viernes, 30 de enero de 2015

VISITAS EN EL HOSPITAL

Cuando hice las clases de preparación al parto, nos hablaron de las visitas. De las visitas en el hospital y en casa. Muchas futuras mamis decían que ellas querían que las visitas vinieran escalonadamente a su casa. Incluso una dijo que no avisaría a nadie hasta que estuviera en casa, porque no quería visitas en el hospital.

Yo personalmente soy de las que prefieren hospital, sobre todo para las visitas de rigor. Yo quería que el máximo de gente posible viniera al hospital, pensaba que los primeros días en casa sería mejor pasarlos con nuestra bebé, los dos solos (que al final me tocó a mi sola, porque mi marido trabajó). Quería estar con ella y quería tenerla toda para mí. Primero porque eran los días de después del hospital. Una nueva inquilina llega a casa y tenemos que ver como nos desenvolvemos sin la ayuda de las enfermeras (y los enfermeros). Además quería tener tranquilidad para que la niña y yo encontráramos la postura perfecta para que cogiera bien la teta.

Así que cuando nació nuestra princesa pedí a mi marido y a mis padres que avisaran a todo el mundo. Que quien quisiera venir a verme al hospital todas las veces que quisiera que no habría problema, pero todas aquellas personas que querían venir a casa, que vinieran pasados unos días (mas bien una semana, como mínimo). 

Casi todo el mundo vino al hospital. Creo que el día más tranquilo fue el último, porque los demás días eran un ir y venir de gente y más gente. Y os digo la verdad. ME ENCANTABA QUE VINIERAN A CONOCER A NUESTRO RETOÑO.

Aunque hubo un momento el primer día que pensé que no cabíamos en la habitación. 
Por suerte, al ir por privado, tenía una habitación para mi y mi acompañante. Así que las visitas no molestarían a nadie. El primer día por la tarde, vinieron casi todos. Sobre todo los familiares. Ya os comenté en la entrada anterior, que mi primera visita fue mi prima mayor, Montse. Me encantó que viniera sola. Estuvimos hablando largo rato y la pequeña estaba tranquila. 
A medio día, vinieron mis padres y con ellos el grupo de amigas de mi madre. Ya éramos unos cuantos en la habitación, pero aún faltaba por llegar más todavía. 
A media tarde vino mi otra prima, su marido, los dos niños y sus padres (o sea, mis tíos). Mi prima estuvo explicándome cómo cambiar el pañal del bebé. Tanto mi marido como yo éramos primerizos en todo. Nos explicó como su suegra, le enseñó, que antes de pasar la toallita por el culito del bebé, la tuvieras metida en la mano un ratito. Porque así, la toallita no estaría tan fría y al bebé no le molesta. Parece una tontería, pero cositas así me gusta que me digan. Consejos de lo que puede hacer una para que el bebé esté tranquilo (lo que no me gusta es que se me juzgue como madre, porque hago algo diferente al resto).

Por la tarde, también vino una compañera de trabajo. ¡No me lo esperaba! Simplemente apareció por la puerta y casi rompo a llorar (no sé si era por las hormonas o porque soy una sensiblona, pero como no la esperaba me hizo mucha ilusión).

Después vino Sandra, una de mis mejores amigas. No paraba de mandarme mensajes, pues no sabía si podía venir. Yo le decía que viniera, que era el primer día de la niña y tenía que verla en directo. Así que en cuanto pudo se acercó hasta el hospital. Sandra, sabes que te quiero y que pase lo que pase estoy aquí.

Cuando la tarde ya acababa y la gente salía de su trabajo llegó el momento de más acción. Allí se congregaron, una pareja, amigos de mis padres, mis padres, mis tíos, la mujer de mi primo (sin él porque curraba) y las niñas de las dos (una de ellas con tres meses), mi marido, la princesita y yo. Así que imaginaos!!! cuanta gente!!!! La verdad es que no sabía con quién hablar. 

Y de pronto, aparecen mis suegros y mis cuñados. Aquello ya no era sostenible. Por suerte, mis padres me vieron la cara de agobio y decidieron que era hora de marcharse ellos y todos los que habían venido con ellos. Mis suegros y mis cuñados se quedaron allí y pasamos un rato tranquilo. 

¡De pronto! aparece un mensajero con un ramo preciosísimo y un muñequito para la princesa. Y mi marido me dice:

- Ya sé de quién es.
-¡Ah sí! ¿De quién?
- ¿En serio no te lo imaginas?
- Pues la verdad es que no (no pensaba en nadie en particular. Al fin y al cabo todos los que conocía o habían venido o estaban muy lejos, o vendrían al día siguiente, pues ya me habían avisado).

Mi marido me dio la tarjeta y cuando leí de quién era.... Otra vez una lagrimilla. Mi jefe!!! mi jefe y su secretaria me habían enviado un ramo precioso. ¿A qué sí? 

Mi jefe (indirecto, pues soy de una empresa externa dentro de la empresa donde estoy) siempre había estado pendiente de mi embarazo. Cada día cuando pasaba por delante de mi mesa, o cuando me pedía algo me preguntaba cómo iba todo. Pues él sabía los problemas que había tenido al principio. Así que cuando lo vi pensé: No podía ser otra persona, tanto mi jefe como su secretaria habían mandado este precioso ramo.

La noche, obvimente, la pasamos tranquila. Por la mañana no había manera de despertar a la enana. Por lo visto, después del parto, los niños tienen un momento álgido, que es cuando hay que ponerles en el pecho, para empezar con una buena lactancia. Y pasadas unas horas los bebés se aplatanan. Y mi hija estaba en esa fase. Las enfermeras me decían que tenía que despertarla, porque tenía que comer cada tres horas. Nosotros, aunque no me gustaba mucho, la despertábamos, pero cuando la cogía en brazos e intentaba meterle la teta, ella ya estaba durmiendo.

Por la mañana vino a verme una gran amiga. Montse. Que tenía muchas ganas de ver a la pequeña. Estaba muy emocionada. Aixxxx, Montse, que mona eres!!! 

También apareció mi jefa. Me dijo que pasaría a ver a la pequeñaja y además de darle los papeles para agilizar todo para la baja.

A medio día volvió a venir mi madre. Esta vez, con solo una amiga. Estuvieron haciéndome compañía, mientras mi marido comía tranquilamente. Mis padres son abuelos primerizos y a lo mejor Carlota es su única nieta, pues no tienen más hijos que yo y no sé si podremos tener otro (espero que las cosas cambien y sí podamos plantearnos tener otro hijo). Así que como imagináis, estaban eufóricos y no había manera de quitarles a la niña de los brazos. 

Después de comer, vino mi primo, que no había podido venir el día anterior, con su mujer y sus niñas. Recuerdo que cuando vio a la enana me dijo: - Pero cuanto pelo!!! 
Pues sí, la niña había nacido, como su madre, con una buena mata de pelo. Dicen que por eso tenía tantos ardores.

