma y tranquilidad y mi madre era un manojo de nervios. La quiero, pero hay momentos que es mejor tenerla en la distancia, como una sala de espera).

Mientras todo esto pasaba, en la sala de espera estaban mis padres. Hay que decir que era de madrugada. Ninguna habíamos dormido y mi padre, igual que yo, cuando pilla el sueño, lo pilla. Así que el pobre hombre, que estaba tranquilo, esperando a que naciera su primera nieta, se quedaba dormido por momentos, mientras mi madre no podía dejar de pensar en qué estaría pasando. Ellos, supongo, pensaban que el parto duraría varias horas, así que intentaron acomodarse. Algunos más que otras.

Justo después de la conversación, la comadrona se levantó y sin mediar palabra volvió a urgar dentro. Sin saberlo había llegado hasta los 10 centímetros y ya era el momento de empezar a empujar.

Eran las 2.40, más o menos y justo en ese momento llegó el médico. Por fin una persona conocida urgaría por ahí debajo. Me miró y me sonrió.

- Le dije que me pondría de parto y no me dio el teléfono para poder llamar y que les avisaran a tiempo. Casi se lo pierde!!! (Todo esto lo dije en voz bien alta para que la comadrona me oyera).
- Jajajajaja. No pensé que te pusieras de parto. Pensé que serían los nervios antes de la cesárea. Pero parece que Carlota quiere salir sin ayuda, así que vamos a intentarlo.
- Sí. Parece que tiene prisa.
- Bueno Patricia. Ahora tienes que empujar con todas tus fuerzas cuando yo te diga.
- Vale.

La comadrona se puso a mi lado. Sé que es porque si la niña no salía me apretaría la barriga (la maniobra Kristeller, creo que se llama). Por supuesto, no iba a dejar que eso pasara. No quería que nadie se subiera encima mío. Es una barbaridad. Pero todavía lo practican. 

- ¡Ahora!

Cogí aire. Empujé con todas mis fuerzas. Y en cuanto oí, descansa, solté aire y volvía a tumbarme. Mi marido, como ya había dicho se quedó a mi lado, iba dándome ánimos, me tocaba la cabeza para que supiera que estaba allí.

- Vale Patricia. Ahora volverás a empujar cuando te lo diga. A lo mejor notas que te partes en dos, pero no es así, es una sensación extraña, pero tu no te preocupes. ¿Vale?.... ¡AHORA!

La verdad es que no sentía nada. No sentía si lo estaba haciendo bien o no. Cerré los ojos, cogí aire y volví a empujar con todas mis fuerzas. 

- ¡Ya está!

Cuando oí eso abrí los ojos y ahí estaba. ¡Carlota ya había salido!
Me la pusieron encima y fue entonces cuando lo supe: Era madre. Y desde aquel momento nadie podría hacerle daño, porque yo estaba allí para protegerla. 

Aquella personita había nacido de mi. Todo mi esfuerzo y empeño había merecido la pena. Ella abrió sus ojos y me miró. Ya sé que los bebés no ven del todo bien. Solo sombras. Pero ella me miró. Sabía que mamá estaba allí, junto a ella.
Fue entonces cuando miré a mi marido y los dos rompimos a llorar, de la emoción.

- ¡Cari! Ya somos una familia.
- ¡Sí! 

La comadrona se la llevó. Mi médico estaba enfrascado en una lucha sin cuartel. Por lo visto había sido rápido en el expulsivo, pero me había desgarrado de todas las maneras posibles. Puntos internos y externos. Pero yo no le quitaba ojo a mi niña.

La lavaron, la pesaron, la vistieron y me la volvieron a traer.

- Hola. Soy mamá. Bienvenida. Cuantas ganas tenía de verte mi niña.
- Chicos felicidades - dijo la comadrona. - Vuestra hija ha nacido a las 3.01 de la madrugada. Mami, no sé a qué te dedicas, pero deja el trabajo porque esto se te da de maravilla. Tienes el record de parto, en primeriza, de la clínica. Solo tres horas, dos empujones y listo.

¿Dónde estaba esa comadrona borde? ¿Había sido abducida? ¿Y esta quién era? No lo entendía. Fue dar el último empujón y a esta mujer le cambió el carácter. 

Después mi marido la cogió. Era la primera vez que cogía un bebé tan pequeño. Siempre había dicho que se reservaba para ella. Salió del paritorio y fue a la sala de espera. Donde los nuevos abuelos esperaban impacientes.

