viernes, 23 de enero de 2015

LA LLEGADA DE LA PRINCESITA (IIª PARTE)

Estaba en el baño. Me había vuelto a dar otra contracción. Así que chillé:

- Cari. Cari. Cariiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.... ¡Ahhhhg!

Pero mi marido no contestaba. Eran las 00.40. Fui a levantarme pero me fue imposible. Otra contracción.

- DAVIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIID!!!!!!!!!!!!!!
-¿Qué? 
- ¡HE ROTO AGUAS! ¡ESTOY DE PARTO!
-¡No jodas!. Mañana tengo que ir a trabajar....

Sí, señores. Yo estaba de parto y mi marido medio somnoliento solo pensaba en el trabajo.
Se levantó corriendo y vino al baño. Al ver que estaba bien, llamó rápidamente a mis padres, nuestros chóferes, para irnos al hospital.

- No Sabina. Está en el baño. Tiene contracciones
- ....
- ¡Claro! No sé cada cuanto, pero tiene contracciones.
- Dile a mi madre que vengan ¡YA!, que he roto aguas y que tenemos que irnos al hospital (todo esto lo dije con muy mala leche, después de otra contracción).

Salí del baño y me fui a nuestra habitación, para intentar vestirme. No podía creerme lo que estaba pasando. Carlota estaba en camino. No había querido esperar. En unas horas la tendríamos en nuestros brazos y los nervios no habían aparecido, lo que sí... una felicidad tremenda, unas ganas de gritar de alegria que no os lo podéis imaginar!!!!

Las contracciones eran demasiado seguidas y eso no me gustaban. Yo me había preparado para tener un parto lento, de primeriza. Donde las contracciones son cada muchos minutos. El problema es que venían tan rápidas que no podía vestirme.
Cada contracción era como si me cogieran por la espalda y me partieran por dos. Eran horrorosas. Con cada contracción volvía a salir agua. Mi marido estaba a mi lado, pero no sabía que hacer. Se vistió en 30 segundos. Se fue al patio y cogió la fregona y el cubo y se vino a la habitación, pasó por el pasillo, el comedor,... limpiando el líquido que salía de mi. 
Yo iba a una habitación y él me seguía con el mocho. Parecía un sketch Benny Hill. Solo nos faltaba la música de fondo. Y es que es una cosa que jamás olvidaré. Desde entonces no ha vuelto a coger la fregona.

Llegó mi madre. Me ayudó a vestirme y bajamos al coche. Me senté detrás y mi madre quiso estar a mi lado. 
Cada vez que tenía una contracción, ponía las manos en el techo del coche y respiraba profundamente, después soltaba el aire poco a poco diciendo: oooooommmmmmm.... 
Menos mal que en las clases de preparación al parto me enseñaron la importancia de la respiración para sentir menos dolor.

En un momento de paz, entre contracción y contracción, mi madre me cogió de la mano. 

Contracción.
Puse una mano en el techo y la otra seguía cogida a mi madre. Respiré profundamente y justo cuando estaba sacando el aire, concentrada para que no me doliera....

- ¡Mamááááááááá, me estás haciendo daño en la mano!
- Lo siento. Estoy muy nerviosa (En esto, mi padre y David se estaban riendo a carcajadas).
- Ya.... Pero soy yo la que estoy de parto, soy yo la que tiene dolores. ¿Por qué me aprietas?
- Para que sepas que estoy aquí. (Vaya bronca se llevaron los graciosos que se reían)
- ¡Ahhhhh!

Mi padre seguía conduciendo hacia el hospital. Esos 10 minutos en coche fueron eternos.
Cuando, por fin, llegamos al parking del hospital, mi madre bajó casi en marcha rápidamente, para llamar a alguien.
Mi padre y mi marido me ayudaron a bajar del coche, justo cuando venía una contracción. Menos mal que ellos me dieron la mano, pero no me la estrujaron. 
Otra contracción. Más agua.
Iba dejando rastro allá por donde pasaba.

Mi madre apareció con un celador, que llevaba una silla de ruedas. Después le pedimos que se fuera con mi padre a aparcar. Mi marido y yo estábamos bastante tranquilos. No quería estar nerviosa. Y la verdad es que todo estaba siendo demasiado rápido y no tenía tiempo para ello. El problema es que el nerviosismo de mi madre es contagioso y ya que el celador le dijo que se tranquilizara, le pedí que se fuera a aparcar con mi padre, y David así me acompañaba, que para eso era el futuro padre.

Así que David, el celador y yo cogimos un ascensor para ir a maternidad. Al llegar a la planta mi marido desapareció de mi lado. Tenía que quedarse rellenando papeles.

Una enfermera muy amable me ayudó a ponerme el camisón del hospital y me pidió que fuera contándole todo lo que había pasado hasta entonces.
Le conté que tenía programada una cesárea para el miércoles, que el médico me había dicho que la niña venía muy grande. También le expliqué que no había podido avisar a la comadrona, ni tampoco al médico, pues no tenía el teléfono de ninguno. 