Por la tarde vinieron los amigos. Mi grupo de amigos del cine y la universidad se vinieron hasta el hospital. Anna y Víctor, que iban a ser padres un poco después que yo (y aunque su retoño se hizo esperar, un mes y medio después teníamos a otro integrante más en el grupo). Joana, Gil, Raúl, incluso la madre de Anna y su hermana, que hacía tantísimo que no veía. Anna y yo hemos pasado muchas cosas juntas y he pasado muchos fines de semana en su casa. Así que es como si fuera la hija postiza de su madre :D 

Todas las visitas traían regalos y yo no sabía donde meter todo aquello. Todo era y es precioso y por suerte, todo el mundo pensó en traer cosas útiles para los nuevos papás y su princesa. 

El último día fue mucho más tranquilo y pudimos descansar. Mi madre se quedó a dormir conmigo, para que mi marido pudiera ir a casa, dar de comer a los gatos, poner arena limpia, cenar (sé que se fue con mi padre a comer una super hamburguesa, pero era porque le daba envidia mis menús. ¡Que comida tan rica había en el hospital!).
Aquella noche las enfermeras me dijeron que tenía que darle la teta a la niña cada tres horas, porque había perdido mucho peso. Por lo visto es normal perder el 10%, pero ella había perdido eso el primer día y el segundo un poco más. Así que cada vez que tenía que darle la teta se la llevaban y la pesaban. Después la volvían a traer, le daba la teta, se la volvían a llevar y la volvían a pesar, y me traían un biberón con refuerzo.
No me gustaba tener que darle le biberón. Pero si era porque había bajado de peso, no podía hacer otra cosa. Me daba pánico que aquellos refuerzos se cargaran mi lactancia. En mitad de la noche, la niña se puso a llorar. Pero no habían pasado tres horas y no me dejaban darle teta (otra cosa para cargarse la lactancia). La enfermera vino, con cara de pocos amigos, porque supongo que la había despertado y me dijo que no le podía dar teta, que no habían pasado tres horas. Que le diera un chupete. No llevaba chupete. Y no lo llevaba porque me habían insistido en las clases de preparación al parto que no les diéramos el chupete hasta tener la lactancia establecida. Pero la enfermera trajo uno y ni corta ni perezosa se lo enchufó a mi niña. Pero es que mi princesa es muy lista y ella no quería el chupete, ella quería a mami y a su teti. Así que cuando le metió el chupete. Ella lo escupió. Se lo volvió a meter y para que no lo escupiera lo mantuvo cogido con la mano. La niña paró de llorar. La enfermera se fue, y no sé si fue porque notó que ya no estaba, pero tal y como cerró la puerta escupió el chupete y volvió a llorar. Así que la enfermera dijo... bueno, pues dale el pecho. 
Es que hay que ser neandertal para no ver que era eso lo que quería. El calor de los brazos de mamá y su teta en la boca. Fue ponerla y se quedó súper tranquila.

La última mañana en el hospital fue tranquila. Mi marido y mi padre aparecieron a primera hora. Mi madre se fue a trabajar y yo empecé a recoger todo y a vestir a la niña. Por fin nos íbamos a casa!!!! 

Así que como veis, las visitas en el hospital, excepto la primera tarde, que nos juntamos once personas, fueron escalonadas y perfectas. 

Por suerte, las de casa, también. Pero eso lo contaré en otro momento.

¡Ah! Y hoy nuestra princesita cumple 7 meses. 7 meses desde que por fin la pudimos ver. Pasa el tiempo demasiado rápido. Así que no debemos perdernos nada. Ya nos perdemos mucho cuando estamos trabajando. 

martes, 27 de enero de 2015

LA LLEGADA DE LA PRINCESITA (IIIª PARTE)

Me pasaron al paritorio. Aquella mujer, la comadrona, me dijo que me tumbara en la camilla. Le dije que hasta que llegara el anestesista quería quedarme de pie. Obviamente no me dejó. ¡Claro! no tengo derechos. Ella manda y yo obedezco. (Cada vez que lo pienso se me remueven las entrañas).

Me tumbé y el anestesista llegó. Justo una contracción. Y me puse con las piernas abiertas. La comadrona me decía que me estuviera quieta y el anestesista le decía que podía moverme, que todavía estaba preparando el mejunje. Pero nada. Esta mujer mandaba y yo callaba.

- Ahora, cuando el anestesista diga. Yo te cogeré el cuerpo y te pondré en la posición correcta para que te pinche. Tú déjate hacer y no te muevas.
- Eso va a ser difícil. Me duele la espalda con cada contracción.
- Pues te aguantas. Así que ahora te cogeré.
- Pero ¿cómo? ¿No me hará daño?
- Claro que no. Tú estate quieta.

No tuve mucha opción. Así que me quedé quieta. Esta mujer, luchadora de sumo, me hizo una llave rara, me cogió por detrás del cuello y los brazos y también las piernas, me puso la cabeza bajo su cuerpo y yo no podía respirar. Se lo dije:

- ¡No puedo respirar! (entre las tetas y la barriga me era imposible coger aire)
- Si hablas es que puedes respirar. ¡No te muevas!

En fin, yo casi ahogándome. Esa mujer encima mío. No podía hacer nada. O casi... Me cogí a su brazo con la siguiente contracción y apreté. Apreté bien fuerte. Aquella fue una de las peores que tuve. No tardó mucho en decirme que aquel brazo que estrujaba era el suyo. Yo le pedí perdón y le dije que no me había dado cuenta (Mentira!!! Sí me había dado cuenta, pero no tenía donde cogerme, no podía ponerme en la posición que quería y no me dejaba respirar. Así que se aguante un poco. LEÑE!).

Después de aquello, nos volvimos a quedar solas. Le pregunté por mi marido. El que no había vuelto a ver desde que habíamos llegado al hospital. Poco después, por suerte, llegó. Aquella espera hasta poder verle se me hizo eterna. Aquello iba tan rápido que tenía miedo que se perdiera algún momento importante.

Cuando me quedé embarazada le pregunté si quería estar conmigo en el parto. Si él no estaba hubiera querido que una amiga estuviera conmigo. No tengo nada en contra de mi madre, pero dentro de un momento sabréis porqué no quería que ella estuviera conmigo.
Él me dijo que sí. Que estaría conmigo en ese momento. Pero que no quería mirar. Que no quería cortar el cordón, ni ver por donde había salido nuestra hija. Le daba demasiada aprensión y en cierto modo le entiendo. 
Así que cada vez que hablábamos del parto, él dejaba claro que él no quería mirar. Así que dicho y hecho, durante la expulsión se quedó a mi lado....

Cuando llegó a la sala le cogí de la mano y le dije que ya me habían puesto la epidural. Ya no sentía ningún dolor. Quería contarle lo mal que se había portado aquella mujer conmigo cuando llegó a la sala donde estaba yo. Pero ella seguía estando allí. Por supuesto no me dejaba en ningún momento. Aunque pegó un par de cabezaditas mientras esperábamos al ginecólogo.
Fue entonces cuando mi marido me dijo:

- Ya está. He dejado todos los papeles. Y ya nos han dado habitación y he llevado todas las cosas.
- Vale.
- Tus padres ya están en la sala de espera.
- ¿Y cómo están?
- Bien. A tu madre, las enfermeras, le han puesto un apodo.
- Ah. ¿Sí? ¿Cuál?
- LA HISTÉRICA.
- Jajajajajaja. Es que lo está. ¿Que ha pasado? ¿Las ha puesto nerviosas?
- ¿Y a quién no?
-Lo sé. Es mi madre. La conozco bien. Acuérdate que de los nervios me ha dejado la mano hecha polvo. Creo que es la que está más nerviosa. Más que todos nosotros (Ahora entenderéis porqué no quería que ella estuviera conmigo. Yo necesitaba calma y tranquilidad y mi madre era un manojo de nervios. La quiero, pero hay momentos que es mejor tenerla en la distancia, como una sala de espera).