Poco después el médico acabó y a mi me llevaron a la habitación. Donde mis padres ya me estaban esperando.
La niña se la habían llevado y algo dentro de mi no me dejaba estar tranquila. Mi enana por fin había llegado. No es justo que se la llevaran. Yo la quería conmigo. Cada minuto y medio preguntaba por ella. 

A las 5 de la mañana llegó a la habitación. La enfermera la cogió y me la trajo a la cama. Y empezamos con las "clases" de mamar. Porque al final las "clases" me las di yo misma a través de ver qué es lo que necesitaba mi hija.

En cuanto la niña se quedó tranquila, los tres sacaron sus móviles y nos hicieron nuestra primera foto juntas. Después esa foto fue enviada a familiares y amigos. Y en unos pocos minutos empezaron a recibir las felicitaciones.

¿Sabéis que me pasó después?
Me entró el pánico. Después de tener a la niña en brazos, mamando un rato, o intentándolo. Me entró el miedo. Iba a ser una buena madre, sabría cuidarla, cogerla, cambiarla, darle de comer???????? 

La dejamos en su cuna. Mis padres se fueron. Tenían que ir a trabajar. Y mi marido y yo intentamos descansar un rato.
A media mañana llegó mi primera visita. Mi prima. La mayor de todos mis primos. Se había ido de una reunión antes de tiempo y se escapó para venir a vernos. No podía dejar pasar esa oportunidad. ¡Me encantó!
Poco después, cuando se fue escribió esto en el facebook:

Que la teva cosina "petita" tingui una filla és com tornar de sobte més de trenta anys enrere i reviure aquell momen difús en què va néixer ella... Què guapa i petita era... I avui, quin gran dia!
(Que tu prima "pequeña" tenga una hija es como volver de pronto más de treinta años atrás y revivir aquel momento difuso en que nació... Que guapa y pequeña era... Y hoy, que gran día!)

A la tarde, entre visita y visita, mi marido me miró.

- ¿Qué te pasa?
- Nada.
- No es verdad. Te conozco. No has cogido a la niña salvo para ponerla en la teta y que coma. ¿Todavía lo estás asimilando?
- Sí. No me lo creo. Tenía que nacer el miércoles y mírala. Ya está aquí. Todo ha salido bien. Y ahora??? ¿Qué pasará?
- Cariño. Ha salido a ti. Quiere ser la primera y no pedir ayuda. 

Me la volvió a poner en brazos y lloré. Lloré porque tenía razón. Era madre. Una madre osa que haría todo lo humanamente posible por ella. Que sería la mejor madre que ella pudiese tener. Porque simplemente tenía que dejar que mi instinto me guiara. Como siempre había hecho.

Mi corazón había salido de mi cuerpo y había tomado forma. Ahora mi corazón es ella. Es Carlota


Este post se lo quiero dedicar especialmente a mi marido. Mi compañero en la vida. Siempre nos tenemos el uno al otro, aunque haya momentos de peleas tontas, sabes que siempre estaremos juntos.

4 comentarios:

  1. Ay, qué emocionante y cómo lo relatas, se me caen las lágrimas. Cuando está ya contigo se te olvida la comadrona, los puntos (yo tuve parto vaginal con fórceps y episotomia y puntos por dentro y por fuera) y todo...y sólo vives para tu peque. Besitos!

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    1. Gracias!! La verdad es que estos momentos son emocionantes y solo existes tu y el bebé, y como mucho tu pareja!!! jajajajajajaja.
      Vaya... Tampoco te libraste de los malditos puntos. Yo tenía miedo a la episiotomía y al final no sé que hubiera sido peor.
      La comadrona cambió completamente su forma de ser. De verdad que parecía que la hubiesen cambiado. Luego solo me decía cosas bonitas, y sinceramente cuando llegué a la habitación y le conté todo a mi marido me decía: En serio que esa mujer tan amable se ha portado tan mal contigo????
      Imagínate!!! jajajajajajajaja
      BESOTES!

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  2. Qué bonito!!! Menos mal que la comadrona cabrona al final cambió el chip, pero claro, cuando ya no te podía obligar a nada más!!! Lo importante es que vuestra princesita llegó cuando ella quiso y pudiste disfrutar del parto. Un besazo!

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    1. Bueno, cambió el chip cuando todo había acabado. Menos mal que solo la vi cinco minutos más y cuando me fui del hospiral, porque vino a cobrar haberle puesto los pendientes.
      Llegó cuando quiso, llegó sana, grande y preciosa. La más bonita del mundo, qué voy a decir yo, que soy su madre!!!! :D :D :D
      Disfruté todo lo que pude de la experiencia y ahora disfruto de ella cada día.
      Besos y gracias por pasarte!!!

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