Me senté en la camilla y respiré tranquila unos minutos.

Contracción.
Me dijo que no me preocupara que ellos llamarían para que vinieran, pero que tendría que esperar, pues ninguno estaba allí en ese momento.

Contracción.... contracción.....
Contracción.... contracción.....
En ningún momento chillé. La verdad es que estaba flipando como estaba soportando el dolor. Solo con concentrarme y la respiración todo era pasable. Las enfermeras me felicitaban porque lo estaba haciendo muy bien, sin sobresaltos, para ser primeriza. Ellas, incluso, me comentaban que me veían demasiado tranquila y esa es la verdad. Lo estaba. Estaba muy tranquila. Algo dentro de mi me decía que todo iba a salir bien. Que Carlota estaría muy pronto entre nosotros.

De pronto apareció la comadrona. Y lo primero que me dijo no se me olvidará en la vida.

- No chilles. La gente está durmiendo. 
- Perdone. Pero no he chillado, solo estaba respirando y haciendo lo que me enseñaron en las clases preparto.

No me gustó nada el tono con el que me habló. Pero ahí, desgraciadamente, no acabó la cosa.
Me tumbó en la camilla, me puso las piernas en el potro de tortura y me examinó sin decirme en ningún momento que estaba haciendo.

- Bueno estás de casi 5 cm, te vamos a pasar al paritorio y avisamos al anestesista para que te ponga la epidural.
- Vale. Pero quiero quedarme de pie, que parece que me duele menos. 
- No. Seguirás tumbada en la camilla. Por cierto, ¿por qué no me has llamado cuando has roto aguas?
- Porque no tengo su teléfono. El doctor no me lo dio, porque ya habíamos programado una cesárea. 
- Eso es mentira. Seguro que lo has perdido y no quieres decírmelo.
- ¿Qué consigo con mentirle? Le digo que...
- No lo sé. Pero todas las embarazadas tienen mi teléfono. 
- Pues yo no (Estuve a punto de decirle algo con mucho sarcasmo, pero pensé que eso empeoraría el tema). Si eso, cuando llegue el ginecólogo pregúntele.
- No hace falta. Vamos al paritorio.

Aquella mujer intentaba socavar mi autoestima. Pero no lo iba a conseguir. Quería seguir disfrutando de aquello. Era mi momento, nuestro momento. Mi pequeña iba a llegar a este mundo y no quería que esa mujer estuviera ahí (pero siempre me callo las cosas, pienso que no es de buena educación y al final siempre me quedo con las ganas de soltar una de las mías).

Eran las 2.10 a.m

6 comentarios:

  1. Creo que tu marido no se lo esperaba jeje y vaya mujer tan desagradable la matrona,madre mia! yo creo que en mi parto lo unico que recuerdo bueno aparte de tener a mi bebe,claro es el encanto de mujer que me toco para dar a luz,que mujer mas agradable!
    besos

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    1. No se lo esperaba para nada. jajajajajaja. el momento de la fregona lo tengo grabado en mi mente a fuego y su comentario también!
      La matrona mejor olvidarla. Aunque por lo que sé, no solo me ha tratado a mi así. Desgraciadamente, esta matrona no tiene muy buena reputación.
      Besos

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  2. Para verlo a tu marido con el mocho detrás de ti! jajajaja. Y la "señora" esa...un poco hija de p**a no??? Menos mal que tú te concentraste en seguir viviendo tu momento, a ella que le den! Voy a ver el desenlace

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    1. Mi marido era como en el show de Benny Hill, ese momento en que se persiguen. Pues igual, pero él con el mocho en la mano. Jajajajaja, cada vez que hablamos del tema, me parto de risa.
      Esa comadrona era una gilip***** y una ..... mejor no decirlo. Pero lo pasé fatal con ella, tratándome de mentirosa y diciéndome que no chillara. Pero sí, me quise concentrar en que esa era un momento bonito y ella no lo podía estropear. Ya verás como sigue en la tercera parte!
      Saludos

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  3. Pero bueno... ¿esa comadrona no tiene corazón o que? Yo me considero muy amable, pero no sé si en ese momento no le mando a la mierda (eso sí, con un por favor delante jiji) ¡Que valiente Patri! Y que estoy aprendido de todas vosotras. ¡Un abrazo!

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    1. jajajaja. Es muy borde esa comadrona y te digo que no fue solo conmigo. Las prácticas de este hospital se han puesto en duda por varias madres, que hicimos un comunicado diciendo lo que había pasado. Espero que sirva de algo y muchas de nosotras nos quejábamos de ella, de la comadrona "simpática"
      Valientes somos todas, ya lo verás llegado el momento!!! :)
      MUAS!

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