Mientras todo esto pasaba, en la sala de espera estaban mis padres. Hay que decir que era de madrugada. Ninguna habíamos dormido y mi padre, igual que yo, cuando pilla el sueño, lo pilla. Así que el pobre hombre, que estaba tranquilo, esperando a que naciera su primera nieta, se quedaba dormido por momentos, mientras mi madre no podía dejar de pensar en qué estaría pasando. Ellos, supongo, pensaban que el parto duraría varias horas, así que intentaron acomodarse. Algunos más que otras.

Justo después de la conversación, la comadrona se levantó y sin mediar palabra volvió a urgar dentro. Sin saberlo había llegado hasta los 10 centímetros y ya era el momento de empezar a empujar.

Eran las 2.40, más o menos y justo en ese momento llegó el médico. Por fin una persona conocida urgaría por ahí debajo. Me miró y me sonrió.

- Le dije que me pondría de parto y no me dio el teléfono para poder llamar y que les avisaran a tiempo. Casi se lo pierde!!! (Todo esto lo dije en voz bien alta para que la comadrona me oyera).
- Jajajajaja. No pensé que te pusieras de parto. Pensé que serían los nervios antes de la cesárea. Pero parece que Carlota quiere salir sin ayuda, así que vamos a intentarlo.
- Sí. Parece que tiene prisa.
- Bueno Patricia. Ahora tienes que empujar con todas tus fuerzas cuando yo te diga.
- Vale.

La comadrona se puso a mi lado. Sé que es porque si la niña no salía me apretaría la barriga (la maniobra Kristeller, creo que se llama). Por supuesto, no iba a dejar que eso pasara. No quería que nadie se subiera encima mío. Es una barbaridad. Pero todavía lo practican. 

- ¡Ahora!

Cogí aire. Empujé con todas mis fuerzas. Y en cuanto oí, descansa, solté aire y volvía a tumbarme. Mi marido, como ya había dicho se quedó a mi lado, iba dándome ánimos, me tocaba la cabeza para que supiera que estaba allí.

- Vale Patricia. Ahora volverás a empujar cuando te lo diga. A lo mejor notas que te partes en dos, pero no es así, es una sensación extraña, pero tu no te preocupes. ¿Vale?.... ¡AHORA!

La verdad es que no sentía nada. No sentía si lo estaba haciendo bien o no. Cerré los ojos, cogí aire y volví a empujar con todas mis fuerzas. 

- ¡Ya está!

Cuando oí eso abrí los ojos y ahí estaba. ¡Carlota ya había salido!
Me la pusieron encima y fue entonces cuando lo supe: Era madre. Y desde aquel momento nadie podría hacerle daño, porque yo estaba allí para protegerla. 

Aquella personita había nacido de mi. Todo mi esfuerzo y empeño había merecido la pena. Ella abrió sus ojos y me miró. Ya sé que los bebés no ven del todo bien. Solo sombras. Pero ella me miró. Sabía que mamá estaba allí, junto a ella.
Fue entonces cuando miré a mi marido y los dos rompimos a llorar, de la emoción.

- ¡Cari! Ya somos una familia.
- ¡Sí! 

La comadrona se la llevó. Mi médico estaba enfrascado en una lucha sin cuartel. Por lo visto había sido rápido en el expulsivo, pero me había desgarrado de todas las maneras posibles. Puntos internos y externos. Pero yo no le quitaba ojo a mi niña.

La lavaron, la pesaron, la vistieron y me la volvieron a traer.

- Hola. Soy mamá. Bienvenida. Cuantas ganas tenía de verte mi niña.
- Chicos felicidades - dijo la comadrona. - Vuestra hija ha nacido a las 3.01 de la madrugada. Mami, no sé a qué te dedicas, pero deja el trabajo porque esto se te da de maravilla. Tienes el record de parto, en primeriza, de la clínica. Solo tres horas, dos empujones y listo.

¿Dónde estaba esa comadrona borde? ¿Había sido abducida? ¿Y esta quién era? No lo entendía. Fue dar el último empujón y a esta mujer le cambió el carácter. 

Después mi marido la cogió. Era la primera vez que cogía un bebé tan pequeño. Siempre había dicho que se reservaba para ella. Salió del paritorio y fue a la sala de espera. Donde los nuevos abuelos esperaban impacientes.

Poco después el médico acabó y a mi me llevaron a la habitación. Donde mis padres ya me estaban esperando.
La niña se la habían llevado y algo dentro de mi no me dejaba estar tranquila. Mi enana por fin había llegado. No es justo que se la llevaran. Yo la quería conmigo. Cada minuto y medio preguntaba por ella. 

A las 5 de la mañana llegó a la habitación. La enfermera la cogió y me la trajo a la cama. Y empezamos con las "clases" de mamar. Porque al final las "clases" me las di yo misma a través de ver qué es lo que necesitaba mi hija.

En cuanto la niña se quedó tranquila, los tres sacaron sus móviles y nos hicieron nuestra primera foto juntas. Después esa foto fue enviada a familiares y amigos. Y en unos pocos minutos empezaron a recibir las felicitaciones.

¿Sabéis que me pasó después?
Me entró el pánico. Después de tener a la niña en brazos, mamando un rato, o intentándolo. Me entró el miedo. Iba a ser una buena madre, sabría cuidarla, cogerla, cambiarla, darle de comer???????? 

La dejamos en su cuna. Mis padres se fueron. Tenían que ir a trabajar. Y mi marido y yo intentamos descansar un rato.
A media mañana llegó mi primera visita. Mi prima. La mayor de todos mis primos. Se había ido de una reunión antes de tiempo y se escapó para venir a vernos. No podía dejar pasar esa oportunidad. ¡Me encantó!
Poco después, cuando se fue escribió esto en el facebook:

Que la teva cosina "petita" tingui una filla és com tornar de sobte més de trenta anys enrere i reviure aquell momen difús en què va néixer ella... Què guapa i petita era... I avui, quin gran dia!
(Que tu prima "pequeña" tenga una hija es como volver de pronto más de treinta años atrás y revivir aquel momento difuso en que nació... Que guapa y pequeña era... Y hoy, que gran día!)

A la tarde, entre visita y visita, mi marido me miró.

- ¿Qué te pasa?
- Nada.
- No es verdad. Te conozco. No has cogido a la niña salvo para ponerla en la teta y que coma. ¿Todavía lo estás asimilando?
- Sí. No me lo creo. Tenía que nacer el miércoles y mírala. Ya está aquí. Todo ha salido bien. Y ahora??? ¿Qué pasará?
- Cariño. Ha salido a ti. Quiere ser la primera y no pedir ayuda. 

Me la volvió a poner en brazos y lloré. Lloré porque tenía razón. Era madre. Una madre osa que haría todo lo humanamente posible por ella. Que sería la mejor madre que ella pudiese tener. Porque simplemente tenía que dejar que mi instinto me guiara. Como siempre había hecho.

Mi corazón había salido de mi cuerpo y había tomado forma. Ahora mi corazón es ella. Es Carlota


Este post se lo quiero dedicar especialmente a mi marido. Mi compañero en la vida. Siempre nos tenemos el uno al otro, aunque haya momentos de peleas tontas, sabes que siempre estaremos juntos.

viernes, 23 de enero de 2015

LA LLEGADA DE LA PRINCESITA (IIª PARTE)

Estaba en el baño. Me había vuelto a dar otra contracción. Así que chillé:

- Cari. Cari. Cariiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.... ¡Ahhhhg!

Pero mi marido no contestaba. Eran las 00.40. Fui a levantarme pero me fue imposible. Otra contracción.

- DAVIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIID!!!!!!!!!!!!!!
-¿Qué? 
- ¡HE ROTO AGUAS! ¡ESTOY DE PARTO!
-¡No jodas!. Mañana tengo que ir a trabajar....

Sí, señores. Yo estaba de parto y mi marido medio somnoliento solo pensaba en el trabajo.
Se levantó corriendo y vino al baño. Al ver que estaba bien, llamó rápidamente a mis padres, nuestros chóferes, para irnos al hospital.

- No Sabina. Está en el baño. Tiene contracciones
- ....
- ¡Claro! No sé cada cuanto, pero tiene contracciones.
- Dile a mi madre que vengan ¡YA!, que he roto aguas y que tenemos que irnos al hospital (todo esto lo dije con muy mala leche, después de otra contracción).

jueves, 22 de enero de 2015

LA LLEGADA DE LA PRINCESITA (Iª PARTE)

Antes de empezar con la historia, quiero comentaros que aunque en algunos momentos penséis que me lo he inventado o mejor dicho que lo he exagerado para que os haga gracia, os digo desde ahora que todo lo que voy a contar en esta entrada y en las siguientes sobre la llegada de mi princesita a este mundo son totalmente ciertas.

Os pongo en antecedentes, porque nada tiene desperdicio:

Al día siguiente de que el médico me dijera que la niña venía grandecita y que sería mejor hacer cesárea, me desperté más tranquila que nunca, algo cansada, pero muy tranquila. 
Me levanté de la cama y fui al baño (para variar, porque parecía una fuente perpetua). Cuando me limpié vi que algo viscoso se había pegado al papel. Me quedé sin respiración medio minuto (pensé: Y esto qué es???? Y ahora qué pasa?) Por suerte reaccioné rápido. Las clases de preparación al parto volvieron a mi memoria y aquello era el tapón mucoso.

Desayuné, me preparé, pasé a decir hola a mi madre (es que tiene una tienda justo debajo de mi casa) y me fui al ginecólogo a llevar la autorización del seguro médico (porque para todo hay que pedir autorización, no vaya a ser que te cobren de más).
Cuando llegué a su consulta le di los papeles a la enfermera, le dije que quería ver al doctor, por lo que había visto por la mañana. Pero ese día tenía la agenda bastante apretada y es que ya había varias mujeres esperando. Supongo que al verme la cara se apiadó de mi y entró ella para comentarle al doctor lo que me estaba pasando.
A los pocos minutos volvió a salir y me dijo que el doctor le comentó que aquello era normal, que no me preocupara por nada. Y le contesté:

- Sé que es normal. Me puedo poner de parto en cualquier momento, el problema es que me ponga el fin de semana y el doctor tenga la consulta cerrada. Porque no me ha dado el teléfono de la comadrona (que por cierto, llevaba desde la semana 37 pidiéndoselo por si la enana se adelantaba).
- Dice el doctor que no te pondrás de parto. Ayer te miró y dice que estás muy verde todavía. Así que en serio, no te preocupes. Ve a casa y descansa hasta el miércoles. Igualmente, si te pones de parto antes del miércoles vete al hospital, a él lo llamarán y ya irá para allí.
- Vale. Si usted lo dice.... 

Y así, tan feliciana (aunque con la mosca detrás de la oreja) me marché a ver a mi madre y comentarle todo aquello. Ella en cuanto llegué me preguntó por el trabajo, pero yo quería ir. No me pasaba nada, no tenía síntomas y me encontraba perfectamente. Había quedado con mi jefa que el día 30 de junio, lunes, sería mi último día de curro. Me pedí el día 1 de fiesta para descansar antes del día de la intervención.
La verdad es que fue un viernes muy tranquilo. La única persona que estaba conmigo en la oficina era la chica de la limpieza. Que lo único que me decía es: no me pegues un susto. A ver si hay que salir corriendo. (Pobre, estuvo toda la tarde pendiente de que no me faltara de nada).

Al día siguiente me levanté más cansada que el día anterior. No paraba de levantarme al baño por la noche y llevaba ya una semana que no dormía una noche entera seguida y eso no me había pasado nunca.
Por suerte era sábado y esperaba que fuera un día tranquilo. 

¿He dicho tranquilo? ¡JA! Lo primero es que era la fiesta del barrio y no me había enterado (somos nuevos en el barrio y no me acordaba de cuando era la fiesta). La calle estaba cortada. Ruido todo el día, pues justo delante de mi ventana montaron el escenario para la orquesta. Bueno, orquesta por la noche (este año fue un dj) y un payaso por la tarde que no paraba de desafinar cantando las canciones de cuando yo era pequeña. 
Lo segundo es que ese día llegaban los muebles de la pequeñaja. Hacía más de un mes que los habíamos comprado, pero como no los tenían en aquel momento, quedamos que en tres o cuatro semanas nos los traerían. Habían pasado 5 y tuvimos que pelearnos con la telefonista para que los trajeran aquel fin de semana (No compréis nunca los muebles en el conforama si en aquel momento os dicen que no están en stock, os pasará esto mismo).
Al estar la calle cortada el repartidor de la tienda me llamó dos veces. Cada vez me estaba poniendo más nerviosa. Parecía ser que había tantos bultos que transportar que no podía venir desde la esquina hasta mi casa con ellos, en varios viajes (la esquina está a un minuto de mi casa). Al final, para que se quedara, bajaron mis padres y mi marido para ayudar.... En fin, prefiero olvidar eso. Aunque no pude. Pues cuando se pusieron a montar la habitación mi padre y mi marido, faltaba una pieza que según ellos, era clave y que sin ella no podían montar la habitación. Parecía ser una broma macarra del destino. Llamamos al transportista y este nos dijo que no vio la pieza. Que el lunes sin falta la traía, pero que ya estaban dejando el camión y que no iba a volver. 
Quedamos así, no tenía muchas ganas de discutir. Estaba demasiado cansada. 
Me pasé medio día sentada en mi pelota para embarazo. Era el único sitio donde aguantaba más de una hora. 

- ¡ufffff! - me toqué la espalda.
- ¿Qué pasa?¿Contracción?¿Estás de parto? - mi marido estaba algo nervioso (aunque él siempre dice que lo decía en broma).
- No cari. No estoy de parto. Solo que me ha dado un pequeño calambre en la espalda. Es que no encuentro la postura para estar cómoda. La niña no para de moverse.
- Yo de ti el lunes no iría a trabajar. Mira como estás. Deberías descansar....

La verdad es que cada día tenía menos fuerza y después de que mi madre y mi marido me convencieran llamé a mi jefa y le expliqué lo que me estaba pasando. Así que ella (esta vez muy amable, me dijo que llamaría a la persona que me sustituía para que empezara el lunes).

El domingo sí que pude descansar. Me pasé el día en el sofá, viendo series con mi marido. No hice nada de nada. Solo descansar. Menos mal que mi marido es un cocinitas y preparó uno de sus platos estrella.

Al madrugar al día siguiente, mi marido se fue temprano a la cama. Pero yo decidí que quería quedarme para terminar de ver una serie que me encanta y que a él no le gusta nada. Así que me estiré en el sofá, me puse mirando hacia la tele. Nuestros dos mininos se tumbaron en mis pies para darme calor. 

Por fin había encontrado la postura. Por fin me encontraba a gusto. Por fin Carlota se había quedado quieta en mi barriga. Y poco a poco cerré los ojos.

-¡Aaaaaaaauuuuuuuu! 

Un dolor insoportable apareció en mi espalda. Parecía que me hubieran partido en dos. ¿Qué pasa? Me levanté corriendo y en ese instante algo empezó a correr por mis piernas.
Rápidamente fui al baño. Me bajé los pantalones, el culotte y miré. No había sangre. No había nada.....

- ¡Aaaaaaaaaaaaaaa! 

Otra vez ese maldito dolor. Ahora sí. Estaba segura. No me había hecho pipí encima. Había roto aguas. Eran las 00.30

Carlota había decidido que a ella no la tenían que ayudar. Había sido fuerte para superar todos los problemas que habíamos tenido en el embarazo. Este empujón final, lo haría ella sola....

(mañana os traigo el final)

martes, 20 de enero de 2015

LA AVENTURA DEL EMBARAZO (IIIª PARTE)

Poco a poco nos hacíamos a la idea de que aquello iba viento en popa. Todo estaba bien, la niña no presentaba nada malo y yo cada día me estaba encontrando mejor. 

Pero no siempre ocurren las cosas que queremos y pasadas unas semanas, desde el susto de año nuevo, llegué al trabajo, feliz como una perdiz, para ver, en el baño, otra vez, esa dichosa sangre. Pero esta vez no me preocupé tanto, pues era oscura y ya me avisaron de que podía pasar. La verdad es que pasé una tarde tranquila, hasta que a la noche la volví a ver. Se lo comenté a mi marido y me dijo, si mañana por la mañana sigue sangrando al ir al baño te vas al médico. 

Yo notaba a la niña dentro de mi, y sabía que estaba bien. Pero, como no sabía qué podía ser, decidí que sería mejor curarme en salud y visitar al médico. Él me examinó y era, como yo pensaba, la sangre de la placenta. Era sangre antigua (como me decía él), pero igualmente, me dijo, mejor una semana de reposo, que a lo mejor ha salido ahora por algún movimiento o algo extraño. 

Así que otra vez de baja. Llamé, como siempre, a mi jefa, desde el móvil, al salir de la consulta del ginecólogo, de camino al médico de cabecera para que me diera la baja. Lo recuerdo como si fuera ayer. Era viernes así que la llamé rápidamente para que avisara a quien tuviese que venir a sustituirme.
El problema es que mi jefa me tenía algo guardado:

- Hola. Me han dicho que tengo que quedarme en casa, otra vez, una semana. He vuelto a sangrar y quieren que haga reposo, por la niña.
- Claro. - Dijo mi jefa-. Pero la baja es para el lunes. ¿No?
-Ummmmm. No. Es para ahora, como comprenderás, he sangrado hoy, no el lunes que viene.
- Ya... Y no tienes corazón para venir a trabajar??? Es que al ser viernes...
- A ver. El médico me ha dicho que tengo riesgo de aborto. No tengo corazón ni para cruzar la calle. Así que no voy a ir a trabajar. Como comprenderás.
- Claro. Claro. Bueno, esto se veía venir.
- ¿El qué?
- Nada. Es que es normal con tu peso que te pasen estas cosas.
- ¿Perdón?
- Seguro que cuando estés de 5 o 6 meses me dirás que te coges la baja hasta después del parto. Porque claro, con lo gordita que estás, la barriga y el calor que hará en ese momento, no lo podrás soportar y cogerás la baja.

Como comprenderéis, me dieron ganas de estampar su cabeza contra el asfalto. Menos mal que todo era por teléfono. Me quedé fatal. Le conté todo a mi madre, que fue quien me acompañó al médico. Quería llamarla ella, y quedarse a gusto diciéndole cuatro cosas. Pero no la dejé. No fuese que me quedase sin trabajo, después de que se quedase a gusto, diciéndole todo lo que pensaba de ella.

La verdad es que toda esa conversación me dio pena. Sentí pena por mi misma, porque pensé... A lo mejor tiene razón. De esa pena pasé a la rabia y avisé a mis compañeros de lo que estaba pasando (soy de una empresa externa y los de la otra empresa me trataron infinitamente mejor que mi propia empresa). Les conté lo que me dijo la jefa, y que sentía que a lo mejor, querían echarme o algo parecido. 
Por supuesto me dijeron que eso no era así. Que no me preocupase por esas tonterías y que directamente estuviese lo más tranquila posible. Por mi y por la enana de mi barriguilla.

Así que eso hice. Descansar, tranquilizarme y dejar pasar los días. Al poco tiempo, casi ni me acordaba de ello. Aunque aún es hoy que cuando hago memoria me da mucho coraje, por no haberle dicho lo que pensaba de ella en ese momento.
Lo mejor de todo esto, fue que ella misma me dio fuerza y empuje para seguir con todo hasta el último día.

Después de esa semana de reposo total. Volví a la carga. Todo iba bien. Cada día notaba más a Carlota. Y eso me daba paz y tranquilidad.

Empecé el último trimestre genial. La gente de mi alrededor me iba cuidando y Carlota ya empezaba a hacer de las suyas.
Dicen que los fetos se mueven cuando descansamos, pero en cambio cuando nos movemos ellos descansan. Carlota no. Carlota se movía cuando yo me movía. Pero por suerte, se quedaba quieta y tranquila por la noche. Vaya patadas me daba!!!! 
Me gustaban nuestros momentos a solas. Me gustaba que fuera algo diferente. Por ejemplo, todas las mamis o futuras, me decían: A mi me encanta que mi marido o mis padres o quién sea, pone la mano en la barriga y el bebé se mueve
Pues oye, mi niña se movía libremente por su espacio vital y cuando notaba que alguien tocaba la barriga de su mamá, ella se quedaba quieta. Así que tanto el padre como los abuelos, pudieron ver como había bultos que aparecían y desaparecían en mi hermosa barriga, pero en ningún momento la notaron como es debido. 
Recuerdo que una amiga, Joana, un día la notó, fue sin querer, puso la mano justo en el momento en que ella se movió. Y me hizo gracia, porque fue de los pocos que alguna vez notaron a mi bichilla moverse dentro de mi.

Cada día iba al trabajo feliz, sonriente y con una barriga que crecía por momentos. Imaginaos si era grande, que más de una vez, alguna señora, en el bus me preguntaba: ¿Gemelos, verdad?
Y cuando les decía que solo era una, me decían... Ufff, seguro que tendrán que sacártela porque es muy grande. Incluso recuerdo que se me quedó cara de pez cuando una señora me dijo... Pues sí que has engordado, no??? ¡PUES NO SEÑORA! No he engordado ni un gramo :(

Como os decía yo estaba bien, Carlota estaba bien y todo iba viento en popa. Pero mi ginecólogo no las tenía todas consigo. En una de las visitas me dijo que la niña era muy grande y que quería que repitiese la prueba del azúcar, por si acaso. Así que me tocó volver al sitio de los análisis, los laboratorios Echevarne y pasarme 3 horas sentada en una silla, después de tomar una bebida, parecida al Tang (aunque algo más azucarada).
Menos mal que todo volvió a salir bien. Respirábamos tranquilos por una vez.

Cuando llegué a la semana 37 mi médico me dijo. A partir de ahora nos vemos todas las semanas. Habrá revisión y correas. Tenemos que vigilaros a las dos

En la semana 38, con una barriga enorme, me hizo el tacto y las correas. Yo esperaba que fuera una visita más, sin ninguna complicación. Ya no me haría ninguna eco, así que solo quedaba esperar. Pero mi ginecólogo volvió a hacerme una eco. No estaba seguro del crecimiento de Carlota.

Después de las correas, la eco y lo demás, él me lo confirmó. La niña viene grande. Si llegas a la semana 40, llegará hasta los 4 kilos. Así que mejor te hacemos cesárea.

Por un momento sentí frustración. Después de todo lo que había hecho no podría llegar a la meta sin hacer trampas. Me la tendrían que sacar y no pasaría por todo el proceso (que aunque le tenía algo de respeto, también le tenía muchas ganas). Yo no iba a parir a mi bebé, me la iban a sacar.

Sin darme cuenta, estaba sentada, frente al doctor, mientras me decía que el miércoles de la siguiente semana la sacaría. 

- Pero solo estaré de 39 semanas.
- Sí. Pero no podemos esperar que llegues a la semana 40. No te preocupes. El día 2 de julio nacerá tu niña. Quedamos a las 11.

Es entonces cuando vi la parte positiva de todo aquello. Sabía el día y la hora en que Carlota vendría a este mundo. Así que avisé a todo el mundo.

"Gente. Me hacen cesárea. Carlota es enoooooorme. Así que ya sabéis, no hagáis nada el miércoles que os toca visita en el hospital".

Así que solo me quedaban 6 días para verla.
6 días para tenerla en brazos.
6 días para ver al amor de mi vida.

NERVIOS EN MODO ON

jueves, 15 de enero de 2015

LA AVENTURA DEL EMBARAZO (IIª PARTE)

Desde ese momento empecé a cuidarme más. Empecé con la comida. Todo era más sano y saludable. La verdad es que el médico me dijo que podía comer de todo (algo bueno tiene haber pasado la toxoplasmosis ;P). Pero al tener un peso bastante elevado, era mejor que tuviera cuidado en coger muchos kilos durante el embarazo, pues no es muy recomendable, así que decidí seguir sus instrucciones, fuera el pan, la patata, la pasta y cosas por el estilo por la noche. Cositas ligeras pero que no me dejaran con hambre. Comer cada tres horas y muchas más cosas.

Pensé que con cuidarme un poquito, ganaría peso, pero no exagerado como él pensaba que pasaría.... ¿Sabéis qué? Los dos primeros meses adelgacé un total de 7 kilos!!!!!! (Nadie se lo creía y menos yo). A partir del tercer mes me quedé igual. La barriga iba creciendo día a día y sabía que Carlota también estaba bien en cada revisión, pues crecía muy bien, pero nada, yo no ganaba ni un kilo. Los dos últimos meses del embarazo gané un total de 3 kilos y medio. Mi médico me felicitó y me confesó que al verme el primer día supo que tendría que echarme la bronca por engordar mucho. Lo que él no pensaba es que yo no solo me cuidaba a mi, si no que cuidaba la casita de mi bebé durante esos nueve meses que estuvo dentro. Mi cuerpo era un templo y había que cuidarlo para que estuviera perfecto para la visita que se hallaba ahí dentro.

Después del pequeño susto que tuve (según os conté en la aventura del embarazo Iªparte), llegaron las Navidades y como la familia ya lo sabía (porque mi madre no podía aguantarse y cada día me decía, tengo que decirlo, déjame que se lo diga a tu tía, por favor. Al ver que yo siempre le decía que no, que esperara, que cuando pasara el primer trimestre lo contábamos, decidió que era mejor ir a por el débil, mi marido, al que le prometió que le compraría un juego para la play que tanto quería si me convencía. Y así lo hizo...) fueron unas Navidades muy especiales. Regalos especiales para el bollito que crecía dentro de mí. Regalitos para la futura mami (como ropa pre-mamá para ir a trabajar que me hacía muchíííííííísima falta). Regalitos especiales al futuro papá y no sé cuantas cosas.

Pero el destino me preparaba una sorpresa. Y en ningún momento, durante esas fechas tan bonitas me imaginé que empezaría el nuevo año 2014 con el pie izquierdo, pues en cuanto terminé de comerme la última uva empecé con una tos terrible. No me lo podía creer!!!!! Unas horas antes, estaba como una rosa, en el trabajo y luego yendo a comprar regalitos y justo a las 12 de la noche esa tos terrible que no auguraba nada bueno. Y yo cuidándome al máximo. Pero por lo visto, si tiene que venir a verte la gripe, el constipado o cualquier enfermedad tocac******, vendrá sin más.

El día 1, después de llegar de casa de mis suegros, estaba fatal. Empecé a tener fiebre y no bajaba. Estaba asustada. Mi marido sin pensarlo dos veces, llamó a urgencias y le dijeron que solo podía tomar paracetamol.
Al día siguiente seguía con la tos (cada vez era más molesta y más fuerte) y la fiebre subía y bajaba a su antojo. Lo peor era que tenía que ir a trabajar, todo el mundo estaba de vacaciones y mi jefa no me cogía el teléfono. Mi marido no quería que fuera a trabajar, pero tampoco nadie me podía sustituir. Al ver que la fiebre había bajado, por la mañana cuando me desperté decidí ir con mis medicamentos en el bolso. A media mañana pude contactar con mi jefa, desaparecida durante las vacaciones y le dije que no podría ir al día siguiente, porque en cuanto saliera de allí me iba al médico.

Al salir, fuimos al médico, tenía hora para que me diera unos resultados. En cuanto llegué y me vio no lo dudó, me recetó antibiótico. Yo me preocupé un poco, porque hasta lo que sabía no podía tomarme eso durante el embarazo. Mi médico me contó que eso no era así. Que sí se podía tomar, pero siempre bajo supervisión médica. Lo que nunca se debe hacer estando embarazada (y sin estarlo) es automedicarse.
En esta visita médica, me dio unos resultados que tampoco ayudaron a mi estado anímico. Por lo visto, había bastantes posibilidades de que el feto viniera mal. ¿qué significaba eso? ¡Mi bebé "mongeta" estaba perfectamente!. Era otra broma de mal gusto del destino?????
Estuvo contándonos que podríamos hacernos la amniocentesis. Pero a mi me daba mucho miedo. Pincharme, un riesgo (aunque pequeño) de aborto.... Ufffffff.... Después del susto no quería pasar por algo así.
Decidió hablarnos de otra prueba. Una prueba nueva en España, que desde hace años se va practicando en otros países. No es nada invasiva y los resultados también son certeros. Simplemente, tenía que hacerme un análisis de sangre (Es una prueba prenatal no invasiva, a partir de una analítica de sangre de la madre, que permite la detección de las anomalías cromosómicas más frecuentes, fundamentalmente el síndrome de Down de aproximadamente del 95% para la detección de las trisomías 13 y 18, a partir de la semana 10 de embarazo).
Él único problema de esta prueba es que no entraba por el seguro médico. Solo te la hacen si pagas y no es que sea precisamente barata. (Gracias papá, gracias mamá porque por vosotros pude hacérmela).

Mientras esperábamos al resultado, por culpa de la tos, tuve otro susto (parece que mi embarazo no podía ser del todo tranquilo). Otra vez sangre. Pero esta vez era abundante, era roja, muy roja. En plena noche, sin avisar. Fui al baño y ahí estaba. Mi marido y yo corrimos al hospital y yo no podía parar de llorar. Otra vez no!!!! Pero sabía que esta vez era diferente, la sangre era más roja que la otra vez. La otra vez, solo fue un poquito. Esta vez fue mucha más. 
Justo antes de entrar para que me hicieran una exploración le pedí a mi marido que llamara a mis padres. Necesitaba que estuvieran allí, por si algo malo pasaba. Entré y una enfermera muy amable me hizo el historial, mientras llamaban a la doctora (os voy a contar una anécdota. Al llegar al hospital me dijeron que tenía que esperar porque la doctora estaba en una cesárea de urgencia. En la sala de espera no había nadie. Así que me sorprendió un poco. Pero estaba tan afectada por lo que me pasaba y por el miedo a que pasara algo que no le di importancia. A los cinco minutos me metieron dentro y la enfermera volvió a decirme lo mismo. Mientras me hacía la ficha, la doctora vino al box. La enfermera le dijo: ¿Ya acabó la cesárea?. La doctora subió una ceja, con cara de no-sé-de-qué-me-estás-hablando y contestó: Acabó hace media hora. Estaba tomando un café con la otra doctora).
La doctora me pidió que me quitara la parte de abajo de la ropa y que me tumbara. Dicho y hecho. Me miró y me dijo que no me preocupara. Que a veces, nos damos estos sustos y no son para tanto. Cuando me puso el gel yo estaba temblando. No sabía qué iba a ocurrir y no podía escuchar que a mi pequeño le había pasado algo. No ahora, no en ese momento. Durante la exploración, la doctora encontró el problema y todo venía por culpa de esa maldita tos que me perseguía desde hacía unos días.
De tanto toser, y toser con mucha fuerza (porque aquí la presente es una brutota) hizo que se me hiciera una fisura en la placenta. Una fisura pequeña, pero que tenía que tener cuidado de que no creciera. Era pequeña, milimétrica, pero lo justo como para que hubiera habido problemas. La única solución era: recuperarse de esa maldita tos y otra vez una semana de reposo, como mínimo. También me advirtió que podía volver a sangrar, pero que si la sangre era oscura, no me preocupara, porque era sangre que se había acumulado y que tenía que salir, si no, saldría el día del parto.
Cuando salí y fui a la sala de espera, los tres me esperaban; Mi marido y mis padres tenían la peor cara del mundo. No sabían qué había pasado. Pero al verme, supongo que respiraron tranquilos. Les conté entre lágrimas lo ocurrido. Mi marido me echó la bronca por lo de toser tan fuerte. Y a partir de ahí todo fueron mimitos para mí y mi barriguita. 

Pasaron los días y llegaron los resultados de la prueba. Yo ya volvía a estar trabajando. No había vuelto a manchar y me sentía muy a gusto. Las pruebas me las hice en un sitio que le habían recomendado a mi madre. Ya sabéis, ella tiene una amiga que trabaja para esos laboratorios y nada... Mejor ahí que ya conocemos a alguien.
Cuando esta amiga de mi madre supo que ya estaban los resultados. Los recogió, llamó a mi madre y le dio la noticia.
Acto seguido colgó y me llamó a mi.
- Patri. Los resultados ya están. - A mi madre le temblaba la voz y eso hizo que me sobresaltara.
- ¿Ha pasado algo? ¿está todo bien?
- Sííííííííí... orggg... está... todo... bien... org - me decía entre lloros.
- Y entonces, ¿porqué lloras? Todo está bien. - respiré aliviada
- Ya... Pero... es...que... es una NIÑA!!!!!! - seguía llorando.
- Mamá. ¿Lloras porqué tu querías niño? - Le dije bromeando.
- Nooooooo tonta!!! lloro porque estaba muy nerviosa. Es una niña. Tu padre se va a poner muy contento y el David (mi marido), me lo va a restregar por la cara. 

Y la verdad es que sí, el abuelo se puso muy contento, pero el papi de la criatura saltaba loco de contento, porque iba a tener una princesita, como él quería. Por suerte, el nombre ya estaba más que hablado y ganó el mío: CARLOTA. Un nombre con fuerza, un nombre que llena mi boca cada vez que lo digo, porque lo lleva el amor de mi vida.

martes, 13 de enero de 2015

LA AVENTURA DEL EMBARAZO (Iª PARTE)

Creo que uno de los días más memorables en mi vida fue el día 1 de noviembre (día de todos los santos) de 2013. Fue el día en que mi vida cambió. Pasé de ser una persona, a ser una y otra creciente. Fue el momento de saber que Carlota (en aquel momento, mi bebé "mongeta") estaba dentro de mi, creciendo fuerte. Me había convertido en una incubadora para los siguiente meses.

Salí del baño, temblando de la emoción. No le había dicho a mi marido que iba a hacerme la prueba. Él sabía que llevaba unos días rara. Con dolores como si fuera a venir mi amiga la roja, pero además con mucho ardor en el estómago. Me dirigí hasta su despacho-habitación de juegos. Cuando entré, decididamente le di la prueba de embarazo. Recuerdo que al verla la vio y saltó de la silla. No nos dijimos nada. Simplemente nos miramos y nos abrazamos. Los dos rompimos a llorar por la emoción. Los dos siempre habíamos soñado con que ese día llegara. En tan solo unos meses una nueva personita llegaría a nuestras vidas y nos robaría el corazón.

Nos vestimos rápidamente y fuimos a dar la gran noticia a los futuros abuelos. ¡Que fiesta se montó en las dos casas!

Pasé unos días de dicha y júbilo. Se lo contamos solo a los más allegados. A nuestros padres, a mi cuñada y a unos pocos amigos. No queríamos contarlo a nadie más. No hasta que pasaran los temidos primeros meses. Todo estaba yendo bien durante esos días. Hasta que de pronto apareció algo que no quería. Sangre. Poquita. Pero ahí estaba.

No podía dejar de pensar: ¿por qué?¿Qué he hecho para que esto se convierta en una pesadilla?¿Qué está pasando?¿Estará bien mi pequeño bebé "mongeta"?
Rápidamente llamé a mi madre (¿a quién si no?). Siempre acudimos a las madres cuando no nos sentimos bien. Ellas nos protegen y ayudan. Y con este susto no podía estar sola. La necesitaba.
Vino rápidamente a buscarme y me acompañó hasta la consulta de mi ginecólogo. Mientras esperaba (el rato más duro y largo de mi vida), solo pensaba... ¡No te vayas! ¡Sé fuerte! ¡Mamá y papá están deseando que crezcas, que nazcas y estés con nosotros!¡Tienes que luchar. Por ti y por nosotros! 

A mi lado había una pareja que entró antes que yo. Ella también tenía mala cara (según me dijo mi madre, pues yo no veía a nadie, todo estaba nublado). Mientras esperaba aguantaba las lágrimas. No quería que nadie me viera.
A los pocos minutos esa misma pareja salió. Mientras él recogía unos papeles, ella me miró y se acercó. Me cogió de la mano y me dijo:
 - Tranquila. Todo estará bien. Yo he venido por lo mismo y ahí sigue. Luchando. Seguro que tu estarás igual y seguro que tu pequeño también estará bien. Estoy segura.
Después se marchó y rompí a llorar desconsoladamente. Deseaba que así fuera, que mi pequeño estuviera ahí. Que solo fuera un pequeño susto que el destino me tenía preparado para ver mi reacción, para saber que estaba preparado. Para saber que yo ya era madre.

Entré con mi madre en la consulta. Temblando. Mi médico. Un hombre muy amable, me miró y me dijo que me tranquilizara. Que los nervios no eran buenos. Que me fuera con la enfermera que ella iba a prepararme. Me tumbé en la camilla que tiene en la consulta y entró para ver si todo iba bien. Aguanté la respiración. Tenía miedo de lo que me fuera a decir. Y justo cuando abrí los ojos y le miré, el me miró y me sonrió. Giró la pantalla y me dijo: 
 - Mira. Ahí está. Ahí está la casita de tu bebé. Y tu bebé está ahí dentro creciendo fuerte y sano. No te preocupes. 

Mi madre y yo nos miramos. Todo iba bien. Nos habíamos asustado. Pero por lo visto, según nos contó mi ginecólogo, es más normal de lo que nos creemos. Me explicó al color de la sangre que le tenía que tener más miedo. Me dijo qué era lo que probablemente me había pasado. Pero por si acaso. A casa a descansar. Una semana, como mínimo con el mínimo esfuerzo. De la cama, al sofá y del sofá al baño. Nada más.

Fue una semana larga. Tumbada en el sofá y solo levantándome para ir al baño. Pero me sentí querida y arropada por todos aquellos que sabían que estaba pasando. Llamé rápidamente a la empresa donde trabajo y conté lo que me había pasado. Ellos fueron los primeros en preocuparse por mi y por mi pequeño. Fueron los primeros en decirme que ahora solo éramos importantes nosotros dos. Mi marido, David y mis padres, estuvieron en todo momento pendientes de mi y mis necesidades.

Desde el momento que vi la sangre, algo dentro de mi se removió. Aquello era real y en lo único en lo que pensaba era: Soy madre. Tengo que cuidar de mi pequeño. Nadie mas que yo lo puede hacer. Ahora no soy solo yo. Ahora somos dos. Y dentro de unos meses seremos una familia de 5 miembros (tres humanos y dos gatos). Una familia feliz, una familia diferente. Mi familia.

jueves, 8 de enero de 2015

LA AVENTURA DE QUEDARME EMBARAZADA

Soy una persona que necesita tenerlo todo (o casi) bajo control, para ser feliz y no preocuparme de nada. Ya sabéis que eso es casi imposible. Porque, desgraciadamente para mi, no puedes tener todo bajo control. Pero como mínimo intento que todo aquello que pueda tenerlo, por eso cuando mi marido y yo decidimos que queríamos ser padres me dije: Hay que planificar ciertas cosas.
Lo primero es que me fui al ginecólogo, le expliqué que quería quedarme embarazada y me hizo una exploración rutinaria, análisis de sangre,....
En los resultados de los análisis se vio que ya había pasado la toxoplasmosis (una enfermedad que a toda embarazada puede preocupar, ya que puede haber problemas con el feto).

Tengo dos gatos, Neko y Totoro, que son parte de nuestra familia desde hace tiempo y la verdad es que antes de quedarme embarazada la gente ya me decía, tendrás que deshacerte de ellos, no puedes tener gatos mientras estás embarazada, a ver si te pegan algo. Yo, como siempre hago, estuve investigando sobre todo lo que me atañe y sobre lo que atañe a mis mininos, incluso hablé con el veterinario. 
Lo primero es que los gatos con riesgo a que te puedan contagiar, suelen ser (y no siempre), los gatos que coman pájaros, ratas, ... Que estén en un jardín o en la calle. Los míos no salen nunca de casa. Por no salir, no tenemos ni balcón. Aún así, seguí investigando y la toxoplasmosis no solo puede ser transferida a través de los gatos, si no de la propia comida (verdura que no se limpia, carne poco hecha,...) Mis gatos están sanos, tanto que ellos no la han pasado y yo sí. Otra cosa es la manera de contagiarse. Es al limpiar la caja de sus deposiciones. Si no tienes cuidado, ni un mínimo de higiene. Lo único que hicimos mientras estuve embarazada es que no me acerqué a la caja de arena y el que limpiaba todo era mi marido. (Pero de este tema ya hablaré más largo y tendido).

Después de darme los resultados y ver que todo estaba correcto, el médico me dio luz verde para quedarme embarazada. Me dijo que podía comprar el "clearblue gestación", para saber mis días fértiles. Como llevaba mucho tiempo tomando la píldora no sabía como sería mi periodo así que estuve un par de meses haciendo el cuento de la vieja (ya sabéis, si la regla viene cada 28 días, los días fértiles son los del medio, así que contaba y esos días, como le decía a mi marido, al lío sí o sí, jejejeje). Al final pensé, me lo compro, y miro a ver si el contar, como se ha hecho toda la vida, me sirve, pero da la casualidad de que no, porque no todas ovulamos el día que toca, si no que nuestros cuerpos, sabios ellos con lo que nos pasa, deciden y yo soy de las que me adelanto. 

No pensé que me quedara embarazada tan rápido. Pero fue un visto y no visto. Recuerdo que a finales de octubre, mi amiga "La Roja" tenía que venir a verme unos días. Y al ver que no aparecía, al segundo día me hice la prueba y ahí estaba la palabra: embarazada. 

Primer paso conseguido, ahora es cuando llegaría el trabajo duro.... LA AVENTURA DEL EMBARAZO

Y vosotras, ¿Cómo fue vuestra aventura? ¿Tardastéis mucho? Y vosotros chicos, ¿Cómo fue la aventura de vuestras chicas?